ÍNDICE

Prólogo

I ¿Qué señal habrá de tu venida?

II A la luz de la Biblia

III ¿Gran cruzada de milagros?

IV Se juega con los demonios

Obligan a la Biblia a mentir

V Disparates lamentables

Recordemos la historia

VI Falsos Cristos

Algunos consejos

VII Señales de los tiempos

VIII ¿Alabanza o alapanza?

IX Las enfermedades ¿de Dios o del diablo?

¿De dónde vienen las enfermedades?

X ¿Quiere Dios que todos estén sano?

XI Jesús y la sanidad divina

XII Jesús no sano a todos, aunque hubieran creído que sanarían

XIII ¿Sanar y repartir el Espíritu Santo a nuestro antojo?

XIV "Ciertamente llevó él nuestra enfermedades"

XV La estafa de las lenguas

En otra lengua ... hablaré

¿Quién y a quién debían de hablarle en otras lenguas?

¿Qué era las lenguas?

XVI Las lenguas era dar testimonio

¿Qué son las manifestaciones de hoy?

XVII Las lenguas y la blasfemia

XVIII Cómo hacer guardia

Evite el pastorado de la mujer

¡Cuidado con los himnarios y coritos!

XIX Aplausos, saltos y demás

Todo es relativo

Unámonos ...

La Biblia: ¿Es o contiene la palabra de Dios?

XX ¿Qué alternativa me queda?

PRÓLOGO

VIENTOS DE APOSTASÍA es una obra para los cristianos confundidos a raíz de

tantas manifestaciones extrañas en muchas iglesias en estos últimos años. El cristiano

bíblico quiere saber a qué se deben acontecimientos tales como "soplar" con poder y

tirar a multitudes, recibir una "segunda unción" realizar milagros, especialmente

"sanidades’ hablar en "lenguas’; saltar, tirarse al suelo, retorcerse, recibir el "espíritu

de las carcajadas" y muchas otras manifestaciones.

Lo más difícil para el cristiano promedio, es explicar cómo es posible, que si estas

manifestaciones no provienen de Dios ni del Espíritu Santo, quienes las practican

tengan tantos seguidores. Sus iglesias florecen, son miles los que concurren a cada

servicio.

VIENTOS DE APOSTASÍA encara estos fenómenos desde el punto de vista

bíblico, incluyendo "La Estafa de las Lenguas" Esta obra no pretende agotar los temas

que incluye, pues existen muchas otros libros muy buenos, aunque algunos solamente

en el idioma inglés.

Es mi oración que cada Hermano o Hermana que lea este libro, antes de tildarlo de

herejía, examine cuidadosamente las citas bíblicas, casi todas incluidas en su lugar

correspondiente. No tengo el menor deseo de ofender a ningún Hermano que está

sinceramente equivocado y que tal vez milita en alguna congregación que practica

algunas de estas cosas. Dios conoce mi corazón y sabe cual es mi intención.

Agradezco mucho a la Hermana Judith Rojas, quien se encargó de ordenar este

libro, además de corregirlo - leyéndolo una y otra vez - preparándolo para la imprenta.

Era un trabajo enorme y tuvo que realizarlo en muy corto tiempo. También agradezco a

mi esposa Esperanza, por todo su apoyo y paciencia, a mi familia y a los hermanos que

estuvieron orando para que mi Dios me diera las fuerzas y la capacidad para poner

ordenadamente estas enseñanzas en un volumen que sin duda será de mucha bendición,

aunque ciertamente también de controversia.

J. A. Holowaty

Capítulo I

¿Qué señal habrá de tu venida?

Faltando ya muy poco para que el Señor cumpliera su misión de llevar nuestros

pecados en el Calvario, una triple pregunta de sus discípulos motivó esta solemne

respuesta del Salvador. El diálogo es breve, pero muy significativo: "Cuando Jesús

salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del

templo. Respondiendo él les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará

aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada. Y estando él sentado en el monte de

los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas

cosas y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les dijo:

Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy

el Cristo; y a muchos engañarán (Mat. 24:1-5).

No me cabe la menor duda de que en estas pocas palabras, "Dinos, ¿cuándo serán

estas cosas y qué señal habrá de tu venida; y del fin del siglo?" (Mat. 24: 3b), tenemos

un bosquejo completo de los principales acontecimientos proféticos en un correcto

orden cronológico. Después de que les mostró la singular construcción del templo y

demás edificios en sus proximidades, Jesús les dijo que vendría el día cuando el templo

sería destruido hasta no quedar de él piedra sobre piedra. El Señor no les dijo cuándo

sucedería esto, pero hoy sabemos que ocurrió en el año 70 de nuestra era, cuando los

ejércitos del general romano Tito, quien en el año 79 se convirtiera en emperador de

Roma, sitiaron la ciudad y la tomaron. Hay descripciones escalofriantes de lo que

ocurrió entonces. Flavio Josefo, el historiador judío, ofrece muchos detalles sobre el

sitio de la ciudad y cómo cayó finalmente en manos de los romanos. Algunos

historiadores dicen que cerca de un millón trescientos mil judíos murieron en manos de

los romanos.

Ese mismo día, momentos antes, Jesús, previendo todo cuanto les esperaba, les dijo:

"¡Jerusalén, ¡Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que a ti son

enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus

polluelos debajo de las alas y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta.

Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene

en el nombre del Señor" (Mat. 23:37.39).

Esta declaración de Jesús se cumplió con exactitud. No solamente Jerusalén y el

templo judío fueron destruidos, sino que a diferencia de las otras diásporas, cuando los

judíos fueron dispersados, expulsados de su territorio, esta vez tuvieron que huir por

todo el mundo.

En relación a esto mismo, Jesús también les dijo:

"Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su

destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea huyan a los montes; y los

que en medio de ella; váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.

Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están

escritas. Mas ¡ay de las que estén encinta, y de las que críen en aquellos días! porque

habrá gran calamidad en la tierra; e ira sobre este pueblo. Y caerán afilo de espada; y

serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles

hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan"

Es admirable la exactitud con que se cumplieron estas palabras, pues todo cuanto

Jesús dijo aquí ya es historia. Jerusalén fue rodeada por los ejércitos extranjeros - los

romanos. Israel fue dispersado por todo el mundo y los judíos vivieron sin patria, sin

nación propia, hasta hace menos de medio siglo, pues recién en el año 1948 se

restablecieron en la tierra de sus antepasados. Sin embargo, les tomó algún tiempo para

recuperar toda la ciudad de Jerusalén, la cual cayó bajo su dominio en la guerra de los

seis días, en junio de 1967. Pero... ¿Podemos asegurar que Jerusalén ya no está más

"hollada por los gentiles"?

Muchas cosas más sucederán en esa diminuta nación, pero lo que ahora nos interesa

es lo que Jesús le dijo a sus discípulos a modo de respuesta a su triple pregunta. Ellos

querían saber cuándo serían destruidos Jerusalén y su templo y cuándo serían

dispersados los judíos por todo el mundo. El Señor, sin embargo, no les dio fecha

exacta.

Hoy, mirando retrospectivamente, notamos que cuando Jesús estuvo ante Pilato, y

cuando éste le presentó al pueblo, manifestando que era inocente, esa multitud sin

saberlo, "profetizó en coro" diciendo:

"Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos"(Mat. 27:25).

Efectivamente, sin que se percataran de esta trágica profecía colectiva, unos 37 años

después, cuando muchos de ellos todavía vivían y sus pequeñuelos de brazos estaban en

sus 37 a 40 años de edad, llegó el derramamiento de la sangre de ellos y de sus hijos.

Pero lo que más nos llama la atención es la segunda parte de la triple pregunta de

los discípulos: "¿Y qué señal habrá de tu venida?". Esta "venida" abarca el rapto de la

Iglesia, lo mismo que su venida con la Iglesia para establecer el Reino Milenial. Ambos

eventos están incluidos aquí, ya que en la parte final de la pregunta ellos le interrogan

sobre "el fin del siglo", que corresponde el juicio de los impíos ante el trono blanco.

Nuestro análisis se concentra ahora en la respuesta de Jesús a la "Señal" (singular) que

ellos le plantean. Es como si lo discípulos no quisieran saber de las "señales", sino de

una señal específica.

En el mismo capítulo Jesús menciona otras "señales" que anunciarían la proximidad

de su venida, como por ejemplo, "guerras y rumores de guerra... se levantará nación

contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en

diferentes lugares" (Mat. 24:6,7). Sin embargo, Jesús primero les dio "la señal", para

que ellos, que en ese momento representaban a los cristianos, a la iglesia, pudieran

reconocer fácilmente cuándo estaría ante las puertas el día de su regreso, que

comenzaría con el rapto. Ésta es la solemne advertencia del Señor: "Mirad que nadie os

engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre; diciendo: Yo soy el Cristo; y a

muchos engañarán".

Jesús les hizo ver que la característica principal de que el tiempo de su gracia estaba

llegando a su fin, sería la invasión de falsos predicadores, falsos maestros de la Biblia,

falsas iglesias, falsos mesías y falsos cristianos. También Jesús destacó que muchos

serían desviados y seguirían a estos falsos "cristos". Aunque la cuestión hambre,

guerras, terremotos y pestes, todo es horrible, estas experiencias, sin embargo por lo

general purifican la iglesia. Cuando hay serios aprietos, ya sean sociales, políticos,

económicos, problemas de salud física, enfermedades y todo cuanto nos conduce a un

callejón incierto, lo que ocurre con los cristianos es que en tales circunstancias se

acercan más al Señor. Pero cuando hay salud, cuando disfrutamos de paz en el país,

cuando la economía sigue creciendo, cuando nuestro trabajo no está en peligro, por lo

general se debilita la vida espiritual. Pero cuando nos vemos rodeados de inseguridad,

amenaza de guerra, alguna enfermedad incurable o la muerte inesperada de algún ser

querido, entonces sí, buscamos refugio en Dios.

Los discípulos querían que el Señor les diera una sola señal, porque seguramente

esperaban simplificar el trabajo al reconocer el verdadero peligro, justo antes del

regreso del Salvador. Jesús les dijo que tuvieran cuidado con las falsas doctrinas, falsos

predicadores, falsos teólogos, falsos maestros, falsos evangelistas y falsas iglesias.

Capitulo II

A la luz de la Biblia

Pero... ¿Cómo puedo saber yo si lo que una persona predica y enseña es falso? Él

usa la Biblia, menciona a Jesús, da gloria a Dios, nombra mucho el Espíritu Santo, ora

como corresponde, tiene miles de seguidores. Es probable que parezca difícil

desenmascarar el fraude de estos días, pero tenemos a nuestro alcance un medio que no

falla. Todo cuanto alguien enseña, predica o hace, debe examinarse siempre a la luz de

la Palabra de Dios, la Biblia. Si resiste este examen, es bíblico, pero si no lo resiste,

entonces es antibíblico y debe ser rechazado inmediatamente. El cristiano debe cuidarse

hoy como nunca antes.

Hay actualmente una larga lista de reverendos y reverendas que aparecieron

como hongos por todas partes. No podrían haber escogido un mejor momento, ya que el

hombre común de hoy realmente busca un líder. No necesariamente un líder político,

sino un líder espiritual, porque el vacío que siente el pecador sin Cristo es aterrador, y

éstos "líderes" vienen con un paquete de soluciones mágicas. ¿Quiere salud? Hay

curanderos "en el nombre de Jesús" ¿Quiere riquezas materiales? Hay visualizadores

"en el nombre de Jesús" ¿Quiere fama? Hay oportunidades y sólo necesita comenzar a

insistir que oye la voz de Dios o de Jesús y dispóngase a elaborar una historia más o

menos aceptable, así tendrá seguidores. Además, si quiere ejercitar sus poderes de

sanidad, sólo tiene que crear sus propios endemoniados y sus enfermos y luego

comience a... "expulsar demonios", siempre "en el nombre de Jesús y para su gloria"

y también ordene a los demonios que dejen a sus "víctimas". No olvide mencionar de

cuando en cuando, que... "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy y por los siglos". No

importa si lo hace fuera de contexto, porque la gente de todos modos no cuestionará sus

afirmaciones. Lo importante es que los enfermos se sanen y los endemoniados sean

curados, así tendrá muchos seguidores y le darán mucho dinero.

Si alguien le sugiere que "citar un texto fuera de contexto es quedar con el

pretexto", no le haga caso, dígale que es sólo un juego de palabras. Pregúntele si no

cree que ciertamente "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Heb. 13:8).

Pero cuidado, porque es probable que él le haga la siguiente pregunta: "¿Significa

esto que puesto que Jesucristo ‘ayer’ era un bebé que nació en Belén, lo hará de nuevo

ahora; sólo porque él es el mismo? Puesto que él también murió en el Calvario, y esto

sucedió ‘ayer’ - en el pasado - vuelve a morir cuantas veces se nos ocurra; porque ...

‘Jesucristo es el mismo?’: Es probable también que su interlocutor le cite a Pablo

cuando dice: "Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en

cuanto vive para Dios vive" (Rom. 6:10). "Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado

de los muertos ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él" (Rom. 6:9).

Es fácil ver que aún siendo Jesucristo el mismo "ayer y hoy y por los siglos", esto

no quiere decir que todo lo que él hizo y dijo "ayer" - en el pasado - se volverá a repetir

al entero antojo de un mago con título de sacerdote, pastor, reverendo o ministro. La

Biblia no es un horóscopo, no se la puede leer como aquella dama que tanto dependía

del "cómo me irá hoy", que cuando se convirtió, al enterarse de que no debía recurrir

más al horóscopo, pensó que la Biblia podría ser usada en su lugar, como si se tratara

del horóscopo diario. Su costumbre era abrir la Biblia por la mañana, pero con los ojos

cerrados. Luego colocaba a ciegas el dedo en la página abierta y abría los ojos para leer

el texto que había señalado. ‘De esta manera" - decía ella - ‘Dios me está dando mi

texto del día; indicándome exactamente qué debo hacer y cómo".

Un día se encontró con un serio dilema, porque al colocar su dedo, leyó donde

decía: "Y Judas fue y se ahorcó" (Mat. 25:5). Esta hija del horóscopo quedó espantada,

y pensó que lo correcto era repetir el procedimiento, por si la segunda vez tenía mejor

suerte. Así que volvió a cerrar sus ojos y abrió la Biblia en otro pasaje y cuando abrió

los ojos leyó estas palabras: "Vé, y haz tú lo mismo" (Luc. 10:37). Esta dama quedó

aterrada, pero pensando que era simple mala suerte dijo: "Bueno, la tercera es la

vencida. Intentaré una vez más, porque no puede ser que Dios quiera que yo vaya y me

ahorque como Judas Iscariote" Volvió a repetir por tercera vez su procedimiento de

cerrar los ojos y así, a ciegas, encontrar su bendición del día. Cuando los abrió, leyó

espantada estas palabras en la Biblia: "Lo que vas a hacer, hazlo más pronto" (Jn.

13:27b). Poniendo estos textos completamente fuera de sus respectivos contextos,

tenemos el siguiente imperativo bíblico: "Judas fue y se ahorcó, vé, y haz tú lo mismo.

Lo que vas a hacer, hazlo más pronto". Aunque parezca exagerado, este "método" de

manipular las Escrituras es muy común hoy en día. Es muy raro que alguien se pregunte

qué tiene que ver determinado pasaje bíblico con lo que el orador dice.

Cuando Lucas escribió el libro de los Hechos de los Apóstoles, incluyó este

interesante incidente ocurrido en Berea. "Inmediatamente, los hermanos enviaron de

noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la

sinagoga de los judíos Y éstos eran más nobles que los que estaban en

Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las

Escrituras para ver si estas cosas eran así" (Hec. 17:10,11).

Las palabras de Pablo y Silas eran convincentes. El mensaje era claro, la

demostración de que Jesús era el Cristo predicho por los profetas, parecía irrefutable.

Los bereanos decidieron someter las enseñanzas de estos dos siervos de Dios a una

prueba que siempre resulta infalible. Simplemente compararon lo que los siervos de

Dios decían, con aquello que para entonces era la Palabra de Dios. ¿El resultado? "Así

que creyeron muchos de ellos, y mujeres griegas de distinción y no pocos hombres"

(Hec. 17: 12).

Usted escucha muchos programas de radio, ve en la pantalla de televisión a

comunicadores muy capaces y con gran carisma que verdaderamente atraen su atención.

Lee un libro sobre alguna doctrina bíblica. Es probable que en el fondo de su mente

sienta como que "algo no está bien" Pero usted desconoce la Biblia y francamente

quisiera que todo lo que dice su predicador favorito fuese verdad. Así que decide

escucharlo, apoyarlo y aceptar sus enseñanzas. ¡Esto puede ser trágico! Su alma está en

juego. No se trata de adherirse a una religión, iglesia, o filosofía tal o cual. Aquí está en

juego su alma la eternidad. Así que lo que debe hacer es someter a un examen muy

severo, todo cuanto escucha, lee o ve, respectivamente

Capítulo III

¿Gran cruzada de milagros?

Un ejemplo del descarado engaño de estos días lo tenemos en algunos titulares donde

se invita al público a participar de una reunión donde se anticipan los milagros. Puesto

que los milagros escapan del dominio humano, pueden provenir de Dios o de Satanás,

ningún cristiano puede afirmar que habrá milagros en tal o cual lugar, a tal día o

determinada hora, porque todo cristiano verdadero se sujeta a la voluntad divina.

Cuando los milagros ocurren por voluntad del orador de turno, del milagrero con

"poderes sobrenaturales", puede usted estar seguro que Dios nada tiene que ver con

esa persona y con todo cuanto él o ella predican o enseñan. No importa cuán bíblico

suene. Jesús mismo dijo: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de

los cielo, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me

dirán en aquel días Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre

echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les

declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí hacedores de maldad" (Mat. 7:21-23).

Es probable que usted haya visto o que llegue a ver alguno de los muchos videos

que se distribuyen ahora, donde se pueden ver a individuos moviéndose en la

plataforma de un extremo a otro y ofreciendo salud, bienestar y plenitud del Espíritu

Santo como si fuera un producto a disposición de todos, sin ser convertidos ni

regenerados, y donde el que decide la cuantía del Espíritu Santo para cada caso es el

gurú de turno. Basta con que tumbe a la gente, con que pruebe haber "sanado" a

alguien, con que reúna una gran multitud, con que sepa elaborar una historia interesante

de su encuentro a solas, en su habitación, con el Espíritu Santo.

El gurú moderno no es el antiguo de la India que venía con ropa sucia, barba larga y

que se sentaba en posición yoga, encantando serpientes. No, esto no ocurre hoy. El gurú

moderno viste traje hecho a la medida, corbata de seda, reloj de oro, y está rodeado de

"ayudantes" muy probablemente con su esposa al frente en la plataforma, asegurando

que Dios le habló privadamente por medio del Espíritu Santo.

Examinemos a continuación la forma cómo trabajan estos señores en nuestros

días. Usted podrá darse cuenta cómo se hace el trabajo y examinar como los de Berea a

los predicadores de nuestros días.

"Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso

profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios,

que hacen señales… (Apoc. 16:13,14a).

"Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos

maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al

Señor que los rescaté, atrayendo sobre si mismos destrucción repentina. Y muchos

seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será

blasfemado" (II Ped. 2:1,2).

"Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al

presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se

manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y

destruirá con el resplandor de su venida, inicuo cuyo advenimiento es por obra de

Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de

iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para

ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a

fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad sino que se

complacieron en la injusticia" (II Tes. 2:7-12).

Estas cuatro citas corresponden a cuatro autores:

Juan, Pedro, Pablo y el Señor Jesucristo. La Iglesia ya está en su cuenta regresiva, muy

pronto partirá para estar con el Salvador. Por tal razón la actividad del maligno nunca

había prosperado tanto como ahora, especialmente en esas cruzadas de "tumbadores",

"sopladores", "curanderos", "soñadores", "manipuladores" e "hipnotizadores de

multitudes"

Es verdaderamente alarmante lo que está sucediendo, pero mi mayor temor es que

todo pueda desembocar en un escándalo tan grave en el que mueran tal vez miles de

personas y que debido a esto el Evangelio sea virtualmente prohibido. La humanidad y

los gobernantes son incapaces de distinguir el evangelio de los gurúes modernos,

quienes se disfrazan con vestidos de "ministros", "predicadores" y a veces de

"evangelistas"

El "tráfico de almas" a cargo de estos individuos sin escrúpulos es en extremo

peligroso. En el libro de Apocalipsis se habla de esto, cuando dice: "Y los mercaderes

de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella [sobre Babilonia la Grande la

prostituta religiosa], porque ninguno compra más sus mercaderías trigo, bestias ovejas,

caballos y carros, y esclavos, almas de hombres" (Apoc. 18:11,13).

Hace muchos, años se oía hablar de la "trata de blancas", del tráfico de mujeres,

cuando estaba de moda robarse a las mujeres para dedicarías a la prostitución. Luego

vino el tráfico de drogas y con esto se han destruido casi dos generaciones. Por último

tenemos algo mucho más sofisticado, sin que la ley persiga a estos traficantes - el tráfico

de almas. Hombres y mujeres, cual mansos corderitos acuden en tropeles a las citas que

el gurú de turno organiza, y se mueven al mandato del que se pasea por la plataforma

con miradas astutas de autosuficiencia y dominio del "espíritu", el cual también se le

sujeta, actuando ante cualquier antojo suyo.

Hay cristianos bíblicos y fieles a la Palabra que se alarman, pero esto no debe ser

así, la Biblia predice estos días y habla de esos que se disfrazarían como ministros de

Cristo, siendo en realidad ministros de Satanás. Pablo le dijo a los corintios: "Porque

éstos son falsos apóstoles obreros fraudulento, que se disfrazan como apóstoles de

Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así

que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia;

cuyo fin será conforme a sus obras" (II Cor. 11:13-15).

A aquellos cristianos que han visto o verán estos videos de "milagros" vamos a

ofrecerles un consejo sano y constructivo a la luz de la Palabra de Dios, ya que creemos

que es necesario que cada cristiano, al verse rodeado de algo que le parece novedoso y

extraño, lo examine cuidadosamente a la luz de la Palabra de Dios. Eso mismo fue lo

que hicieron los hermanos de Berea, aunque quien les hablaba era el apóstol Pablo. "Y

éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra

con toda solicitud escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran

así" (Hec. 17:11).

Ellos no se sintieron impresionados por un Pablo que soplaba saturado de un

"poder" que le había derivado algún otro... tal vez Pedro. Tampoco Pablo les ofreció

"una doble porción" .Ni soplaba, ni tiraba a nadie al suelo, ni ofrecía sanidad, ni los

obligaba a repetir algunas palabras a modo de canciones para "blanquearles la mente"

y prepararlos para recibir ese "espíritu que les permitía cantar y hablar en lenguas".

No, no había nada de eso. Pablo les predicó a Jesús como el Cristo, el Mesías prometido

por los profetas. Ese Jesús que había muerto y resucitado ofreciéndoles salvación y

perdón completo. El mensaje para ellos era claro, nadie temblaba, ni sentía que le

pasaba como fuego por el cuerpo.

El Espíritu Santo se valió de este mensaje sencillo y cambió sus vidas. Se produjo

en ellos el nuevo nacimiento, especialmente después de comprobar que Pablo no era un

embaucador y que todo cuanto enseñaba respecto a lo que los profetas habían dicho

sobre el Salvador, armonizaba perfectamente con las Escrituras. Por eso el resultado fue

maravilloso: Así que creyeron muchos de ello; y mujeres griegas de distinción, y no

pocos hombres" (Hec. 17:12).

Es verdaderamente sutil la forma como actúan los milagreros de hoy, y cómo tratan

de probar sus "verdades" - saltando de un texto a otro de la Biblia - y muy de cuando en

cuando citándolos fuera de su contexto a fin de darle a su hipnotismo colectivo un toque

de mensaje bíblico. A continuación examinaremos el peligro involucrado en todo esto.

Capítulo IV

Se juega con los demonios

El "predicador" luce muy suficiente, soberbio, como si tuviera a Satanás y a los

demonios bajo su completo control. Manipula a la audiencia y luego llama a quienes

desea para "hacerlos caer" públicamente sin darles la mayor importancia, porque...

"toda la gloria es para Jesús" - aunque no aclara a qué Jesús se refiere. No enfatiza la

salvación del pecador, sino su sanidad física. A cada momento reclama que los

demonios y Satanás ya están derrotados.

Sus sanidades no son como las que ocurrían en los días de Jesús, cuando el Señor se

acercaba y sólo tocaba al enfermo o como lo hacían los apóstoles. Este "milagrero"

cuenta con un poder virtualmente ilimitado, y es él mismo, no Dios, quien decide que la

noche será de milagros. Entonces el espíritu con quien trabaja le obedece, a juzgar por

los testimonios de los "enfermos" y especialmente al notar cómo logra "tumbar" a

quien quiera. Por supuesto que también cura por televisión, pues basta con que disponga

algo, para que suceda lo que ordena.

En algunos casos, tal como lo que viera en un video, la víctima suplica: "No me

tires... no me tires… porque quiero dar mi testimonio A esta súplica, el predicador

sonríe como diciendo: "Fíjense cómo me teme". Y es cierto. Los poseídos por

demonios en los días de Jesús, también se estremecían porque los demonios los tiraban:

"Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual

clamó a gran voz; diciendo: Déjanos; ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno?

¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres; el Santo de Dios Y Jesús le

reprendió, diciendo: Cállate, y sal de él Entonces el demonio, derribándole en medio

de ellos salió de él y no le hizo daño alguno" (Luc. 4:33-35). "Y mientras se acercaba

el muchacho, el demonio lo derribó y le sacudió con violencia, pero Jesús reprendió

al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo devolvió a su padre" (Luc. 9:42).

Vemos por la Escritura, que el demonio es quien derriba. Jesús y los apóstoles

siempre levantaban, fortalecían y ayudaban a los endemoniados. Pero los "tumbadores"

modernos, quieren hacerle creer a sus seguidores que ellos en realidad están bajo la

acción del Espíritu Santo. En ninguna otra circunstancia hemos visto más claro el

pecado que no tiene perdón la blasfemia contra el Espíritu Santo, como en estos

encuentros en donde el Espíritu Santo es claramente blasfemado.

Aquí está atribuyéndosele al Espíritu Santo, lo que en los Evangelios parece ser

especialidad de los demonios. El Señor Jesucristo advirtió de este pecado cuando dijo:

"De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres,

y las blasfemias cualesquiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el

Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. Porque ellos

habían dicho: Tiene espíritu inmundo" (Mar. 3:28-30).

La "estrella" del video, ora al Espíritu Santo, dándole incluso la bienvenida al lugar y

agradeciéndole por estar allí. Le dice entre otras cosas: "Quiero conocerte quiero que

me lleves, ayúdame a orar, a cantar, quiero recibir la unción" Esto contradice lo que el

mismo Jesús enseñó sobre la oración en Mateo 6: 9-13.

La Biblia no enseña en ningún lugar que debemos darle la bienvenida al Espíritu

Santo, alabarlo o pedirle algo. El Señor dice que debemos orar siempre al Padre en el

nombre de Jesús. Los apóstoles y la iglesia primitiva siempre lo hicieron así: "Y ellos,

habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres

el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay... Y ahora

Señor, mira sus amenazas... "(Hec. 4:24,29).

A lo largo del "festival", el predicador no está subordinado al Espíritu, como le

corresponde a un auténtico siervo de Dios, sino que él mismo le ordenaba a su

"espíritu" para que le diera "doble porción" a uno, y a veces "triple" a otro. En

ocasiones decía que el tal espíritu lo hiciera con los que estaban a su derecha, a su

izquierda, atrás o adelante... Pero, ¿es esto lo que enseña la Biblia? Llegó el momento

cuando "el mensajero" el humilde "canal" se atrevió a decir que ahora exigía espíritu

"por toneladas".

La Biblia declara lo contrario, dice que Dios da todo el Espíritu Santo al momento

de la conversión. "Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no

da el Espíritu por medida" (Jn. 3:34). "El que cree en mí como dice la Escritura; de

su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los

que creyesen en él; pues aún no habla venido el Espíritu Santo, porque Jesús no

había sido aún glorificado" (Jn. 7:38,39).

El único requisito que presenta la Escritura para que una persona pueda recibir el

Espíritu Santo es creer en Jesús. "Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro

Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que

nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la

regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros

abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador" (Ti. 3:4-6).

La salvación es un don de Dios, un regalo que el pecador obtiene al oír la Palabra,

arrepentirse de sus pecados y depositar su fe en Cristo. En ese instante Dios sella esa

salvación, dándole también como don pecador obtiene al oír la Palabra, arrepentirse de

sus pecados y depositar su fe en Cristo. En ese instante Dios sella esa salvación, dándole

también como don el Espíritu Santo. "En él también vosotros, habiendo oído la

palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis

sellados con el Espíritu santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia

hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria" (Efe.

1:13,14).

Pablo le manifiesta a los efesios que ellos recibieron el Espíritu Santo al oír el

Evangelio y creer, aceptando a Jesús por Salvador, Pero... ¿Por cuánto tiempo

recibieron ellos el Espíritu Santo? "Hasta la redención de la posesión adquirida" El

apóstol no dice que será hasta que reciban una segunda unción, "fresca y poderosa"

suministrada por cualquier milagrero. Pablo afirma que es "hasta la redención"

naturalmente la redención física, total, en el momento del arrebatamiento de los

redimidos.

En el mismo video, usted podrá escuchar al orador que dice: "Hoy muchos van a

conocer al Espíritu Santo". Pero usted sabe que el Espíritu Santo es un don de Dios

para aquellos, que habiendo oído la Palabra de Dios se arrepienten de todo corazón,

confiesan sus pecados y reciben a Cristo como Señor y Salvador. Este orador no habla

de la necesidad del arrepentimiento, ni de la fe en Cristo Jesús. Durante dos horas

mantuvo a la gente saltando, brincando, mostrándoles su poder para tumbar gente,

soplar y habló con él. Pero lea lo que dijo el Señor Jesucristo: "Porque os digo que

desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del

Señor" (Mat. 23:39). Esta declaración solemne del Señor se refiere a la hora de mayor

crisis en el planeta, cuando los ejércitos del mundo rodearán a Jerusalén, en el filo de la

gran tribulación y los judíos clamarán buscando socorro divino. Será entonces cuando lo

verán llegando con "poder y gran gloria" (Mat. 24:30).

Obviamente cualquier predicador que dice que ve a Jesús, debe ser otro "Jesús" que

nada tiene que ver con nuestro Salvador, porque si el Señor dijo "Desde ahora no me

veréis" y estipulé un tiempo que todavía no se ha cumplido, cualquiera que pretenda ser

Jesús, en visión o real, siempre será falso.

Pero hay más contradicciones: Estos oradores acostumbran decirle a su audiencia que

saldrán de ese lugar "borracha en el espíritu". Pero el día de Pentecostés, Pedro

contradijo a quienes sugirieron que los 120 hermanos estaban borrachos cuando

descendió el Espíritu Santo. "Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis,

puesto que es la hora tercera del día Mas esto es lo dicho por el profeta Joel" (Hec. 2:

15,16).

Pedro no sólo refuta a quienes pensaban que ellos estaban ebrios, sino que también

agregó que en ese día se había cumplido la profecía de Joel sobre el derramamiento del

Espíritu Santo. Este derrama miento jamás volverá a tener lugar, ya que cuando una

profecía se cumple no se vuelve a repetir.

La cita de Joel mencionada por Pedro en Hechos 2:17-19 tuvo cumplimiento el día de

Pentecostés: "Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice

Dios, derramaré de Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas

profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños; y

de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi

Espíritu y profetizarán" Mientras que los versículos 19 al 21, son todavía cosa del

futuro.

Como si las contradicciones fueran pocas, estos flamantes "mensajeros", también

hablan de... "Cantar en lenguas, de comenzar a recibir la diversidad de dones..." Pero

la Biblia dice: "Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a

cada uno en particular como él quiere" (I Cor. 12:11).

Es Dios mismo quien se reserva el derecho de repartir a cada uno como él quiere, de

tal manera que usted no recibe un don porque lo demande, lo desea o lo pida, ya que por

ser don, es Dios mismo quien lo da. Si pudiéramos recibir algo a pedido, por orar,

gemir, llorar o anhelar, ya no sería un don, un regalo, sino algo que adquirimos o tal vez

compramos.

Si quiere saber algo acerca de determinado predicador, evangelista, conferencista,

milagrero, sanador o lo que fuera, mida siempre sus enseñanzas con la regla de la

Palabra inspirada - la Biblia. Cuando las contradicciones son muchas, esto indica que

alguien está equivocado. Obviamente, usted ya sabe quién está en error. Jesús dijo en su

oración: "Santificalos en tu verdad; tu palabra es verdad" (Jn.17:17).

OBLIGAN A LA BIBLIA A MENTIR

A voz en cuello, estos hombres, micrófono en mano, gritan a todo pulmón: "La

misma gloria que estaba en el monte Sinaí se encuentra aquí hoy..." Mientras que dice

la Escritura: "Entonces Moisés subió al monte, y una nube cubrió el monte. Y la

gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí y la nube lo cubrió por seis días; y al

séptimo día llamó a Moisés de en medio de la nube. Y la apariencia de la gloria de

Jehová era como un fuego abrasador en la cumbre del monte, a los ojos de los hijos

de Israel" (Exo. 24:15-17).

No se sabe exactamente cómo era esa gloria, porque aquello era un espectáculo que

los israelitas no podían mirar y que les inspiraba un gran temor. Tal vez estos

milagreros se refieren a algo que ven y que tienen que comunicarle a sus seguidores,

aunque los demás nada vean.

Ahora bien: ¿Qué es lo que el cristiano recibe? Recibe a Cristo Jesús como su

Salvador personal. Y la Biblia dice sobre él: "Porque en él habita corporalmente toda

la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él que es la cabeza de todo

principado y potestad" (Col. 2: 9,10).

Cuando nuestros primeros padres estaban en el Edén, Dios los rodeó de todo. No les

faltaba nada, absolutamente nada. Pero vino la serpiente y le sugirió a Eva que "había

más, mucho más" y que ella debía poseerlo. Eva cedió a la tentación, tal como hoy

sucumben muchos ante la serpiente que ahora se presenta vestida de traje, corbata, reloj

y alhajas relucientes, con un vocabulario impecable y música subliminal, para lograr lo

que Lucifer obtuvo en el huerto del Edén.

Estos gurúes de turno, no necesitan más que una audiencia ávida de algo... de más

poder, más salud, más riqueza, más fama... Satanás, el seductor por excelencia, ha

persuadido a muchos hombres para que busquen algo más, nadie ignora el éxito que ha

tenido. Ha hecho sucumbir a muchos hombres que por años parecían disfrutar del

perdón de Dios. Después de años de ministerio, repentinamente descubrieron esa nueva

fuente de poderes, de nuevas verdades, mayor luz para comprender lo que antes no

entendían. No se dieron cuenta que era la vieja fuente de la cual bebieron también Adán,

Eva y el tercio de los ángeles que son hoy los demonios. Es la misma fuente del engaño

de Satanás.

Pablo nos dice: "Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro

evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos

dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que

habéis recibido, sea anatema" (Gal. 1:8,9). "Pero a cada uno le es dada la

manifestación del Espíritu para provecho... Porque por un solo Espíritu fuimos todos

bautizados en cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos nos dio a

beber de un mismo Espíritu" (1 Cor. 12:7, 13).

Pero estas palabras y estas enseñanzas estrictamente bíblicas, son pasadas por alto,

por "querer más y más, una doble porción de la unción o tal vez una triple",

dependiendo de lo que el gurú de turno decida. Como si todo esto fuera poco, estos

oradores siempre están hablando de las nuevas revelaciones que reciben. Éste es otro

pecado condenado severamente en la Biblia, ya que el Señor dice que aquellos que

alteren el Canon Sagrado serán castigados con el infierno. "Y si alguno quitare de las

palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la

santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro" (Apoc. 22:19).

Capítulo V

Disparates lamentables

Si usted ha tenido la oportunidad de asistir a alguna de estas reuniones o ver alguno

de estos videos, tal vez habrá notado que se trata de servicios en los que reina el

desorden total. El "predicador o evangelista" al frente es quien decide los milagros. En

otras palabras, tienen un dios que se sujeta a su voluntad, por eso pueden anunciar los

milagros por adelantado con toda confianza, porque no es necesario pedir que se haga la

voluntad de Dios. El mismo gurú hace el papel de Dios, ¡y cómo lo hace! ¡Es increíble

cómo se le sujeta el espíritu tumbador!

Durante todo el servicio casi no se usa la Biblia, excepto una que otra vez como

pretexto, se lee un pasaje que no tiene ninguna aplicación con lo que el animador está

diciendo. Su interés es llegar a los bolsillos de los presentes, en ellos está lo que busca.

Las almas no importan para nada, tan pronto los "emborracha" de espíritu, es el

momento de ajustar cuentas.

No sé cuánto dinero recogen, pero lo cierto es que después de las ofrendas,

comienzan los testimonios "de sanidad" y las "alabanzas". El líder sigue ordenando

más y más para cada sector del público. Todos caen como manojos de paja movidos por

el viento. El líder se divierte y se confunde con la audiencia. Muchas mujeres danzan

abrazándose, riendo a carcajadas con una mirada que luce verdaderamente extraña.

Algunas muchachas jóvenes tiemblan como epilépticas, moviendo la cabeza de la

misma forma como lo hacía el hindú que tenía varios rehenes en Oregón, saltan, caen y

se retuercen dando voces y alaridos extraños. Allí los alaridos se confunden con las

"alabanzas", y es claro que si estas reuniones se prolongaran, la multitud podría perder

los estribos, quedando sin ningún control. Algunos jóvenes saltan, otros gimen se

revuelcan en el suelo, abren la boca desmesuradamente, se desmayan, o tal parece que

se desmayan, tiemblan y al mismo tiempo ríen.

Los pastores (al menos dicen serlo) que están allí, verdaderamente idolatran a

estos líderes y buscan de ellos esa ‘doble unción ". Cuando Simón el mago solicitó

exactamente lo mismo, como Pedro el apóstol no era un "televangelista, ni un

milagrero" no le sopló, ni le tocó, ni le ordenó al Espíritu que tomara posesión de él.

"Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el

Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que

cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro

le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene

con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu Corazón no es recto

delante de Dios Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios si quizá te sea

perdonado el pensamiento de tu corazón, porque en hiel de amargura y en prisión de

maldad veo que estás" (Hec. 8:18-23).

Cada vez se nota más y más el desorden y confusión en estas reuniones, no obstante,

el espíritu que reina allí siempre obra con mucha cautela, no quiere destruir su misión

antes de obtener los frutos esperados. No obstante, es probable que no pase mucho

tiempo antes de que ésto se salga de su cauce. No me extrañaría que en un futuro

comenzaran a desvestirse y a andar desnudos en el lugar de reunión. Cualquier cosa es

posible cuando se juega con el espíritu de confusión, pretextando que es el Espíritu

Santo. Las mismas palabras que le dijera Pedro a Simón, aplican en este caso particular

de la doble unción: "No tienes tú parte ni suerte en este asunto"

RECORDEMOS LA HISTORIA

Quiero compartir ahora con mis lectores, algo que ocurrió hace muchos años, antes

de que yo naciera, mis padres solían contarnos lo sucedido. He tenido la oportunidad de

conocer personalmente a varios hermanos que presenciaron lo acaecido, aunque nunca

le di mucha importancia, hasta hace poco que hablé con mi padre quien me recordó

todas estas cosas.

Él me contó de los casos que ocurrieron entre 1930 a 1933, cuando un espíritu

extraño se apoderó de las iglesias Pentecostales extremistas. En la vecindad donde

vivían mis padres, habían varias familias que pertenecían a esa iglesia, pero como en ese

tiempo, ni los Bautistas ni los Pentecostales tenían templo, decidieron congregarse

juntos. El problema surgió cuando los Pentecostales recibieron este "soplo" del espíritu,

porque hicieron cosas tan vergonzosas que voy a limitarme a relatarles sólo unas pocas.

En un comienzo se pensaba que esto había acontecido solamente en esa pequeña

localidad, pero luego supimos que exactamente en esos mismos días ocurrieron hechos

similares en las iglesias Pentecostales en todo el mundo.

En primer lugar surgieron algunos "profetas", quienes profetizaron que el rapto de la

iglesia tendría lugar en una fecha que ellos mismos señalaron. Conforme se aproximaba

el plazo fijado, se prepararon reuniéndose con otras familias de la misma iglesia,

llevaron consigo enseres domésticos, animales y todo lo que consideraron necesario.

Todos se reunieron en un campo abierto, propiedad de uno de los miembros de

la iglesia, del líder principal.

La convivencia en este campo abierto, duró sólo unas semanas, los profetas

siempre estaban "profetizando". Los hombres y las mujeres se subían al techo de los

edificios, se quitaban la ropa y calculaban las medidas del templo celestial. El desorden

era increíble, a pesar de que se trataba de personas trabajadoras, honradas y moralmente

intachables.

Con el paso de los días las autoridades se interesaron en el asunto. El Señor por

cierto no vino. Entonces el "espíritu" les dijo "que debían cambiar de esposas, tomando

una nueva para cada uno de ellos, especialmente los líderes. A uno de ellos, cuyo

nombre omito deliberadamente, el "espíritu" le dijo que tomara una jovencita de sólo

16 años. Yo tuve la oportunidad de conocerla cuando ya era madre de varios hijos. Esta

jovencita, como era hija de un hermano de la iglesia Bautista, tuvo que ser regresada a

su casa a la fuerza, su padre la rescató a tiempo, y para evitar que volviera al lugar, la

ató con una soga como si se tratara de una bestia.

Ella mismo dijo que no tenía idea porqué actuaba así. No tenía fuerzas para resistir a

ese "espíritu" Después que el Señor no vino en el rapto, algunos de ellos llevaron a sus

casas a sus nuevas esposas, las que a su vez fueron echadas de allí por las esposas

legítimas. Fue por esta causa que la iglesia Bautista en esa comarca que conozco, se

separó para siempre de la iglesia Pentecostal.

Verdaderamente era una "nueva unción". Todo lo quedan "doble" "triple", y

cuanto quisieran. Hoy este espíritu extraño que va arrasando con todo, ha vuelto a

invadir nuestras iglesias. Esto que sucedió en Argentina está manifestándose en Europa,

Australia, en todo el continente americano y en la antigua Unión Soviética de una

manera total.

Capítulo VI

Falsos Cristos

Aunque los líderes de este movimiento no dicen ser ellos mismos el Cristo, una y

otra vez afirman, que el mismo Señor dijo que sus seguidores harían mayores milagros

que él. De manera, que según ellos, lo que Jesús quiso decir fue que habrían

predicadores que lo superarían en milagros y prodigios.

Jesús nunca implicó tal cosa cuando dijo: "El que cree en mí, las obras que yo

hago, él las hará también; y aun mayores hará... "(Jn. 14:12). No olvidemos que sólo

tuvo la oportunidad de realizar sus obras durante tres años y medio. Murió en plena flor

de la vida, cuando la mayoría de ministros comienzan su ministerio - a los 33 años de

edad. Por lo tanto estaba refiriéndose a la brevedad de su labor. Hoy, muchos pastores,

especialmente esos que tienen acceso a los medios masivos, le predican el Evangelio a

millones, algo que el Señor Jesucristo nunca pudo hacer en persona. "Entonces Jesús

les dijo otra vez: Paz a vosotros Como me envió el Padre; así también yo os envío. Y

habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo" (Jn. 20:21,22).

Por supuesto que Jesús no afirmó que tenemos que andar por allí distribuyendo el

Espíritu Santo, dando doble porción o algo así, sino que le dijo a los suyos que

esperaran en Jerusalén hasta que recibieran la promesa del Consolador, el Espíritu

Santo. Y luego, como prueba de que habían recibido el Espíritu Santo, no declaró que

hablarían en lenguas, sino que añadió: "Pero recibiréis poder, cuando haya venido

sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en

Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hec. 1:8).

El Señor Jesucristo nunca manifestó que recibirían poder para hablar en lenguas o

para sanar o tumbar gente, sino para dar testimonio, para hablar valientemente del

Cristo resucitado, el único Salvador. Pretender soplar para impartirle el Espíritu Santo a

terceros, es procurar uno mismo ser el Señor Jesucristo. En el video puede verse

claramente esta pretensión. También al orar dice: "Lo que tú has puesto en mi vida

Señor, en este momento lo transfiero, lo que tú me has dado lo reciben ellos" Es casi

una repetición literal de las palabras que expresara el Señor Jesucristo: "Ahora han

conocido que todas las cosas proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he

dado..." (Jn. 17:7,8).

En otro momento él dice ser "el ungido de Dios como canal de bendición...

"También declara: "Venga, reciba, beba todo lo que tiene que beber" Es bien sabido

que los hombres no tenemos otra cosa que ofrecer más que un completo fracaso. Es en

realidad el Señor Jesucristo quien dice: "Si alguno tiene sed venga a mí y beba" (Jn.

7:37b). Jesús nunca le dijo a los que le seguían que buscaran a un predicador, a algún

"ungido" para beber. Él es el único que puede proporcionamos la Palabra de vida y su

Espíritu Santo. Dirigiéndose a las multitudes este hombre atrevido dijo: "El Señor va a

soplar sobre ustedes un viento de gloria", pero luego el único que realmente sopló

usando el micrófono fue él mismo. ¿Será acaso que se cree el Señor?

El extremo del auto señorío de estos "profetas de los últimos días" se nota cuando

toman la Biblia y leen un pasaje en Isaías 45:1-4, y abiertamente se refieren a sí mismos

con los títulos que aparecen en este pasaje. Atribuyéndose expresiones tales como "su

ungido", "iré delante de ti" "te daré los tesoros escogidos", "Los secretos más

guardados", "mi escogido te llamé", etc. Pero... ¿Son ellos el ungido? ¿Son los

poseedores de los tesoros y secretos escondidos y los enviados a las naciones?

Ellos hablan mucho de visiones, de que el Señor les habla de que tienen una

revelación aquí y allá. Desde luego que esto se opone a la todo-suficiencia de la Biblia,

porque si se permite que el escucha coloque sus visiones y mensajes recibidos de Dios,

a la par con la Biblia, Dios protestará advirtiéndonos que nos cuidemos de tales

visionarios, de tales profetas, porque él no los ha enviado, somos nosotros los que

debemos comparar sus enseñanzas a la luz de las Escrituras.

La Biblia nos dice que la suprema revelación divina es nuestro Señor Jesucristo. "Así

ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os

profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón,

no de la boca de Jehová. Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz

tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá

mal sobre vosotros" (Jer. 23: 16,17).

Este predicador y muchos otros predicen bonanza y paz para los hombres. Hablan

de avivamiento porque arrastran a miles que casi pelean para entrar y escuchar sus

charlas. No mencionan una sola palabra de arrepentimiento, ni del juicio venidero.

Repiten

"¡Estupendo, esto es maravilloso, ésta es una fiesta de Dios, aquí está Dios, el

poder de Dios se manifiesta!". Pero lo que en realidad celebran son reuniones ocultistas

salpicadas con algunas palabras de la Biblia para disfrazarlas como reuniones cristianas.

Los artistas saben manipular a sus dóciles ovejitas, y éstos como si fueran llevados al

matadero, cumplen con todos los requerimientos del gurú.

"No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos

profetizaban. Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras

a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras

Dice Jehová.- He aquí que yo estoy contra los profetas que endulzan sus lenguas y

dicen. Él ha dicho. He aquí dice Jehová, yo estoy contra los que profetizan sueños

mentirosos;, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus

lisonjas;, y yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice

Jehová" (Jer. 23:21,22,31,32).

La Biblia está saturada de advertencias para los cristianos, a fin de que no

sucumbamos víctimas de los trucos de Satanás. "Muchos" - dijo Jesús, "vendrán

diciendo que son el Cristo" Ciertamente no es necesario que la persona diga literalmente

"Yo soy el Cristo ". Pero cuando se presenta atribuyéndose los atributos divinos, lo que

pretende es usurpar el lugar de él.

La Biblia no enseña nada respecto a la "segunda unción", ni de un ministerio de la

unción fresca y poderosa del Espíritu Santo. Ese "evangelio" es la mentira de la nueva

religión llamada la Nueva Era, aunque es tan vieja como Lucifer. Esta oleada furiosa

entró con una fuerza increíble y confundió a muchísimos cristianos, porque los

sorprendió desprotegidos. Un cristiano carente de conocimiento de la Palabra de Dios,

puede ceder fácilmente ante la fuerza de algo que le hace reír, saltar, brincar, sentirse

bien, que le da deseos de abrazar a otros y de recibir una "tonelada de poder", gracias a

la generosidad y humildad del gurú de turno.

Usted puede ver las manos de todos, extendidas hacia ellos, como solicitándoles algo

que tienen, porque son escogidos por Dios, pero que nosotros también podremos tenerlo

si cumplimos con ciertos requisitos y seguimos las instrucciones que nos dan.

El espíritu de confusión y de perdición, por lo general es ruidoso. Hace que las

personas se sientan atemorizadas y amenazadas. Eso fue exactamente lo que ocurrió

cuando los israelitas edificaron el becerro de oro en el desierto y se entregaron al

desenfreno. Así está registrado en el capítulo 32 del libro de Éxodo.

Algo muy diferente ocurrió en el caso de Elías y los profetas de Baal, mencionado

en el capítulo 1 del libro primero de Reyes, cuando verdaderamente se manifestó el

Espíritu Santo, cuando era Dios mismo quien estaba presente. "Él le dijo: Sal fuera, y

ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y

poderoso viento que rompía los montes y quebraba las peñas delante de Jehová, pero

Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en

el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras

el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su

mano, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una vos diciendo:

¿Qué haces aquí Elías?" (1 Rey. 19:11-13).

El Espíritu Santo no tiene que ser "invitado", ni puede ser manipulado, ni

aplaudido, ni tampoco puede haber hombre alguno que le "ordene" hacer esto o

aquello, sanar a éste o llenar al otro. No todo lo sobrenatural procede del Espíritu Santo

o de Dios. Aunque quien hable o haga algo, lo diga y lo haga "en el nombre y para la

gloria de Dios". El deber del cristiano no es escuchar con atención y limitarse a eso, su

obligación es analizar lo escuchado a la luz de las Escrituras. La Biblia dice: "Amados,

no creáis a todo espíritus, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos

falsos profetas han salido por el mundo" (1 Jn. 4:1).

Note el imperativo: se nos ordena "probar los espíritus"; y se nos informa que los

"muchos" no están del lado de la verdad sino del engaño. No tenemos problema para

reconocer a un gitano, un gurú declarado, o a un hechicero que no oculta su mensaje y

su fe. Nuestro problema es descubrir la verdadera enseñanza de un "evangelista", un

"predicador o pastor", uno de esos... "siervos de Dios". Éste usa la Biblia, salpica sus

retóricas con expresiones bíblicas, da "Gloria a Dios" dice "amén" y puede que cante

algún himno cristiano, que ore fervorosamente, diga y haga otras cosas que parecen

totalmente aceptables - cristianas.

Es mi esperanza que este libro le permita abrirse camino y lograr captar la

astucia de Satanás para no caer en sus garras, porque el desfile de los "profetas,

sanadores, tumbadores, sopladores y distribuidores de poderes divinos", va en

aumento. Estas prácticas irán aumentando rápidamente y es probable que en un futuro

no muy lejano ocurran cosas tan vergonzosas y trágicas en estos encuentros de "doble

unción" que las autoridades tendrán que fijar ciertas pautas y decidir qué es y qué no es

cristiano.

Bien caben aquí las palabras del apóstol Pablo al joven pastor Timoteo: "También

debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá

hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos,

desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables,

calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores,

impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán

apariencia de piedad pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita" (II Tim. 3:1-5).

El deber del cristiano es seguir a Cristo y permanecer fiel a él. La atracción de estos

"cristos" en su desfile tan apresurado es de hacernos ver que la partida de los redimidos

está a la puerta, pero también el amo de este mundo y el falso cristianismo apresuran su

marcha. Todo está profetizado en la Biblia y todo está tomando su lugar. Jesús dijo:

"Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabezas, porque

vuestra redención está cerca" (Luc 21:28).

ALGUNOS CONSEJOS

1. Lea la Biblia y haga su propio estudio.

2. Tenga cuidado con los libros de autores que están a favor de nuevas

experiencias.

3. Asegúrese de que su iglesia sea verdaderamente cristiana, bíblica.

4. Nunca asista a esos centros espiritistas que son presentados hoy como concentraciones

de muchos cristianos para escuchar a algún predicador doblemente ungido. Se trata de

lugares muy peligrosos donde se practica la hipnosis colectiva y se trafica con las

almas.

5 Tenga mucho cuidado con los sanadores y las sanidades, hay mucho, pero

realmente mucho fraude.

6 Cuando esté enfermo, haga todo lo que pueda por aliviarse, pida a Dios que le

ayude, y si es su voluntad que le sane. Pero no acuda a recibir ayuda de ningún

"sanador", porque si ese sanador es instrumento de Dios, usted también es

cristiano y sanará de la misma manera. Usted puede clamar directamente a Dios,

además si a eso vamos el propio Señor Jesucristo dijo en Marcos 16:17,18, que

estas señales seguirán a todos "Los que creen".

7 Evite por todos los medios de caer en el pecado y blasfemar contra el Espíritu Santo.

8 Busque cuanto antes una iglesia bíblica y concurra allí con toda su familia.

9 No mande su dinero a los "sanadores" radiales, de televisión o dondequiera que

estén, no participe "en pecados ajenos" (I Tim. 5:22).

10 Pase más tiempo en oración, a solas con el Señor y en compañía de su familia.

Capítulo VII

Señales de los tiempos

La mayoría de personas en Estados Unidos probablemente están enteradas que

Diane Sawyer, en su programa de televisión Primetime Live que se trasmite en el

territorio de la Unión Americana, recientemente expuso a tres de los evangelistas más

populares: A W. V. Grant, Larry Lea y Robert Tilton. Este último recibe por lo menos

$80 millones de dólares anuales, gracias a sus promesas de salud y riqueza a esos que le

envían ofrendas.

Vivimos en un día triste en que los medios noticiosos seculares acusan a los líderes

evangélicos de engaño deliberado, apoyando aparentemente sus acusaciones con

pruebas y documentos, acarreándole de este modo crítica al Evangelio y al nombre de

Cristo.

Pero... ¿Por qué hay tantos millones de cristianos crédulos dispuestos a apoyar

económicamente a cualquiera que ofrece sanidad y prosperidad, a pesar de que estas

promesas son obviamente antibíblicas, extravagantes y casi siempre fallan? ¿En dónde

están los líderes de la iglesia que deberían estar protegiendo al rebaño mediante

advertencias específicas en contra de los falsos maestros y falsos "hacedores de

milagros"? ¿En dónde está Billy Graham, Chuck Swindoll, James Dobson y otros que

serían escuchados si hablaran? ¿Por qué los líderes evangélicos respetados no los

corrigen? ¡Eso es lo que estos "evangelistas" necesitan en forma desesperada!

W. V Grant, un "evangelista", menciona nombres, enfermedades y otros detalles

pertinentes a individuos específicos, negando tener ningún conocimiento previo

respecto a ellos, asegurando que recibe esta información de Dios. De hecho, él usa el

viejo truco de recolectar la información disponible y memorizaría presentándola más

tarde como "revelación". Grant fue desenmascarado hace 6 años por Randi Kurtz y su

grupo. Pese a todos los líderes cristianos continúan honrándolo. Entre esos que se

unieron a Grant como conferencistas durante la reciente conferencia que tuvo lugar en

una iglesia en Dallas, estaban Mike Murdock, T. L Osborn, Ben Kinchlow, Jamie

Buckingham, B. J. Hargis y Hilton Sutton.

La evidencia irrefutable de que W. V. Grant opera un fraude deliberado, fue

presentada por primera vez en dos ediciones de la revista humanista Free Inquiry de la

primavera y verano de 1986. Ellos comenzaron a seguir a las personas que Grant

aseguraba haber curado, sólo para descubrir que no había tenido lugar ninguna curación.

Actores que habían sido colocados entre la audiencia, eran sanados de supuestas

dolencias mientras Grant exponía la información fraudulenta que le había sido

suministrada de antemano por sus informantes antes de que se iniciara la reunión y la

cual según Grant "le había sido revelada por Dios"

Grant incluso lleva consigo sillas de ruedas y sus acomodadores persuaden a los

ancianos que están cansados de caminar a que se sienten en ellas, con la promesa de ser

empujados en las sillas hasta el frente. Son éstas las personas que se ponen de pie al ser

llamadas dramáticamente para que abandonen sus sillas de medas, y son ellas las

mismas que Grant asegura haber sanado, entretanto que esos que verdaderamente han

llegado enfermos en sillas de ruedas se preguntan por qué no fueron sanados también

mientras otros aparentemente si fueron.

Esos que están en su lista de correo reciben las cartas más extravagantes en la que se

les dice lo mucho que han orado por ellos, personalmente, aunque es un programa de

computadora el que intercala los nombres en la carta para que luzca como una misiva

personal. En las cartas se ofrecen los métodos más extravagantes para recibir

bendiciones, involucrando en ellos rituales de hechicería que son un insulto a la

inteligencia.

Por ejemplo, la última de estas cartas traía un dibujo grande de ‘Jesús" con sus

manos extendidas, con éstas instrucciones: "TOQUE MIS MANOS - YO TOCARÉ LAS

SUYAS, a través de una ventanas, tal como dice Malaquías 3:10, en donde Dios ha

prometido, que ‘ABRIR(Á) LAS VENTANAS DE LOS CIELOS, y de derramar(á)

sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde’..’ Coloque cualquier cuenta no

pagada y su cartera en estas manos de Jesús traspasadas por los clavos" Todo debe ser

devuelto con la mayor ofrenda posible. Grant sigue diciendo: "Entonces tomo todo

hasta esa ventana que Dios está mostrándome, mientras coloco mis manos en donde

usted puso las suyas’ La condición para recibir la "bendición", siempre es "la semilla

de ofrenda de fe" Esta invención de Oral Roberts es ahora usada por muchos otros

"evangelistas" para persuadir a los crédulos a fin de que sieguen a cien por uno.

Hay una nueva estrella que está surgiendo en medio de este movimiento carismático

de sanidad. Benny Hinn ha atraído multitudes hasta de 30.000 personas. Pastorea el

Centro Cristiano de Orlando, una de las iglesias de más rápido crecimiento. Cada

domingo, su auditorio de 2.800 asientos está atiborrado tres veces su capacidad y los

servicios son trasmitidos más tarde a través de la cadena de televisión TBN.

Aunque ha predicado en la iglesia de Grant, los métodos de Hinn varían entre los

de Popoff o Grant. Recauda $12 millones de dólares anuales con la acostumbrada

promesa falsa de sanidad y prosperidad a cambio de "la semilla de ofrenda de fe" - una

condición imprescindible para que se lleve a cabo "el milagro". "No dé menos de $100

dólares" - exhorta a su audiencia, prometiendo "imponerle las manos a los sobres con

las ofrendas y luego pedirle a Dios que otorgue milagros financieros a los ofrendantes"

El secreto del poder de Hinn es su peculiar unción, la cual asocia con Kathryn

Kuhlman y Aimee McPherson, fundador de la iglesia Foursquare Gospel. Cuenta que

sintió por primera vez el "poder pleno del Espíritu Santo" sobre su persona durante un

servicio de sanidad de la señora Kuhlman en el año 1973 - cuando el manto de ella

presumiblemente cayó sobre él. Lleva a cabo sus reuniones exactamente de la misma

forma como lo hacía ella, aunque necesita más tiempo para llevar a su audiencia hasta el

estado de ánimo de expectativa que parecen generar los "milagros sicosomáticos".

En un sermón pronunciado el .7 de abril de 1991, Hinin reveló que visitaba

periódicamente la tumba de Kuhlman, y que es uno de los pocos que tiene acceso a ella.

También visita la tumba de Aimee, y cuenta: "Sentí una unción extraordinaria... Estaba

temblando de pies a cabeza ... estremecido por el poder de Dios "Amado Señor" - dije

"Siento la unción"... Creo que la unción partió del cuerpo de Aimee".

La unción o el poder juega un papel primordial en los "servicios milagrosos". Hinn

lo usa para "golpear en el espíritu" tal como hacía la señora Kuhlman hace 30 años.

Desde entonces ella ha sido imitada por los evangelistas que sanan. Sin embargo, Hinn

tiene un nuevo arrebato. Sí, al igual que la señora Kuhlman, él toca a las personas en la

frente o en el cuello para hacer que caigan de espalda. Pero también sopla o arroja la

"unción" y "golpea" a las personas desde la distancia.

La oficina de Benny en la iglesia está colmada de sus propias fotografías con

George Bush y Juan Pablo II. Esta fue la impresión de Mike Thomas durante una

entrevista que sostuviera con Hinn: "Luce como un aviso de Ralph Laurent, un

verdadero caballero galante. Su cabello, como siempre, está rociado sólidamente, cada

hebra en su lugar. ‘No sé si alguna vez ha visto a un reverendo sin calcetines’ - dijo con

orgullo (ya que no lleva puesto calcetines). ‘Así es como soy. Soy un hombre más

terrenal que la mayoría de personas".

"Estas palabras provienen de un hombre que no hace mucho cambió su automóvil

Mercedes por un Jaguar y que recientemente se mudó de una urbanización en

Heathrow a una mucho más exclusiva en Alaquia, donde ahora vive en una mansión de

$685.000 dólares. Sus trajes son confeccionados a la medida; sus zapatos son de cuero

italiano y sus muñecas y dedos fulguran con el oro y los brillantes... él considera que su

estilo de vida es modesto, como si todos vivieran en la misma forma"

"Lleva puesto un reloj Rolex de diamantes, anillos de brillantes, brazaletes de

oro y trajes confeccionados a la medida para que todos lo vean... ‘¿Qué gran cosa, por

Dios?’ - dice. ‘¿Qué es lo que se supone que debo hacer?, ¿conducir un Honda? ... Eso

no está en la Biblia... Estoy enfermo y cansado de oír hablar de las calles de oro en el

cielo. Yo no necesito oro en el cielo. Tengo que tenerlo aquí y ahora

Benny declara: ‘He recibido un nuevo mandato celestial - ¡el llevar el mensaje

milagroso del poder sanador de Dios de regreso a Norte América! "¡Invada nuestra

nación con el poder milagroso de Dios en la década de los noventa!", declara.

Asegurando además que cerca de mil personas son sanadas en cada uno de sus servicios

de sanidad. Pero tal como el señor Thomas informó, ‘A pesar de los miles de milagros

que Hinn asegura llevar a cabo, tal parece que la iglesia es presionada para que

presente uno que convenza a los más escépticos... Cuando Susan Smith, la vocera de la

iglesia, se vio verdaderamente presionada para hablar de milagros convincentes y

verdaderos, citó a una mujer en Orlando que fue curada de ceguera causada por

diabetes. Pero no dio su nombre. Más tarde admitió que la visión de la mujer quizá

estaba todavía borrosa. Añadiendo: ‘Ella todavía tiene diabetes, y ha vuelto a ser

hospitalizada’:

"Pueblo de Dios" - grita Benny, "nunca debemos expresar palabras de fe tan

destructoras como estas: ‘Si es tu voluntad, Señor’... ¡Yo soy Él, soy Jesús! ¡El Verbo

se ha hecho carne en miií! ... ¡Usted es un dios en miniatura en la tierra...!’: Sus otras

herejías incluyen la enseñanza de que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, cada uno

individualmente, tienen un cuerpo, un alma y un espíritu. "¡Hay nueve de ellos!", le

dijo a su congregación "lo supe por revelación ". Sin embargo, es muy probable que

tomara esta idea de la Biblia de Referencia Anotada por Dake, en donde se revive esta

antigua herejía en la página 55.

Hinn enseñó la misma herejía de Hagin y Copeland, que cuando Jesús murió en la

cruz descendió al infierno y tomó sobre sí la naturaleza de Satanás y fue torturado por el

diablo por nuestra redención. Luego, a principios de 1991 repudió esta enseñanza junto

con otra "Palabra de Fe" de su peculiar doctrina. Pese a todo había enseñado que se

trataba de "una revelación de Dios", pero el caso es que las revelaciones de Dios no

cambian.

A sus críticos Hinn les dice: "¿Sabe usted?, he buscado algún versículo en la Biblia -

pero tal parece que no puedo encontrarlo - un versículo que diga, ‘Si no te gustan,

mátalos’. ¡Verdaderamente quisiera poder encontrarlo! ... Algunas veces desearía que

Dios me diera una ametralladora del Espíritu Santo. ¡Yo les volaría la cabeza!’: La

audiencia en el estudio del canal de televisión de la TBN grita y aplaude ruidosamente

ante estas graciosas palabras del "hombre de Dios":

Sin duda estamos viendo el cumplimiento de una de las señales principales

dadas por el Señor Jesucristo para indicar la cercanía de su retorno: "Porque se

levantarán falsos Cristo y falsos profeta, y harán grandes señales y prodigios de tal

manera que engañarán si fuere posible, aun a los escogidos" (Mat. 24:24). Tratemos

de conocer a Dios y a su Palabra y andemos en obediencia a él, contendiendo

ardientemente por la fe que le fuera dada una vez a los santos.

Capítulo VIII

¿Alabanza o alapanza?

Con frecuencia se dan casos de iglesias que dicen haber redescubierto las alabanzas.

En México me contaron de un pastor que camina en la plataforma como un zorro, de

repente salta sobre el púlpito con la rapidez de una ardilla y coloca las manos como si

estuviera tocando una trompeta, señalándole a la congregación que así, así, exactamente

sonará la trompeta del rapto. Hecha esta demostración, baja del púlpito para caminar por

los pasillos del templo y le ordena al portero que apague las luces, porque ha llegado el

momento para alabar con danzas a oscuras. El apóstol Pablo le escribió estas palabras

hace muchos años a la iglesia más carnal de todos los tiempos: "De cierto se oye que

hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los

gentiles..." (1 Cor. 5:1).

Cuando los mundanos celebran sus danzas, o tienen muy bien iluminado el salón

o lo hacen a media luz. Pero nuestros "pastores" hoy en día reciben "inspiración del

espíritu"... para apagar completamente las luces. No está lejano el día en que se lleven a

cabo orgías y desvaríos en los propios templos "cristianos" Toda la culpa por cierto,

siempre la tiene el espíritu. Y así es, en todos estos casos, lo que ocurre es que la

persona que está al frente, el gurú que hace el papel de pastor, ciertamente tiene

comunicación con el espíritu, oye voces, recibe órdenes, instrucciones precisas de un

espíritu de confusión que finge ser el Espíritu Santo.

Es verdaderamente triste ver lo que ocurre hoy en los templos y en los servicios que

supuestamente son de adoración y alabanza. Lo que menos hay es esto. Los himnarios,

con himnos que sirvieran de inspiración a muchas generaciones, tanto por su lírica,

ritmo, como por su melodía y armonía, han sido retirados hoy de nuestros templos. Lo

mismo ocurrió con el piano y el órgano. Estos fueron sustituidos por guitarras eléctricas,

tambores, baterías, instrumentos de percusión y todo tipo de "traka-traka" con ruidos

ensordecedores que más bien parecen fluir del fondo del infierno tratando de mitigar los

tormentos de sus habitantes, que de alabanzas al Señor.

Sin embargo, es muy poco lo que se puede decir al respecto, porque al tocar este

tema el argumento inevitable siempre será que es... "para la gloria de Dios". Pero...

¿Quiere decir esto que todos esos cristianos que por los siglos, desde la iglesia primitiva

y pasando por la Reforma, adoraron al Señor "con himnos y cánticos espirituales"

(Efe. 5:19), no lograron sus objetivos? Obviamente los cristianos hicieron esto durante

siglos, pero ahora la iglesia de este siglo de las luces, ¡redescubrió la verdadera

alabanza! Si usted me dice que no, que lo que hicieron los antepasados no estaba bien y

que sí está correcto lo que hacen hoy muchas iglesias con sus ruidos, entonces tenemos

aquí a un Dios mutable, un Dios que recibía antes un tipo de alabanza y que hoy recibe

otro.

Lo que ocurre realmente en la actualidad, es que los "alabadores" no son sino

piratas que asaltaron los tesoros de Dios y en lugar de rendirle pleitesía a él, se alaban a

sí mismos. Buscan encontrar su propia satisfacción emocional, por medio de saltos,

aplausos, gritos, aleluyas, glorias a Dios, retorcidas, convulsiones y caídas hacia atrás.

Estas experiencias los colocan en cierto nivel especial, donde habiéndose desahogado

emocionalmente, sienten por un momento cierto alivio, cierta paz, como el borracho que

olvida por un momento sus necesidades, penas y dolores, pero pasado este momento de

éxtasis y "borrachera" en alabanzas (alapanzas), la situación vuelve a ser igual o peor

que antes.

En la Biblia tenemos un caso ilustrativo y muy interesante cuando el Señor

Jesucristo alimentó milagrosamente a grandes multitudes en pleno desierto. El capítulo

6 del Evangelio de Juan nos relata que un muchacho tenía cinco panes de cebada y dos

pececillos, "Y tomó Jesús aquellos panes y habiendo dado gracias los repartió entre

los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los

peces;, cuanto querían" (Jn. 6:11). Y Mateo 14: 21 dice: "Y los que comieron fueron

como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños" (Mat. 14: 21).

Es casi seguro que si se hubiera contado el total de personas la cifra de

comensales habrían sido de más de 20.000. Imagino que la comida era muy sabrosa y

que todos quedaron muy satisfechos, ya que comieron cuanto querían y aun sobró

mucho. Jesús esperaba que al mostrarles un milagro tan elocuente, creyeran en él, pero

no fue así. Cabe destacar que aunque el Señor Jesucristo hizo muchos milagros, como

sanar enfermos, limpiar a los leprosos, dar vista a los ciegos, hacer caminar a los

paralíticos, etc, su misión no era esa, como tampoco lo es ahora. Parece que los que

comieron ese día lo que él les sirvió, interpretaron su milagro fuera del contexto.

A ellos les convenía un Jesús que sana, que alimenta, que los hacía sentirse bien,

que estaba siempre a la mano, que no quería que un hijo de ellos sufriera de hambre,

depresión, enfermedad o colapso financiero. Cuando Jesús alimentó a esa multitud la

Biblia dice: "Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una

barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había

venido a ellos. Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Cuando habían

remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y

se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy; no temáis. Ellos

entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra donde

iban. El día siguiente la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había

habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus

discípulos, sino que éstos se habían ido solos. Pero otras barcas que habían arribado

de Tiberios junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias

el Señor. Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba al1í ni sus discípulos,

entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús" (Mat. 6:16-24).

Uno se siente animado cuando lee este relato, porque dice: "¡Qué bueno que la gente

buscara a Jesús tan ansiosamente! ¡Quiera Dios que más personas lo siguieran hoy de

esa misma manera!". Pero la admiración por esta gente se desvanece cuando

descubrimos lo que ocurrió después. "Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron:

Rabí: ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo

que me buscáis, no porque habéis visto las señales sino porque comisteis el pan y os

saciasteis" (Jn. 6:24, 25).

Jesús había permitido que toda esa multitud se quedara allí en el desierto porque

sabía lo que iba a hacer. Debía exhibir sus credenciales de Mesías y lo haría para que los

judíos que conocían las profecías mesiánicas comprobaran, una vez más, que él era

realmente el Mesías prometido. Sin embargo, ellos no tenían la menor idea de esto,

consideraban que como Jesús era "el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" estaba

obligado a satisfacer sus necesidades físicas y materiales. Mientras los alimentaba,

curaba a los enfermos, todo era ¡Aleluya y gloria a Dios!, pero cuando el Señor les hizo

ver lo equivocados que estaban y cuán erróneas eran las motivaciones que los movían a

buscarlo, ellos quedaron perplejos. Mientras Jesús estuvo en este mundo realizó muchos

milagros, sanó enfermos, alimentó hambrientos y hasta resucitó a los muertos. Pero esta

NO era su misión. Él vino expresamente para dar su vida por nosotros y de esta manera

saldar nuestra deuda delante de Dios.

Por favor, note lo que le contesta el Señor Jesucristo a los mensajeros de Juan el

Bautista, cuando él, estando en la cárcel, envió a dos de sus discípulos para que le

pregunten al Señor si él era realmente el Mesías: "Cuando, pues, los hombres vinieron

a él dijeron. Juan el Bautista nos ha enviado a ti para preguntarte: ¿Eres tú el que

había de venir o esperaremos a otro? En esa misma hora sanó a muchos de

enfermedades y plagas y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. Y

respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los

ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiado .los sordos oyen, los muertos

son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es aquel

que no halle tropiezo en mí" (Luc. 7:20-23).

No olvidemos que Juan estaba entonces en la cárcel, esperando sin saberlo, su

decapitación. Él había comenzado a dudar de su papel al presentar a Jesús al pueblo de

Israel como el "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". Jesús al responderle

a los dos mensajeros no les dice ni sí, ni no. Su respuesta es muy extraña, les manifiesta:

"Vayan a Juan y díganle que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son

limpiados, etc". Pero... ¿Por qué esta respuesta tan original? Porque los profetas habían

dicho entre otras cosas, que el Mesías además de ser un descendiente de la tribu de Judá,

nacería de una virgen en la aldea de Belén, y que además de provenir de Egipto

protagonizaría toda clase de milagros para que los judíos creyesen en él. El profeta

Isaías dijo:

"Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios

viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá y os salvará. Entonces los ojos

de los ciegos serán abiertos y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo

saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo; porque aguas serán cavadas en

el desierto y torrentes en la soledad" (Is. 35:4-6).

No es necesario cursar estudios teológicos para descubrir que Jesús no vino para

curar a los enfermos, ni alimentar a los hambrientos. Sin embargo, sí lo hizo, aunque no

siempre ni con todos, pero lo hizo. El Señor Jesucristo debía probar que Isaías hablaba

de su persona, que nadie jamás había exhibido credenciales como éstas. Los hombres lo

confundieron con un bonachón que se deleitaba en alimentar milagrosamente a los

vagos. Cuando estas personas buscaron a Jesús al otro lado del mar, aunque era la hora

del desayuno, Jesús no hizo más milagros. No los alimentó. Pero... ¿Acaso no es cierto

que él es el mismo "ayer y hoy, y por los siglos"? ¿Cómo es posible entonces que ayer

alimentara a esos miles y que no lo hiciera al día siguiente? ¿Cree usted que la gente no

tuvo entonces fe en él y en su poder? Si no hubieran tenido fe no habrían ido a buscarlo

hasta el otro lado del lago. Ellos no tenían la menor duda de que Jesús, no sólo podía

ofrecerles pan como desayuno, sino hasta huevos fritos con tiras de tocino al estilo

americano, con pan bendito, y tortillas para los mexicanos. Pero el Señor Jesucristo no

protagonizó el milagro que esperaban que hiciera. Si Jesús les hubiera preguntado:

"¿Cuántos creen que puedo alimentarlos esta mañana con pan, tal como lo hice

ayer?". El grito de aprobación habría sido unánime. Pero... supongamos que Jesús

hubiera actuado como los gurúes de hoy y hubiera seguido preguntando:

"¿Cuántos creen que puedo curar toda enfermedad y dolencia?". "¡Yo...!" - habría

gritado a coro la multitud. "¿Cuántos creen que puedo transformar un siclo de los que

ustedes han depositado en el plato de ofrenda en cien siclos?". "¡Yo...!" - habrían

vuelto a gritar. Es que en circunstancias como esta, no era difícil creer, porque el Señor

había probado su capacidad hacía menos de 24 horas. No obstante, tal cosa no ocurrió, y

esa gente tuvo que volver a cruzar el mar de Galilea para ir a sus casas porque Jesús no

les dio lo que pedían.

Me temo que muchas de las supuestas alabanzas de nuestros días no son sino

comedias de individuos que saltan al son de espíritus extraños, que si les hacen los

favores en la medida necesaria para tenerlos atrapados en su poder. Es posible que

alguien se sane de vez en cuando, aunque sea a base de trucos. Por otra parte qué bien se

sienten después de dar saltos en las danzas de David, después de los muchos aplausos

para "Jesús", después de escuchar música subliminal, después de los ruidos

ensordecedores que los hacen saltar hasta el cansancio y luego de relajarse y poner la

mente en blanco, para que "el espíritu de Jesús los guíe"

Usted no necesita ser un experto en la Biblia para descubrir los siguientes

aspectos: ¿Habla el orador directamente de la Palabra de Dios, urgiendo al pecador para

que se arrepienta y acuda por fe a Cristo Jesús? ¿O le ofrece directamente el Espíritu

Santo hasta emborracharlo? ¿Presenta a Jesús como único salvador tal como dice

Hechos 4:12, que "...en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el

cielo, dado a los hombres en que podamos ser salvos"? ¿Deja clara que el Espíritu

Santo es un don de Dios y que el cristiano nunca debe pedirlo, ni siquiera para obtener

la tal llenura, "pues Dios no da el Espíritu por medida" (Jn. 3:34)? ¿Dice el predicador

que el perdón de Dios es gratuito y que el pecador puede ser salvo de una vez y para

siempre, porque Jesús dice... "Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás; ni nadie

las arrebatará de mi mano"?

Éstas y otras palabras deben ser contestadas claramente. Si usted acude a

escuchar la Palabra de Dios, porque alguien le convidó, porque publicaron anuncios en

el diario, recogió algún volante o escuchó la invitación por televisión o radio, es su

deber asegurarse que no se encuentra en medio de un círculo de ocultistas, frente a

curanderos que como pretexto invocan el nombre de Jesús. No interesa cuánta emoción

sienta por las oraciones, los cánticos o los dichos conmovedores de quienes trabajan sin

que usted se dé cuenta para lograr una hipnosis colectiva a fin de manipular a toda la

audiencia. Por lo general algunas canciones, música instrumental, palabras escogidas,

testimonios, sopladeras, tumbaderas, carcajadas espirituales y cosas de este tipo, son

necesarios para lograr dominar a toda la multitud reunida. Concurrir a ese tipo de

reuniones, aunque no sea más que por pura curiosidad, le traerá a usted tanto beneficio

como el que obtuvo Saúl cuando visitó a la bruja de Endor (1 Sam.. 28). Mi

recomendación es que no acuda a esos lugares, ni siquiera por curiosidad. Satanás no le

permitirá tener paz ni tranquilidad a quien curiosee en sus negocios.

¿Sabe usted lo que dice la Biblia sobre la verdadera alabanza o glorificación de

Dios? Permita que el mismo Jesús lo aclare: "En esto es glorificado mi Padre, en que

llevé mucho fruto, y seáis así mis discípulo" (Jn. 15:8). La Biblia menciona por los

menos dos tipos de frutos. En primer lugar se refiere al fruto de una nueva vida. "Mas el

fruto del Espíritu es amor, gozo, paz paciencia, benignidad, bondad fe, mansedumbre,

templanza..." (Gal. 5:22,23).

El carácter del cristiano es moldeado por el propio Señor, gracias a que el

pecador recibe a Jesucristo como Salvador y lee regularmente la Palabra de Dios, es así

como el Espíritu Santo va moldeando esa vida para que glorifique a su Salvador. Esto

no quiere decir que el cristiano nunca va a estar triste, que nunca va a llorar, sufrir o

sentir dolor. Lo que ocurre con el cristiano verdadero es que sus experiencias difíciles le

acercan más a Dios. No obstante, también hay otro fruto que el cristiano debe llevar y

con ello glorificar al Señor. Se trata de esas almas que no conocen a Dios y a las cuales

todo cristiano tiene la obligación de hablarles del Salvador. Ésta es la Gran Comisión.

Jesús dijo: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones; bautizándolos en el

nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas

las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el

fin del mundo. Amén" (Mat. 28:19,20).

Dios quiere hijos obedientes, no cosméticamente santos… quiere personas

transformadas interiormente. Usted podrá impresionar a los demás con su postura

supuestamente espiritual, puede platicar de sus profundas experiencias con Jesús, tal vez

en su cámara privada donde habla con el Espíritu Santo. Puede hilvanar una serie de

historias de estas supuestas experiencias y es probable que convenza a muchos de

aquellos que desconocen la doctrina del Espíritu Santo. Si no tiene mucho conocimiento

de la Palabra de Dios, debe tratar de corregir esta situación.

¿De verdad desea alabar a Jesús? Permítame ofrecerle unos sencillos consejos:

1. Lea con mucha atención el capítulo 2 de Colosenses y trate de ponerlo en

práctica cada día.

2. Lea diariamente algo de la Biblia, siga su plan para leerla durante un año.

3. Propóngase tener siempre consigo algún tratado para darle testimonio a otros.

4. Ore por su familia y por otras personas, especialmente por aquellos que desea

que se conviertan y hábleles de Cristo.

5. Corrija su vocabulario, evite los chistes obscenos o de doble sentido.

6. No deje de congregarse, pero no para criticar, sino para ayudar y cooperar.

7. Sin duda Dios le ha dado algún don o dones. Desarróllelos para su gloria. Es

probable que usted sea un buen maestro de la Palabra, tal vez puede visitar,

quizá sea evangelista (ganador de almas), tal vez canta bien y puede ayudar en

los himnos congregacionales.

8. Evite por todos los medios el autoexhibicionismo.

9. Cuidado con repetir a cada momento "gloria a Dios" o "Aleluya". Quienes

hacen esto, generalmente son hipócritas.

Si está enfermo pida a Dios que lo ayude, pero no le obligue a que le sane. Su

voluntad será lo mejor para usted. Ore para que el Señor le ayude a sobrellevar

Capítulo IX

Las enfermedades:

¿De Dios o del diablo?

Sin duda alguna la mayor atracción en nuestros días es la cuestión de la sanidad

divina. Ciertamente existe una confusión muy seria en este asunto y me temo que son

muchos "los predicadores" y "sanadores" que han caído en serias blasfemias. No se

trata de tal o cual denominación, sino de individuos, que además de explotar a la gente

incauta se atribuyen poderes ilimitados, convirtiendo el factor sanidad en un producto

de industria propia, sanando a su entero antojo a diestra y siniestra. Esta enseñanza de la

sanidad a pedido ha cundido también en las canciones de la mayoría "de artistas

cristianos". En todos los casos es sólo cuestión de creer, de tener fe. Si tiene suficiente

fe, será sano, pero si no la tiene estará enfermo porque se niega a tener la dosis

necesaria de fe.

Nunca olvidaré el caso de un cristiano cuyo hijo de corta edad estaba gravemente

enfermo. Un predicador vino a verlo y le preguntó: "¿Cree usted que el Señor le puede

sanar?" "Sí" - le contestó este fiel cristiano - "Creo que el Señor es Todopoderoso y

que ciertamente puede sanar a mi hijo" "Bien" - le replicó su interlocutor - ‘¿Cree que

el Señor le sanará ahora mismo?". En este punto el cristiano le contestó que eso ya no

era asunto de fe, de creer, porque se entraba en el territorio exclusivo de Dios y añadió:

"Ignoro si la voluntad de Dios sea sanarlo o no". Éste es justamente el problema,

nosotros no podemos manipular la voluntad de Dios. Él se reserva el derecho de sanar a

unos y de no hacerlo con otros.

¿DE DÓNDE VIENEN LAS ENFERMEDADES?

La pregunta no parece muy difícil, sin embargo debido a la confusión que reina hoy

en medio de muchos cristianos sinceros, debemos definir este punto. La primera vez que

aparece algo en relación a la enfermedad en la Biblia, y por ende en la raza humana, es

cuando Moisés describe lo que pasó después del pecado de Adán y Eva. El capítulo 3

Génesis habla de la entrada del pecado y dice en el versículo 16: "A la mujer dijo:

Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los

hijos".

El dolor entró en el mundo a consecuencia del pecado y tras el dolor entró la muerte

física, ya que cuando nuestros primeros padres pecaron murieron espiritualmente. Así

que bien podemos decir que las enfermedades que producen dolor, son en general

consecuencia directa del pecado del hombre. Pero… ¿Quién dijo las palabras citadas en

Génesis 3:16? Según los versículos anteriores, Satanás hizo su trabajo de seducción y se

fue. El que habla ahora con Adán y Eva es Jehová. Por lo tanto, no olvide que es Dios

quien tiene dominio sobre las enfermedades. Satanás estaría feliz y contento si Adán y

Eva hubieran podido vivir sin el menor obstáculo físico, siéndole fieles y habiendo

hecho alianza con él y sus secuaces. La palabra muerte significa "separación" y ellos

evidentemente quedaron "separados" de Dios ese mismo día.

Luego, ya en el capítulo 4 aparece la segunda muerte, cuando Caín mata a su

hermano Abel. Ahora se produce la segunda separación. El alma de Abel se separa de

su cuerpo. La tercera muerte, la muerte eterna, todavía es cosa del futuro. Será entonces

cuando Dios apartará de sí mismo a todos aquellos que tendrán su parte en el lago de

fuego. Esa es la "muerte eterna", que es lo mismo que decir "separación eterna ". Es

necesario que comprendamos el significado de estas tres muertes. Nada podemos hacer

con la primera de ellas. Tampoco somos culpables por el hecho de que Adán y Eva

hayan pecado. Pero sí podemos hacer mucho para e eterna, ya que en Cristo hemos

ganado mucho más que lo que perdimos en Adán.

Pero… ¿Quién es entonces el que nos manda las enfermedades? ¿Es Dios o es el

diablo? Si es Dios quien lo hace, ¿en dónde está su amor por nosotros? Y si es el diablo,

¿por qué no recurrimos a Dios para que nos dé la salud? Todo cuanto explicamos aquí,

tiene necesariamente que provenir de la Palabra de Dios. Permitamos entonces que la

misma Biblia nos diga de dónde vienen las enfermedades.

Cuando Dios llamó a Moisés para encomendarle la difícil tarea de presentarse ante

el Faraón de Egipto y exigirle que dejara que el pueblo de Israel saliera de Egipto a fin

de llevarlos a la tierra de Canaán, Moisés se excusó delante de Dios y no quiso aceptar

su misión porque evidentemente tenía defectos físicos los que según él no le dejarían

hacer bien esta tarea. "Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido

hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo

en el habla y torpe de lengua. Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre?

¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? Ahora

pues, vé, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar. Y él dijo: ¡Ay,

Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar. Entonces Jehová se enojó

contra Moisés y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla

bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte y al verte se alegrará en su corazón. Tú

hablarás a él y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya;

y OS enseñaré lo que hayáis de hace, Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en

lugar de boca; y tú serás para él en lugar de Dios" (Exo. 4:10-16).

La Biblia no dice explícitamente cuál era el problema que tenía Moisés, pero es

obvio que lo que tenía afectaba su habla. En otras palabras, él seguramente era

tartamudo, porque admite ser "tardo en el habla y torpe de lengua". Dios no quería

escuchar sus argumentos, aunque Moisés insistió mucho. Notamos también, que a

diferencia de él, Aarón era todo lo contrario. Dios le dice a Moisés que sabe que su

hermano habla bien y le hace ver que Aarón ocuparía un lugar en este ministerio, pero

que también le necesitaba a él con su torpeza de lengua o su tartamudez. Dios asimismo

le declara a Moisés, que él mismo fue quien hizo al mudo, al sordo, al que ve y al ciego.

Este principio lo vemos a través de toda la Biblia, dejando bien claro que Dios tiene en

sus manos el asunto de nuestra salud. Para quienes predican que Satanás es el autor de

las enfermedades, tenemos una palabra de advertencia muy seria. Piensen mejor

respecto a quién están tildando de Satanás, ya que Dios es el autor mismo de las

enfermedades.

A continuación voy a citar otros pasajes bíblicos para que este principio quede bien

grabado en cada corazón: "Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo; yo

hago morir, y yo hago vivir, yo hiero, y yo sano; y no hay quien pueda librar de mi

mano" (Deut. 32:39). "Jehová mata, y él da vida, él hace descender al Seol y hace

subir. Jehová empobrece, y él enriquece; abate, y enaltece" (1 5am. 2:6,7). "He aquí

bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga, por tanto, no menosprecie la

corrección del Todopoderoso. Porque él es quien hace la llaga; y él la vendará; él

hiere, y sus manos curan" (Jb. 5:17,18). "Yo soy Jehová y ninguno más hay; no hay

Dios fuera de mí Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el

nacimiento del seol y hasta donde se pone, que no hay nada más que yo; yo Jehová, y

ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas que hago la paz y creo la

adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto" (Is. 45:5-7). "Porque el Señor no

desecha para siempre; antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus

misericordias; porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los

hombres ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De

la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno?" (Lam. 3:31-33,37,38).

Todas estas y muchas otras citas bíblicas, nos hacen ver que las adversidades y todas

las enfermedades nos vienen porque Dios así lo dispone. Él sabe quién podrá caminar y

quién será paralítico, sabe quién verá y quién será ciego. Él determina quién morirá de

cáncer y quién no. ¡Qué sería de nosotros si viviéramos enteramente al antojo y

disposición de Satanás! Bien sabemos, por la experiencia de Job, que Satanás, aunque

puede ocasionarle daños físicos o mentales a un cristiano, no puede hacerlo a menos que

Dios se lo permita. Satanás está tan limitado que sólo puede ocasionar el daño que Dios

le permite.

El cuadro de Job es otra muestra de este principio. Los daños le venían a medida que

Dios lo permitía. Primero murieron los animales de Job, todo su ganado. Luego todos

sus hijos en un mismo día, y por último Job mismo fue herido con una horrible sarna,

una enfermedad tan asquerosa que hasta su propia esposa le sugirió que se suicidara,

cuando le dijo: "Maldice a Dios, y muérete" (Jb. 2:9b). Si bien fue Satanás quien

ocasionó todo este ¿laño en la vida de Job, él no habría podido tocarle un solo cabello si

Dios no se lo hubiera permitido. Dios tenía un propósito en el caso de Job, quería

bendecirle con el doble de lo que tenía. Y así es, siempre las enfermedades y las

experiencias adversas y amargas, nos vienen porque Dios quiere elevar nuestra estatura

espiritual. Cuando Pablo comprendió esto dijo: "Por lo cual por amor a Cristo me gozo

en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones; en angustias;

porque cuando soy débil entonces soy fuerte" (II Cor. 12:10).

El autor de la Epístola a los Hebreos dice: "Hijo mío, no menosprecies la disciplina

del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama,

disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata

como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?... Es verdad

que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza, pero

después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados" (Heb.

12:5-7,11).

No siempre la disciplina del Señor nos viene en forma de alguna enfermedad física,

algún accidente, cirugía muy difícil, etc. A veces puede tratarse de un colapso

económico, asalto, un incendio donde la propiedad se convierte en un montón de

cenizas. También debemos recordar que existen enfermedades que son el resultado

directo de algún pecado en particular. Esto naturalmente es claro en la Biblia y en la

vida diaria. Nadie podrá dudar que la lepra que obtuvo María, la hermana de Moisés,

fue el producto de su rebelión contra su hermano, el siervo de Dios. Cuando ella quiso

autonombrarse líder en igualdad con él, Dios intervino y la castigó con lepra: "Entonces

la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue. Y la nube se apartó del tabernáculo,

y he aquí que Maria estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que

estaba leprosa" (Num. 12:9,10).

Es cierto que Dios limitó los días de la lepra de María, pero en este caso es

completamente claro que la enfermedad de ella fue consecuencia de un pecado en

particular. Esto lo vemos también en otros recuentos bíblicos y en nuestra vida diaria.

Por ejemplo, se da el caso de un individuo que no se cuida con su comida, trabaja sin

dormir porque desea acumular cada vez más y más, vive siempre tenso, temiendo que el

banco devuelva alguno de los cheques que ha girado porque no tiene fondos suficientes

para cubrirlo y que además tiene un vicio que lo domina el cual lo hace sentirse

miserable porque está ocultando su pecado de los demás hermanos.

No son pocos los hombres y mujeres que tienen sus aventuras sexuales

extramaritales, tanto casados como solteros, sin dejar de hacerlo ni confesarlo a nadie.

Es natural que una vida así, más tarde o más temprano ocasione una secuela de

problemas emocionales y físicos que derivarán en serias enfermedades. En tales casos

no se puede decir que Dios está ocasionando estos problemas porque desea moldear esa

vida, sino que lo que ocurre es una consecuencia lógica de la inalterable ley de la

siembra y la cosecha. Incluso puede haber muerte prematura debido a algún pecado de

esta naturaleza que el cristiano cree que no puede dejar. El apóstol Juan nos habla de

esto mismo cuando dice: Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de

muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de

muerte Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida" (1 Jn. 5:16).

Note que Juan escribe acerca de alguien que ve a un "hermano cometer pecado".

Lógicamente se trata de una persona salva que comete pecado de muerte. Pero... ¿a qué

muerte se refiere el apóstol? No a la muerte eterna, porque se trata de un cristiano. Juan

más bien habla de la posibilidad de una muerte física prematura, porque ese hermano

insiste en dicho pecado. El testimonio pobre de un hermano en una iglesia puede ser

dañino, por lo cual, muchas veces es mejor que ese hermano se vaya al cielo. Para los

demás habrá muerto, pero él en realidad habrá partido para estar con Cristo. Allí no

tendrá los problemas que no pudo superar mientras estaba en su cuerpo.

Uno podría pensar: "Bueno, ¿por qué no partir cuanto antes para estar con Cristo, lo

cual, según el apóstol Pablo, "es muchísimo mejor" (Fil. 1:23b) La desventaja de morir

en estas condiciones, es que uno sí se salva, "aun que así como por fuego" (1 Cor. 3:

15b). La Biblia habla bastante de pecados específicos que han precipitado una muerte

prematura, pero esto de ninguna manera quiere decir que todas las enfermedades

obedecen a un pecado en particular. Satanás está muy limitado en su actuación en

relación a los hombres, especialmente en lo que toca a los cristianos. A aquellos que le

sirven fielmente y se mueven dentro de su territorio, él ciertamente los impresiona

haciéndoles sentir que tiene poder sobre ellos. Pero en cuanto a los cristianos en general,

aunque tengan debilidades, Dios nunca permitirá que un hijo suyo sufra más de lo que

pueda resistir.

Pero... entonces... ¿Por qué hay tantos "Centros de Fe" que arrastran tanta gente

con la promesa de sanar todas las enfermedades? Obviamente, en muchos casos se trata

de blasfemos y enemigos de las enseñanzas bíblicas. Permítame citarle un ejemplo:

Dice Benny Hinn en la página 83 de su libro Señor, necesito un milagro: "No sólo

creo que es la voluntad de Dios que usted sea sanado, sino que también es su voluntad

que viva sano hasta que él le llame al hogar celestial... Si está buscando un libro que le

ayude a justificar sus enfermedades, éste que está leyendo no es para usted. Yo no soy

de los que oran diciendo: ‘Si es tu voluntad Señor sana a esta persona’ ¡La voluntad de

Dios es sanar! Nunca me oirá orar diciendo palabras que pueden destruir la fe, tales

como: ‘Si es tu voluntad Señor, sánales’. Dios quiere que se ponga de pie y sea sanado.

Hoy, mañana y ¡siempre!"

Pero... ¿Es esto lo que enseña la Biblia? ¿Está en nuestras propias manos ser sanos

como cristianos? Nuestra obligación es someter al escrutinio de la Biblia, toda

conclusión, toda filosofía o toda afirmación. Lo que creemos y enseñamos debe pasar el

examen de las Escrituras. De no lograrlo, la enseñanza es herejía. En cuanto a pedir que

se haga la voluntad de Dios, Jesús nos dice en la oración modelo: "Hágase tu voluntad

como en el cielo, así también en la tierra" (Mat. 6:10). Cuando Jesús le oró al Padre en

su oración modelo, su alma estaba muy triste. El Señor estaba muy cerca de sufrir los

padecimientos del Calvario. Así que le oró al Padre: "Padre mío, si es posible, pase de

mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú ... Otra vez fue, y oró por

segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la

beba, hágase tu voluntad" (Mat. 26:39,42). "Y ésta es la confianza que tenemos en él,

que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye" (I Jn. 5:14).

Santiago también nos habla de lo mismo cuando dice: "¡Vamos ahora! los que

decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y

ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida?

Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.

En lugar de locual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o

aquello" (Stg. 4:13-5).

Usted puede creer algo y creerlo de todo corazón, estar completamente

convencido y ser verdaderamente sincero, y aún estar equivocado, porque su creencia,

su fe, si no descansa en las promesas bíblicas es un fraude. Las cosas no sucederán

porque usted cree, sino cuando su creencia se conforma a la voluntad de Dios, si

concuerda y está en armonía con su Palabra.

Capítulo X

¿Quiere Dios que todos estén sanos?

Si usted le formula esta pregunta a Benny Hinn, él le dirá: "Mientras más

estudio la Palabra de Dios, más convencido estoy de que ningún cristiano debe estar

enfermo. Si fuera la voluntad de Dios que yo estuviera enfermo, entonces Jesús llevó mi

enfermedad en vano... Repito, cuando el Señor perdona el pecado, siempre incluye la

sanidad ... Es simultáneo. Sólo un toque, un aliento del Señor, es todo lo que usted

necesita. Dios salva y sana. Perdona y sana. Dios perdona y sana" (Señor necesito un

milagro - Benny Hinn, página 88, 89).

El mismo Benny Hinn menciona a William Branham, de quien dice fue "uno de

los mas grandes evangelistas de Estados Unidos". Branham era un individuo que se

creía Juan el Bautista o Elias, aunque ya falleció. Fue uno de los puntales de todas las

herejías de estos últimos tiempos. El fue quien dijo: "Señor, sí tu palabra es salud para

todo mi cuerpo, voy a mantenerme firme en tu Palabra que dice: 'Mandadme a cerca de

... la obra de mis manos' (Is. 45:11). El Señor no dijo: 'pedidme'. Él dijo 'mandadme'.

Y eso fue lo que Branham hizo. Dios lo prometió, y el evangelista lo mandó a Él (a

Dios) que lo hiciera. Le dijo: 'Mi Dios, ¡te mando en el nombre de Jesús que tu Palabra

obre en mí! (Necesito un milagro, página 98).

El atrevimiento y las blasfemias de estos hombres no tienen paralelo. Pablo le

habla a los Gálatas de esos que predican ese ... "otro evangelio". ¡Hoy los tenemos con

su "evangelio" de sanidad física, de poderes para echar demonios, para tumbar a sus

seguidores, con su "evangelio" de carcajadas, el evangelio de las riquezas materiales! ...

Pero oiga lo que dice Pablo: "Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo os anunciare

otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes

hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del

que habéis recibido sea anatema" (Gal 1: 8,9). Y dice Levítico 27:29: "Ninguna

persona separada como anatema podrá ser rescatada; indefectiblemente ha de ser

muerta".

Aunque la palabra anatema es sinónimo de maldición en muchas versiones

bíblicas, y en parte así es, existe sin embargo una clara diferencia, ya que no todas las

veces que se usa maldición, corresponde a la palabra anatema. "Anatema" quiere decir

que quien comete tal pecado, se ha enredado en algo tan serio que jamás podrá ser

salvo. Hoy en día muchos de los hombres que aparecen como predicadores y líderes,

están cometiendo este pecado.

Son individuos que conocen la Palabra de Dios, y reciben abundantes

contribuciones porque mucha gente los sigue mansamente pensando que se trata de

auténticos siervos del Señor y líderes espirituales. De ahí, que no solamente son

culpables de las herejías que propagan, sino de deshonestidad ante Dios y los hombres.

De ellos la Biblia tiene mucho qué decir. El apóstol Pablo los describe así: "Porque

éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de

Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así

que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia;

cuyo fin será conforme a sus obras" (II Cor. 11:13-15).

Es notable, porque en el capítulo 1 de Gálatas, Pablo dice que quienes predican

ese "otro evangelio u otro Cristo", son anatema. Y en el libro de Levítico leímos que

quienes cometen pecado de anatema ya NO tienen rescate. Pero ... ¿Quiénes son ellos?

Son personas que conocen muy bien la Biblia, que conocen las sanas doctrinas, que

saben que son deshonestos, pero que no quieren salir de la situación porque la misma

los ha hecho populares, tienen muchos admiradores y aduladores, algo que siempre

reclama la carne. Además, cuentan con poderes sobrenaturales no muy comunes. Lo

triste de todo, es que sin ser salvos, tampoco pueden serlo. Pablo habla de ellos en

forma tajante, mostrando cuál será finalmente su fin: "Porque ya está en acción el

misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su

vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor

matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo

cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios

mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no

recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder

engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no

creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia" (II Tes. 2:7-12).

El hecho de enseñar la Biblia es asunto sumamente serio. Podemos estar guiando

las almas o al cielo o al infierno. Dios dice que quienes se levantan como maestros y

predicadores y tienen la oportunidad de hablarle a miles y hasta millones, también

tienen gran responsabilidad. Si enseñan el error, llega un momento en que Dios envía un

poder engañoso para que creen la mentira, porque las mentiras que se enseñan hoy a

través de medios tan poderosos como la televisión, la radio y los libros, han creado una

confusión nunca antes vista. Además, de venir en envoltorios tan atractivos como son la

salud física, el bienestar emocional, la prosperidad económica y "poderes divinos" para

controlar las masas.

Este fraude es denunciado por Pablo, quien dice que se trata de individuos que

han cometido el pecado de anatema. Es raro que alguno de estos falsos predicadores se

haya arrepentido y abandonado el engaño. Esto se debe a que Dios ya los ha destinado,

"a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se

complacieron en la injusticia". Todos los que enseñamos debemos tener especial

cuidado con la teología que propagamos. "Hermanos míos, no os hagáis maestros

muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación" (Stg.3:l).

Cuando veo a muchos de esos tele-evangelistas, que manipulan de una manera

tan irrespetuosa al Espíritu Santo, y escucho lo que dicen sobre él, me pregunto si lo que

el Señor dijo sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo no aplica a ellos. Jesús

manifestó: "Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los

hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera

que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que

hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el

venidero... Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella

darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus

palabras serás condenado" (Mat. 12:31,32,36,37).

Nunca se ha hablado tanto y a tanta gente al mismo tiempo, en forma tan

descuidada y sin el menor respeto como ahora. Se hacen bromas del Espíritu Santo y se

enseñan cosas acerca del Espíritu que la Biblia no enseña. El mismo Benny Hinn, en

otro libro - Buenos días Espíritu Santo, lo manipula a su entero antojo e introduce

enseñanzas que no son impartidas por la Biblia. Dice por ejemplo en la página 9: "De

repente Él estaba allí. El Espíritu Santo entró en mi cuarto ... En las ocho horas

siguientes, tuve una experiencia increíble con el Espíritu Santo ... Parecía que mi

cuarto se había elevado al hemisferio del cielo". Más adelante, este mismo autor dice

en la página 19, "que oraba al Espíritu Santo". Y éstas son sus palabras en la página 55:

"Por mucho tiempo yo luchaba por entender la Biblia. Entonces vino el día que levanté

mis ojos y dije: Maravilloso Espíritu Santo, ¿me quieres decir lo que quieres decir con

esto? El habló. Él me reveló la Palabra ... Fui sincero y transparente cuando dije:

Precioso Espíritu Santo, yo deseo conocerte. Nunca olvidaré lo nervioso que estaba.

Pero desde aquel día he llegado a conocerlo como un hermano. Verdaderamente, Él es

un miembro de la familia".

¿Es esto lo que enseña la Biblia sobre el Espíritu Santo? En ningún lugar dice

que tenemos que elevarle nuestras plegarias y conversar con él. Lo que la Biblia enseña,

es que debemos orar al Padre en el nombre de Jesús. El Espíritu hace su trabajo de

intercesor. "Pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu

mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los

corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de

Dios intercede por los santos" (Rom. 8:26,27). La Biblia no dice que el Espíritu Santo

tiene asignada su labor y que él la realiza sin que nosotros le pidamos. Aceptamos por fe

que él está presente en nuestro ser desde el momento de recibir a Jesucristo. Por

hermosa, placentera, pacífica y fragante que sea la experiencia que uno tenga y se la

atribuya al Espíritu Santo, si esa experiencia carece de base bíblica, se trata de un

espíritu extraño.

Sin embargo, ahora estamos tratando la cuestión de la sanidad. Francamente si

usted me pregunta si yo quiero ser sano, no tengo problemas para contestarle. No quiero

sufrir de ningún dolor, no me gusta estar enfermo, ni debilitado, ni sufrir limitación

alguna. Quiero contar con mucha energía, quiero ver bien, caminar sin problemas,

disfrutar de todos los alimentos sin tener que cuidarme de nada. Pero no soy dueño ni

siquiera de mi cuerpo. El cuerpo que tengo, frágil como es, me lo prestó el Señor, y es

él quien se encarga de irlo arrugando poco a poco, acortándole la vista, debilitándole los

huesos y limitándole la resistencia para las labores diarias. Pero he comprobado, tanto

en mi propio caso como en la vida de muchos hermanos, que cuando un cristiano está

enfermo, su vida espiritual se robustece. Cuando disfrutamos de buena salud, hasta

llegamos a pensar que Dios está muy contento con nuestra espiritualidad, y que por eso

nos mantiene sanos. Sin embargo, la Biblia nos presenta a muchos hombres de Dios que

por lo visto nunca se sanaron.

Tomemos el caso de Moisés. Es muy probable que era tartamudo. ¿Qué le

costaba a Dios sanarlo? Pero ... ¿Acaso no lo sano Dios porque entonces no habían las

grandes cruzadas de milagros? ¿O sería quizá que el Señor necesitaba la ayuda de algún

"tumbador", "soplador" o curandero para que le impusiera las manos, le mandara un

"pañuelito ungido" o le expulsara el demonio de la tartamudez?

¡No, Dios no lo sano! Sino que le dijo a Moisés, que él haría el papel de Dios

para Aarón, y que Aarón a su vez le serviría de boca. Note como actúa Dios. ¿Qué

preferiría ser usted si Dios le diera esa mismo opción: una boca o Dios mismo? La

respuesta es clara. Cada vez que Moisés tuvo que enfrentarse con Faraón, Aarón le

acompañaba. ¿No hubiera sido mucho más práctico que Dios simplemente hubiera

ordenado que cualquier problema que había en el habla de Moisés desapareciera y que

él pudiera hablar claramente con Faraón? Desde el punto de vista puramente humano,

así es, pero en ningún lugar de la Biblia encontramos que dice que Dios le dio sanidad a

Moisés. Para poder entender los intrincados caminos de Dios, debemos considerar la

carrera de ambos - de Moisés y su hermano Aarón y compararlas. Dios por ejemplo,

dijo respecto a Aarón: "¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita y que él habla

bien?" (Exo. 4:14). Aarón era un locutor de primera línea. Ganaría mucho dinero hoy,

sí estuviera usando tanto la radio como la televisión. Sin embargo, tal vez por esa

misma razón, Aarón no tenía carácter. Su voz era perfecta, pero su corazón era

imperfecto. Cuando Moisés y Josué regresaban del monte Sinaí con las Tablas de la

Ley, se encontraron con el "primer concierto de Rock organizado por el propio Aarón".

"Cuando oyó Josué el clamor del pueblo que gritaba, dijo a Moisés: Alarido de pelea

hay en el campamento. Y él respondió: No es voz de alaridos de fuertes, ni voz de

alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo. Y aconteció que cuando llegó al

campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas

de sus manos, y las quebró al pie del monte ... Y viendo Moisés que el pueblo estaba

desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos"

(Exo. 32:17-19,25).

Aunque Moisés ignoraba cuántas cosas le esperaban durante su trayectoria hacia

la tierra prometida, Dios sí lo sabía. Ambos se complementaban, pero cuando Aarón

quedó por algunos días como único líder delante del pueblo, fracasó. Su carácter no le

ayudó. Aunque no tenía problemas de salud, su vida espiritual era pobre. No obstante, a

pesar de su condición espiritual miserable, Dios lo puso a cargo del sacerdocio, ya que

de él desciende el sacerdocio judio.

Los milagreros de hoy dicen que debemos oponernos a toda enfermedad, no

aceptarla, sabiendo que Dios quiere que estemos sanos. Benny Hinn declara:

"Firmemente creo que el Señor quiere que vivamos totalmente sanos. Es la hora de

creer, proclamar y comenzar a vivir de tal forma que podamos decir: ¡La enfermedad

no es mía y no la toleraré bajo ninguna circunstancia! Cuando este mensaje comience a

moverse dentro de nuestra alma, la enfermedad tendrá que huir" (Señor necesito un

milagro, página 94). Ahora oigamos lo que dijo el gran profeta Jeremías, quien estaba

enfermo: "¡Ay de mí, por mi quebrantamiento! mi llaga es muy doloroso. Pero dije:

Ciertamente enfermedad mía es esta, y debo sufrida" (Jer. 10:19).

Lo que enseña Benny Hinn sobre la cuestión enfermedad y sanidad, es

exactamente lo opuesto a lo que enseña la Biblia. Jeremías sin duda conocía muy bien al

Dios Todopoderoso. Nunca dudo de su poder para devolverle la salud y cicatrizar sus

dolorosas heridas. Pero el profeta reconoció que esa era su enfermedad, y nunca se le

ocurrió pensar que no sanaba por faltarle cierta dosis de fe, de visualización, por no

repetir un mantra o algo así. Su respuesta fue que era su enfermedad y que su única

alternativa segura era sufrirla. Job, el gran siervo de Dios, cuando fue herido por

Satanás, aunque con permiso de Dios, asumió la misma actitud. Había perdido todo,

excepto a su esposa. Era su única esperanza. Pero cuando Dios permitió que el diablo le

hiriera con una horrible llaga en todo su cuerpo, su esposa también se alejó de él. Un día

se produjo entre ambos un breve, pero muy triste diálogo: "Entonces le dijo su mujer

¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo: Como suele

hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Que? ¿Recibiremos de Dios el

bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios" (Jb.

2:9,10). Es cierto que Job se sanó luego, pero no acudió a curanderos, ni le impusieron

las manos ni nada de eso. Dios cumplió su misión con él, y así como lo perdió todo, el

Señor se lo duplicó.

El apóstol Pablo también estaba enfermo y hasta donde sabemos nunca se sanó.

Por cierto, él tampoco hace mención a esa intimidad con el Espíritu, de que tanto hablan

hoy los sanadores. Primero le oímos decir: "Y para que la grandeza de las revelaciones

no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero

de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo

cual tres veces he rogado al Señor, que quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia;

porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré

más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo" (II Cor.

12:7-9).

Pablo no explica cuál es el problema que tiene en su cuerpo. Dice que es un

aguijón, "Un mensajero de Satanás que (l)e abofete (a)". Aunque no afirma que esa

enfermedad era un demonio, es evidente que Dios permitió que Satanás ocasionara

cierto dolor físico al apóstol, para lo cual Satanás se valió de uno de sus mensajeros, un

demonio, quien cumplió esta misión. Siguiendo este problema del apóstol, es bastante

fácil descubrir en qué consistía ese ... "aguijón" de que Pablo sufría y que era

ocasionado por un mensajero de Satanás.

Para poder entender mejor cómo funciona esto, veamos el cuadro del censo que

levantó David y que fue para su propio dolor. El libro 2 Samuel 24:1 dice: "Volvió a

encenderse la ira de Jehová contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese:

Vé, haz un censo de Israel y de Judá". Sin embargo, este mismo caso está registrado

en otro lugar de la Biblia, y lo que leemos es exactamente lo contrario: "Pero Satanás

se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel" (1 Cro. 21:1).

Alguien podría preguntar: "Después de todo, ¿era Dios o era el diablo quien

incitó a David para censar el pueblo?". Satanás no cuenta con los atributos de Dios ni

tiene todo su poder, sino que está sujeto a él en todo. Por eso se deleita en hacer daño y

por eso acusa constantemente a los hijos de Dios, buscando algún pretexto para

causarles daño, especialmente daños físicos. Fue definitivamente Dios, quien queriendo

castigar a Israel por su pecado, puso en el corazón de David la idea de censar al pueblo.

Ya que al leer los dos pasajes, es evidente que Dios estuvo de acuerdo en que pasara

esto para castigar a Israel. De allí en adelante Satanás tomó el asunto por su cuenta y

tentó a David para que así lo hiciera. Satanás no hubiera tenido éxito en su misión sí

Dios no hubiera dispuesto así las cosas.

El apóstol Juan dice en Apocalipsis 12:10 que Satanás nos acusa delante de Dios

día y noche. Él espera siempre estas extras, para causar calamidades, tentar a los

cristianos, producir todo tipo de divisiones innecesarias, muertes prematuras, etc. No

obstante, está muy limitado en lo que a los cristianos se refiere.,

En el capítulo 2 de Filipenses, Pablo menciona a Epafrodito que está enfermo,

"a punto de morir", pero que se sanó (2:27). En I Timoteo 5:23 Pablo hace alusión a

las "frecuentes enfermedades" de Timoteo, añadiendo que tiene problemas con el

estómago. Al referirse a la iglesia de Corinto dice que "hay muchos enfermos y

debilitados entre vosotros" (I Cor. 11:30), Añadiendo en otra de sus epístolas: "A

Trófimo deje en Mileto enfermo" (II Tim. 4:20). ¡Si tan solo Pablo hubiera tenido la

oportunidad de aprender los trucos de las cruzadas de milagros, jamás habría dado un

testimonio tan pobre!

¿Sería acaso que Pablo no sabía que Dios quería que todos disfrutaran de

completa salud física? ¡De haberlo sabido, no habría dejado al pobre Trófimo enfermo!

Es posible también que Pablo en sus días no conoció a una de esas iglesias "del

evangelio completo". En II Corintios 11:29, Pablo pregunta: "¿Quién enferma y yo no

enfermo?". Pero ... ¿Cuál era el problema de salud de Pablo? Tal vez más de uno,

aunque en uno de sus escritos hace mención por lo menos a uno de sus males. Le dijo a

los Gálatas: "Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os

anuncié el evangelio al principio; y no me despreciasteis ni desechasteis por la prueba

que tenía en mi cuerpo, antes bien me recibisteis como a un ángel de Dios, como a

Cristo Jesús. ¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais? Porque os doy

testimonio de que si hubieseis podido, os hubierais sacado vuestros propios ojos para

dármelos" (Gal. 4:13-15).

| Pablo menciona que estuvo con los gálatas y les predicó la Palabra de Dios,

debido a un problema que sufrió justo cuando se encontraba de paso por Galacia.

Añadiendo que los gálatas fueron muy condescendientes con su problema, y que si tal

cosa hubiera sido posible, ellos le habrían dado sus propios ojos. De esto se desprende

que su problema debía ser la vista. Luego esto queda reforzado por lo que él mismo dice

en su carta antes de finalizarla: "Mirad con cuan grandes letras os escribo de mi

propia mano" (Gal. 6:11).

Varias de sus cartas fueron escritas por otros, aunque él las dictó. Pero ésta a los

Gálatas la redactó personalmente, y debido sin duda su corta vista su letra era muy

grande.

Pero ... ¿Por qué estas personas no se sanaron ¿Se sanaron todos los que tenían

fe en Jesús? ¿Es cierto que la Biblia dice que si tan solo tenemos fe nos sanaremos?.

Capítulo XI

Jesús y la sanidad divina

Los vientos de la apostasía soplan con verdadera furia llevándole desconcierto y

confusión a muchísimos cristianos. Por un lado tenemos los vientos de la "autoestima" -

gracias al doctor Dobson y su "Enfoque a la familia". Por el otro, los vientos de la

"Mente positiva" con la ayuda del doctor Paúl Yonggi Cho, fundador y pastor de la

Iglesia del evangelio completo en Seúl, Corea, la que ya cuenta con cerca de 700.000

miembros. Eso sin contar los vientos "de la sanidad divina" en los cuales están muchos,

entre ellos Benny Hinn y cientos de miles más, siempre alegando que su predicación

corresponde al "Evangelio completo".

Los vientos del señor Schuller no son menos peligrosos, cuando enseña por

ejemplo, lo que es fe. "Creer" - dice él - "es ser positivo. No creer" - agrega "es ser

negativo". Estos vientos del positivismo son muy frecuentes también y muy

destructivos. Todos estos hombres tienen congregaciones numerosas, templos

suntuosos, programas por radio y televisión y bastante dinero.

Lo que resulta extraño es que ellos en sus libros, hablan tan abiertamente de

herejías, que no queda nada para deducir o imaginar. Sin embargo, son muchísimos los

pastores que se tragan el anzuelo y que además los invitan a conferencias porque no

notan el fraude que traen en sus enseñanzas. Paúl Yonggí Cho dice por ejemplo: "Usted

es responsable de hacer milagros para esa gente. La Biblia no pertenece a la tercera

dimensión, sino a la cuarta. En ella podemos leer acerca de Dios y encontrar a Dios, y

conocer la vida que él ha preparado para nosotros. Podemos aprender en ella el

lenguaje del Espíritu Santo. Leyendo la Biblia usted puede ampliar y profundizar sus

sueños y visiones. Luego sostenga firme estos sueños y visiones, y ore, y espere con fe

que el Espíritu Santo los haga realidad".

"Dios desea darle a usted los deseos de su corazón. Dios está listo a cumplir

esos deseos, porque la Biblia dice: 'Deleítate asimismo en Jehová, y él te dará las

peticiones de tu corazón' (Sal. 37:4). También en Proverbios 10:24 puede leerse: 'Pero

a los justos les será dado todo lo que desean'. Si usted es hijo de Dios, y tiene grandes

deseos y aspiraciones, forme primero una clara visión en su corazón, luego

represéntela gráfica mente en su mente, orando de continuo..." (Cuarta dimensión,

página 53).

Dejemos la definición de las "dimensiones" este hombre y veamos si lo que él

dice es realmente lo que enseña la Biblia. ¿Es cierto que usted tiene que hacer milagros?

Pablo dice que el Espíritu Santo reparte los dones a cada uno como él quiere, y declara

en parte: "Ya unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles luego profetas, lo

tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que

ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. ¿Son todos apóstoles?

¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones

de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos? Procurad, pues, los dones

mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente" (I Cor. 12:23-31).

La Biblia niega rotundamente que uno puede hacer milagros si solamente tiene

la fe suficiente para ello, porque los milagros están dentro de los "dones del Espíritu".

Como son dones el mismo Espíritu los reparte como quiere. Usted puede anhelar un

don, pero si el Espíritu Santo no lo dispuso así en su soberanía y potestad, no importa

cuánto se lo pida, él tiene la última palabra, no su supuesta fe.

Luego, este hombre nos dice en su libro que ... "Leyendo la Biblia usted puede

ampliar y profundizar sus visiones y sueños". ¿Qué valor tiene en tal caso la lectura de

la Biblia, sí yo voy a "ampliar y visualizar mis visiones y sueños"? ¿Acaso no es la

Biblia la autoridad final para mí como cristiano? ¿Quiere decir esto que una vez que lea

la Biblia, mis visiones y sueños, como por arte de magia se convertirán en lo que Dios

quiere para mí, aunque estén en contra de lo que Dios me dice en su Palabra inspirada?

El Señor dijo por boca del profeta: "Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía

en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová ... Bendito

el varón que confia en Jehová, y cuya confianza es Jehová... Engañoso es el corazón

más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?" (Jer. 17: 5,7,9).

Usted no puede confiar en Dios y en su corazón al mismo tiempo. En sus propias

visiones y en la revelación divina. O es un creyente en Dios y en Cristo o lo es en sí

mismo y en sus visiones. Si hay algo que merece toda nuestra desconfianza es nuestro

propio corazón, ya que suele engañarnos de manera desastrosa. Pero este autor declara

todo lo contrario: "Dios desea manifestarse hoy a través de usted, tal como se manifestó

en Cristo dos mil años atrás. Él es ahora tan poderoso como entonces, y está

dependiendo de usted. Creo que Dios podría edificar una iglesia para diez mil personas

en Corea, en Japón, en Alemania, en Estados Unidos o en cualquier parte porque la

visión de una iglesia tan grande no está en el exterior, sino en el interior de uno'.

"¡Lo que es engendrado en su corazón y en su mente está listo para realizarse

en su ambiente y circunstancias!!! No trate de hallar la respuesta de Dios en otra

persona, porque la respuesta de Dios viene a su espíritu, y por medio de su espíritu la

respuesta de Dios se materializa en sus circunstancias. Clame, y hable por una palabra

de seguridad, porque de todos modos la Palabra de. Dios sale y crea Dios habló y se

formó el cosmos. La Palabra de Dios es la materia prima que el Espíritu Santo usa

para crear. De modo que usted debe pronunciar la palabra, porque esto es muy

importante. La iglesia de hoy ha perdido el arte de dar órdenes ... Hay momentos en

que usted debe orar, pero hay otros momentos en que sólo tiene que dar la orden"

(Cuarta dimensión, páginas 26, 27).

Pero ... ¿No es cierto acaso que Dios se manifiesta a través de su palabra

inspirada - la Biblia? ¿No es cierto acaso que el Señor Jesucristo es la suprema

revelación divina y que en él y en sus enseñanzas nosotros tenemos toda su revelación?

El autor de la Epístola a los Hebreos dice: "Dios habiendo hablado muchas veces y de

muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días

nos ha hablado por el Hijo y a quien constituyó heredero de todo, y por quien

asimismo hizo el universo" (Heb. 1:1,2).

Los cristianos saben muy bien lo peligroso que es pretender que todavía

continúan las revelaciones divinas. En otros tiempos Dios habló a través de muchos

medios, pero desde Cristo hasta ahora, aquello que estuviera oculto para las

generaciones pasadas, llegó a ser revelado en la persona de Cristo Jesús. Por eso el

profeta exclama: "¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque

no les ha amanecido" (Is. 8:20). Pero ... ¿Es cierto que nosotros mismos creamos

nuestras circunstancias, gracias a que ahora ya no tenemos siempre que orar, sino que

debemos ordenar? Pero ... ¿Acaso no es esta la enseñanza de la Nueva Era? Esa

corriente enseña que cada ser humano es exactamente igual a Jesús, y si él era Dios

encarnado, y Dios es el Creador de todas las cosas, ¿acaso no podemos nosotros dar

órdenes y crear nuevas galaxias, nuevos planetas y todo cuánto se nos antoje? Todo es

cuestión del poder mental, hay que saber interpretar y explotar el poder ilimitado de

nuestra mente.

Si Dios con la sola palabra creó las cosas, ¿por qué no nosotros, si somos iguales

a él? "La materia prima" - dice este autor - es "la Palabra de Dios", pero la Biblia nos

dice que la Palabra - el Verbo - es Cristo mismo. En tal caso, nosotros tenemos que usar

al Verbo, a Dios, para crear lo que deseamos, tanto las circunstancias, éxitos, fracasos,

salud o enfermedad, hasta nuestra propia eternidad. Luego, este hombre nos dice, que

"La iglesia de hoy ha perdido el arte de dar órdenes", pero la iglesia cristiana nunca ha

dado ni dará órdenes. Nuestros hermanos de la iglesia primitiva se reunían y clamaban a

Dios cada vez que eran amenazados por la jerarquía eclesiástica judía. En Hechos 4:23-

30 está registrado uno de estos incidentes, y Lucas termina diciendo: "Cuando

hubieron orado no dado órdenes el lugar en que estaban congregados tembló; y todos

fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron con denuedo la palabra de Dios" (Hec.

4:31).

Cuando Heredes se proponía matar a Pedro mientras éste estaba en la cárcel, la

Biblia dice: "Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacia sin

cesar oración a Dios por él" (Hec. 12:5), Pablo el apóstol, más de una vez solicitó las

oraciones de los hermanos, tanto por sí mismo como por sus compañeros de trabajo.

Pablo evidentemente no conocía el poder que hoy mueve a quienes dicen predicar el

mismo Evangelio. La Biblia no nos dice que tenemos que visualizar las cosas que

necesitamos, ni que tenemos que imaginarlas en tal o cual forma en nuestra mente y

seguir nuestros pensamientos. Lo que la Biblia nos enseña es que debemos reconocer

que toda la revelación de Dios está en sus páginas y que cualquier revelación que

alguien diga haber recibido, nunca será de parte de Dios. Nuestro corazón tampoco es

digno de confianza, según la Biblia es "engañoso más que todas las cosas". Por eso

dice Pedro: "Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien

en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día

esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones" (II Ped. 1:19).

Pero tal como dijera Dios de su pueblo Israel en los días del profeta Isaías, el

cuadro es el mismo hoy. "De ceniza se alimenta; su corazón engañado le desvia..."

(Is. 44:20). Los cristianos sabemos que Dios nos habla a través de su Palabra. Aunque él

mismo dijo e hizo muchas cosas que no están registradas en los evangelios, lo que

tenemos escrito en el Canon Sagrado, es lo que el Espíritu Santo escogió para "que el

hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (II Tim.

3:17). Juan nos dice: "Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus

discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para

que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en

su nombre" (Jn. 20:30,31).

Teniendo en cuenta lo que hoy se enseña sobre la revelación divina, es claro

entender lo que está ocurriendo tocante a la sanidad divina. Los profetas habían

predicho que él exhibiría ciertas características a fin de que los judíos no tuvieran

problemas para identificarlo. Por ejemplo, nacería en Belén, debía nacer de una virgen,

proceder también de Egipto, sanar a los enfermos, dar vista a los ciegos, etc. Estas

señales eran necesarias para que los judíos no tuvieran problema en identificarlo. Los

profetas asimismo predijeron que sería un descendiente de la tribu de Judá.

Es muy importante que recordemos las credenciales mesiánicas de nuestro

Salvador. Él cumplió con todas ellas. La Biblia no enseña que puesto que "Jesucristo es

el mismo ayer, hoy y por los siglos", él sanará hoy como sanó ayer. Porque si se

aplicara este mismo concepto a sus credenciales, él Señor debería nuevamente nacer en

Belén, a nuestro entero antojo o porque tenemos fe en que es Todopoderoso. También

debería ser llevado como un bebé a Egipto por José y María, y debería dedicarse a la

carpintería con José, porque esto fue lo que hizo antes y como "Jesucristo es el mismo

ayer hoy y por los siglos", también deberá volver a Getsemaní, al Calvario y resucitar

cada vez que nosotros "oramos con fe". Bien sabemos que tal cosa no puede ser, nunca

ocurrirá, no importa cuánta fe tengamos. Lo cierto es que hay cosas que sucedieron en

la vida de Cristo en cumplimiento de la profecía, que nunca más se cumplirán, sin que

él deje de ser "el mismo", sino que sigue un plan trazado desde la eternidad.

Capítulo XII

Jesús no sanó a todos, aunque hubieran creído que sanarían

Después de citar Santiago 5:15, "Y la oración fe salvará al enfermo" (note que no dice

sanará), Paul Yonggi Cho tiice: "Dios nos pide claramente que sanemos a los enfermos,

de modo que en mi iglesia yo sano los enfermos en la forma en que el Espíritu me guía

hacerlo. Me pongo enfrente de ellos y les digo: Tú estás sanado, ¡levántate y ponte

derecho! Pido que manifieste la sanidad, y por docenas, por centenares, los enfermos

son sanados ... Usted tiene todos los. recursos dentro de sí mismo, ahora usted conoce

todos los elementos que se necesitan para la incubación, para que su fe sea usable.

Tenga un objetivo o meta bien claro y definido. Tenga un deseo quemante al punto

hacerse casi insoportable entonces ore, hasta tener seguridad, o sustancia. Entonces

comience a pronunciar la palabra de seguridad que le ha sido dada" (Cuarta

dimensión, páginas 27, 29).

Es notable observar que según este autor, "Dios nos pide claramente que

sanemos", pero nosotros le ordenamos que lo haga. ¡Los papeles se han cambiado! El

hombre ocupa el lugar de Dios y Dios el del hombre. Según este "sanador" las personas

se sanan por docenas y por centenares. No menciona sí es o no la voluntad de Dios,

porque en este caso es el ministro quien tiene la última palabra, no Dios. Porque "Usted

tiene todos los recursos dentro de sí mismo". Él no aclara de dónde provienen esos

recursos y en qué consisten, sino que hay que aprender a "incubar" la fe, y aunque no

clarifica cómo, agrega que también hay que tener "un objetivo o meta bien claro y

definido". No menciona para nada que esta meta u objetivo debe estar dentro de la

voluntad divina, porque la persona central aquí no es Dios, sino el hombre.

Cuando la Biblia nos habla de la fe, no dice que antes de orar hay que tener "un

deseo quemante al punto de hacerse casi insoportable". Tampoco enseña que debemos

repetir el mantra, ya que según el señor Yonggi es necesario "pronunciar la palabra de

seguridad". Él tampoco aclara cuál es esa palabra, por que seguramente ese espíritu da

en cada caso una palabra diferente la cual a fuerza de repetición sana o hace lo que se

pida.

La oración bíblica es muy sencilla y no esconde ningún misterio, ni exige

preámbulos complicados, ni confianza en uno mismo. No oramos para nosotros

mismos, sino que elevamos nuestras plegarias a Dios en el nombre de Cristo Jesús. En

cuanto a la respuesta sólo le corresponde a él. ¡Cómo sería si Dios me diera todo lo que

pido! Aun el mejor cristiano falla en la oración. Podemos pedir algo perjudicial o que

pueda perjudicar el testimonio cristiano de otros. También podemos orar en forma

egoísta y dañina para nosotros mismos. Somos como niños pequeños que dependen de

su padre. Ellos muchas veces piden cosas a sus padres, pero no siempre las reciben. A

veces la respuesta es el silencio, otras un "¡No!" rotundo, y en algunas circunstancias

"más tarde". Ciertamente, hay ocasiones en que con mucha satisfacción le decimos a

nuestro hijo o hija: "Sí, con mucho gasto te daré lo que pediste o te lo compraré" o "Te

doy permiso para esto o aquello". Jesús al hablar de nuestra actitud como padres y de la

relación con nuestros hijos, dijo: "Pues si vosotros, siendo malos sabéis dar buenas

dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará

buenas cosas a los que le pidan?" (Mat. 7:11).

Nuestro Padre celestial nos dará siempre "buenas cosas", especialmente a largo

plazo, aunque lo que pidamos no sea bueno. Entonces... ¿Cómo puedo saber que Dios

me oye y contesta mis oraciones? ¡Por la fe! Sólo tenemos que creer, porque la Biblia

dice que él oye nuestras oraciones y se preocupa por nosotros mucho más que el mejor

de los padres. "Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa

conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa

que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho" (1 Jn.

5:14,15).

Sabemos que "él nos oye", no porque hayamos recibido lo que pedimos, sino

porque lo pedimos "conforme a su voluntad". Cada vez que oramos debemos buscar

sinceramente su voluntad. Aun en el caso que nuestra oración sea egoísta y no se ajuste

a su voluntad, es el Espíritu Santo quien la perfecciona para que esta oración llegue

perfecta a los oídos de Dios. "Pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos

pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles" (Rom. 8:26b).

Al cristiano deben bastarle estas promesas. Dios está mucho más atento a

nuestras oraciones que el mejor padre a las súplicas de sus hijos. Nosotros "siendo

malos" - en comparación con Dios - como padres le damos lo mejor a nuestros hijos,

aunque no siempre les concedemos todo lo que desean, por estar más capacitados para

saber cuáles son realmente sus necesidades. No obstante, hoy se enseña que debemos

"demandar" lo que queremos, e incluso que tenemos que "ordenarle" a Dios para que

haga esto o aquello.

Jesús habló de nuestra generación de "cristianos" cuando dijo: "Pero cuando

venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" (Luc. 18:8b). Él también dijo

refiriéndose a esta generación: "La generación mala y adúltera demanda señal; pero

señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos se fue" (Mat.

16:4). Esta "generación mala y adúltera", ya no pide señal, sino que la "demanda",

pero esto fue predicho por Jesús. Sin embargo, la respuesta es aterradora, porque Jesús

dice que la única señal que tendrían será la de Jonás, es decir la de su muerte, sepultura

y resurrección. Pero ... ¿Acaso el Señor no estaba refiriéndose a las señales que se ven

en estas reuniones multitudinarias? Sí, así es, pero Jesús nos hace ver que en cuanto a

señales de parte de él, los no regenerados sólo tendrían la de Jonás. En cambio el

cristiano regenerado por el poder de Dios, sí puede hablar de otra señal y ciertamente

muy poderosa.

Es el milagro de su regeneración. No existe otro milagro mayor que el milagro

de morir y nacer de nuevo por el poder de Dios. Eso exactamente es lo que ha

experimentado cada hijo de Dios, cada cristiano verdadero.

Sin duda alguna la señal o milagro que más se explota hoy, es la sanidad divina.

Pero ... ¿es realmente como dicen los "sanadores" modernos que todo tiene que ver con

la fe del enfermo? Esto no lo encontramos en las páginas de la Biblia. Muy raras veces

Jesús y los apóstoles exigieron la fe antes de sanar a un enfermo. En el capítulo 4 del

Evangelio de Lucas, hallamos a Jesús de Nazaret donde se había criado. La gente tenía

problemas para creer en él, porque lo conocían desde niño, pero Jesús no se escandalizó

por esto. Admitió que "ningún profeta es acepto en su propia tierra" (Lúe. 4:24).

Explicando a continuación por qué razón no hizo milagros allí, o hizo muy pocos. La

primera era que la gente tenía problemas para aceptarle como el Mesías, por conocerle

desde su infancia, mientras que la segunda él la explica así: "Y en verdad os digo que

muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por

tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de

ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. Y muchos

leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue

limpiado, sino Naamán, el sirio" (Luc. 4:25-27).

Jesús destaca aquí la soberanía divina. Dios por alguna razón sana a unos pero

no a otros. ¿Le faltan fuerzas? ¿No tienen fe los enfermos, excepto algunos? ¿Por qué

sana a unos y a otros no? Jesús le plantea cuadros muy conocidos para quienes conocían

las Escrituras. Les habla de los días del profeta Elías cuando hubo una sequía de tres

años y medio. La hambruna era horrible, la gente se comía a sus propios hijos. Muchos

murieron de hambre. Israel era una desolación. Pero Dios proveyó de alimento

solamente a una viuda, en Sarepta de Sidón. Hizo un milagro, y "La harina de la

tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová

había dicho por Elías" (1 Rey. 17:16).

Ahora bien: En todo Israel habían muchas viudas y madres que lloraban sin

alimento y veían morirse a sus hijos. ¿Qué le costaba a Dios, que es Todopoderoso,

hacer que por lo menos en un millar de hogares hubiese suficiente harina y aceite? No lo

sé. Es algo que probablemente sabremos algún día, pero este milagro no vino como

respuesta a súplicas, ni órdenes, ni reclamos, ni mucha fe, ni de parte de la viuda ni de

parte del profeta.

Luego Jesús menciona el caso de Naamán, el general sirio. Este hombre, aunque

muy condecorado por sus muchas victorias militares, tenía un serio problema, era

leproso. Jesús les recordó este caso cuando dijo: "Y muchos leprosos había en Israel

en tiempo del profeta Elíseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el

sirio" (Lúe. 4:27).

El relato completo lo encontramos en el capítulo 5 del libro Segundo de Reyes.

En este caso en particular, no sólo se dice que Naamán no tenía fe, sino que no tenía

ninguna. Cuando el criado del profeta Elíseo le dijo que fuera y se zambullera siete

veces en el río Jordán, en Israel, Naamán se opuso, y de no haber intervenido sus

consejeros y subalternos, habría regresado con su lepra: "Entonces Elíseo le envió un

mensajero, diciendo: Vé y lávate siete veces en el Jordán, y tu come se te restaurará, y

serás limpio. Y Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: Saldrá él

luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y

tocará el lugar, y sanará la lepra. Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores

que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y se

volvió, y se fue enojado. Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo:

Padre mío, si el profeta te mandara alguna otra cosa, ¿no lo harías? ¿Cuánto más,

dictándote: Lávate, y serás limpio? Él entonces descendió, y se zambulló siete veces

en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la

carne de un niño, y quedó limpio" (2 Rey. 5:10-14).

Vemos entonces que la actitud de Naamán no era de fe, sino de rebelión e

incredulidad, sin embargo la voluntad de Dios era sanarle. Aunque Naamán no creía en

Dios, el Señor había decidido sanarlo y así lo hizo. Según los "sanadores" modernos,

Naamán hizo todo lo que tenía que hacer para no sanarse, sin embargo verdaderamente

quedó limpio. Ahora ... ¿era el único leproso en Siria e Israel? ¡No! Jesús dijo que había

"muchos leprosos en Israel", quienes seguramente vieron lo que le ocurrió a Naamán

después de su séptima zambullida. Puedo imaginarme la cantidad de leprosos que

hicieron lo mismo que Naamán para ser curados, pero todos continuaron leprosos. Tal

vez no entendían por qué el Dios de Elíseo no los oía, sin embargo fue así. Sin duda

muchos de ellos creían en Dios, en cambio sólo se sanó este sirio, un pagano,

prepotente, orgulloso, que se negaba a obedecer al Señor.

Otro ejemplo muy elocuente respecto a la forma cómo funciona la soberanía de

Dios, lo encontramos en el capítulo 5 de Juan. Allí está registrado el caso del paralítico

de Betesda. Y dice: "En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y

paralíticos, que esperaban el movimiento del agua" (Jn. 5:3). Pero Jesús solamente

sanó a uno, tal vez el que esperó más tiempo para que se agitara el agua, o quizá el que

estaba en peores condiciones. No tenía la menor esperanza de sanarse, porque siempre

entraba alguien antes que él. Todo lo que Jesús hizo, sin pregunta si creía que se sanaría

milagrosamente, fue decirle "¿Quieres ser sano? ... Levántate, toma tu lecho anda. Y

al instante aquel hombre fue sanado, y tomo su lecho, y anduvo" (Jn. 5:6,8,9).

¿Acaso no tenía Jesús poder para sanar a todos los demás? ¿Cuántos eran en

total? ¿Qué importa cuántos eran para el Dios Todopoderoso? Si podía sanar a uno, ¿por

qué no a todos? Obviamente, el único que se sanó tampoco tenía fe, por otra parte o

podemos acusar a los otros enfermos que están allí de no haber tenido fe, porque la

Biblia no dice nada al respecto. La única respuesta es que la sanidad física no depende

de la fe que tengamos, sino la voluntad divina. En cambio, los "sanadores" hoy,

primero se colocan en lugar de Dios para necesitar de su voluntad, luego comienzan a

llamar la atención hacia sus propias personas. Ellos han descubierto una fuente de

poder especial que ayuda a protagonizar milagros. Es por esta razón que se sienten

libres para asegurar que en tal o cual reunión habrá milagros. Porque la voluntad de los

sanadores es lo único que cuenta.

Pero ... ¿No dijo el Señor Jesucristo que los suyos tendrían poder para sanar y

hacer milagros? Hay muchos que dicen tener esos poderes de que habla el capítulo 16

de Marcos, por lo tanto vale la pena que examinemos este pasaje: "Y estas señales

seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas

lenguas; tomarán en las manos serpientes y si bebieren cosa mortífera, no les hará

daño; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán" (Mar. 16:17,18).

Si usted se detuvo a pensar un poquito en el significado de estas palabras, habrá

notado que Jesús dice que estas señales seguirán a todos aquellos que crean, sean judíos,

gentiles, hombres, mujeres, jóvenes y niños. Ahora bien: ¿Por qué "estas señales" no se

manifiestan en todos aquellos que creen en Cristo? El Señor no nos dijo que serían

señales protagonizadas por algunos pocos dotados de ciertos poderes extraordinarios,

que tenían la dicha de compartir momentos muy dulces en su propia habitación en

compañía del Espíritu Santo. Tampoco dice que serían individuos con poder "soplador"

especial, que arrojarían su chaqueta y la frotarían contra su cuerpo para impregnarla de

poder, o que echarían al suelo a cuantos Quisieran para demostrar sus poderes

espirituales.

Capítulo XIII

¿Sanar y repartir el Espíritu Santo a nuestro antojo?

Esta es una porción del relato de Mike Thomas tal como fuera publicado en la

revista Florida del 2 de noviembre de 1991: "Los que sostienen a los golpeados tratan

de sujetar los cuerpos tambaleantes, El erguido y con un movimiento como si diera un

golpe azota al entero coro de la iglesia con un solo lanzamiento ... 'Eso es poder', grita

Benny. '¡PODER!'. Hinn entonces se quita su chaqueta confeccionada a la medida y la

frota enérgicamente contra su cuerpo. Él le está frotando el Poder a la chaqueta. Luego

comienza a darle vueltas violentamente, tal como el Divid bíblico le diera vueltas a su

honda. Derriba a su seguidores a izquierda y derecha. ¡Pum! ¡Pum! Vibra el escenario

con los golpes de los cuerpos que cae Luego arroja 'la chaqueta ungida'. Otro ¡pum!

Mientras uno de los que recogen a los caídos se apresura a levantar a una mujer, Hinn

lo golpea ... luego golpea al que levanta al otro recogedor que también ha caído.

Cuando Benny Hinn está en movimiento nadie está a salvo del Poder ... Tantos para ser

golpeados, y tan poco tiempo ... El sopla ruidosamente sobre el micrófono ... Cientos

caen de espaldas ... a una mujer en el pasillo le da un colapso y comienza a balbucear.

Y entonces de súbito, Benny se va. El poder se desvanece del salón y las perdonas

quedan con la vista fija aturdida y en silencio".

Este sólo aspecto de las reuniones de Hinn es suficiente para condenarlo. Él

caprichosamente arroja el Espíritu Santo a su alrededor en la forma más irreverente,

usando la tercera Persona de la Trinidad como su siervo para atraer la atención sobre sí

mismo. Hinn actúa como si la "unción" fuera alguna especie de poder metafísico a su

disposición, para ser frotado sobre los objetos. Luce impresionante, y opera

principalmente por el poder de la sugestión, pero no tiene propósito excepto hacer que

las personas se paren asombradas ante él. "Asusta" - dijo Bill James, un exmiembro de

la iglesia. "Las personas quedan hipnotizadas cuando lo ven, es como Dios".

Sin embargo, a lo que el Señor Jesucristo se refirió, es que la gente

sencillamente, sin buscarlo, ni anhelarlo, sin pensar siquiera en ello, estaría en

condiciones de echar demonios en su nombre, de hablar nuevas lenguas, de tomar

serpientes en sus manos sin sufrir daño alguno, que si llegaran a tomar algo venenoso

no les haría mal, y finalmente "sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán".

¿Ocurre hoy tal cosa? Ciertamente no. Hay muchísimos cristianos de fe y oración,

consagrados al Señor, sanos en sus doctrinas, fíeles al Señor, de conducta intachable.

Nadie puede dudar de la autenticidad de su regeneración, y sin embargo no hacen nada

de esto. Visitan a los enfermos, pero son impotentes para curarlos. Oran por ellos y

piden a otros que oren, pero los enfermos por lo general empeoran y mueren o siguen

iguales. Note que el Señor no dijo que serían sanados los que tuvieran fe, sino que "los

enfermos" sanarán, creyeran o no.

No creo que la declaración de Jesús sea tan complicada. La generación

apostólica de la iglesia tuvo en buena parte este poder. Cuando el Evangelio comenzó a

penetrar más allá de Palestina, Dios se manifestaba con frecuencia con poder para

convencer a cuantos escuchaban esas nuevas doctrinas, de que sus mensajeros eran

realmente discípulos del Señor. No debemos olvidar que para entonces no se disponía

de la Palabra escrita como ahora. Los más afortunados contaban con el Canon del

Antiguo Testamento. El Nuevo todavía estaba en proceso de escribirse. Una vez

completado el Canon Sagrado, estos milagros que eran parte de las credenciales

Mesiánicas, dieron paso a las Escrituras.

¿Se imagina usted si hoy estuviera en vigencia lo que expresara el Señor

Jesucristo en el capítulo 16 de Marcos? Un cristiano, tal vez un custodio o portero de un

hospital, simplemente decidiría a cierta hora del día recorrer una sala de enfermos

internados por diversas dolencias, tal vez convalecientes de una seria operación, otros

con fracturas, heridas, etc. Este sencillo trabajador, sólo tendría que orar por todos ellos

y cada uno se levantaría completamente sano, tomaría su ropa y enseres personales y se

iría a casa. Luego, este sencillo hermano, bien podría recorrer otros pabellones del

hospital con el mismo resultado, A fin de cuentas, cuando los médicos y enfermeras se

dieran cuenta, ¡no habría un solo enfermo en el hospital! Al comenzar a llamar a las

casas de los internados, ¡qué gran sorpresa! El mismo paciente les hablaría para

contarles que un hombre sencillo pasó junto a su cama, oró por él o ella y ahora está

completamente curado. Pero ... ¿Porqué no se había hecho esto antes? Bueno,

simplemente nadie había entendido las palabras de Marcos 16:17,18.

El solo hecho de que la "sanidad divina" sea algo exclusivo de ciertos

individuos, debe merecer nuestra atención, ya que no se trata de algo que se supo

inmediatamente después de la Reforma cristiana. Recién a fines del siglo XIX, cuando

la iglesia cristiana entró en el período de Laodicea, fue cuando se "re descubrió" la

sanidad divina. Si usted es buen observador, notará que todos los "sanadores" sin

excepción usan los mismos métodos, más o menos las mismas palabras y obtienen los

mismos resultados. Repiten que "Jesucristo es el mismo, ayer y hoy y por los siglos",

ofrecen "pruebas de sanidad" que impresionan a algunos, se creen semidioses que sólo

tienen que imponer las manos con poder, se consideran muy espirituales - mucho más

que los demás - colocan la salud física muy por encima de la espiritual o la salvación

del alma, recogen grandes sumas de dinero, aseguran recibir revelaciones especiales de

parte del "espíritu" e insisten en que todos aquellos que tengan fe suficiente sanarán.

¡Esto es una estafa, un engaño sin paralelo en el que se está involucrando al propio

Señor! Jesús le dijo a los suyos: "En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he

vencido el mundo" (Jn. 16:33). Las aflicciones, las pruebas, al igual que las

enfermedades, lo único que logran es fortalecer la fe de los cristianos. "En lo cual

vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que

ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida aprueba vuestra fe, mucho más

preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en

alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo" (I Ped. 1:6,7).

De acuerdo con esta declaración, las aflicciones bien pueden acompañarnos

hasta cuando nuestro Señor Jesucristo se manifieste en su gloria en el momento de

recoger a los suyos. "¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración" (Stg. 5:13).

.

1
Hosted by www.Geocities.ws