Consultor B. Kliskberg: "La desigualdad
es antidemocrática, y además ineficiente"
Para el economista y sociólogo, "América Latina es actualmente la región
más desigual: el 10% de la población tiene 84 veces el ingreso del 10% más
pobre. Esto es contrario a la ética, pero además está demostrado en Harvard,
La Sorbona, etcétera, que la desigualdad es contraria al crecimiento económico,
que es ineficiente desde el punto de vista macroeconómico.
EN PERSPECTIVA
Jueves 09.08.01, hora 0 9.05.
EMILIANO COTELO:
Lamentablemente, la pobreza sigue siendo uno de los principales dramas en América
latina. Afortunadamente, el tema está instalado en las agendas y discursos de
los responsables políticos y de los organismos financieros internacionales. Sin
embargo los resultados no han sido hasta ahora demasiado alentadores: pese a que
la década del 90 tuvo años de gran crecimiento económico, las desigualdades
sociales y la pobreza extrema, lejos de reducirse siguieron creciendo.
¿Es posible instrumentar políticas eficaces, que ofrezcan soluciones concretas
y reales para esta realidad? Les proponemos un diálogo con el doctor Bernardo
Kliksberg, un experto en los temas de la pobreza en nuestro continente.
Nacido en Argentina, Kliksberg es doctor en Ciencias Económicas y en Ciencias
Administrativas, además de licenciado en Sociología. Ha sido asesor de
diversos organismos internacionales como Naciones Unidas, OIT y UNESCO, entre
otros, y actualmente se desempeña como coordinador del Instituto Interamericano
para el Desarrollo Social, perteneciente al Banco Interamericano de Desarrollo
(BID).
El doctor Kliksberg se encuentra por estas horas en Montevideo porque vino a
presentar su último libro "La visión del judaísmo sobre nuestro
tiempo".
Doctor Kliksberg, cuando nos referimos a la pobreza en América Latina, ¿qué
cifras podemos presentar que sean las más gráficas, las más claras para
definir el fenómeno?
BERNARDO KLIKSBERG:
Lamentablemente las cifras no nos ayudan mucho porque indican tendencias muy
alarmantes. La pobreza era alta a comienzos de los 80 en América latina: se
hablaba de cerca del 40% de la población en pobreza, una cifra muy alta. Todos
los análisis coinciden en que actualmente es mayor, tanto en términos
absolutos como en términos relativos, o sea que aumentó el número de personas
pobres y aumentó -esto es lo más alarmante- el porcentaje que los pobres
representan sobre los 500 millones de habitantes del subcontinente. La pobreza
es un nombre muy general, y nuestros queridos oyentes se pueden perder con ese
nombre general. Hay que desagregarla, y cuando se la desagrega el sector más
afectado son los niños de América latina, es tremendo: el 60% de los niños
son pobres. El porcentaje es muy superior a la media de pobreza.
EC - Es un dato impactante.
BK - Un estudio muy reciente de la CEPAL, de hace pocos días, dice que la
tercera parte, uno de cada tres chicos menores de dos años, está en una
situación de alto riesgo alimentario.
EC - ¿O sea?
BK - Desnutrido: uno de cada tres en un continente de riquezas ilimitadas en
cuanto a la capacidad de producción de bienes alimentarios. Esto es
absolutamente alarmante. Hoy los chicos en América latina -no en Uruguay, que
es uno de los países que tienen mejores promedios sociales en relación al
subcontinente- presentan cuadros absolutamente alarmantes. Está creciendo la
población de niños que trabajan: hay 20 millones de niños menores de 14 años
de edad que trabajan larguísimas jornadas, y por lo tanto tienen que abandonar
virtualmente el sistema educativo.
Está creciendo la población de niños que viven en las calles, sujetos en
muchos casos a la posibilidad del exterminio por parte de bandas de criminales
que se han propuesto eliminarlos (en San Pablo, en Rio de Janeiro, en Bogotá,
actualmente en capitales centroamericanas) alegando que es mejor que no vivan;
un argumento nada menos que de Hitler.
Está creciendo la cantidad de niños utilizados en los circuitos de la
drogadicción, y en un rubro nuevo e increíble que es el turismo pornográfico.
Es un cuadro muy alarmante.
Otro cuadro absolutamente alarmante de este cuadro general que llamamos pobreza
es la situación de los jóvenes. La tasa de desocupación de América latina es
alta, pero la de los jóvenes es el doble de la tasa promedio, hay todo un ejército
de jóvenes sin alternativas laborales, es absolutamente frustrante.
Otro cuadro de la pobreza, al que nos dedicamos ayer al presentar el libro junto
con el doctor Sanguinetti, es el tema de lo que hoy llamamos los nuevos pobres.
No solamente tenemos familias que han arrastrado situaciones de pobreza durante
muchísimos años -casi la mitad de América latina está en pobreza desde hace
mucho tiempo-, sino que ahora tenemos sectores significativos de las clases
medias que no eran pobres, pero se han pauperizado particularmente en los últimos
20 años.
Por ejemplo, en Argentina, un instituto de investigación ha estimado que siete
millones de personas dejaron de ser clase media para pasar a ser pobres, de 1990
a 2000. También en otros países del continente la pobreza ha cundido. ¿Quiénes
son? Los pequeños industriales que tuvieron que cerrar sus negocios en las
nuevas condiciones económicas: son profesionales sin salida laboral; son
funcionarios públicos despedidos; son jubilados cuya jubilación no alcanza,
etcétera.
Las clases medias son el motor económico de las sociedades. Son muy vitales:
todos los países desarrollados tienen muy fuertes clases medias, entonces este
debilitamiento es muy alarmante, tanto en términos de crecimiento de la economía
como en sufrimiento social.
Yo explicaba ayer que está estudiado estadísticamente que una persona que está
desocupada por períodos prolongados no hace lo que se supone que hace: se
supone que está desesperadamente buscando trabajo una y otra vez. Pero
finalmente los economistas convencionales, ortodoxos, dicen que la oferta y la
demanda se igualan siempre, y entonces va a bajar su nivel de aspiraciones
salariales y va a encontrar trabajo. El premio Nóbel de Economía Robert Solow
(N. de R.: Premio Nobel de Economía 1987) dice que no entienden nada de lo que
pasa, que cuando una persona está desocupada por más de un año, por períodos
prolongados, sufre su autoestima, su integridad psicológica, sufre su familia y
llega un momento en que deja de buscar trabajo porque tiene temor de ser
rechazada una y otra vez, lo que la lesiona todavía más. Incluso se retrae
socialmente, deja de participar socialmente, porque tiene vergüenza de
presentarse y frente a la pregunta de "¿En qué estás trabajando?"
sentirse menos valorada.
El texto que presentamos ayer, que es una reflexión acerca de cómo el Antiguo
Testamento, las fuentes bíblicas, el judaísmo -que no tiene la exclusividad en
esto, son tradiciones semejantes- ve problemas de este tipo, de la pobreza, de
la desigualdad, la desocupación por períodos prolongados, nos da muchos
instrumentos para trabajar al respecto. Por ejemplo, nos dice categóricamente
que ser pobre no es ser inferior. En nuestras sociedades existe casi un estigma
sobre la pobreza: la tendencia es que si alguien quedó pobre transitoriamente,
inmediatamente es relegado a una categoría despreciativa. En el Antiguo
Testamento hay referencias permanentes a que Dios está del lado de los pobres,
los protege directamente, se preocupa por ellos. Un investigador muy importante
hizo un estudio: en el idioma hebreo, en el que fue escrito el Antiguo
Testamento, la Biblia, no existe la palabra "mendigo". Existe la
palabra pobre, pero no la palabra mendigo; con eso se quiere subrayar que
"mendigo", que es peyorativo, no existe, es un ser humano igual que
todos. Así deberíamos tratarlo en nuestras sociedades.
EC - El presidente del BID, contador Enrique Iglesias, a quien usted conoce,
dice que es intolerable que un continente con tantas potencialidades tenga
problemas tan graves de pobreza e inequidad. Sin quedarnos enfrascados en el
diagnóstico, brevemente, ¿cómo se explica este nivel de desigualdad que
existe en América latina?
BK - Un gran uruguayo que es un orgullo para América latina, Uruguay y el
mundo, Enrique Iglesias, permanentemente subraya que hay dos asignaturas
pendientes en el continente: la pobreza y la desigualdad. Y ha llamado la atención
infinitamente de la atención pública al respecto. Completando las cosas muy
agudas que dice siempre uno podría preguntarse: ¿por qué en un continente tan
rico potencialmente -América latina no es Africa, tiene materias primas estratégicas
en gran cantidad, fuentes de energía eléctrica baratas por todos lados,
posibilidades de producción agropecuaria ilimitadas, excelente ubicación desde
el punto de vista de la geografía económica- hay tanta pobreza y actualmente
uno de cada tres chicos está desnutrido? Una razón central -no la única
porque todos éstos son procesos complejos-, muy significativa, es la
desigualdad. Según los estudios del BID y otras fuentes, América latina es
actualmente la región más desigual de todo el planeta Tierra, el 10% de la
población tiene 84 veces el ingreso del 10% más pobre. Es el peor coeficiente
de distribución del ingreso de todo el planeta.
Esto es muy antiético, está muy mal que una sociedad esté tan polarizada, va
contra la democracia que es por esencia igualdad de oportunidades, pero además
hoy -esto es lo nuevo- está demostrado en estudios económicos particularmente
de los últimos 10 años, de Harvard, de La Sorbona, etcétera, que la
desigualdad es totalmente contraria al crecimiento económico, que macroeconómicamente
es ineficiente. ¿Cuáles son los países más prósperos del mundo y al mismo
tiempo donde la gente vive mejor? Naciones Unidas publica todos los años su
Informe de Desarrollo Humano, y allí los primeros en el último informe son
Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Holanda, Canadá, todos países altamente
equitativos, donde las distancias sociales son muy pequeñas. En Noruega el
presidente de una empresa gana tres a uno respecto a los operarios, mientras que
en América latina esa distancia puede ser ilimitada. La igualdad ayuda
poderosamente al crecimiento económico, la desigualdad conspira contra el
crecimiento económico porque reduce el mercado interno, impide la formación de
ahorro nacional, perjudica al sistema educativo, crea tensiones sociales
fenomenales, atenta contra la productividad, etcétera.
La desigualdad latinoamericana tiene viejas raíces históricas, pero se ha ido
acentuando, entre otras cosas por el golpe contra las clases medias. No hay políticas
suficientemente enérgicas de protección para que las personas puedan ser de
clase media y permanecer como tales, porque al debilitarse la clase media se están
creando polarizaciones sociales importantes.
Las causas de la desigualdad tienen que ver con los tipos de desigualdad. Hay
por lo menos cinco tipos. Todos sabemos que hay desigualdad en la distribución
de los ingresos; pero también hay desigualdad en el acceso a activos
productivos, por ejemplo al principal que es la tierra: hay grandes áreas de América
latina donde el latifundio es la norma. Hay desigualdad en el acceso al crédito;
el presidente del BID, Enrique Iglesias, suele mencionar este dato: hay 60
millones de pequeñas y medianas empresas (PYME) que son la principal fuente de
empleo de la economía -y por lo tanto cuando pensamos en cómo atacar el
desempleo, las PYME son la solución, producen 160 millones de empleos- que son
claramente discriminadas y reciben el 5% del crédito de todo el sistema
financiero. Hay desigualdad en la posibilidad de acceso a una educación de
buena calidad, y esto es importantísimo: en el siglo XXI la educación va a ser
definitoria en el ingreso de las personas, en la salud de las familias y en la
competitividad de los países. Un estudio del BID demuestra que los padres de
familia del 10% de mejores ingresos del continente tienen 13 años de
escolaridad, mientras que del otro lado, en el 30% más pobre, los padres de
familia tienen cinco años de escolaridad. Hay una diferencia de escolaridad de
siete a ocho años que va a significar menores sueldos, menores posibilidades de
conseguir trabajo, etcétera. Es un reproductor fenomenal de la desigualdad.
Todos estos elementos se alimentan unos a otros: la gente sale de circuitos
educativos totalmente distintos, con años de escolaridad diferentes, calidades
educativas diferentes, que van a repercutir en distancias que a su vez vuelven a
repercutir en desigualdades en los ingresos.
EC - Uno de los últimos libros que usted ha publicado se titula "Cómo
enfrentar la pobreza" (N. de R.: editado por el Fondo de Cultura Económica,
disponible a $190). A partir de lo que usted ha estudiado, ¿qué se ha
aprendido en cuanto al combate a la pobreza en América latina? Si uno mira las
cifras de la ayuda internacional para este tema podría pensarse que los
resultados están lejos de lo teóricamente posible. ¿Qué errores se han
cometido que no hay que volver a cometer?
BK - Importantísima. Toda nuestra conferencia de ayer, auspiciada por el Centro
de Estudios Judaicos de Montevideo, con el doctor Sanguinetti y una gran
audiencia, estuvo concentrada en este tema. Pero en lugar de recurrir a las técnicas,
a lo tecnocrático, recurrimos a las fuentes: al Antiguo Testamento, al
pensamiento más comprometido con la pobreza del género humano que es el que
sale del Judaísmo, del Cristianismo y de otras aproximaciones. ¿Qué
encontramos allí? Encontramos que cosas que se empiezan a aplicar hoy en día
fueron escritas hace más de 3.000 años.
En primer término, la Biblia rechaza terminantemente la pobreza. En nuestras
sociedades hay quienes empiezan a decir "pobres hubo siempre, nunca
podremos desprendernos de la pobreza", pero en la Biblia está escrito, los
profetas dicen: "No habrá pobres entre nosotros". No es una profecía,
lo que va a suceder, sino lo que debería suceder. Está diciendo
"organicen la sociedad de modo tal que no haya pobres", porque es una
afrenta al género humano la existencia de la pobreza de acuerdo a los textos bíblicos.
La Biblia rechaza profundamente las desigualdades y crea una serie de
instituciones: cada siete años hay que condonar las deudas entre acreedores y
deudores, cada 50 años la propiedad de la tierra vuelve a sus propietarios
originales, lo que se llama el jubileo; el Papa católico ha lanzado un gran
movimiento mundial del jubileo sobre la base de los textos bíblicos.
La Biblia protege a los que trabajan, fija que no debe haber especulación con
los precios de los productos de consumo del conjunto de la población, encarga a
los rabinos que controlen esos precios, etcétera. ¿Todo esto es antigüedad?
No, son respuestas que nos sirven mucho actualmente.
EC - ¿En qué se traducen en la realidad actual, en qué tipo de acciones podría
interpretarse que hay que traducir aquellas otras premisas?
BK - Primero algunos elementos que deberían ser las directrices para la acción.
Primera directriz: del texto bíblico -del Judaísmo y tomado por el
Cristianismo- surge aquello de que somos responsables los unos por los otros,
ama a tu prójimo como a ti mismo; la pobreza no es un tema de los pobres, debe
ser responsabilidad del conjunto de la sociedad, todos tenemos que asumir roles
al respecto.
Segunda directriz: la pobreza se combate a través de una gran concertación
nacional; los resultados más efectivos en el mundo son los de los países donde
hay una gran concertación nacional. Todos los actores deben jugar un rol, los
gobiernos tienen una responsabilidad central, indelegable, la política pública
tiene que cumplir un papel fundamental.
Esto no es magia. Los países del mundo donde la educación y la salud funcionan
mejor son los países donde hay grandes inversiones públicas en salud y educación.
En América latina los dos ejemplos más destacados han sido tradicionalmente
Uruguay y Costa Rica. Costa Rica es un país muy pobre económicamente, mucho más
que Brasil, Argentina, México, etcétera, pero tiene los mejores indicadores de
mortalidad infantil y de educación pública, porque durante toda su historia
democrática ha venido invirtiendo, como también lo ha hecho Uruguay. Es
necesaria una política pública muy agresiva en educación, salud y nutrición
-que son irrenunciables- bien gerenciada.
Pero la sociedad no puede delegar sólo en el gobierno la lucha contra la
pobreza. La sociedad civil tiene un papel fundamental que cumplir: allí entra
todo lo que hoy llamamos el voluntariado y las organizaciones no
gubernamentales. En los países desarrollados, las ONG están produciendo el 5%
del producto en servicios sociales, son un instrumento fundamental de la
sociedad en la lucha contra la pobreza. En el Estado de Israel las
organizaciones de base de la sociedad civil no tienen nada que ver con el
gobierno: fueron creadas por la población y producen el 8% del producto bruto
en servicios sociales, Israel es el número uno en el mundo en esto. Lo que las
ONG, las organizaciones de base de todo orden -comunidades religiosas,
comisiones barriales, clubes, etcétera- pueden hacer en esto es fundamental.
En tercer término, la Biblia dice que cada ser humano tiene que cumplir su
propia función. Tiene que fortalecer que haya una política pública, pedir a
través del sistema democrático una política pública que ponga en primer
lugar a la gente; tiene que contribuir a través de actividades voluntarias a
fortalecer la sociedad civil, pero además no debe dejar pasar delante de sus
ojos ninguna injusticia, ningún cuadro de pobreza sin practicar la solidaridad
individual. Maimónides
fue un sabio que escribió en el año 1100, un filósofo de tremendo impacto en
la historia de la filosofía mundial y del Judaísmo. En el 1100 -por eso digo
que tenemos donde buscar- escribió lo que llamó los ocho principios de la
solidaridad, ordenó la forma de ayudar al otro según su nobleza. Dijo que la
forma más inferior es la de los que ayudan de mala gana, porque están
obligados por el consenso social, mientras que la forma superior, la número uno
en la tabla de ocho principios que nosotros enseñamos en todos nuestros cursos
a líderes sociales de toda América latina, es ayudar al otro de modo tal que
no necesite más ayuda, dándole un préstamo, entrando en sociedad con él,
abriéndole oportunidades productivas.
EC - A partir de esta visión ¿qué pasa con la forma como los organismos
internacionales participan en planes y acciones para combatir la pobreza? Hace
pocos días el ministro de Transporte y Obras Públicas de Uruguay denunció con
indignación que muchas veces sólo el 20% de los fondos previstos para
emprendimientos sociales provenientes del exterior llega a sus destinatarios
directos, porque en el camino queda el 80% restante que se va en pago de
consultorías y otros gastos. Usted conoce estas cosas por dentro.
BK - El secretario general de Naciones Unidas acaba de llamar a una asamblea de
todo el planeta Tierra, bajo el principio bíblico de que somos responsables los
unos por los otros, para pedir que todos los presidentes del planeta hagan algo
urgente porque todos los años están muriendo cinco millones de personas por
sida, y la población de Africa va a ser diezmada totalmente en los próximos 20
años si el planeta no hace algo.
Los aportes a los organismos internacionales para la lucha contra el sida son ínfimos:
se necesita por lo menos U$S 10.000 millones para empezar, y a pesar de todos
los llamados no hay más de 1.000 millones aportados. La solidaridad
internacional está en un punto bajísimo; las Naciones Unidas particularmente y
otros organismos lo han denunciado reiteradamente. Para que tengan una idea
exacta, Naciones Unidas fijó por unanimidad de sus miembros que los países
desarrollados deben aportar el 0,7% de su Producto Bruto a solidaridad
internacional, que es muy poco de su riqueza acumulada, pero están aportando
menos del 0,2% del producto, con las únicas excepciones de los cuatro países nórdicos
y Holanda. Hay un tema de superar el egoísmo internacional.
EC - De todos modos, da la sensación de que no se utiliza lo que hay de manera
eficiente.
BK - Es un tema muy importante. Hay muchísima autocrítica, hay muchísimas
evaluaciones que están ayudando, hay intentos de buscar vías no tradicionales.
Tanto el BID como el Banco Mundial y las Naciones Unidas han incorporado la
exigencia de que los proyectos se hagan participativamente. Esta es una gran
solución: participativamente quiere decir con los pobres, que las comunidades
pobres coplanifiquen con los organismos que las ayudan el diseño de lo que se
va a hacer, cómo se debe hacer, lo cogestionen y lo controlen durante todo el
tiempo. El mejor control de eficiencia y anticorrupción que existe es el
control social, es una comunidad pobre organizada participando, vigilando.
EC - ¿Qué más?
BK - Así se logra un resultado que es el más importante del proyecto: además
de entregar bienes imprescindibles, como un vaso de leche, ese bien no es
entregado por un camión a los chicos carenciados en las escuelas, sino a las
madres para que se auto-organicen y lo hagan junto con el organismo. Esto se ha
hecho en Perú y en otros lugares. La población pobre crece en su autoestima,
en su propia capacidad de hacer cosas... A eso le llamamos capital social: se
moviliza su propio capital social y al final de la experiencia no solamente se
entregó un producto sino que hay un grupo cada vez más organizado, con más
conciencia, con posibilidad de hacer cada vez más cosas. La palanca final está
en ayudar a los pobres, en abrirles todas las oportunidades de participación a
partir del respeto más absoluto a ellos como seres humanos.
EC - ¿Qué otros principios? ¿Qué otras herramientas tenemos para lograr que
esos recursos que existen por ejemplo en el BID, en Naciones Unidas, en el Banco
Mundial, se apliquen con eficiencia?
BK - Es un tema de todos en conjunto: el gobierno, la sociedad civil, las
personas, las comunidades organizadas y los organismos internacionales, todos
juntos tienen que velar por esto.
Permítame un último razonamiento: con mucha frecuencia se dice que no se puede
hacer cosas contra la pobreza porque no hay recursos suficientes; que nuestros
países son pobres, tienen problemas serios. Pero el premio Nóbel de Economía
se dio hace dos años a Amartya Sen, una de las mayores mentes económicas de
todo el siglo, quien dice que esto no es así: que hay países que tienen un
Producto Bruto per cápita muy bajo, donde sin embargo la esperanza de vida de
la gente es mucho mayor que en otros que tienen un Producto Bruto per cápita
muchísimo más alto. Amartya Sen habla siempre de Costa Rica, del estado de
Kerala (N. de R.: al sur de la India), países de Producto per cápita bajo, y
los compara con Brasil, Sudáfrica, Gabón, que tienen un producto muchísimo
mayor pero donde la gente vive como 10 años menos.
Dice que cuanto más recursos haya mejor; que tiene que haber crecimiento económico,
estabilidad económica, progreso tecnológico... pero que se trata siempre de un
tema de prioridades. ¿Cómo se asigna los recursos, a quién se los da? En
estas sociedades más pobres los recursos se asignan en primer lugar a educación,
salud, nutrición; son sociedades parejas, no hay grandes polarizaciones, hay
una política pública muy agresiva en el campo social, y la sociedad civil
colabora activamente. Ahí están las claves de la lucha contra la pobreza, que
es siempre posible, aún en condiciones de pobreza.
Yo narraba ayer cómo en la pequeña aldea judía del siglo pasado Vitebsk,
donde nacieron por ejemplo Chagal y el premio Nóbel de Literatura Isaac
Bashevis Singer, donde eran muy pobres y practicaban el judaísmo de la Biblia
con mucho énfasis, donde nació el jasidismo, en las fiestas -Año Nuevo, Día
del Perdón- la gente pobre no tenía para comer. Entonces alguien pasaba anónimamente
por cada una de las casas a horas muy tempranas, dejaba una bolsa en la puerta y
golpeaba. Los que tenían ponían en la bolsa para los que no tenían, y los que
no tenían se servían de la bolsa. Esto significaba: toda la comunidad pobre,
totalmente solidaria, protegiendo el anonimato de la ayuda.
Hay que proteger la dignidad aún en las condiciones de menos recursos. La
prioridad es la gente, son los niños, los jóvenes, la prioridad es abrir
oportunidades.
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Transcripción: María Lila Ltaif Curbelo
Edición: Jorge García Ramón