Un modelo para crecer 

 

Los acuerdos sociales pueden ser el corazón de una estrategia exitosa de desarrollo económico. William Roche, de la Universidad de Dublin, analiza la experiencia de Irlanda y el uso concreto de ese tipo de negociación, que permitió pasar de una situación de crisis y desocupación a fines de los 80 a ser una de las economías más dinámicas de la Europa de hoy.

 

William Roche.

 

 

Irlanda, que a fines de la década del 80, se encontraba virtualmente en bancarrota, con una ascendente deuda pública, una pesada y creciente carga impositiva, un elevado índice de desempleo y emigración, diez años después, se había convertido en una de las economías más dinámicas del mundo. Desde 1993, la economía crece a una tasa promedio anual del 9%. Este crecimiento récord no tiene precedente en la Europa de postguerra y cuenta con pocos paralelos a nivel internacional fuera del Sudeste Asiático. Con una tasa de empleo que crece anualmente al 5 por ciento, el desempleo ha pasado del 15 por ciento en 1992 hasta casi alcanzar el pleno empleo. La relación deuda/PBI del país ha caído de un 163 por ciento en 1990 a un 39 por ciento en el año 2000, y de entre los 15 estados miembros de la Unión Europea solamente Luxemburgo tiene, en la actualidad, una relación PBI/ deuda menor que Irlanda.

 

Palanca para el cambio

 

Podemos atribuir este cambio extraordinario en el destino económico de Irlanda a una serie de factores. Uno de estos factores —que ha recibido mucha atención dentro de Irlanda y un creciente interés a nivel internacional— es el modelo de acuerdo social a través del cual los empleadores, sindicatos, la comunidad agrícola y los gobiernos han trabajado para llegar a consensuar los parámetros centrales de las políticas fiscal, económica, social e industrial. Asimismo se articuló una visión de la sociedad irlandesa, que incluye un marco ''europeo'' de seguridad social, servicios públicos y sociales de amplia cobertura y que implica un compromiso con la equidad y la inclusión social.

 

El acuerdo social fue el instrumento a través del cual se regularon y moderaron los aumentos salariales y se mejoró la competitividad. Gracias a este proceso se logró controlar el gasto público con un costo industrial o social limitado.

 

En 1987 los empleadores, los sindicatos y el estado recurrieron al acuerdo social con el fin de manejar la seria crisis económica del momento, y, posteriormente, diseñar el rumbo hacia la recuperación y el desarrollo económicos. Esto llevó a que las partes involucradas negociaran la creación de cinco programas tripartitos de una duración de tres años. Todos estos programas incluyen acuerdos con respecto a aumentos de salarios en la economía en general y establecen los parámetros para la reforma impositiva, política fiscal, económica y social. Mediante estos programas y su re-negociación, los empleadores, sindicatos, grupos agrícolas y recientemente los grupos voluntarios y comunitarios (los llamados ''pilares sociales''), se han convertido en elementos centrales para la dirigencia económica y social de Irlanda.

 

Los programas nacionales y las prioridades fijadas por sus creadores han sufrido diversas modificaciones desde 1987. En términos generales, los primeros dos programas estuvieron dirigidos a controlar una grave crisis económica. Los dos programas siguientes se concentraron en diseñar un rumbo hacia la recuperación y prosperidad económicas en un contexto más amplio caracterizado por una integración económica europea más acelerada y la unión monetaria. Los dos más recientes fueron negociados e implementados dentro de un contexto de crecimiento económico excepcional y un mercado laboral ajustado. El objetivo de los dos últimos programas ha sido extender el alcance del acuerdo social a fin de abarcar la cooperación entre la dirección empresaria y los sindicatos a nivel de las empresas y lugares de trabajo, el denominado acuerdo sobre el lugar de trabajo, para modernizar la manera en que se administran y brindan los servicios públicos y reorientar la capacitación y entrenamiento de habilidades al traer estas áreas más directamente bajo el ámbito de un control conjunto entre empleador y sindicato.

 

Asimismo, el modelo de acuerdo social y las características económicas con las que se lo ha asociado han sido el centro de diversas críticas. La porción del PBI que representa a las utilidades aumentó considerablemente desde 1987 y la de los salarios ha disminuido, lo que contribuye a una percepción de una disparidad significativa entre capital y mano de obra en los beneficios resultantes del acuerdo. En 1987, Irlanda se caracterizaba por un alto nivel de desigualdad o dispersión en las ganancias. Desde esta fecha la desigualdad respecto de las ganancias ha aumentado significativamente y el bajo nivel de los salarios continúa siendo un problema para una porción significativa de la fuerza laboral.

 

Irlanda depende en gran medida de las inversiones directas extranjeras, especialmente de los Estados Unidos —en total alrededor del 47% de todos los empleos del sector industrial se concentra en las compañías multinacionales— y esta inversión está altamente concentrada en sectores como hardware y software, productos farmacéuticos y cuidados personales (''healthcare'') La economía entonces parece ser especialmente vulnerable a los shocks económicos en estos sectores y a las caídas en el rendimiento de la economía de los Estados Unidos.

 

El progreso en materia de participación en la organización del trabajo ha sido lento. Si bien los negocios autóctonos reflejan un buen rendimiento desde los años 90, los niveles de innovación y las prácticas de dirección empresarial modernas se encuentran sustancialmente atrasadas con respecto a las corporaciones multinacionales. La prosperidad y un mercado laboral ajustado, junto con los movimientos de precios internacionales, han llevado a un aumento en la inflación en los últimos años. En 2001, la Unión Europea sancionó formalmente a Irlanda por una sucesión de presupuestos expansionistas que contenían recortes impositivos y mayor gasto. Una serie de incidentes de corrupción que involucraron a políticos de jerarquía y empresarios —si bien ninguno relacionado con el acuerdo social— ha sacudido el sistema político, amenazando con dañar la reputación internacional de Irlanda.

 

La continuidad del acuerdo

 

Posiblemente el principal interrogante que surge en estos momentos es si el acuerdo social sobrevivirá en una economía con características radicalmente diferentes de las existentes cuando comenzó el proceso a fines de la década del 80. La presión sobre las normas que rigen los salarios a nivel nacional en el sector privado está ampliamente difundida y es especialmente intensa en el sector público. El conflicto industrial registró un incremento, especialmente en el sector público y en los servicios públicos.

 

La durabilidad del modelo irlandés de acuerdo social parece un interrogante importante en el contexto de la unión monetaria Europea. Dado que Irlanda es actualmente parte de la moneda común con la mayoría de los estados miembros de la UE, ya no se pueden utilizar las políticas de tipo de cambio y de tasa de interés para preservar la competitividad. Esto incrementa la importancia del mercado laboral y de los regímenes de relaciones industriales en el sostenimiento y desarrollo de ventajas competitivas justamente en un momento en que el modelo de acuerdo social enfrenta su mayor desafío al ajustarse a las nuevas presiones.

 

 

El profesor Roche es decano de Investigación de la Escuela de Negocios para Graduados Smurfit de la Universidad de Dublin

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