Una mirada al futuro 

 

Paul Samuelson, premio Nobel de Economía, analiza la elección de los Estados Unidos. Concluye que lo más importante es el virtual empate parlamentario que impondrá una fuerte barrera a los intentos de hacer políticas partidistas. La negociación, y los acuerdos a "mitad del camino" serán el futuro rasgo característico. Una condición importante para asegurar esa vía será, sin duda, que siga el crecimiento económico.

Paul Samuelson. Los Angeles Times Syndicate

 

 

Para cuando los lectores recórran estas líneas, es probable que la indefinición en la contienda electoral entre el candidato del partido Republicano, George W. Bush, y su oponente del partido Demócrata, Al Gore, haya llegado a su fin. O no. Me propongo, en este artículo, hacer pronósticos basados en la información más confiable disponible en este momento sobre cómo el desenlace de esta elección tan reñida podría (1) afectar a la economía del grueso de la sociedad estadounidense en el período 2000-2004 y, por ende, (2) afectar a la economía internacional en los próximos años.

 

El veredicto de los mercados

 

Las consecuencias en los mercados de valores de Wall Street, y en las bolsas de todo el mundo que siguen en importancia a la de Nueva York, son secundarias para los fines de este análisis, excepto porque muy probablemente sus movimientos tendrían influencia en las políticas crediticias de la Reserva Federal —corrección de la tasa de interés— y, por lo tanto, en la evolución del ciclo económico mundial.

 

En primer lugar, debe decirse que la indefinición no es el fin del mundo. La muy delicada sintonía de la igualdad de poder entre ambos partidos en el Congreso de Estados Unidos actuará contra el cambio extensivo del statu quo. Si triunfara Bush, no podría llevar adelante su anunciada reducción generalizada de impuestos(dirigida a la clase adinerada a la que pertenezco).

 

Si, en cambio, la balanza del triunfo se inclinara a favor de Al Gore, éste no podría emprender una cruzada exitosa contra los poderosos laboratorios y otros intereses corporativos que hacen continuas presiones para conseguir leyes laxas sobre el tema de la protección del medio ambiente y sistemas de regulaciones favorables al mundo de los negocios.

 

Estar obligado a realizar en forma mucho más lento los cambios en el statuo quo heredado sería todo una tragedia, si el nuevo presidente recibiera una economía que funcionara mal. Pero ocurre precisamente lo contrario. Nunca la sociedad estadounidense estuvo tan bien como durante el gobierno de Bill Clinton. El desempleo hoy está en niveles bajísimos. Incluso las minorías —los trabajadores de menor calificación técnica, los negros estadounidenses, los nuevos inmigrantes hispanos, las mujeres y todos aquellos que, de un modo u otro, están en inferioridad de condiciones— gozan de las más variadas oportunidades laborales.

 

Las cosas anduvieron tan bien que anduvieron demasiado bien. Nuestra Reserva Federal siempre alerta, con la mira puesta en preservar la prosperidad libre de inflación, dejó que el crédito se fuera endureciendo antes de las elecciones para poder frenar, llegado el caso, cualquier aceleración inflacionaria de los precios. Y las estadísticas de los últimos meses sugieren que las autoridades de la Fed podrían moderar las excesivas tasas de crecimiento para lograr una tasa sostenible en el tiempo y, al mismo tiempo, evitar un reajuste exagerado que generaría una recesión en Estados Unidos y en el resto del mundo.

 

¿Marcaría alguna diferencia predecible que un republicano y no un demócrata fuera el ganador?. Permitanme arriesgar algunas estimaciones factibles.

 

¿Quién gana, quién pierde?

 

Comencemos con una victoria de George W. Bush, el candidato del partido Republicano. Los inversores de Wall Street siempre tienden a votar a los republicanos y no a los demócratas. Ello ocurre porque saben qué partido suele favorecer a la clase baja y a la clase media baja, y qué partido suele favorecer a la clase de los profesionales y a los ubicados en la parte más alta de la escala de ingresos. ¿Esto acaso garantiza una recuperación de la bolsa en Wall Street tras una victoria de Bush? Quizás, en el más corto plazo. Si mejoran las posibilidades de suprimir todos los impuestos sobre las propiedades y sobre las sucesiones en una década, entonces los "espíritus salvajes" de los especuladores y de los banqueros de inversiones podría alargar la longevidad de la burbuja de las acciones tecnológicas típica de la "Nueva Economía". (Esto, pese al antecedente histórico de que un Roosevelt demócrata casi siempre ha sido más conveniente para los mercados alcistas que un Hoover republicano).

 

En los meses posteriores al inicio del mandato de Bush en enero de 2001, la tendencia alcista de Wall Street podría revertirse. ¿Por qué? Si bien la mayoría de los funcionarios de la Reserva Federal probablemente votan a los republicanos, su preocupación de que los recortes impositivos podrían elevar la temperatura inflacionaria, bien podría empujarlos a una nueva serie de aumentos de la tasa de interés. Esta es una de las últimas cosas que un mercado comprador vacilante de Nueva York desearía que ocurriera. Por eso, antes de que el gobierno de Bush hubiese cumplido su primer año, un serio colapso bursátil seguramente pondría en peligro la perdurabilidad de la recuperación del crecimiento del grueso del país. Y los problemas nunca vienen de a uno.

 

La balanza de pagos adversa de Estados Unidos estuvo financiando nuestra importante formación de capital, porque nosotros, los ciudadanos que habitamos el suelo estadounidense, hoy consumimos muchísimo más. Un fuerte recorte tributario —que aumenta el ingreso privado disponible— requerirá, en consecuencia, un déficit aún mayor en la balanza de pagos. Si esto se agrega a una nueva corriente bajista en Wall Street, la tan temida corrida contra el dólar de Estados Unidos podría complicar enormemente la estabilidad cambiaria del dólar y el problema de una futura inflación. Mi conclusión es que todo esto es solamente el peor escenario posible en caso de que gane Bush.

 

Los sueños demócratas

 

Una victoria ajustada de Gore imposibilitaría cualquier reforma amplia de nuestros programas de salud y de nuestras protecciones ambientales. Las promesas del candidato demócrata de realizar esfuerzos para bajar los precios de los remedios de venta bajo receta enfrentarían una fuerte resistencia por parte de las poderosas comisiones parlamentarias.

 

En cualquiera de los dos casos, los derechos de la mujeres al aborto no deberían modificarse en ausencia de una victoria contundente de Bush. Fuera del estrecho campo de la economía, los tres o cuatro nuevos nombramientos en la Corte Suprema tendrán que ser de candidatos centristas, lo que dificilmente pondría en movimiento el tercio de votos de la oposición necesarios para cerrarle el paso a cualquier candidato.

 

Muchos de nosotros en ambos partidos consideraremos esto una bendición y no una maldición de la situación de empate.

 

En suma, los europeos, asiáticos y latinoamericanos, no tendrán que desvelarse por los extraños avatares constitucionales que hoy vive la democracia estadounidense.

 

Traducción de Susana Manghi

 

Nota de la Redacción. Al momento de editarse esta nota todavía no se conocía el resultado definitivo de las elecciones de los Estados Unidos

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