SECRETOS DE DIRECCION

"Soy el director técnico de mi empresa"

 

 

Siempre me gustó el rol de director técnico de fútbol. Mientras armo los planeamientos estratégicos observo a cada empleado de la compañía como si fuera un jugador y analizo en qué puesto se podría desempeñar mejor. Cuando estoy reunido con mis jefes o con mi gente hablo mucho en términos deportivos, salvo que la reunión sea extremadamente formal. Yo siempre digo: "Lo más importante es saber pararnos en la cancha". Los consultores en RR.HH. se ríen porque creo analogías futboleras con espontaneidad. El hombre de auditoría interna siempre es tildado de crítico y destructivo. En ese sentido, siempre les dije a mis asistentes: "No actúen como el viejo que se sienta en la platea de un ring de box y desde ahí, le grita al boxeador, ípegale abajo que lo volteás!". Como decía Ringo Bonavena, "cuando sacan el banquito y tocan la campana, el que se queda arriba solo, soy yo". En los ochenta trabajé en SADE cuando ésta era una constructora con fuerza. Allí estaba un capitán de la industria, Victorio Orsi, un empresario que permanentemente era consultado por Menem y hoy es consultado por De la Rúa. Yo le dije: "Ingeniero, yo quiero salir de la platea. Quiero salir a jugar el partido porque como auditor siempre estoy criticando. Yo quiero saber qué se siente dentro de la cancha". Ahí me di cuenta de que me interesaba la gerencia general. Yo entré en Astra Holding en 1988 como gerente de auditoría interna, pero mi objetivo siempre fue tener un conocimiento genérico de la empresa y no específico. Eso, más mis conocimientos de director técnico, me ayudaron a que accediera a una gerencia general. Así, en 1991 me piden que me hiciera cargo de Astra Evangelista para cerrarla prolijamente, es decir, que el cierre nos trajera la menor cantidad de problemas políticos e insumiera el mínimo tiempo necesario. Pero pensé: "Los seres humanos nacimos para vivir, no para morir". A mí me gusta meterme en el área comercial, industrial, de RR.HH. y analizar cómo se interrelacionaban entre ellas. Además, había observado que los hombres de finanzas dominaban a los números uno que eran ingenieros porque usaban el expertise versus el desconocimiento. Los consultores externos se sorprenden conmigo porque en general, los números uno no se involucran con los procesos de cambios, sino que solicitan trimestralmente un informe de avance. Yo, en cambio, estoy involucrado. El consultor en la Argentina trabaja para obedecer al que le paga la factura. Los consultores no puede venir acá con un machete estándar de los EE.UU. a analizar mi empresa, sin conocer la idiosincrasia de mi gente, sin conocer mi personalidad o la de mis cinco gerentes, que son cinco fieras. En mi rol de director técnico, yo me quedo al costado de la cancha, mirándolos, corrigiéndolos y mis gerentes son los que salen a jugar. Ellos tienen que hacer jugar al equipo dentro de la cancha. Esos hombres tienen una delegación amplia por lo que mi función es visualizar el mañana y monitorearlos a ellos. A mí la consultoría no me va mucho porque los procesos son muy largos. A mí me gustan los cambios cortos pero rápidos. Si yo le digo a un empleado: "Vamos a hacer un proceso de cambio donde privilegiaremos al equipo. Quiero que vuelques todos tus conocimientos", y te dejo, y después, viene el consultor y empieza con el relevamiento: "¿Cuánto hace que trabaja?, ¿a qué se dedica? ¿qué es lo que más le gusta?". El empleado que está con una expectativa terrible en la gatera, se desmotiva. En cambio, si yo hago una reunión informal y pregunto: "¿Vos que entendés por esto?"; y la persona responde: "Y...yo...". "No", les digo, "quiero saber más". "Sí", responden ellos, "pero mi jefe no me escucha". Ese ya no es el problema de esa persona sino de los jefes. Segunda reunión: jefes y empleados. Acá no hace falta un consultor. Necesitamos sentido común y sensibilidad. Estoy leyendo mucha bibliografía de management y no fui a Expo Management porque ahí te mandan una videoconferencia de Peter Drucker, quien te vende su último libro. Y mi problema es que tengo un jefe que no entra en razones de que tiene que escuchar a sus empleados porque él es "capanga". El libro de Drucker sobre eso, no me dice nada. Un consultor tampoco.

 

NOMBRE: Rolando Ballester

CARGO: presidente de Astra Evangelista

EDAD: 54

LECTURA ACTUAL: El caballero de la armadura oxidada (Fisher)

CLUB DE FUTBOL: River Plate

DESEO FRUSTRADO: ser director técnico de fútbol

PASION: Los Chalchaleros

DEPORTES: fútbol, tenis y squash

LUGAR IDEAL: Key Biscayne

ULTIMA VACACION: Cuba

 

ENTREVISTA DE PILAR FERREYRA

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