¿Sigue la prosperidad?
Hoy la economía global,
impulsada por la locomotora estadounidense, enfrenta dos peligros: el aumento
del precio del petróleo y los altibajos -excesivos a veces- de Wall Street.
Paul Samuelson, premio Nobel de Economía, pronostica, con precaución, que pese
a los riesgos, la economía de los Estados Unidos podría seguir su marcha
triunfal durante todo este año y el próximo. Y, si la locomotora marcha, el
tren la seguirá.
Paul Samuelson. Los Angeles
Times Syndicate Especial para Clarín
En estos días, los titulares de
los diarios de todo del mundo inquietan.
El precio del petróleo controlado
por la OPEP no bajó. Serbia no encontró todavía un equilibrio sin Milosevic que
le permita comenzar a recomponer sus relaciones internas y sus vínculos con el
resto de Europa. En Israel y Palestina las convulsiones están causando la
muerte a personas de ambas nacionalidades y la posibilidad de que se reanude el
proceso de paz es, en el mejor de los casos, problemática.
La prosperidad económica es una
flor frágil. Los expertos temen que lo que a comienzos del nuevo siglo pareció
ser una recuperación en los mercados de la eurozona, Japón y Asia, termine
debilitándose a fines de año y a comienzos del 2001. para agregar otra
preocupación, hay que sumar la debilidad del 2000 en Wall Street. En lo que va
del año, los papeles tecnológicos cayeron estrepitosamente. El famoso índice
bursátil Dow-Jones y el más diversificado Standard & Poors 500 tambalearon
menos, pero aún muestran un crecimiento negativo. Tras varios años de
experimentar una suerte de burbuja de mercado alcista, en los EE.UU. millones
de inversores están sufriendo pérdidas.
Por las razones mencionadas, es
legítimo volver a reflexionar sobre el estado de salud de la economía global y
calcular las probabilidades de que continúe la luna de miel de la economía
estadounidense de Bill Clinton.
¿Cuál es la probabilidad real de
que en el 2001 haya una recesión declarada en los EE.UU.? ¿Y cuáles serían sus
consecuencias para Europa? ¿Y para Japón, Corea y otros países de Asia, como
China, India, Indonesia y Malasia? ¿Y cuáles podrían ser los efectos de todo
esto sobre los productores de petróleo en Oriente Medio, América latina y
Rusia? Pondré primero bajo el microscopio los acontecimientos económicos de los
EE.UU. Empiezo por aquí porque el crecimiento de muchos países está liderado
por las exportaciones. Los EE.UU. del pleno empleo constituyeron el mayor
mercado ofrecido por un país al crecimiento extranjero.
Hasta ahora, la esperada
desaceleración económica de los EE.UU. -esperada para evitar el peligro de
recaer en la inflación- parece, en el mejor de los casos, moderada. El último
informe sobre la tasa de desempleo en los EE.UU. sigue estando en el bajo nivel
récord del 3,9%, por debajo de los índices de Japón y a la mitad de los de
Europa.
¿Por qué la caída de la Bolsa no
ha provocado una mayor caída en la economía? Los expertos, conscientes de la
vinculación existente entre el exuberante gasto estadounidense y las ganancias
de capital que se hacen en la bolsa, temían, con razón, que cualquier estallido
serio de la burbuja especulativa de la Nueva Economía se generalizara, con
derrumbes de los valores inmobiliarios, reducciones drásticas del gasto de los
consumidores y, finalmente, un recorte del sobreabundante gasto en inversiones.
Hasta el momento, no han ocurrido
tales cortes en el gasto. En tanto no haya señales de que algo así pueda pasar,
debemos ser cautamente escépticos respecto de la posibilidad de una recesión en
los EE.UU. este invierno (boreal), o en el año 2001.
Sin embargo, hay que estar
atentos a las noticias de último momento. Las recesiones suelen tomar por
sorpresa a los expertos.
Cuando en noviembre se decida la
elección presidencial, la Reserva Federal y el nuevo Tesoro necesitarán
formular planes contingentes stand-by para hacer frente a cualquier recesión
genuina que pueda surgir.
En todo el mundo la gente
dependerá en gran medida de cómo evolucione el escenario económico
estadounidense. En esta última década, por pura suerte y por el hecho de que
nuestra economía ha representado un cuarto de la economía global, la estabilidad
y el crecimiento estadounidenses han amortiguado las sucesivas amenazas que
sufrió el sistema internacional.
La primera de ellas derivó en el
exitoso rescate de México cuando ese país entró en crisis. Luego, en 1997,
cuando estalló en Tailandia y otros países la crisis de los mercados
emergentes, la intervención conjunta del FMI, el Banco Mundial, el Grupo de los
7 y los bancos privados internacionales impidió que se generalizara con toda su
virulencia.
Estos éxitos no hubieran sido
posibles durante las penurias provocadas por la "estanflación" de la
década del 70. El segundo gran nubarrón que se cierne sobre los cielos de la
economía global proviene de la OPEP y del alza de los precios del petróleo.
Tanto en 1973 como en 1979, fue la escasez de energía lo que causó un colapso a
las economías del mundo. ¿Por qué esta vez los problemas causados por la OPEP
parecen menos graves? Los economistas que entienden en el tema energético
informan que las consecuencias actuales implican sólo un tercio de los problemas
que se generaron en los 70.
Esto es especialmente válido para
Japón. El que en la actualidad dependa más de la energía nuclear explica sólo
parcialmente el menor costo que afronta ese país ante el problema. En Japón,
más que en Corea o América del Norte, hubo una mejora significativa en la
tecnología de ahorro de los insumos petroleros.
En teoría, el presidente Clinton
distrajo parte de las reservas nacionales de petróleo para desalentar los
cortes de producción del oligopolio de la OPEP. Pero en la práctica, nuestro
stock de reservas disponibles es demasiado pequeño para afectar materialmente
el cuadro total.
Hasta tanto Arabia Saudita logre
hacer bajar los precios del petróleo a unos 25 dólares el barril, y aun después
de eso, el desarrollo de técnicas de conservación de energía seguirá siendo el
modo más racional para aliviar futuras escaseces.
Ciertamente, no hay necesidad de
fraguar o tolerar una recesión mundial sólo para mantener la tasa de consumo de
recursos no renovables.
El presidente de la Reserva
Federal, Alan Greenspan, se vio obligado a enfrentar grandes desafíos en dos
ocasiones desde 1987. En la primera, hizo las cosas correctamente para
contrarrestar cualquier escasez de liquidez que pudiera haber empeorado el
colapso bursátil mundial de 1997. En la segunda, en los últimos doce años,
actuando con buena fortuna y sagacidad aquietó los vientos tanto del excesivo
recalentamiento de la economía como de su innecesaria desaceleración.
Antes de que Greenspan decida
retirarse con todos los honores, puede que todavía deba enfrentar un desafío
mayor. Tanto el resurgimiento de la burbuja alcista de Wall Street como el
desencadenamiento de una duradera y seria burbuja bajista serían malas noticias
para nosotros y, en consecuencia, malas noticias también para las economías
extranjeras.
Es preciso tener serenidad mental
y liberarse de los clisés políticos para navegar óptimamente a través de las
probables turbulencias de los próximos años. Yo soy prudentemente optimista y
opino que el desafío será controlable.
Traducción de Claudia Gilman