SATISFACCIÓN DEL CLIENTE

 

Autor:

Juan Basualdo

e-mail:

[email protected]

Organización:

SLC - Sociedad Latinoamericana Calidad

País:

Argentina

 

Análisis en el que se indaga acerca del concepto mismo de Customer Satisfaction. Sus técnicas de medición, sus límites y posibilidades y su articulación con el otro gran pilar del pensamiento gerencial moderno: la Calidad Total.

 

El nuevo poder del consumidor cambia las reglas de juego en el mercado global. ¿Qué se está haciendo en la Argentina en el terreno donde se define el éxito o el fracaso de productos y servicios? La firma Sygnos CSM hizo un estudio para el que fueron entrevistados 25 ejecutivos de empresas de primera línea y cinco consultores especializados. Sus respuestas conforman la base de este análisis, en el que se indaga acerca del concepto mismo de Customer Satisfaction, sus técnicas de medición, sus límites y posibilidades y su articulación con el otro gran pilar del pensamiento gerencial moderno: la Calidad Total.

 

Los luminosos pasillos de los supermercados se asemejaban años atrás a esos salones del Lejano Oeste donde los parroquianos probaban quién era capaz de desenfundar más rápido. La inflación propagó émulos de Billy The Kid, que se batían a duelo con los sheriffs armados con pistolas remarcadoras para ver quién llegaba primero a la góndola.

 

La paz reina ahora en esos concurridos escenarios en los que el arrebato dejó lugar a la prudente elección de la mercadería que irá al carrito. Quien lo empuja, lo carga y pasará por las cajas a pagar lo que lleva es el cliente. Comerciantes, fabricantes, marketineros, publicistas y todos los que intervienen en la obra lo seducen, lo aconsejan, lo tientan, lo persuaden, pero finalmente tienen que limitarse a observarlo para ver si sale conforme y puede invitárselo a realizar una nueva compra. Pero, ¿quién es ese sujeto al que hasta no hace mucho le aplicaban la vieja intimación de los ancestros a tragar las lentejas ("si quieres las comes y si no las dejas") y a quien hoy todos se preocupan por conocer y mimar?

 

Según sea el tipo de producto o servicio que se presta, se puede ver al cliente en el que va a comprar, en el que lo atiende, en el que factura, en el que cobra, en el que llevó la mercadería, en los que participaron en la fabricación, en los que atienden los servicios relacionados con cada acto de la obra. Lo es tanto el consumidor final como los intermedios (canal, distribuidor), en el plano externo, como los departamentos y áreas internas de la empresa que producen los bienes y servicios en cuestión. La línea conductora que une a los que compran, empezando desde adentro y terminando afuera de la organización, es la Calidad, un concepto amasado por los japoneses, adoptado por los occidentales (europeos y norteamericanos) y que recaló en estas latitudes cuando las fronteras se abrieron al ingreso de bienes y servicios elaborados conforme a esas pautas. Las normas de Calidad internacionales no se limitan a las formas que se evalúan con parámetros ya institucionalizados, sino que abarcan los contenidos con métodos de medición que se han universalizado, como satisfacción del cliente y calidad total. Aquélla es la meta, ésta constituye el medio para alcanzarla.

 

En la Argentina de la estabilidad de precios y el auge de la competencia, estas convenciones comienzan a traducirse al lenguaje local de los negocios a medida que la integración con Brasil, Chile, México, Estados Unidos, Europa y Oriente la funden en un solo mercado global. Las empresas que más rápido entendieron la inexorable irrupción de este estilo son, obviamente, las multinacionales, las que participan activamente del comercio exterior (como importadoras o exportadoras) y las que se asociaron con pares brasileñas o chilenas en emprendimientos regionales. Las compañías argentinas que están a la vanguardia de esta corriente no son muchas aún, pero los que avizoran las tendencias no dudan en afirmar que habrá un enrolamiento más intenso en 1998.

 

En un trabajo realizado por Sygnos CSM, Estudios de Mercado y Consultoría, se indagó en profundidad en qué grado y con qué enfoque se cumple en el país el proceso de incorporación de programas de satisfacción al cliente. Las entrevistas abarcaron a 25 empresas de bienes y servicios y cinco consultores y especialistas. Una conclusión muy general mostraría que la mayoría de esas compañías están implementando Programas de Satisfacción y/o de Calidad o empezarán a hacerlo de inmediato. Los ritmos difieren entre:

 

 

Las frecuencias dependen de lo que se comercialice, ya que, como dijo el experto J. M. Jurán, "no existe una lista final de las necesidades de los clientes". Entre los encuestados por Sygnos CSM, llamó la atención en ese aspecto que una empresa de servicios filial de una corporación haya dejado de conformarse con los resultados de 2.500 consultas anuales entre sus clientes para pasar al sistema telefónico de sondeo diario.

 

HAZ LO QUE YO DIGO

 

Todavía, a la alta gerencia del país le resulta más fácil hablar de estos patrones internacionales de evaluación del consumidor que incorporarlos en su propia organización, a pesar de que a su cliente le inculcan, a través de la televisión y de los medios, una forma de vida internacional, lo equipan con enseres automáticos (microondas, freezers y demás artefactos hogareños) para dejarle tiempo libre, le unifican los decorados urbanos con los shoppings, supermercados y maxiquioscos, y le ofrecen comprar a toda hora y, si prefiere, en su propio domicilio.

 

No es fácil para las cúpulas aceptar el pase de lo intelectual al terreno práctico, porque preguntarle a alguien qué opina de lo que se le brinda es exponerse a una crítica que no siempre se está en condiciones de escuchar. Mucho más cuando los conocimientos reales no acompañan a la investidura. Pero los números gobiernan y los accionistas propios y de la competencia claman por sus dividendos. Como no queda más remedio que facturar más y mejor, la palabra la tiene, entonces, la lealtad del cliente: el que consume y el que lo abastece. El marco no resulta muy generoso, porque la homogeneización de productos, servicios, capitales financieros y de trabajo no permite diferenciar con nitidez a unos de otros y en un minuto es posible imitar la idea o la innovación que insumieron quizás el largo y penoso esfuerzo de toda una organización.

 

Los empresarios empiezan a verse a sí mismos como los pilotos de la Fórmula 1: encapsulados en un estrecho habitáculo, necesariamente asistidos por un enjambre de colaboradores que se mueven como autómatas, cada uno en lo suyo, con la obsesión de extraer centésimas de segundo de rendimiento que permitan clasificar. Entre el primero y el último de la grilla de largada - es decir, de los que sobrevivieron - no hay más de un segundo de diferencia. Tampoco lo hay entre los cientos de miles de productos que se exhiben en vidrieras, escaparates, góndolas y spots publicitarios. Los inexorables cambios que se avecinan en la incipiente inserción Argentina en los cánones del comercio mundial apuntan, puertas adentro de las empresas, a:

 

 

Hacia afuera, la diferenciación reconoce:

 

Prioridad en brindar servicio al cliente;

Mantener y mejorar precio y calidad.

 

 

HOMBRES SIN COMPROMISO

 

Los ejecutivos de grandes firmas entrevistados por Sygnos CSM le asignan al cliente "cada vez más poder porque tiene cada vez más oferta, aquí y en el mundo"; aseguran que "compra lo que le da más satisfacción sin importarle el país en que se fabrica", y que "el modelo en crisis es cómo engañar a los otros". Entre los factores de diferenciación empezó a cundir la propuesta de "brindar servicio" agregándole valor al producto. Sin embargo, esta incorporación no es tan fácil en la cultura occidental como lo es en la oriental.

Los ideólogos norteamericanos de Customer Satisfaction combaten la resistencia que despierta en sus compatriotas la idea de servir al prójimo. Al miembro de la Unión Japonesa de Científicos e Ingenieros, Kaoru IshiKawa, le llamó mucho la atención durante una visita por empresas norteamericanas que al nombre de cada departamento le antepusieran la palabra "servicio de", por ejemplo, contabilidad, ingeniería, control de calidad. Más aún le sorprendió la respuesta: "si no se incluyera la palabra servicio la gente se olvidaría de que su obligación es servir y se tornaría un poco arrogante".

 

Pero el concepto que encierra una calificación tradicional de buena calidad de servicio ya no está representado únicamente por la buena atención al público, sino que apunta a satisfacer las expectativas que se suscitan en cada momento de contacto entre el cliente y la empresa: calidad de los productos o servicios entregados; cumplimiento, eficiencia y rapidez en las entregas; precio y condiciones de pago; trámites ágiles y simples; correcta emisión de comprobantes; atención posventa; tecnología de avanzada y eficiente innovaciones, y trato personal y ambiental adecuado. En este sentido, los consultores identifican factores tangibles duros como tecnología, equipamientos y productos, y blandos, como eficiencia de los recursos humanos, modelo de organización y valores de la empresa transmitidos al personal, dirigidos hacia un único objetivo: el cliente.

 

Claro que todas esas inversiones tropiezan con un límite, que es la preservación de la rentabilidad. El dilema del banquero pendula entre hacer esperar más a la gente y contratar más cajeros. La apuesta implica sacrificar la relación costo/beneficio de hoy por un retorno a mediano y largo plazo que, además, depende de muchos otros factores. Desde la perspectiva japonesa, el costo de la no calidad llega incluso a desaconsejar reducciones de personal sin haber alcanzado el nivel esperado por los clientes. Y para estudiosos de la bibliografía internacional, como Tom Wise, la calidad tiene precio: en 1994 - cita - la cadena de hoteles Four Seasons le asignó un valor de 20% en todos los servicios por encima del competidor más caro.

 

Estudios realizados durante la década del '90 indican que las industrias francesas que no repararon en las fórmulas de calidad resignaron entre 20 y 30% de su facturación, que en el caso de las empresas de servicios se elevó a 30-40%. Para las fábricas norteamericanas, la merma fue del 20% y para los servicios, de 35%. En la Argentina, según una evaluación realizada por socios de IDEA, la no calidad afecta entre 15 y 40% la facturación. Las entrevistas hechas por Sygnos CSM encienden una luz amarilla en el tablero doméstico: la legión de los que nada hicieron aún por mejorar el grado de satisfacción se reparte entre los confiados en su poder dentro de la plaza, los que se conforman pese a dejar demanda desatendida, los que se concentran, prioritariamente, en un cambio sectorial y aquellos que, gracias al marketing, proyectan una línea de crecimiento. Hoy los números les dan bien. Mañana será otro día.

 

Otro grupo de empresas que aún no se orientan al cliente son aquellas que han asumido primero una búsqueda de eficiencia y reducción de costos a través del downsizing (o eliminación de funciones que agregan valor dentro de la organización). Saben, sin embargo, que para crecer deberán competir hacia afuera y motivar y comprometer hacia adentro. Entonces, una vez superado el downsizing, será imprescindible revitalizar al cliente interno y fortalecer el vínculo con el externo.

 

CARA A CARA

 

A excepción de los negocios business-to-business, quien da la cara frente al consumidor es el canal, punto de venta, distribuidor o concesionario. Tiene las estanterías repletas de productos locales e importados frente a los que difícilmente el comprador se detenga a rendirles pleitesía. Más que la marca, lo que importa es la trascendencia que el comerciante le otorgue a cada artículo. El vela por la calidad de lo que vende, porque cualquier defecto lo paga con bajas entre el público. Antes era un expositor de mercadería, hoy es el factotum del volumen de ventas del fabricante.

 

"Hemos redefinido el concepto de cliente", afirman en Massalín. "Antes considerábamos sólo al mayorista y al consumidor final, obviábamos el punto de venta". Las perspectivas llevan a pensar que lo más probable es que se agudice la competencia por el ingreso de nuevos productos, ya que las fábricas, en general, están más empeñadas en nutrir el festival de lanzamientos que en rescatar el valor de la marca. Todavía reina en la Argentina cierta confusión en torno de cómo se mide el grado de satisfacción, ya que en muchas empresas cuesta distinguirlo de la investigación de mercado aplicada al diseño de productos o al estudio de imagen. Creen que a mejor imagen corresponde mayor satisfacción.

 

Las compañías más avanzadas en la instrumentación de mediciones, sobre todo las filiales de las grandes corporaciones multinacionales del área de servicios, se guían por los patrones internacionales y por la práctica y evaluación de los consultores especializados. Por lo común, participan en intercambios de experiencias con otros países o representan el input para programas de Calidad Total. Los más reacios se someten al tratamiento cuando pierden ventas, clientes o rentabilidad. "Un cliente disconforme que se va sin presentar quejas es un vendedor negativo para la compañía", dicen en el hotel Hyatt.

 

 

 

MAYORES DE EDAD

 

Para muchas empresas poderosas el cliente tuvo, durante décadas, los mismos derechos que las minorías postergadas. Pero el cliente se transformó progresivamente:

 

 

El nuevo cliente dejó de ser una minoría y avanza como un adulto exigente. En este contexto el concepto de Customer Satisfaction trasciende el departamento de marketing, supera al sector de operaciones y se convierte en un principio organizador del top management. Al identificar el peso relativo de los distintos procesos en la percepción de los clientes sobre el valor de los productos o servicios, pueden, en consecuencia, establecerse las prioridades estratégicas para retener y atraer al cliente.

 

Una asignación inadecuada de los recursos - siempre escasos - no rendirá los frutos esperados, tanto en ventas como en rentabilidad. Este principio de satisfacción del cliente debería ser tan obvio como el de respetar a los otros. Sin embargo, después de décadas de orientarse por otros principios, este descubrimiento provoca tal entusiasmo en algunos dirigentes empresarios, que transforma este concepto/orientación en una promesa mesiánica. Pero también es preciso cuidarse de estas expectativas desmesuradas. En ningún orden de la vida las soluciones son únicas y excluyentes. Tampoco en la organización empresaria.

 

Con respecto a la satisfacción del cliente, debe destacarse que es una condición necesaria, aunque no siempre suficiente, y que no puede asumirse como una religión sino como una estrategia confiable y probada que merece apoyo crítico. No es en el sometimiento al cliente ni en su elevación a un carácter de mandato donde se hallará la Meca. Cuando cualquier principio organizador o concepto estratégico (por ejemplo, segmentación, reingeneering, etc.) se entroniza, corre el riesgo de defraudar rápidamente.

 

Para el Customer Satisfaction Focus son válidos estos recaudos y uno más: su dinámica puede promover el cuestionamiento parcial de verdades o dogmas de la conducción empresaria. Para iniciar un proceso orientado al cliente (al otro) hay que admitir, de partida, que quizás la conducción deba modificar algún criterio en pro del objetivo. Una vez efectuado ese sinceramiento, es altamente probable que, sin demagogias, la satisfacción del cliente sea el mejor negocio para la empresa.

 

EL OJO EN LA NOTICIA

 

Cuatro son las vías más comunes que suelen emplearse para las mediciones de satisfacción al consumidor:

 

 

Las dos primeras sirven para detectar expectativas en aspectos muy puntuales. Cuando son más prolongadas permiten extraer descripciones y evaluaciones de los distintos procesos en que se interrelacionan proveedor y cliente. En las postales, el destinatario decide si participa y esto resta representatividad a la muestra, sobre todo en la Argentina, donde la tasa de respuesta es baja. Su espontaneidad también resulta cuestionable porque puede leer todo antes de contestar punto por punto y ello podría alterar sus prioridades. Se desconoce, por otra parte, el perfil diferencial de los que no se expresan. Los especialistas sostienen que el estudio debe concentrarse en la satisfacción del cliente (evitando la tentación de agregar todos los temas que preocupan a la compañía). Además, es necesario aplicar técnicas cualitativas para identificar los procesos que inciden en la estimación del valor por parte del cliente y completar la medición con instrumentos cuantitativos que permitan registrar a través del monitoreo continuo los avances a medida que la empresa aplique los cambios sugeridos.

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