Frente a la escasez “estructural”
de las oportunidades de empleo, ha surgido la necesidad de crear el propio
trabajo y por ende, encontrar una actividad económicamente rentable y
sustentable en el tiempo. Esta tendencia está en crecimiento constante: los altos
índices de desempleo, la subocupación, los contratos de trabajo perversos y la
violencia existente en muchas empresas hacia sus empleados hace que se piense
en buscar otras alternativas para el desarrollo personal.
Con esto quiero decir que una
gran cantidad de personas, muchas de ellas provenientes de empresas estatales o
privadas sin experiencia previa, capacitación o vocación por la actividad
independiente, se ven obligadas a pensar en trabajar por su cuenta. Un desafío
que no es para todos.
Quisiera enumerar algunas ideas
que se esgrimen para defender lo que se denomina “negocio propio”, “trabajo
independiente”, “la empresa propia”, “microemprendimiento”, etc.
1) Poder ser el propio jefe
2) Poder, independencia,
libertad, autodesarrollo
3) Ser dueño de lo que uno hace y
no tener a quien reportar
4) Desarrollar las ideas y la
creatividad
5) Generar ingresos, crecimiento
y ganancias que uno puede cosechar por sí mismo
6) Administrar y gerenciar una
empresa personal
7) Hacer lo que uno quiere.
8) Etc, etc.
Todas estas premisas responden en
mayor o menor medida a cierta idealización, léase “héroe solitario” que todos
albergamos en un lugarcito del corazón. Nos gusta pensarnos frente a las
adversidades haciéndoles frente con los recursos propios. Creo que los que
elegimos este camino tenemos predilección por estas imágenes míticas. Es cierto
que los “autónomos” o “independientes” siempre existieron. Las empresas deben
su nacimiento a un héroe con estas características: un visionario, un soñador
que se largó a concretar lo que percibió como “su” negocio u oportunidad.
Actualmente el mito sigue
existiendo y cuenta con los mismos adeptos de siempre solo que la intuición, el
olfato y el coraje tienen que complementarse con muchas otras cualidades y
requisitos: gestión planificada, estudio de necesidades, mercado potencial y
marketing, plan de negocios, rentabilidad, costos, viabilidad y recursos, etc.
Es decir: sueños, mitos y
leyendas tienen que amasarse con cuentas, análisis de mercado y planificación
estratégica.
Hablando en sentido pragmático:
1) Ser el propio jefe significa
estar dispuesto a trabajar 12 horas o más por día
2) Poder e independencia
significa toma de decisiones y elección de opciones
3) Ser dueño quiere decir
afrontar todos los riesgos y responsabilidades sobre la marcha del negocio
4) Creatividad es tener la
inventiva de sortear obstáculos y encontrar alternativas viables en cada etapa
de la empresa o actividad
5) Generar ingresos y ganancias
es autosustentarse económicamente y aprender sobre costos, cash-flow y
rentabilidad.
6) Administrar y gerenciar la
empresa es establecer una organización cuidadosa , saber delegar, planificar
objetivos, establecer prioridades e importancias y tener siempre la cabeza
abierta para modificar la marcha si hiciera falta.
7) Hacer lo que uno quiere es en
realidad hacer aquello que más conviene para el éxito del negocio y estar
dispuesto a revisar las propias ideas, buscar asesoramiento y aprender, aprender
y aprender.
Qué sucede con los que provienen
de un empleo que ha terminado, con los que no quieren seguir en el que tienen,
los que no encuentran otro trabajo, con los que nunca trabajaron y ahora deben
hacerlo?
En este caso la transformación de
recursos a nivel personal es mayor todavía: se pasa de un campo de acción con
reglas fijas, jerarquías, roles, funciones y responsabilidades acotadas para
entrar de lleno a funcionar con una agenda y organización autoadministrada a
riesgo propio. Menciono lo de la agenda porque hay una diferencia evidente en
el manejo y vivencia del tiempo a partir de estar sin ocupación fija y horarios
pre-establecidos: el día carece de medida y el tiempo se extiende sin sentido,
el futuro se desdibuja.
Dejando de lado las diferencias
entre los que provienen de la pérdida de empleo y los que quieren comenzar con
una actividad autogestiva, vayamos a las similitudes. Este grupo de personas
debe transformar sustancialmente su modo de vida y encarar un nuevo proyecto.
Este proyecto requiere que se lo
tome seriamente lo cual implica:
· Actitud pro-activa (actitud
positiva y de acción)
La actitud positiva es esencial
ya que se afrontarán desafíos, situaciones nuevas y obstáculos en forma
continua. Es posible que los que rodean al emprendedor traten de alertarlo
sobre las dificultades a sortear y los inconvenientes de hacer algo solo en un
contexto de pocos incentivos y una economía recesiva. Con la mejor de las
intenciones querrán evitarle decepciones y desalentarán sus proyectos. Si se
trata de una mujer esto es más fuerte aún y qué decir si es la primera vez que
se larga al ruedo. Por esto, quien no posea una cierta cuota de energía de
acción, de salida y de optimismo, sucumbirá rápidamente a las recomendaciones
de mejor quedarse como está.
· Decisión de hacer lo que uno se
propone y perseverancia
Estar convencido de lo que se
quiere hacer llevará a decidir “emprender” el camino apropiado para llevarlo a
cabo. Esta decisión debe ser fuerte como para poder perseverar, sin que la perseverancia
se transforme en obsecación o tosudez inútil. Perseverar es continuar los
esfuerzos y buscar los caminos apropiados y es diferente de insistir en lo que
no resulta.
· Autodisciplina y organización
para desarrollar una actividad sin jefes
Quien desarrolla una actividad
autónoma se encuentra con la tarea de hacerse cargo de todas las facetas que
forman parte de la actividad elegida. Marca sus propios horarios de trabajo,
lugar y forma de llevar a cabo las tareas diarias, arma su agenda y organiza en
forma constante y sin descanso todos y cada uno de los aspectos que hacen a su
negocio. Por esto aprende a desarrollar rutinas y métodos que lo ayuden a
simplificar y a ahorrar esfuerzos. No tendrá a quien hecharle la culpa sino que
será el responsable frente a sí mismo y frente a sus colaboradores,
proveedores, clientes y pares.
· Consenso y apoyo por parte de
familiares cercanos (ellos se verán afectados o estarán involucrados de alguna
manera en el cambio)
Un microemprendimiento comienza
generalmente en forma artesanal y personal. Utiliza recursos existentes en la
familia (quien suele jugar un papel fundamental). Es muy habitual que algo
nuevo comience desde la casa o que requiera de asistencia o colaboración de
otros cercanos (hijos, cónyuge, amigos, etc). Por esto mismo es crucial hacer
entender lo que significará la nueva actividad y cómo afectará a lo mejor
espacios comunes, el teléfono, los horarios de trabajo, el tiempo que se le
dedicará, las energía y atención que demandará. Si no se recibe comprensión y
ayuda, se hará mucho más difícil el camino.
· Conocimiento de las propias
fortalezas y debilidades (en sentido sistemático y no “a grosso modo”)
· Relevamiento de las propias
experiencias y conocimientos para aprovechar mejor lo que se tiene
· Relevamiento de recursos
materiales y económicos
Todos y cada uno de estos
aspectos deben estar debidamente evaluados y reconocidos. Quien mejor se conoce
a sí mismo y sus posibilidades, mejor aprovechará de sus recursos tanto en lo
que hace a saberes, experiencia de trabajo, estilos de gestión, habilidades
personales, dificultades o desventajas que tiene, capital con el que cuenta,
aportes, etc.
· Idea de negocio factible
Como se sabe, no es suficiente
contar con una idea de negocio sino que esa propuesta sea válida para
desarrollar un emprendimiento económicamente rentable. Que valga la pena
invertir en ella todos los esfuerzos que se harán. Para que la idea de negocio
sea factible habrá que investigar sus posibilidades de explotación comercial.
Qué existe en el mercado sobre esto, qué necesidades se están cubriendo, qué
mercado se va a enfocar, etc. etc.
· Herramientas de gestión de
negocios (léase información y formación en cursos, lecturas, asesoramiento,
observación de los que trabajan por su cuenta)
La capacitación en herramientas
de gestión se ha transformado en una necesidad básica y quienquiera comenzar un
negocio deberá estudiar e informarse en forma permanente en todo aquello que lo
pueda ayudar. Actualmente existen muchísimas propuestas y ofertas de
capacitación a través de organizaciones gubernamentales como privadas. Incluso
en internet se ofrecen servicios en este sentido. También existen publicaciones
específicas, como suplementos en diversos diarios y libros que abarcan
innumerables temas: liderazgo, estudio de mercado, ventas, publicidad,
informática, plan de negocios, relaciones públicas, efectividad, planificación
estratégica, etc. etc.
Otra manera de aprender es
observando a los que ya están en camino o han desarrollado una actividad
exitosa. Otra forma es unirse a grupos de emprendedores ya sea en cámaras o
propuestas específicas por sectores o temáticas.
· Estudio e investigación del
negocio elegido
¿En qué tipo de negocio estoy o
quiero incursionar? Es un negocio que está en auge, que va a desaparecer o que
aún no está desarrollado pero que se visualiza como innovador y en vías de
aparecer? Saber esto no es inocente. Si nos encontramos en algo que tiene que
ver con lo ecológico por decir algo muy amplio, sabemos que se trata de una
tendencia en crecimiento constante y que en todo caso deberemos estudiar si la
propuesta que tenemos es la más adecuada o fuerte, pero que al menos estamos
dentro de una alternativa que esta vigente, se entiende? En cambio si nos vamos
a dedicar a gastronomía para empleados de oficina, debemos saber que es un
rubro que puede estar muy saturado en ciertos medios.
· Estudio de mercado (a quiénes y
cómo uno va a vender, quienes serán los consumidores del producto o servicio
que se encare)
Existen maneras sencillas y
viables para hacer una aproximación bastante útil al mercado al que nos
dirigiremos. Se trata de estudiar muy bien al cliente potencial en cuanto a sus
actitudes, hábitos, lugares en los que se encuentra, posibilidades económicas
de consumo, target (nicho específico) al que nos queremos orientar, cómo se
deciden las compras en este rubro, etc. etc. Incluso se debe investigar zonas
geográficas, formas de pago existentes, posibilidades a nuestro alcance, etc.
· Planteamiento de estrategia de
comercialización
Cuál será nuestro modo de llegar
a los consumidores es otro de los aspectos importantes. Qué medios utilizaremos
para hacer conocer el servicio o producto que tenemos, cuál es la forma o
estilo más apropiado para el segmento que abordaremos, si haremos promociones,
regalos, entregas a domicilio, envíos personalizados, ventas por mayor,
descuentos especiales, logística de distribución de mercaderías, etc.
· Fijación de objetivos claros,
mensurables y que se desarrollen en el tiempo: a corto plazo, a mediano plazo y
a largo plazo.
Esto también forma parte de la
planificación estratégica: en primer lugar saber dónde estamos, cuál es nuestra
situación actual y en segundo lugar a dónde queremos llegar, qué nos proponemos
y entre ambos extremos, qué necesitamos hacer para lograr los objetivos
propuestos. Nada más ni nada menos que fijarnos no solo plazos sino también
metas que se puedan evaluar por etapas o procesos o logros posibles de medirse
en forma concreta (conseguir tantos nuevos clientes, vender tantos artículos,
llegar a fin de año con tal socio, etc. etc.)
· Organización y planificación
para desarrollar las metas propuestas.
Cada uno de estos aspectos merece
un tratamiento especial pero la idea de esta nota es plantear en forma realista
los diferentes aspectos a tener en cuenta cuando se está pensando en “levantar
la cortina” del propio negocio.
Lic. Inés Arribillaga. Psicóloga
clínica y laboral. Red de Emprendedoras
www.emprendedorasenred.com.ar
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