Hacia una nueva teoría 

 

La teoría económica tradicional nació al amparo de la producción de bienes industriales. Pero hoy, en plena revolución tecnológica, aparece como dificilmente apta analizar los nuevos fenómenos. Para Victor A. Beker, profesor de Economía de la UBA, habría que repensar ese instrumento a la luz de los desafíos de la Nueva Economía para construir una nueva teoría y su necesario correlato, una acorde política económica.

 

 

Según un informe del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, las actividades vinculadas con la tecnología de la información aportaron el 35% del crecimiento de la economía americana entre 1995 y 1998. Para 2006 dicho informe pronostica que casi la mitad de la fuerza de trabajo estadounidense se desempeñará en actividades que son o bien productoras o bien usuarias intensivas de tecnología de la información. La conclusión es que es tamos en medio de una revolución tecnológica impulsada por el procesamiento digital que está cambiando la forma en que la gente produce, se comunica, consume y descansa.

 

Si Marx caracterizó al capitalismo como conformado por "un inmenso arsenal de mercancías", hoy quizá lo habría redefinido como un "inmenso arsenal de bits". Y como los bits circulan en forma prácticamente instantánea, se convierten en un instrumento esencial del proceso de globalización. Los bits, transportados a la velocidad de la luz por las autopistas de la información, circulan por todo el mundo haciendo caso omiso de aduanas, oficinas migratorias o cualquier otro tipo de barreras.

 

Lo viejo y lo nuevo

 

Las características de las actividades que componen la Nueva Economía son sustancialmente diferentes de las de la Vieja Economía. El creciente desarrollo de lo que se ha dado en llamar la Economía Digital, Economía de la Información o Nueva Economía plantea un serio desafío para la Teoría Económica. Esta se desarrolló teniendo como referente la actividad agrícola e industrial; lo que en ella eran reglas, en la Nueva Economía son excepciones y lo que en aquélla eran excepciones, en ésta son reglas. Es como si la Nueva Economía fuera la imagen invertida de la Vieja Economía.

 

Difícilmente, pues, la teoría económica tradicional pueda ser válida para la Economía Digital. Esta requiere de un nuevo abordaje de la problemática económica. Y no debe dejar de tenerse en cuenta que aquélla representa el sector de mayor crecimiento en los últimos años en el mundo: los bienes que ella produce han desplazado a los bienes industriales como motores del crecimiento, del mismo modo que éstos desplazaron a los agrícolas durante la Revolución Industrial. El comercio electrónico tenía en 1995 un volumen de 5.000 millones de dólares; en 1998 ya había trepado a 301.000 millones. En 1996, la Internet contenía 240.000 dominios; en 1999 esa cifra era de 42 millones. El tráfico en la Internet se viene duplicando cada 100 días y se espera que en 2002 alcance los 250 millones de usuarios.

 

Vamos a señalar algunas de las características diferenciales de los productos que componen este novísimo sector asentado sobre la convergencia de las telecomunicaciones (fijas o móviles), los medios de difusión (desde la palabra impresa hasta la televisión) y la informática (programas y equipos).

 

La teoría económica tradicional prescribe que el precio debe ser igual al costo marginal (el costo adicional por producir la última unidad elaborada) ya que ello asegura que no sólo la empresa obtenga el máximo beneficio sino también que la sociedad pague por el bien sólo lo necesario para que se produzca la última unidad demandada, asegurando así que se produzca la cantidad óptima.

 

Empero, en la Economía Digital la regla es que el costo marginal sea prácticamente cero. El costo total está dominado por el costo de la "primera copia". Así, el costo total de producir un determinado programa de computación es el necesario para generarlo; luego, si se hacen 10, 100, 1.000 o 10.000 copias del mismo el costo total prácticamente no varía: el costo adicional es cero.

 

La naturaleza del problema económico ha cambiado: la inversión es independiente de la cantidad a producir. Mientras el problema microeconómico típico es definir la inversión necesaria en función del tamaño del mercado, aquí la inversión es independiente del mercado.

 

Por otro lado, si la empresa cobrara sólo el costo marginal no recuperaría los costos. Este problema no es nuevo: es similar al caso del llamado "monopolio natural", donde el costo marginal es inferior al costo unitario. Por tanto, si el precio iguala al costo marginal, será inferior al costo de producir cada unidad: la empresa sufrirá pérdidas. Pero en la teoría tradicional se considera este caso una excepción y aquí, en cambio, aparece como la regla.

 

Externalidades de red. Normalmente, cuando yo adquiero un producto sólo presto atención a su capacidad de satisfacer mi necesidad. En cambio, en muchos de los bienes que componen la Economía Digital el valor que el producto tiene para mí depende del total de usuarios que lo compran. Un teléfono me resulta totalmente inútil si yo soy el único que lo posee. Por tanto, el valor del bien para el usuario no depende tanto de las propiedades intrinsecas del bien sino de la cantidad de compradores del mismo: cuanto más extensa la red a que uno ingresa, mayor el valor del bien. Difícilmente me sea útil tener una Mac si todos aquéllos con quienes interactúo tienen una PC. Se trata de economías de escala, pero no del lado de la oferta sino del lado de la demanda. Esto imposibilita construir una curva de demanda individual que sólo relaciona el precio con la cantidad demandada por el consumidor individual como supone la teoría económica. La demanda de cada uno depende de las demandas de los demás.

 

Irreversibilidad. Una vez que se elige una cierta tecnología (PC o Mac, Windows o Linux) hay un costo —que en algunos casos puede ser significativo— si se desea revertir dicha opción. Ello implica que no necesariamente la alternativa más eficiente es la elegida sino tan sólo aquella que es compatible con la tecnología previamente elegida. De este modo, puede resultar que si uno analiza el resultado final, éste diste de ser el óptimo. Si uno pudiera reiniciar el proceso, quizá cambiaría la decisión inicial. Pero dado que hacerlo puede resultar muy costoso, uno debe conformarse con un resultado subóptimo.

 

Qwert

 

Por supuesto que en la Vieja Economía tenemos también ejemplos en tal sentido. El más conocido es el del teclado de la computadora. Hoy usamos el mismo que tenían las primeras máquinas de escribir y respondía al objetivo de evitar que los tipos se encimaran. Si bien hoy este problema no existe con las computadoras, se sigue utilizando el mismo teclado, por ser aquél al que están habituados todos los que aprendieron a escribir a máquina con ese teclado. Una decisión tomada hace más de un siglo sigue pesando aunque ha desaparecido el motivo que la generó.

 

En la Nueva Economía este tipo de cuestiones aparece de manera recurrente. Las decisiones de hoy están fuertemente condicionadas por las de ayer.

 

Por supuesto que todos éstos son fenómenos que también suelen aparecer en la Vieja Economía; pero repito: en ésta son excepciones y así los trata la teoría económica. ¿Pero puede utilizarse ésta cuando las excepciones pasan a ser la norma? Mi opinión es que la Economía Digital nos va a llevar a repensar la teoría económica. La Nueva Economía requiere una nueva teoría económica. Y, como consecuencia lógica, una nueva política económica.

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