Entrevista a Michael Hammer, consultor de empresas.

 

Autor:

Extraído de La Nación Line - 2/5/99

e-mail:

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Organización:

SLC - Sociedad Latinoamericana Calidad

País:

Argentina

Michael Hammer, consultor de empresas

Siempre dije que la reingeniería no tiene nada que ver con los despidos, pero no me escucharon

El especialista, que pregona los beneficios del cambio en las compañías, dice que quienes entendieron sus ideas como sinónimo de downsizing (reducción) lo interpretaron mal; también asegura que los gerentes son los que más sufren durante los procesos de reestructuración porque se sienten amenazados, ya que sus puestos pueden desaparecer.

Hizo de la reingeniería su propia religión y se dedica a aplicarla en grandes compañías. "Se trata de incrementar la calidad y disminuir los tiempos para acelerar las operaciones", definió Michael Hammer.

Para disgusto del consultor, en más de una oportunidad el concepto que pregona se relacionó directamente con los despidos. El sostiene que no hay relación entre ambos y que sus ideas fueron interpretadas mal. Y asegura que llegó el momento de aplicar la reingeniería "de segunda generación".

Hace dos semanas tuvo la oportunidad de exponer sus ideas en Buenos Aires. La filial local de la productora de software SAP lo invitó a participar de SAP Universe, un megaencuentro que se realizó en la Rural. La exposición de Hammer en la oportunidad fue seguida por más de 1000 empresarios de la Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia.

En diálogo exclusivo con La Nacion explicó los cambios que sufrió el concepto de reingeniería de negocios y se animó a darles consejos a los empresarios argentinos.

-¿Su definición de la reingeniería es la misma hoy que en la década del 80?

-Sí, y estoy complacido de tener la misma visión que cuando comencé. Desafortunadamente algunas personas usan una definición diferente de la mía. Para mí es buscar la mejor manera de hacer que las compañías funcionen. Para otros, se trata de downsizing, (achique) de despidos. La mayoría de los proyectos de reingeniería no implica despidos, sino que se trata de incrementar la calidad y disminuir los tiempos, acelerar las operaciones. Esta fue mi visión desde el principio. Sin embargo, he aprendido algunas cosas desde entonces; por ejemplo, que la parte más difícil de la reingeniería es la relacionada con la gente. Porque se puede tener la mejor tecnología y las mejores ideas, pero si no se lidera a la gente y se la ayuda a superar el cambio, no habrá éxito.

-¿Se arrepiente de no haber puesto énfasis en señalar que reingeniería no tiene nada que ver con downsizing?

-Cuando empecé nunca se me hubiera ocurrido que la gente confundiría estas dos cosas, sobre todo porque la mayoría de los downsizing no funciona, deja ir a la gente y luego toma más. Desde que escuché por primera vez a la gente confundir reingeniería con downsizing hablé hasta el cansancio tratando de aclarar esto. Yo no lamento no haber puesto el énfasis suficiente, lamento que no me hayan escuchado bien.

-¿Es posible que las organizaciones aprendan?

-Sí, las compañías que comenzaron la reingeniería hace diez años no tenían de quién aprender, tenían que inventarse a sí mismas. Pero ahora eso no es tan eficiente, ya que mucha gente aprendió cómo se hace; lo inteligente es seguir su ejemplo en lugar de reinventar la rueda. Eso hace mi compañía, les enseñamos a las organizaciones los principios y técnicas de la reingeniería para que ellos se reinventen a sí mismos.

-Cuando usted comenzó a hablar de reingeniería, ¿qué sector empresarial fue el más receptivo?

-Creo que fueron cambiando a través del tiempo. Los sectores con mayor competencia y que enfrentaban grandes cambios fueron los más abiertos. En los Estados Unidos, por ejemplo, el primero fue el automotor, porque hace 10 años estaba bajo la presión de la industria japonesa y las empresas norteamericanas se preguntaban si sobrevivirían, porque habían probado de todo y no obtenían resultados. Eventualmente probaron la reingeniería y se salvaron. Después les llegó el turno a las compañías de productos electrónicos, de semiconductores y de computadoras. Luego las telecomunicaciones, que fueron desreguladas hace diez años. Y ahora, en los Estados Unidos, es el turno del mercado de la electricidad, que está atravesando un gran cambio.

-¿El proceso es igual en Europa y en América latina?

-En Europa, en general, ha sido similar a los Estados Unidos, pero en América latina percibo un orden diferente. Las compañías eléctricas de aquí se están moviendo más rápido que allá debido a las privatizaciones, que son una gran fuerza para la reingeniería. Y un tema importante es la cultura nacional de los negocios; cada país toma la reingeniería más lenta o agresivamente, dependiendo del estilo y la cultura del país y de la empresa. En Alemania, por ejemplo, ha sido muy lenta la implementación de la reingeniería porque fue un gran cambio para el estilo de management de las grandes compañías. En México, la cultura es muy receptiva a este proceso, también en Venezuela, y creo que en Brasil y en la Argentina pasa lo mismo. En estos países hay menos historia para olvidar, porque cuando se ha venido haciendo las mismas cosas por 100 años, es difícil cambiar.

-¿A qué area de la empresa se ataca primero cuando se emprende la reingeniería?

-Eso varía de empresa en empresa, pero hay dos áreas importantes: una es la relacionada con los clientes, sobre todo en la forma de llenar los pedidos en el sector de servicio al cliente, y la otra es atacar el área que está funcionando peor, que a veces es la financiera y a veces es la manufactura. De todas formas, más de la mitad de las organizaciones empieza por la atención al cliente.

-Desde el punto de vista de los recursos humanos, ¿para quién es más difícil atravesar este proceso?

-Para todos, porque se cambian trabajos, responsabilidades y relaciones. De todas maneras, creo que a los ejecutivos les resulta más difícil porque sus trabajos son los que más cambian. Y porque luego de una reingeniería no se necesitan tantos gerentes y deben enfrentar nuevas tareas. La gente que está "en la trinchera" generalmente se preocupa un poco, pero finalmente es entusiasta. Ellos ven la necesidad del cambio y también las oportunidades.

-¿Se puede aplicar la reingeniería más de una vez?

-Por supuesto. Hay toda una nueva generación de reingeniería que está comenzando ahora. Incluso las compañías que cumplieron el proceso en los últimos cinco o diez años están comenzando otra vez. Y la fuerza detrás de esta generación es Internet. Porque aunque trabajen muy bien, las empresas no están listas para que los clientes accedan a ellas por la Red. Las compañías todavía no están en condiciones de proveer precios, disponibilidad y posibilidad de ordenar por Internet. Todo lo que se hizo hasta ahora no es suficiente y hay que empezar de nuevo.

-¿Cree que en los próximos años va a haber un mercado para unas pocas grandes compañías, o las pequeñas tendrán lugar?

-Las pequeñas compañías tendrán enormes oportunidades y les llegarán de la mano de Internet. Antes de la explosión de la Red, para vender había que construir toda una estructura de marketing y ventas para buscar al cliente. Ahora el cliente busca a la empresa tipiando www y el nombre de la compañía. Y las pequeñas compañías pueden competir con las grandes porque tienen igualdad de oportunidades. El mercado está ahí, para el que llegue primero.

El coleccionista de libros

 

"Competir no implica bajar sueldos"

La reingeniería implica un gran cambio pero los resultados no son inmediatos. Según Hammer, "no se hace de un día para el otro, algunos resultados se obtienen rápidamente, en pocos meses, pero para diseminarlos en toda la compañía se puede tardar años, especialmente en una gran empresa". Consultado sobre la propuesta que levantó polvareda entre los economistas argentinos, el consultor fue al grano: -El economista Ricardo López Murphy sugirió hace poco bajar los sueldos de los empleados públicos y privados en un 10% para ayudar al país a salir de la crisis.

¿Qué opina de este tipo de medidas?

-(Despliega una ancha sonrisa) Trato de no discutir nunca con los economistas. Pero en mi opinión, para competir, la mejor manera de eliminar costos no es recortar salarios, sino eliminar el trabajo innecesario. La mayoría de las compañías que conozco gastan enormes cantidades de dinero en actividades no productivas. Se debe encontrar esas actividades y eliminarlas, así la compañía será mucho más productiva sin reducir salarios. También hay grandes oportunidades de ahorro en la reducción de niveles de inventario, en implementar técnicas de compra. Es muy fácil cortar costos entre el 1 y el 5% fácilmente. Hay muchas oportunidades para explorar antes de comenzar a cortar salarios.

-¿Tiene alguna recomendación para las empresas argentinas?

-Yo les haría sólo una recomendación: el mercado que deben buscar no es la Argentina ni el Mercosur ni América latina. El mercado debe ser el mundo. Hoy ya no existe el mercado local, y a menos que las empresas compitan en el escenario mundial, no tendrán futuro. Las fuerzas de la competitividad global están aquí y no cambiarán. Creo que la Argentina tiene un enorme potencial, con grandes recursos naturales y humanos. Si se reúnen esos recursos, el país puede transformarse en un jugador mundial.

-Si el país tiene todos estos recursos, ¿por qué no está ahora entre los jugadores mundiales?

-Como en otros países que tienen las mismas capacidades que el suyo y no las han utilizado completamente, creo que se trata de una cuestión de prioridades: qué cosas son más importantes para la gente y los líderes de cada país. Si la política interna es la mayor prioridad de un país, es difícil que la competitividad internacional encuentre su lugar. Esa es la forma más delicada en la que puedo responderle (risas).

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