Silvio Trotter, de la
Universidad La Sapienza, dice que la educación a distancia ayudará a aumentar
la productividad.
TROTTER. Para este profesor
italiano, "el auge de Internet tendrá efectos democratizadores".
Silvio Trotter es profesor de la
Universidad La Sapienza, una de las más prestigiosas de Italia, y director
general del sistema interuniversitario especializado en educación a distancia
"For.com", que reúne a las universidades de ese país.
La semana próxima estará en la
Argentina para hablar de la Capacitación corporativa del nuevo milenio,
invitado por Trainet Web Education Company, del grupo Telecom Italia. En
exclusiva, anticipó a Clarín algunos de los temas que abordará.
—¿Cree usted que la educación
a distancia es más democrática?
—El desarrollo de la educación a
distancia amplía sensiblemente la cantidad de usuarios a los que se puede
llegar, permitiendo que accedan a la instrucción personas que no pueden obtener
educación presencial. Además, siempre que la escala de la iniciativa o la
existencia de aportes económicos externos influyan positivamente en los costos,
se crean las condiciones para llegar, inclusive, a las franjas menos pudientes.
Naturalmente, el fenómeno de Internet representa un incentivo más en este
sentido, con la condición de que se favorezca su desarrollo a nivel individual.
—¿Cuáles fueron las etapas
principales en el desarrollo de este sistema?
—Aun antes de la revolución que
significó Internet, la educación a distancia ya había evidenciado, en la última
década, un marcado desarrollo, después de un período de relativa crisis durante
los 20 años anteriores. Inclusive en los países con más tradición en esta
modalidad educativa (Australia, países Escandinavos, Inglaterra y Estados
Unidos), la suerte de la "distance learning" osciló entre momentos
altos (años 50 y 60) y momentos de crisis (hasta los años 90). A mi criterio,
esto se debió más a la evolución de los ciclos de la economía y al consiguiente
desarrollo social y cultural que a la disponibilidad de nuevas y poderosas
herramientas de comunicación.
—¿Qué enseñanzas extrajo de
todos estos años?
—El progreso tecnológico a menudo
opacó la importancia de la innovación dentro de las metodologías didácticas. Me
explico: existe una cierta tendencia a vehiculizar viejos contenidos a través
de los nuevos canales de comunicación, utilizando métodos antiguos. Este es un
grave error que se paga con el fracaso de la propuesta educativa y la
consiguiente desconfianza en el sistema. Las nuevas herramientas tecnológicas
ofrecen nuevas posibilidades y gana el que es capaz de hacer un esfuerzo de
inventiva y reconversión de los contenidos y de la propuesta pedagógica.
—¿Usted cree que la formación no presencial llegará a
desarrollarse dentro de las grandes corporaciones y en la administración
pública?
—No tengo dudas al respecto, ya
que sus principales ventajas son la economía de costos y el potenciamiento en
la circulación de mensajes e ideas. Con Internet las empresas disponen de una
herramienta poderosa para aumentar su productividad a través de la capacitación
permanente.
—¿Cómo puede ayudar la formación permanente y a distancia
en el proceso de modernización industrial?
—Es fácil pronosticar que el
futuro inmediato se jugará entre aquéllas empresas que sabrán aprovechar las
posibilidades ofrecidas por la "red de las redes" en materia de
capacitación y otras que perderán tal ocasión de crecimiento. Este es un
proceso muy avanzado que tanto en Italia como en el resto de Europa está
liderado por las universidades más prestigiosas y por diferentes consorcios
universitarios (entre ellos el "For.com") con más de una década de
experiencia en este campo. En Italia, entre las empresas líderes se distingue
el Gruppo Telecom Italia, a través de sus empresas especializadas en la
educación por Internet que están a la avanzada en materia de comunicación y
desarrollos tecnológicos aplicados.
—¿Qué futuro le ve a la formación por Internet dentro de
las empresas?
—El escenario que viene
perfilándose le asigna a Internet un papel principal en el desarrollo de las
empresas en los próximos años, a condición de que éstas sepan utilizar
adecuadamente sus grandes potencialidades. Es indispensable que se produzca un
replanteo profundo de la metodología de capacitación: tanto los contenidos,
como la estructura pedagógica de los cursos y las herramientas tecnológicas que
se utilizan han cambiado y ésto nos obliga a producir cambios estructurales.
—¿Cualquiera puede aprender a través de una computadora?
—Lamentablemente los medios de
comunicación tienden a presentar las posibilidades que ofrecen las nuevas
tecnologías como algo desalentador para las categorías sociales más
carenciadas. Además, los fabricantes tienden a descuidar el problema de la
simplificación del uso, pese a que los favorecería comercialmente. Sin embargo,
las cosas parecen estar mejorando. La edad no es, a mi criterio, un problema
para acceder; por lo menos no lo es en la medida en que no afecte la
motivación.
—¿Qué les responde usted a los que critican estos métodos
por la falta de interacción y deshumanización?
—Las ventajas de la formación a
distancia se aprecian en las situaciones en las cuales la formación presencial
ofrece dificultades prácticas en su aplicación. He observado mucha retórica en
este tipo de objeciones, que desconoce que, muy a menudo, la interacción en las
aulas escolares y universitarias es nula, mientras que es posible que exista
mucha riqueza en el intercambio virtual, donde todos hablan con todos,
comparten las actividades y participan en seminarios y simulaciones, a menudo
mucho más realistas que las que se presentan en las multitudinarias aulas de
las facultades de las metrópolis occidentales.
—¿Cree que el desarrollo de Internet profundiza las
diferencias de clase?
—No creo que haya motivo para preocuparse: tengo confianza en que los fabricantes de tecnología nos convencerán a todos de que compremos de todo.