¿El empleo fijo está en extinción?
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Autor: |
Roberto Andrés González
Osores |
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e-mail: |
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Organización: |
Metrocom S.A. |
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País: |
Chile |
El
prototipo de los profesionales del siglo XXI son hombres que se administran a
sí mismo como si fuesen una empresa que se relacionan con las organizaciones,
ya no como empleados, sino como proveedores de talento, no de tiempo.
Según
los entendidos, esta metamorfosis responde a una profunda transformación que
está experimentando la sociedad. Partió en Estados Unidos a comienzos de la
década de los 90, siguió en Japón, luego en Europa y de ahí, al resto del
mundo. Tan profunda es esta transformación que ya no se habla de una época de
cambios sino de un cambio de época.
“Estamos
pasando de una sociedad industrializada a la sociedad del conocimiento y la
información”, asevera el ingeniero comercial Fernando Vigorena, profesor del
MBA de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile y Director Ejecutivo
de Entrepreneur Consultores. “Ahora el principal patrimonio son las neuronas
activadas de la gente, no las máquinas”.
En ese
marco, la producción pasa a ser un tema secundario y lo que se valoriza es el
servicio. “Producir bienes es ahora muy fácil, así es que los países
desarrollados ya no son aquellos con mayor industrialización, sino los que
tienen un alto porcentaje de empresas de servicios. Es el caso de Estados
Unidos: casi el 70% de lo que hace es servicio; sus productos se mandan a hacer
a otros países, porque lo importante para ellos es lo que está incorporado al
producto”, dice Vigorena. Haciendo un paralelo, explica que lo mismo sucede con
un computador: la caja no es lo que vale, sino el intelecto comprometido en el
aparato.
Desde luego,
esta revolución del conocimiento determina un cambio en la estructura de las
empresas, con especial efecto en el empleo. “Tradicionalmente la sociedad
industrial fue la generadora de ocupaciones, pero como eso es historia, la
tendencia ahora es que hayan menos empleados”, asegura Vigorena. “Para mantener
la competitividad ante un mercado que desea productos y servicios cada vez más
baratos, las empresas están dejando de lado el contrato social que las obligaba
a dar empleo fijo”.
Coincide
con él su colega Gerson Volensky, socio de Surlatina & Horwath y profesor
de la Universidad Adolfo Ibañes. “Efectivamente, estamos transitando desde el
concepto de empleo estable y seguro hacia la idea de trabajo. En los últimos
años, las empresas se han ido aplanando estructuralmente, desapareciendo muchos
niveles. Además, se han desagregado: las grandes corporaciones han dado paso a
estructuras más reducidas, a unidades más pequeñas de gestión”.
A este
cambio estructural contribuye también, cada vez con mayor fuerza, el
“outsourcing”, práctica que consiste en subcontratar aquellas funciones en las
que la empresa no es especialista. Así, muchos empleados que antaño cumplían
esas tareas, pasan a formar parte de los proveedores externos de la empresa.
“Por lo tanto, ya no hay empleo, pero sigue habiendo trabajo”, insiste
Volenski.
Este
tránsito hacia el auto empleo tiene un evidente efecto en cuanto al vínculo
legal con la empresa, lo que ha desencadenado, en todos los países, una presión
por flexibilizar las leyes laborales.
En el
plano sicológico, también hay una repercusión importante. Antes, las
perspectivas de un trabajador eran las de pasar una buena cantidad de años
haciendo carrera en una gran empresa. “Hoy eso es casi impensable. La gente no
se planifica para períodos tan largos, porque se ha producido una
desvinculación sicológica con la empresa”, señala Volenski. Esto explica que el
promedio mundial de cambios de empleo por persona sea de 8 a 10, según cifras
entregadas por el ejecutivo de una empresa aseguradora, que prefirió omitir su
nombre.
Lo
anterior redunda en los procesos de selección de personal. “Antes solía tener
mejor aceptación una persona que permanecía muchos años en un cargo, porque se
la consideraba estable. Hoy es absolutamente normal que profesionales y
ejecutivos tengan tasas de cambio relativamente frecuentes”, afirma Volenski.
Además
de este nuevo tipo de relación laboral, se prevé un aumento de los teletrabajos
o trabajos a distancia (por ejemplo desde el domicilio); de las ventas directas
puerta a puerta o en reuniones tipo “house-party”; del comercio electrónico; de
la prestación de servicios part-time, etc…Pero sobre todo, se espera una
multiplicación de “profesionales de portafolio” que venden sus habilidades en
forma autónoma a varios clientes.
·
Asumir las lagunas (falta temporal de trabajo) como
parte de mi· vida
laboral y, cuando tenga una ocupación estable, ahorrar dinero para afrontarlas.
·
Determinar cuáles son mis competencias y
fortalecerlas.
· Educar
mis habilidades personales, en particular aquellas que son transportables (por
ejemplo los idiomas, la computación, la contabilidad, etc.) porque ellas me
hacen más empleable.
· Desarrollar
una red de contactos (network). Esta·
práctica se enseña hoy en las universidades norteamericanas y consiste en
invertir parte del tiempo libre compartiendo con iguales de otras empresas,
para explorar lo que pasa en el mercado y mantener vínculos de mutua ayuda.
· Concentrar
esfuerzos en adquirir características básicas para enfrentar lo que viene:
flexibilidad y tolerancia a los cambios; capacidad de trabajo en equipo;
comunicación asertiva.
· En
cuanto a mi renta, asumir riesgos, ofreciendo asociar ingresos a logros.
Extracto de artículo publicado
por la
Revista DESAFIO, Nov./Dic. 1999
Hacia una Nueva Cultura
Empresarial
Santiago de Chile