Capital Intelectual: Las Raíces Ocultas del Valor de las Empresas

 

por Fernando Vigorena

 

La mayor industria de calzados deportivos del mundo, Nike, no tiene fábrica. La librería de mayor crecimiento en el mundo, Amazon, no tiene un metro cuadrado de tienda. La Lotus fue vendida a la IBM, por quince veces su valor patrimonial. La filial americana de la Nokia vende US$ 200 millones con cinco empleados. La Microsoft vale en Bolsa cien veces el valor de sus activos tangibles. 0 sea, 99% del valor de una de las más importantes empresas del mundo no está regido por los patrones tradicionales contables.

 

La verdad es muy simple. Cada día que pasa, los activos intangibles de las organizaciones asumen mayor importancia en relación a los valores reales. Esto exige nuevas formas de planificación, desarrollo y constituye todo un desafío para la técnica contable. La administración tradicional, aquella del organigrama jurásico y burocrático, está en crisis. Sigue dedicando mucho tiempo a un recurso que cada vez tiene menos importancia y muy poco tiempo al verdadero valor en las organizaciones modernas: su inteligencia competitiva o, usando una expresión más contable, sus activos intangibles, nominales, transitorios o de orden.

 

En los últimos dos años le he preguntado a los participantes de mis seminarios y charlas, ¿cuál es la relación entre el valor real de sus organizaciones y el patrimonio líquido que está contabilizado en el balance patrimonial? Y he llegado a la conclusión dramática de seis a uno. En otros términos, esto significa que el patrimonio contabilizado (activos tangibles) de estas organizaciones vale apenas 15% de su valor total. El 85%, por lo tanto, lo representan los "activos intangibles no contabilizados".

 

Ahora hágase otra pregunta, considerando la realidad chilena: ¿Los 15% están controlados?. Sí, y por un batallón de funcionarios: contadores, analistas financieros, controllers, auditores, Servicio de Impuestos Internos, Superintendencia de Valores, etc.

 

Pregúntese ahora, ¿quién controla el 85% restante? ¿Existe alguien que se preocupe con esta brutal diferencia entre valor real y valor contable? Pues, no. No hay nadie.

 

¿Le ha tocado leer últimamente algún balance o informe financiero? Pues cada día estos demostrativos ya no ofrecen información lo suficientemente válida para la toma de decisiones. Ni las expresivas notas de los auditores, ni las cursivas y negritas de los textos logran esclarecer la información de los balances patrimoniales, tanto para saber si se trata de una empresa joven emergente en campaña de conquista del mundo, o una tradicional organización que está por desaparecer en un hoyo negro de la competencia.

 

La respuesta es que el modelo tradicional de contabilidad financiera, que aún reina con tanto brillo durante medio milenio, no está consiguiendo acompañar la revolución que enfrentan los negocios en la era del conocimiento.

 

Al igual que los organigramas, brochures institucionales y manuales operativos, los estados financieros de las grandes empresas se muestran cada vez más estáticos y obsoletos para representar el verdadero valor de las empresas. Su validez en la era industrial no merecía dudas, pero ahora se cuestiona su utilización como principal medio de evaluación económico-financiero.

 

En realidad, actualmente no tenemos idea cuáles empresas, grandes o pequeñas, nuevas o antiguas, poseen capacidad organizacional sustentable.

 

¿Cómo se Mide el Capital Intelectual?

 

El valor de una empresa, medida por sus activos tangibles, tales como máquinas, fábricas, terrenos e instalaciones, no ofrecen ya una guía real sobre la capacidad de competitividad actual o el potencial de utilidad futuro de una empresa. ¿Cómo será posible entonces registrar en los nuevos y complementarios Estados de Capital Intelectual, valores tan importantes como la capacidad innovadora y emprendedora, la lealtad de los clientes hacia una empresa determinada, el valor de las personas, los índices de empowerment o quizá el coeficiente representativo del talento de la gente en función de sus ventas?

 

Esta fórmula significa que el Capital Intelectual de una empresa es igual a su valor de mercado menos el valor contable. De otra manera, el capital intelectual sería la medida por la cual esos activos y pasivos intangibles, pueden ser convertidos en retornos financieros para la empresa. Esto nos lleva a concluir una cuadratura de partida doble, en que una empresa moderna, mientras más invierta en su futuro, menos será su valor contable.

 

Otro factor importante es que los focos culturales y el conocimiento pasan a ser ligados entre sí, generando sinergía en la información y cognición, permitiendo el inicio en la creación de hechos nuevos en cada negocio. Además de retener e interactuar, la información, los seres humanos pasan a tener la capacidad de crear ideas de vanguardia, las cuales serán -efectivamente- los factores de diferenciación competitiva de cada organización.

 

Como conclusión, es posible observar los primeros Estados de Capital Intelectual que ya se han presentado en el mundo, junto a los Estados Contables y verificar además los dolores de cabeza que ya están pasando los agentes financieros para valorar las empresas. En síntesis, los números son un pobre sustituto de la imaginación, de la intuición, el juicio, el pensamiento crítico y la creatividad.

 

Según los expertos, la partida doble contable de Luca Pacioli es el resultado del matrimonio entre las matemáticas árabes y el uso del papel en Europa en la Edad Media, mientras que el Capital Intelectual es hijo del matrimonio entre las redes electrónicas globales y el pensamiento. 

 

Fernando Vigorena Pérez

[email protected]

 

Ingeniero Comercial

Director

Escuela de Ciencias Empresariales

Universidad Autónoma del Sur

TEMUCO-CHILE

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