NEGOCIOS DE COMMODITIES

André: el fin de un imperio 

 

El quinto trader de cereales del mundo, que edificó su riqueza con la venta de granos argentinos, está pagando el costo de su celoso manejo familiar.

JEREMY GRANT Y ADRIENNE ROBERTS.

 

 

Cuando un headhunter lo buscó para que se hiciera cargo de André & Cie, el quinto trader de granos del mundo, Frederic Sauerlander sabía que lo que tenía por delante era una exhaustiva reestructuración.

 

Después de décadas de control patricio por parte de la reservada familia André, la empresa suiza había perdido el rumbo. Las previsiones por créditos y riesgos eran muy laxas, y en los mercados de granos se comentaba que el grupo había quedado con deudas enormes después de un trading de soja en Chicago en 1999 que había resultado un fracaso total. Las pérdidas combinadas de 1999 y 2000 llegaron a los 500 millones de dólares, de los cuales 200 se debieron a ese negocio.

 

Pero cuando Sauerlander desembarcó el año pasado en Lausana, en la sede central de la empresa de 123 años, los problemas habían alcanzado dimensiones alarmantes.

 

Finalmente, después de que 43 bancos retiraron su apoyo por 400 millones de dólares en líneas de crédito, el grupo de propiedad familiar se vio obligado, el mes pasado, a solicitar protección ante los acreedores. Ahora Sauerlander debe ocuparse del doloroso trámite de ir desmantelando por partes el grupo y vendiendo los activos que aún le quedan.

 

 

 

En el granero del mundo

 

El ascenso de André en el negocio mundial de los commodities tiene muchos rasgos de la clásica historia de esfuerzo, ambición y obsesión por el éxito de una familia que no confiaba en los extraños y estaba decidida a mantener sus tradiciones.

 

Georges André fundó la empresa en 1877, en un pequeño almacén en Nyon, a orillas del lago de Ginebra. Empezó con la importación de granos, alimentos oleaginosos y pastas italianas a Suiza; pero en los años treinta llegó a dominar las importaciones de granos desde la Argentina (donde el grupo opera con el nombre de su controlada, La Plata Cereal).

 

Después de la segunda guerra mundial, la empresa se expandió por el Medio Oriente, Africa y Asia, con el comercio de arroz, cacao y café; y llegó a su punto más alto hacia fines de los ochenta, con actividad en setenta países e ingresos anuales estimados en 10.000 millones de dólares.

 

Pero la caída del bloque comunista del Comecon y la posterior crisis financiera asiática de 1997 los tomaron desprevenidos. "Todo el entorno comercial había cambiado", dice Sauerlander.

 

"La empresa solía basarse en relaciones de larga data con los países del Comecon. Y conocía Brasil y la Argentina a la perfección, gracias a sus contactos personales. Pero ahora todo había cambiado. Además, con Internet, la información quedaba mucho más al descubierto. Demasiada gente tenía las cosas demasiado facilitadas en ese ambiente tan protegido."

 

Aunque desde comienzos de los años noventa se habían hecho discretos llamados al cambio desde dentro de la empresa, la familia se negaba a admitir esa posibilidad. Probablemente tampoco ayudaba mucho que los André pertenecieran a una secta protestante, los darbistas.

 

Y la familia nunca hablaba de la empresa en público. Pero hace unas semanas, Henri André, de 62 años, nieto del fundador y actual presidente del grupo, rompió la tradición y aceptó una entrevista con la revista suiza L''Hebdo. En ella, culpa a su padre de que el grupo no se reformara: "Para él, la reestructuración hubiera significado renunciar a todo lo que él y su padre habían construido".

 

Un experto de la industria coincide con él: "André nunca aceptó el consejo de sus banqueros, que hace años le sugirieron elegir un directorio adecuado, incorporando profesionales. No podía admitir que ellos ya no podían manejar una empresa internacional de muchos miles de millones de dólares como si siguiera siendo una simple firma familiar".

 

A Henri le tocó iniciar el proceso que condujo a la llegada de Sauerlander a la dirección del grupo. Pero cuando el ex ejecutivo de la empresa suiza de inspecciones SGS llegó, la situación con la que se encontró fue mucho peor de la esperada.

 

"Me encontré con que inmediatamente tenía que hacer previsiones por 150 millones de dólares para limpiar el balance. Además, no había liderazgo ni cultura del trabajo", dice. Tampoco se estaban haciendo previsiones para las pérdidas financieras, y los negocios regionales —en particular, en la Argentina— estaban operando sin rendir demasiadas cuentas a la sede central.

 

De todos modos, Sauerlander impulsó una reestructuración que, según esperaba, debía conducir a la creación de "una nueva André".

 

Pero su éxito dependía del apoyo de los bancos acreedores, y, cuando éstos no aceptaron los términos de una tregua crediticia el mes pasado y la familia André no pudo reunir el capital necesario para el acuerdo, la reestructuración fracasó.

 

El grupo sigue en conversaciones con Bunge International de los Estados Unidos, con respecto al futuro de parte de sus activos en Sudamérica, y hace un par de días vendió sus operaciones en Asia al grupo Noble, con sede en Hong Kong. Se supone que los administradores designados por la justicia recomendarán el desmantelamiento del grupo para fines de este año.

 

Traducción de Caludia Gilman

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