Esta semana se discutirá en
Buenos Aires, a nivel técnico, la creación del Area de Libre Comercio de las
Américas (ALCA). A fin de mes, en Quebec, los presidentes rubricarán lo
acordado. Uziel Nogueira, economista del BID/INTAL, se pregunta si América latina
firmará un acuerdo sólido, que desmantele subsidios y barreras no arancelarias
o sólo una baja de derechos que favorezcan a las economías más avanzadas.
Uziel Nogueira
Buenos Aires será sede de un
evento trascendente para los 200 millones de habitantes del Mercosur los días 5
y 6 de abril: la reunión ministerial de 34 países del hemisferio —excluido
Cuba— que negocian la formación del Area de Libre Comercio de las Américas
(ALCA). En esta reunión se discutirán los aspectos técnicos del acuerdo sobre
el que basará la futura área de libre comercio.
Luego de la reunión de Buenos
Aires, los presidentes y jefes de estado se reunirán los días 20 y 22 de abril
en Quebec, Canadá, para aprobar el acuerdo base que hayan alcanzado sus
ministros.
¿Cuándo entramos?
Uno de los puntos importantes de
la agenda de Quebec será la fecha de entrada en vigor del ALCA. Por un lado
existe la propuesta chilena —apoyada por Estados Unidos y Canadá— de anticipar
la entrada en vigor del área de libre comercio para 2003. Por otro lado, Brasil
plantea respetar el calendario aprobado en negociaciones previas, que establece
el año 2005 para la entrada en vigencia de los acuerdos que se alcancen. Las
reuniones de Buenos Aires y Quebec son la culminación de un exitoso trabajo
llevado adelante por grupos técnicos apoyados por el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de
naciones Unidas (CEPAL) y la Organización de Estados Americanos (OEA), que
posibilito disponer de un acuerdo base en un período relativamente corto.
A partir de Quebec se iniciara la
fase de negociaciones propiamente dicha, a partir de la cual el Mercosur deberá
poner sobre la mesa exigencias y concesiones comerciales de acceso al mercado
norteamericano, canadiense y mexicano. Desde la perspectiva del Mercosur, dos
puntos de las negociaciones son claves para un acuerdo equitativo: las barreras
no arancelarias y la política de subsidios agrícolas. Para entender la
importancia de estos puntos, es necesario analizar la génesis del Acuerdo de
Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por su sigla en inglés).
La idea del ALCA se originó luego
de la entrada en vigor del NAFTA, en enero de 1994, momento en el que Estados
Unidos y Canadá incorporaron a México en su proceso de integración económica.
Básicamente, la idea original fue hacer extensiva a los demás países
latinoamericanos y caribeños la posibilidad de asociarse al NAFTA. Un
importante factor, tomado en cuenta por los proponentes de un área de libre
comercio hemisférica, fue la implementación de reformas económicas
estructurales en la región bajo lo que se ha dado en llamar el "Consenso
de Washington-Wall Street". Estas reformas lideradas por el Fondo
Monetario Internacional y el Banco Mundial estaban dirigidas a la privatización
de empresas públicas, el estricto equilibrio fiscal, la apertura unilateral del
comercio exterior y la remoción de los controles sobre los flujos de capitales
financieros externos. En aquel momento, Argentina y Brasil iniciaban sus
reformas económicas con las administraciones de Carlos Menem y Fernando Collor
de Mello.
Un factor trascendente del NAFTA,
que pasa desapercibido para muchos, fue el cambio de filosofía política de los
acuerdos de integración. Hasta ese momento, el modelo de integración económica
prevaleciente era el representado por la Unión Europea, con fuertes componentes
de solidaridad entre sus miembros y políticas que favorecían la libre movilidad
de los trabajadores y la transferencia de recursos financieros de los países
más ricos hacia los más pobres. De este modo, Irlanda, Portugal y España
—países económicamente atrasados hasta entonces— tuvieron la posibilidad de
ingresar al club de los países ricos europeos. En este sentido, el NAFTA
representa un cambio fundamental de óptica. Por primera vez, un país
subdesarrollado aceptó un acuerdo de integración con economías más avanzadas
sin recibir ningún tratamiento diferenciado, ya sea en materia financiera o
económica. Así, México se transformó en el primer país latinoamericano que
aceptó el nuevo modelo de integración económica y de libre comercio que se
plantea en estos días para los demás países del hemisferio, a través del ALCA.
La evaluación de los resultados
que obtuvo México del NAFTA depende de la escuela de pensamiento o la posición
que se escoja. Para los defensores del acuerdo, México obtuvo los beneficios
del libre comercio; ésto es, logró aumentar sus exportaciones al mercado
norteamericano hasta alcanzar el 80% del total de sus ventas externas. Para los
críticos, las limitaciones del NAFTA son propias de los acuerdos de libre
comercio: primero, la ausencia de mecanismos de transferencia de recursos
financieros desde EE.UU. y Canadá que permitan mejorar la infraestructura
mexicana, una condición que se considera fundamental para aumentar la
competitividad de su economía y disminuir la brecha de desarrollo económico
interna (entre las provincias del norte y las del sur) y la externa (entre los
socios del NAFTA). Segundo, el tratado de libre comercio no contiene una
cláusula que permita a los trabajadores mexicanos trabajar legalmente, algún
día, en Estados Unidos y Canadá.
El contexto de las reuniones de
Buenos Aires y Quebec en 2001 es muy distinto del optimista que existía en 1994
cuando tuvo lugar, en Miami, la primera cumbre hemisférica. En Estados Unidos
la administración de George Bush enfrenta dificultades para conseguir del
congreso la autorización del "fast track" —instrumento fundamental
para afianzar las negociaciones—, según el cual el Congreso puede aprobar o no
el acuerdo comercial sin poder hacer enmiendas en el mismo. Otro factor es la
creciente resistencia política en Estados Unidos y Canadá por parte de varios
grupos organizados contra el proceso de globalización, principalmente el ALCA,
lo que podría generar fuertes manifestaciones durante la cumbre presidencial de
Quebec.
A nivel de los países del
Mercosur, hay dudas sobre los beneficios de un futuro libre comercio en las
Américas que tenga como modelo al NAFTA. Las dudas surgen del hecho de que el
núcleo de las negociaciones del NAFTA estuvo dirigido a remover los altos
aranceles a la importación vigentes en México, junto con los bajos aranceles
existentes en Estados Unidos y Canadá. Por otra parte, Estados Unidos y Canadá
no tuvieron que modificar ni una coma sus vigorosas legislaciones en materia de
protección comercial o cambiar sus políticas de subsidios agrícolas y, en
algunos casos, industrial.
De utilizarse el modelo del NAFTA en las negociaciones del ALCA, se trataría de eliminar los aranceles relativamente más altos del Mercosur en relación a los aranceles más bajos de Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, las mayores restricciones de acceso a los mercados norteamericano y canadiense no son arancelarias sino barreras no arancelarias como las cuotas, la aplicación proteccionista de legislación anti-dumping, los controles fitosanitarios y las políticas de subsidios agrícolas. ¿Estarán Estados Unidos y Canadá dispuestos a revisar sus barreras no arancelarias y los subsidios agrícolas en un acuerdo comercial regional? Durante la cumbre de Quebec se sabrá si los países latinoamericanos y caribeños pueden soñar con un ALCA que resulte ventajoso para ellos.