por
Ing. Guillermo Zeger Moro
En
la actualidad cuidar nuestra carrera significa estar en perpetuo movimiento.
Nuestra
organización estará en constante "re-formación", cambio y
flexibilización para adaptarse a nuestro mundo en constantes cambios
vertiginosos. Esta es la única manera en que se puede esperar sobrevivir en
este medio de competencia feroz. Esperamos su reestructuración, reducción,
subcontratación y formación de nuevas alianzas.
También
podemos esperar formas flexibles de trabajo. Las obligaciones se verán
constantemente reorganizadas. Las misiones breves serán más comunes. Tal vez
trabajemos por contrato, o pasemos tiempo en varios equipos de proyectos, hasta
podríamos terminar trabajando para más de un "empleador" a la vez.
Probablemente tendremos un equipo siempre nuevo de compañeros de trabajo, más
jefes nuevos, hasta nuevas carreras. Algunas de estas cosas no nos van a
agradar. Probablemente a nadie le va a agradar todo esto.
Pero
eso es irrelevante. La cuestión es, ¿seguiremos con el programa de todos modos?
Es
necesario saber que la resistencia al cambio es casi siempre un callejón sin
salida. Las oportunidades de carrera vienen cuando nos alineamos inmediatamente
con las nuevas necesidades y realidades de la organización. Cuando tenemos los
pies livianos. Cuando demostramos alta capacidad de ajuste. Las organizaciones
quieren gente que se adapte "rápido" no aquellos que se resisten o se
"desenchufan" psicológicamente.
Es
cierto, el cambio puede ser doloroso. Cuando daña carreras aparecen
naturalmente emociones como dolor, el enojo y la depresión, que hacen difícil
que la gente sea productiva. Pero el ser un artista del cambio rápido puede
mejorar nuestra reputación, mientras que resistir el cambio puede arruinarla.
La movilidad nos hace miembros valiosos del grupo.
Esforcémonos
por una recuperación rápida. Una alineación instantánea. Asumamos una
responsabilidad personal por adaptarnos al cambio, tal como lo haríamos si
aceptáramos un nuevo empleo con un nuevo empleador.
Esta
actitud es necesaria, para la nueva era de la calidad en el ámbito mundial,
porque para muchos expertos, simplemente la calidad es: el conjunto de
atributos o propiedades de un objeto que nos permite emitir un juicio de valor
acerca de él. Esta definición introduce el concepto valor al significado de
calidad, esta relación ha perdurado a lo largo del tiempo, pero el enfoque, el
significado y la interrelación entre ambos se ajusta continuamente ya que la
calidad no es un concepto estático, sino que evoluciona constantemente y cada
vez se enfoca más al desarrollo del factor humano. Ya no se conforma con
agregar valor al producto o servicio, sino que va más allá, al tratar de que el
ser humano sea un generador de valor a través de sus acciones en los diferentes
ámbitos de su vida (laboral, personal, emocional, etc).
Asegurémonos
de contribuir con más de lo que costamos, agreguemos valor a lo que hacemos.
Debemos de entender que nuestras actividades solo darán un valor agregado si
contribuyen a dar forma a un resultado o lo cambian radicalmente, si se hace
bien desde la primera vez, o si realmente le importa a nuestro cliente o usuario
ya sea dentro o fuera de nuestra institución.
Los
empleados a menudo se engañan, suponiendo que deberían mantener sus empleos si
son responsables y hacen un buen trabajo. Claro que la experiencia puede tener
también su valor. Pero tal vez no. Depende de si esa experiencia hoy realmente
nos hace valer más para nuestro empleador, o si ha perdido casi todo su valor
por que el mundo está cambiando a tanta velocidad.
El
tema de la "lealtad" es algo más escabroso. Las personas que han
demostrado verdadera devoción a través de los años, que han permanecido allí en
tiempos duros y realmente trabajaron con el corazón, deberían ganar puntos por
eso. Sin duda, es una verdadera virtud. Es material valioso.
Sin
embargo, debemos darnos cuenta de que podemos utilizar la historia para
justificar nuestro empleo continuo sólo por un tiempo. Aún necesitamos agregar
valor ahora. Y no deberíamos confundir longevidad con lealtad. El simple hecho
de que una persona haya aparecido en la nómina de pagos durante años no dice
nada. No ganamos puntos simplemente por "poner nuestro tiempo".
Nuestra
contribución es lo que cuenta. No las horas (o años) que invertimos. O cuán
ocupados estamos.
Todos
hemos visto gente que permanece ocupada, y hasta trabaja duro, sin agregar
ningún valor real. Probablemente por que no tiene el equipo adecuado, la
orientación correcta de sus líderes, la capacitación necesaria o simplemente no
les interesa ponerse a pensar cuál sería la mejor manera de hacer su trabajo
más fácil y productivo agregando valor a lo que hacen. Cometen el error de
pensar que el esfuerzo los hace merecedores de la paga. Podemos respetarlos por
intentarlo, pero debemos reconocer que las carreras de muchos de ellos están basadas
en una farsa.
Estaremos
en una mejor posición si pensamos en términos de que nos pagan por el
rendimiento, por el valor que agreguemos en lugar de por nuestra permanencia,
buenas intenciones, o nivel de actividad.
Una
de las maneras en que podemos agregar valor a lo que hacemos es siendo
creativos, todos somos creativos en mayor o menor medida y el ejercicio
constante de la creatividad es entonces la condición de la supervivencia.
El
creativo hace posible la supervivencia; no retrocede ante el problema: lo
examina y busca los hilos de los cuales pueda tirar para resolverlo. No es una
tarea simple, por supuesto, y a menudo resulta dolorosa. El creativo es terco
como una mula y confronta las dificultades para cambiar, transformar y
modificar constantemente su realidad, construyendo así el futuro.
Su
obra, además, siempre pertenece al pasado. Cuando el creativo la concluye, la
deja atrás para emprender la siguiente. No se detiene a contemplarla. Su tarea
no es llegar, sino continuar. El artista, el publicista, el ingeniero, el
repostero, el escritor, tienen conciencia plena de que su verdadera obra se
encuentra en el futuro y no se enamoran para siempre de la anterior.
Transformar
la realidad para adaptarla a nuestros deseos, inclinaciones e intereses exige
la inversión persistente del talento creativo. Se asustan y perecen quienes no
están dispuestos utilizar verdaderamente la imaginación y dependen de las ideas
y las acciones de otros para ir pasándola, ya que no es posible más.
Existen
por tanto, dos clases de seres: quienes se preocupan por aplicar su talento
creativo en todos los aspectos de la vida, y los que tratan de mantener
invariablemente lo que han conseguido gracias a la imaginación ajena, sin
advertir que su inercia es el principio del aniquilamiento.
Por
tal motivo, demostremos nuestro valor para la organización. Hagamos una
diferencia. Agreguemos valor suficiente a todas nuestras actividades para que
todos puedan ver que faltaría algo muy importante si nos fuéramos.