Hoy en día sigue siendo popular, pero la costumbre de llevar talismanes y amuletos fue una práctica común en todas las grandes civilizaciones de la antigüedad, especialmente en Egipto, de donde procede la mayor parte de los fundamentos de la magia. Ahora se anuncia para su venta toda una serie de llamados “amuletos de la suerte”, y los joyeros muestran en sus escaparates atractivos pendientes y anillos portadores de una mayor o menor naturaleza mágica. Existen también muchas “piedras del Zodiaco”, relacionadas con el signo de cada uno.
¿Hay algo de verdad en estos legendarios dispensadores de buena suerte? ¿Es posible que una persona pueda atraer la buena suerte, o el infortunio, llevando un talismán o un amuleto? En cualquier caso, siglos de fe y experiencias mágicas avalan estas creencias. Igual que las virtudes ocultas de las piedras preciosas, la forma de muchos amuletos tradicionales, como la cruz ansada y la esvástica, se remonta a la más remota antigüedad.
Aunque en general se considera que ambas palabras significan lo mismo, existe una diferencia esencial entre un talismán y un amuleto. El talismán posee cierto poder oculto y los antiguos libros de magia están llenos de diseños e instrucciones para fabricarlos. Se ha llegado a creer que uno poderoso es capaz tanto de atraer la buena suerte como de repeler el mal; en cambio, los amuletos se limitan a proporcionar protección, en especial contra los malignos poderes del mal de ojo.
Muchas piedras preciosas se emplean tanto como amuletos como talismanes. Aparte de su belleza natural, rareza y valor, los magos y ocultistas del pasado afirmaron que poseían virtudes intrínsecas que podían agraciar a los que las llevaran. Esta creencia incluye la costumbre que tienen todas las monarquías de poseer sus joyas de la corona o galas reales, así como la de los obispos y otros dignatarios eclesiásticos que las llevaban en sus anillos.
Esta tradición de conservar piedras preciosas aparece en los anales de muchas herencias de familias históricas en la mayoría de las zonas celtas de las Islas Británicas, es decir, Escocia, Gales e Irlanda. Probablemente, la más famosa de esas herencias fue la del Lee Penny (“Penique de Lee”), transmitida por la antigua familia escocesa de los Lockharts de Lee. Se trataba de una piedra roja engarzada en el centro de una moneda de plata. Desde mucho tiempo atrás se creyó que poseía poderes curativos maravillosos para sanar las enfermedades del ganado. El método consistía en sumergir la piedra en agua y luego dar de beber al ganado. En su origen es posible que también se utilizara para curar a los seres humanos.
La leyenda dice que la piedra llegó a Escocia a manos de los antepasados de los Lockharts de Lee cuando volvieron de las Cruzadas, después de recibirla como rescate de un cautivo sarraceno de alto rango. Sin embargo, la moneda de plata en la que se engarzó la piedra roja pertenece al reinado de Eduardo IV, por lo que su origen real sigue siendo un misterio.
Entre las joyas de la corona inglesa hay una maravillosa gema que tiene las virtudes de un talismán, el rubí del Príncipe Negro. Actualmente puede verse engarzado en la corona imperial, entre los demás esplendores que se encuentran en el museo de las Joyas de la Corona en la Torre de Londres. El Príncipe Negro recibió la piedra de su aliado Pedro I el cruel, rey de Castilla y León, que al parecer se la robo al rey de Granada después de matarle. En el siglo siguiente, el rey Enrique V se apoderó de la piedra y la montó en una diadema que llevaba sobre su yelmo en la batalla de Agincourt.
La historia dice que esta diadema le salvó la vida porque en el curso de la batalla desvió un golpe dirigido a su real cabeza. Parte de la diadema, la pieza que tenía el rubí, se rompió. Puede que la historia sea cierta o que no sea más que una leyenda, pero todavía hoy puede contemplarse una marca en la gema que bien pudo haber sido hecha con una espada.
Al rey no le cupieron dudas de las virtudes de la joya como talismán y la escogió por esa razón. El rubí es una piedra de Marte, planeta que gobierna la guerra y concede protección y victoria en la batalla.
La tutela astrológica de las piedras preciosas es un factor importante para determinar sus virtudes. De ahí la idea de llevar una piedra del Zodíaco para beneficiarse de las mejores características del signo en que uno ha nacido. Cada signo del Zodíaco tiene su lado bueno y su lado malo, sus fortalezas y sus debilidades, puesto que ninguno es afortunado o desafortunado en sí mismo.
Hay que decir que algunas listas de piedras del Zodíaco que aparecen en los escaparates de las joyerías son algo engañosas, pues se refieren sólo al mes de nacimiento, sin mencionar el signo. El cambio de un signo a otro comienza el día 20 a 22 de cada mes. Varía un poco cada año, por lo que el momento preciso del cambio sólo puede asegurarse consultando una tabla astrológica, que suministran información de los movimientos planetarios, etc., para uso de los astrólogos.
Por eso, una persona que ha nacido en marzo, por ejemplo, puede pertenecer a Piscis o a Aries, dependiendo de que día del mes lo haya hecho.
Las listas de las piedras del Zodíaco convenida por los joyeros es como sigue:
Enero: Granate.
Febrero: Amatista.
Marzo: Heliotropo o aguamarina.
Abril: Diamante.
Mayo: Esmeralda.
Junio: Perla o piedra lunar.
Julio: Rubí.
Agosto: Sardónice o peridoto.
Septiembre: Zafiro.
Octubre: Ópalo o turmalina.
Noviembre: Topacio.
Diciembre: Turquesa o Lapislázuli.
Poca gente se da cuenta de la antigüedad de esta lista su origen se encuentra en el famoso pectoral de piedras preciosas que llevaba el Sumo sacerdote de Israel, tal y como se describe en la Biblia (Éxodo, capitulo 28) Constaba de cuatro hileras de tres joyas cada una. Josefa, el gran historiador judío, autor de Antiquities of the Jews (Antigüedades de los judíos) en el siglo I, nos dice que las piedras del pectoral simbolizan los doce meses del año y los doce signos del Zodíaco, mientras que las dos grandes piedras de sardónice engarzadas en los broches de las hombreras del Sumo sacerdote representan el sol y la luna.
La versión autorizada de la Biblia dice que las piedras del pectoral eran: sardónice, topacio y carbunclo: esmeralda, zafiro y diamante; ópalo, ágata y amatista; y berilo, ónice y jaspe. Sin embargo, los expertos actuales dudan de la exactitud de esta traducción. En general traducen la lista de gemas como cornalina, crisolita y esmeralda; granate, lapislázuli y jaspe (o posiblemente alguna forma de corindón); circón, ágata y amatista; y berilo, ónice y jade.
En la actualidad se piensa que la costumbre de llevar gemas del Zodíaco se originó en Polonia, probablemente entre el gremio judío de comerciantes de piedras preciosas que se interesó mucho por el misticismo de las piedras sagradas del pectoral. Es posible que la costumbre se extendiese por Europa cuando la polca Marie Leczinska ascendió al trono de Francia como mujer de Luis XV. Al ser la corte francesa el centro de la moda y de la alta sociedad europea, todo lo que llevase o lo que creyese la reina era copiado de inmediato.
He aquí una antigua lista polaca de gemas relacionadas con los meses, junto con las virtudes particulares o beneficiosas atribuidas a cada joya:
Enero: Granate. Constancia.
Febrero: Amatista. Sinceridad.
Marzo. Hematite. Valentía.
Abril. Diamante. Inocencia.
Mayo. Esmeralda. Éxito en el amor.
Junio. Ágata. Salud y larga vida.
Julio. Cornalina. Satisfacción.
Agosto. Sardónice. Felicidad en el matrimonio.
Septiembre. Crisólita. Antídoto contra problemas mentales.
Octubre. Ópalo. Esperanza.
Noviembre. Topacio. Fe.
Diciembre. Turquesa. Prosperidad.
Si consideramos la hematite de marzo como el atributo evidente de Aries (hacia el 21 de Marzo a 21 de Abril), podemos interpretar el resto de las piedras continuando los signos del Zodíaco. A Tauro le corresponde el diamante; a Géminis, la esmeralda; a Cáncer, la ágata; a Leo, la cornalina; a Virgo, la sardónice; a Libra, la crisolita; a Escorpio, la turquesa; a Acuario, el granate y a Piscis, la amatista.
La razón de asociar la hematite a Aries es porque fue el talismán favorito de los soldados y por ello se la asoció con Marte, que es quien rige Aries. Además de otorgar bravura a su dueño, se creía que tenía poder para detener las hemorragias cuando se aplicaba a las heridas. La hematite es una piedra suave, opaca, verdosa con manchas rojas, como gotas de sangre. Los soldados llevaban grandes hematites, redondeadas y lisas, del tamaño adecuado para apretarlas contra las heridas. Se creía firmemente en sus virtudes y no se dudaba de que la frialdad de la piedra y un apretado vendaje detuvieran la hemorragia si la herida no era demasiado severa.
Otra piedra particularmente apropiada para Aries es el rubí, cuyo color resplandece como el fuego de Marte. Tauro (hacia el 21 de abril a 21 de mayo) puede arreglarse con un cuarzo brillante si los diamantes son demasiado caros, porque este cristal está regido por la luna, que es ensalzada en Tauro.
Para Géminis, la gema más apropiada es la esmeralda, una de las más hermosas, pero también desgraciadamente, una de las más caras. No obstante, las ágatas existen en tan gran variedad que suelen asociarse al versátil Mercurio, que gobierna Géminis (hacia el 21 de mayo a 21 de junio). Como amuleto de Cáncer (hacia el 21 de junio al 21 de julio) prefiero sin ninguna duda la perla o la adularia al ágata, porque este signo está regido por la luna. Una de las características más misteriosas de las ágatas son los sorprendentes dibujos y formas naturales que aparecen cuando son cortadas y pulidas.
La cálida y roja cornalina va bien con Leo (hacia el 21 de julio a 21 de agosto), como también, creo, el ámbar, con sus preciosos tonos rojos y dorados. Leo está regido por el sol. La sardónice es propia de Virgo (hacia el 21 de agosto a 21 de septiembre). Se trata de otra piedra preciosa que adquiere formas variadas, lo que también la asocia con Mercurio, que gobierna Virgo. Tiene bandas blancas y rojas que en el pasado se tallaban hábilmente para crear los camafeos; aprovechando la parte blanca para figuras y la roja para formar el fondo.
La crisolita o crisolito, que es la piedra adecuada para Libra (hacia el 21 de septiembre a 21 de noviembre) pueden cambiarla por la aguamarina, pues este signo es acuático. Otra alternativa es la serpentina, que literalmente quiere decir “parecida a la serpiente” por su semejanza con olas marcas de este reptil que es uno de los símbolos de Escorpio.
El hermoso topacio, con todos sus cálidos matices de oro pardo, no puede dejar de ser apreciado por los que pertenecen a Sagitario. No es excesivamente raro ni caro. Hay una variedad que se encuentra en Escocia conocida como cairngorm. Sin embargo, que Júpiter gobierne a los nacidos bajo este signo (hacia el 21 de noviembre al 21 de diciembre), les hace desear un talismán más rico, por lo que el azul celeste del zafiro parece ser el más apropiado, teniendo en cuenta que dentro de la mitología, el dios Júpiter o Zeus era el señor de los cielos.
La gema de Capricornio (hacia el 21 de diciembre al 21 de enero) es la turquesa, una piedra casi universalmente estimada como amuleto. Es particularmente valiosa para los tibetanos, que la utilizan mucho en joyería. Los indios de Norteamérica también la conocen, y la consideran una gema de virtudes mágicas. La leyenda dice que se vuelve pálida cuando su dueño está en apuros, sirviendo como aviso de que hay un peligro cerca.
Otras gemas de Capricornio son el ónice negro y el azabache. El azabache real tienen propiedades eléctricas similares al ámbar, de ahí su antiguo nombre de “ambar negro”. Es una de las piedras mágicas más antiguas, pues se han encontrado collares de azabache en cuevas prehistóricas. El comprador deberá tener cuidado porque se vende mucho lo que en realidad no es más que cristal negro.
En cuanto al misterioso ónice negro se trata de una piedra que parece haber robado algo a la misma noche encerrándola en su brillante superficie. En tiempos antiguos se utilizaba una piedra cóncava de ónice negro muy pulido como espejo mágico inductor de clarividencia, más potente incluso que la bola de cristal. La famosa “show-stone” del mago isabelino John Dee era un espejo de este tipo, aunque los relatos difieren sobre el mineral de que estaba hecho. A veces el ónice negro tiene vetas blancas y puede cortarse y pulirse hábilmente para que parezca un ojo, otro poderoso amuleto contra el peligro del mal de ojo, tan temido por la gente de la antigüedad.
La piedra de Acuario (hacia el 21 de enero al 21 de febrero), el granate, es hermoso y razonablemente fácil de adquirir. Sin embargo, resulta más bien difícil comprender su pertenencia al signo de Acuario, gobernado por Saturno y Urano, por mucho que el fogoso brillo rojo del granate, como un ascua encendida, es bienvenido en los días más fríos del invierno, que coinciden con los que gobierna Acuario. El granate es más adecuado para Capricornio, el signo que exalta Marte.
Otras posibles piedras de Acuario son la calcedonia blanquiazul, que recuerda un cielo algo nubloso y el circón azul, que posee el brillante azul eléctrico de Urano. Con todo, quizá la piedra más “celeste” de todas las apropiadas para Acuario, el signo del aire, es el zafiro, que en sus profundidades pulidas de azul muestra la imagen perfecta de una estrella rodeada de los rayos de luz que la atraviesan. En oriente se cree que representa los poderes de la fe, la esperanza y el destino. Por eso es una de las gemas-talismán más maravillosas y potentes, atrayendo la buena fortuna y evitando el mal.
La amatista, talismán de Piscis (hacia el 21 de febrero a 21 de marzo), es una de las piedras regidas por Júpiter, el planeta que gobierna a los nacidos bajo este signo, por lo que resulta totalmente apropiada, y sus matices violetas y púrpuras encajan bien con las tendencias más bien míticas de Piscis. Es una de las gemas favoritas de los obispos y los altos cargos eclesiásticos, que la llevan en sus anillos. Su influencia es calmante y relajante, y una leyenda consagrada por el tiempo dice que protege a quienes la llevan de la embriaguez y las pasiones excesivas.
Otra piedra preciosa apropiada para Piscis es el coral, porque Neptuno también rige a los nacidos bajo este signo, que es acuático. Las conchas iridiscentes, con las que a veces se hacen joyas modernas, también armonizan con Piscis.
Otras gemas preciosas y de precio razonable son la crisopasa verde manzana, el cuarzo rosa y la crocidolita leonada de rayas doradas. El delicado verde de la crisopasa es el color de las cosas que crecen, de la nueva vida. Pienso que será apropiada a los virgo, por sus sugerencias de juventud y virginidad. El cuarzo rosa evoca a Venus, pues tiene el color del afecto y el amor, y por ello será apropiado para Libra, el signo regido por Venus (Venus también rige Tauro, pero el cuarzo rosa parece armonizar mejor con el aéreo Libra que con el terrestre Tauro). Los destellos dorados de la crocidolita la convierten en una elección natural para los nativos del signo del sol, Leo.
La sabiduría de las piedras preciosas supone un tema inagotable, que espero haber tratado aquí lo suficiente compara que a partir de ahora escoja una gema como talismán que encaje tanto con la fecha de su nacimiento como con sus posibilidades de compra.