La materia prima de los sistemas expertos es el conjunto de los
razonamientos que, por naturaleza, están sujetos a revisión.
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En 1969, el genetista, Joshua Lederberg y los expertos en
IA E. Feigenbaum y E. Buchanan se asociaron para resolver en
forma automática. por computadora, el problema de inferir la estructura
molecular de un compuesto químico, a partir de la información facilitada
por un espectrofotómetro de masas, problema que hasta entonces requería
del trabajo de químicos analíticos expertos. El problema lo resolvieron
mediante un programa llamado DENDRAL, inspirada en la
simplificación de soluciones posibles realizada por los expertos —en este
caso lo que los químicos analíticos sabían de los patrones picos en el
espectro. Así surgió el campo de los sistemas expertos, sistemas
intensivos en conocimiento cuyo funcionamiento obedece a un gran número de
reglas que simplifican en algoritmos la experiencia derivada de conocer
con la intuición, agudeza y precisión.
Más tarde, los científicos referidos desarrollaron un programa para
encontrar infecciones de la sangre, más complejo que el anterior, ya que
en él no había un modelo teórico general del cual deducir las reglas, sino
que debían formularse por medio de un diálogo con los expertos reales,
quienes, a su vez, las habían adquirido de sus experiencias con casos
particulares. |

Representación artística de los sistemas expertos (Mark Wilson,
1978). |
El poder de predicción de los sistemas expertos quedó demostrado
cuando, en 1980, PROSPECTOR aconsejó horadaciones
exploratorias en un sitio descartado por varios geólogos, ya que estaba
rodeado de antiguas perforaciones y minas. El programa contenía, en forma
de reglas, el conocimiento de nueve expertos, y dio con éxito con un
depósito importante de molibdeno, elemento básico para fabricar
anticorrosivos. La importancia de concretar el conocimiento y, en cierta
forma, la intuición se hicieron evidentes al surgir un novedoso método
para efectuar deducciones lógicas, llamado de resolución. Este método fue
eficaz en la prueba automática de teoremas y se basa en escribir todas las
afirmaciones que definen un problema y las conclusiones intermedias que se
deriven, en una fórmula especial llamada "cláusula".
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Como una rama de la cibernética, los sistemas expertos se apoyan en
este dictum: razonar es calcular. Los sistemas expertos, al igual
que las redes neuronales y, en particular, la robótica estimularon el
enfoque sistémico, contrario al enciclopedismo.
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Así, para probar el resultado de una lista de cláusulas, se supone la
negación de lo que se desea demostrar y se intenta obtener una
contradicción, al añadir a esa negación alguna cláusula de la lista que
permita "resolverla" por cancelación de las contradicciones. La deducción
se convierte en algo puramente mecánico. Sin embargo, debido a la
explosión combinatoria, como sucede en la realidad, en cada paso sólo
podían resolverse pocas cláusulas de listas larguísimas de afirmaciones
iniciales, por lo que el problema resultaba intratable. Entonces, en 1971,
el investigador Robert Kowalski probó que algunas reglas bastante
sencillas permiten eliminar la mayoría de las "resoluciones" que no
interesan para la prueba en curso, con lo que se reduce en forma notable
el número de casos que es preciso examinar. Al mismo tiempo, el francés
Alain Colmerauer describió una forma automática, mediante la cual no sólo
era posible representar las afirmaciones a través de estructuras
arborescentes sino manipularlas por medio de reglas simples, tanto para el
análisis como para la generación de nuevas afirmaciones.
Después, junto con Phillipe Roussel, Kowalski y Comerauer escribieron
PROLOG, un lenguaje de programación basado en técnicas de
resolución a manera de estructuras arborescentes. Éste fue el primer
programa, hipercibernético, aunque no se impuso de inmediato, pues en ese
entonces se prefería usar LISP y FORTRAN.
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