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Juan Ramírez Ruiz: Vida y Obra

PALABRAS URGENTES PARA JUAN
                                  
                                                                                                                           Por: Arturo Rodríguez Serquén

 
 Juan Ramírez Ruiz en fotos que el autor de la nota tomó al poeta

en exteriores del Instituto Nacional de Cultura-Lambayeque    

“Nadie sino yo llora un llanto lejos
del cuerpo. Ando y salgo desde el fondo
del alma” 
J.R..R.

Supe de su poesía por un libro de carátula anaranjada, donde aparecían dibujadas dos iguanas azules, sello Mosca Azul Editores, publicado en 1973, y que resultó ser la notable antología de José Miguel Oviedo: “Estos 13”. El libro reunía la encendida poesía de, por aquella época,  trece jóvenes poetas peruanos que descollaban: Manuel Morales, Antonio Cillóniz, Jorge Nájar, José Watanabe, Oscar Málaga, Elqui Burgos, Juan Ramírez Ruiz, Abelardo Sánchez León, Feliciano Mejía, Tulio Mora, José Rosas Ribeyro, José Cerna, y  Enrique Verástegui, reunidos en torno al Movimiento “Hora Zero”, grupo literario de los 70 que lideraba precisamente Juan Ramírez y  Jorge Pimentel.
El libro concitó mi atención por un formidable y extenso poema, que aprendí a amar tanto por el considerable parecido a la accidentada trama que me había tocado vivir y de la cual acababa de salir con no pocos rasguños. El poema estaba titulado: “El único amor posible entre una estudiante en la academia de decoración y artesanía y un poeta latinoamericano” y pertenecía a Juan Ramírez. Entonces en las tertulias, casi siempre después de los habituales recitales poéticos de fin de semana, el lugar obligado era la casa de Carlos Bancayán, y recuerdo haberlo hecho leer en más de una oportunidad aquel bello trabajo.
Fui acumulando así, vitales y de notable factura, otros trabajos suyos: “20 de Enero” (reunido en la admirable “Antología de la Poesía Peruana” de Alberto Escobar), “Irma Gutiérrez”, “Julio Polar”, “Poema”, “Y que hace la calle Wiracocha aquí que hacen estas palabras en el año 70”, y en especial su relevante poema “El Júbilo”.
Juan Ramírez iba alcanzando significado y trascendencia por su trabajo poético y repercutía en reportajes de diarios y revistas, así como publicaciones diversas.
Alrededor del año 91, pude alternar con el poeta por el que sentía hondo respeto, sintiéndome halagado al revelarme que tenía conocimiento de mi persona a través de un anti-poema que publiqué en el 89 (“Chiclayo Tour”), y que de algún modo llegó a sus manos en Lima. Le inquirí de inmediato por la historia que había tejido y que me intrigaba. Recordé con él, los primeros versos: “En mi cabeza se bambolea tu cara, tus cabellos,/ tu cuerpo, todo tu cuerpo de 20 años/ y nuestro amor, nuestro amor el único posible/. Pero me dio respuestas muy tangenciales. Quedé con una duda perpetua por el porcentaje de realidad y de irrealidad que había puesto en la historia, y claro,  por la identidad de C., la protagonista.
Llegamos a ser luego grandes amigos. Sigo recordando como si hubiera sido ayer mismo, cuando llegó a mi casa, frisando las siete de la noche, con una enorme damajuana de vino, el día que celebramos junto a una veintena de poetas, la puesta en Internet de “La Página de la Poesía Lambayecana” (16/02/99). Traía un mozuelo que debía tener 10 años, confesándonos que era su hijo. Ahora, cada vez que me siento viejo, veo el video de aquella inolvidable tertulia: lo observo bailando con la poeta Moraima León, mirándome sonriente, haciendo muecas a la cámara filmadora, y yo con sorna diciéndole: “te doblaste con esa Barbie”.   No sería la única oportunidad en que compartiríamos interminables noches de bohemia, en mi domicilio.
Conversamos alguna vez sobre las “Armas Molidas”, un libro suyo encriptado, muy elaborado, de audaces propuestas literarias: alfagramas (andigramas, las llamaba él) que pocos quisieron asimilar y acoger. Le pareció injusta la valoración de su trabajo en los círculos intelectuales limeños. “Me dan con palo”, se quejó alguna vez. Sentía que la acogida que en otra época logró, cuando el esplendor de Hora Zero, no era màs la misma.
Callado y parco, era dueño de profundas convicciones. Siendo hermético y cuidadoso en su expresión y su círculo de amigos, pocos lograron adentrarse en su mundo interior y  comprender su elaborada y compleja cosmovisión. Manifiestos, reportajes y la gran variedad de trabajos publicados sin embargo trasuntan la fina y amplia cultura y conocimiento del hombre.
Viajaba con frecuencia desde Lima, donde vivía solo, a Chiclayo, su tierra natal. Pero en algún momento su ausencia en Chiclayo fue notoria, prolongándose mucho más de lo usual, cerca de medio año, causando la natural preocupación de familiares y amigos.
El resto es historia por todas conocida: el encuentro de Juan Ramírez con Nivardo Córdova, en Trujillo, la intensa búsqueda desplegada por familiares y amigos, y el fatal desenlace: Juan encontrado sepultado como NN en el cementerio Parque Eterno de Huanchaco, Trujillo. En Virú, al cruzar la Panamericana, un ómnibus de la empresa América Express lo había atropellado y causado la muerte.
Juan Ramírez, una de las voces más altas de la poesía peruana, nació en Chiclayo el 27 de Diciembre de 1946 y murió trágicamente el 17 de junio de 2007.Deja para la posteridad tres obras cardinales: “Un par de vueltas por la realidad” (1971), “Vida Perpetua” (1977), “Las Armas Molidas” (1996). Pero a sus amigos y a quienes lo quisimos, un dolor y un vacío difícil de reemplazar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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