Ese espacioso
silencio en el que te adentras,
oh, los espejos te rastrean por entre los días.
Madre, en tu voz me oigo, en tu espera me doy
cita, en tu Ala me requiebro; aspiro tu ternura,
en tu día me asiento, en tu vivir me llago; soy
tu nunca acabar, tu espejo fallido, tu lisura...
En tu revolotear me regodeo,
en ti me hilvano,
en tu silencio yazgo, en tu palabra me sé vasto,
en tus pasos tomo distancia de lo efímero; vano
es el mundo sin tu mano, gira y gira infausto...
En el vibrar de tus párpados
asombrado asomo,
y en tu risa me desbordo; yo, tu fruto secreto!;
he de morir siéndote, siéndome en tu aplomo...
Me digo: desde que me fuisteno
he estado en ti,
y tú me sonríes porque sabes que te estoy nonato,
porque para nadie he nacido, excepto para ti...
Marco Guerrero Caballero
[email protected]