Cuando te aferras a
las tardes a los espejos
los encandilas, les imprimes tu sello indeleble.
Ninfa pagana, redentora mía, tú inauguraste el
sueño que vivo; derramas la copa de tu Cuerpo,
deleitoso vino, senos altivos lactas al mundo;¡el
mortal no te sabe, de no ser tuyo aún me culpo!
¡Qué sanación la de tus ojos!,
con solo mirarme
me retornas al mundo; ¡ese lenguaje ecuménico
que se traduce en tu Cuerpo me permite serme,
animación de mis sonetos es, Cuerpo volcánico!
¡Esos tus ojos abundados de
encanto y luz cómo
desestabilizan al humano que me aflora; tú eres
vida que se encarna en la muerte, sabe Dios cómo!
El cielo es el espejo que se
ajusta a tu moldura,
¡Te das en todas las vidas y en ninguna mueres,
sólo lo sabe el Cielo, que regenta tu hermosura!
Marco Guerrero Caballero
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