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Nos despertamos a una hora que no recuerdo, pero se que
era bastante pronto porque yo, al menos, no pude dormir ni una hora de
un tirón. Hacía tiempo que no pasaba una noche tan mala.
Nos ponemos en marcha y después de unos pocos kilómetros
decidimos meternos por el camino en vez de ir por carretera. Se supone
que aunque sea un poco más duro va a ser mucho más bonito
y todas esas movidas sentimentaloides, ¡una mierda! Si que es más
bonito, pero no es un poco más duro, es imposible de ir en bici.
El camino es bastante ancho, perro esta totalmente lleno de piedras, y
estamos una hora y pico para hacer 4 kilómetros, porque no es que
tengamos que ir andando, es que nos toca acarrear las bicis para poder
pasar por determinados sitios.
Además a la dureza del recorrido se une que yo ya estoy
bastante constipado, con fiebre y con bastante dolor de cabeza. Lo único
bueno es que al menos puedo respirar, pero para que no falte nada se pone
a llover y se tira así todo el día. Es el típico
calabobos que siempre habíamos oído pero que en Valencia
nunca pasa. Practicamente no llueve, pero al ir con la bici te llevas
todo el agua y te quedas chorreando. Además como el terreno en
Galicia es de continuas subidas y bajadas, bajando te chopas pero como
en seguida tienes que subir te secas e incluso pasas calor (al menos yoque
no tenía ganas de quitarme el maillot largo), por lo que te pones
a sudar y cuando inicias un nuevo descenso pasas más frío
que antes, una maravilla de clima. Cuando nos cansamos de arrastrar las
bicis decidimos salir del camino pero con tan mala suerte que nos perdemos
y damos unos kilómetros de vuelta hasta que encontramos Portomarín,
donde nos quedamos a comer.
Después de la comida nos ponemos casi enseguida de
marcha porque con el frío que hace es peor descansar para hacer
la digestión, además yo ya estoy hecho polvo y lo único
que quiero es llegar cuanto antes mejor. Aunque parezca mentira la tarde
es aún peor; continúa lloviendo y yo me encuentro peor.
De toda la tarde solo me acuerdo que Ramón se enfadó porque
según él dimos algo de vuelta al cambiar de la carretera
535 a la 547 y que nos ha tocado subir un puerto bastante duro, que nos
habríamos evitado de haber ido por el camino. Esto me jode bastante
porque él lleva todo el camino diciendo que quiere sufrir y ahora
se queja porque hacemos más kilómetros, además con
todo lo que ha llovido el camino está impracticable.
Finalmente llegamos bastante tarde a Palas do Rei, y aunque en
principio queríamos haber llegado a Melide nos quedamos allí
porque yo ya no puedo hacer más kilómetros. Como no hay plaza en
el albergue nos mandan al polideportivo. Por suerte el médico
está justo al lado de donde vamos a pasar la noche así que me
paso a ver si me dan algo. El médico de guardia me dice que tengo gripe,
que debería descansar dos o tres días, y me receta unas aspirinas
efervescentes con vitamina C. Para no tener que parar (solo nos queda un
día para llegar a Santiago) decido meterme una sobredosis de vitamina C.
La pista del polieportivo no es el mejor sitio para passar la
noche, pero es lo que hay. Lo malo, es que nos volvemos a encontrar a un grupo
de gabachos (se nota que no me caen muy bien los franchutes) en el que
está el típico capullo que se cree Ismael Serrano y que se sabe
tres acordes de cuatro canciones y que los repite continuamente. Pues cuando te
deuele la cabeza eso es lo peor que te puede pasar, si al menos terminara la
canción, pero estar escuchando durante media hora los tres malditos
acordes jode bastante. Además también está un grupo de
capullos que nos pasaron en Cebreiro y que aquí se dedican a montarse
encima del portabultos de su bici (me hubiera encantado que se les rompiera por
idiotas) para colgarse de las canastas. No es que yo tenga prejuicios y me
caiga mal todo el mundo, con estos capullos hablé y me ratificaron que
su coeficiente intelectual estaba por los suelos. Al final decido pasar de
todos e irme a dormir pronto.
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