Sábado 11, Puente de la Reina-Navarrete, 88,6 km 5h 15min

¡Milagro! a las nueve de la mañana estamos listos para salir (que sigue sin implicar que no volvamos a ser los últimos en irnos del albergue), por lo que decidimos ir a Logroño de un tirón y comer allí.

Como Antonio es un chico ordenado hay que decir que siguió sus propios biorritmos que decidieron por él y por tanto fue a defecar al baño.

Empezamos a un buen ritmo, pero cuando llegamos a Estella (unos 20 kilometros) decidimos parar a almorzar y para nuestra perdición encontramos un supermercado "Día".Llenamos las alforjas de productos de dudosa calidad a un precio increible (aquí se inicia mi adicción a las barritas energéticas Dia) y nos pegamos un almuerzo bastante respetable (Nacho se mete una barra de pan con atún día un bote de aceitunas día y un bote de cebolletas en vinagre día, yo empiezo la mortadela que será mi principal sustento alimenticio durante 3 días...) de tal manera que hasta el ciborg empieza a mostrar que es humano y también almuerza. En este punto y como mas adelante se verá es importante aclarar que Antonio fue al baño del supermercado a dejar lo mejor de si mismo allí, vamos que fue a jiñar. Con las alforjas y sobre todo los estomagos bastante pesados reiniciamos el camino, pero el destino aún nos preparaba otra dura prueba, el monasterio de Irache.

Yo ya había oido comentarios sobre la existencia de una fuente de vino, pero le concedía la misma credibilidadBrindando con el vino de Irache que a que Aznar hable catalán en la intimidad, a las películas donde Alfredo Landa se liga a suecas impresionantes o al hecho de que Iván Campo sea considerado futbolista. Pero, ateo de mí, estaba equivocado y Dios ha creado ese lugar. Si el paraiso existe en realidad seguro que está en Irache. A pocos metros de la carretera está el monasterio de Irache y a su vera hay unas bodegas bastante antiguas (no me acuerdo de la fecha en que decían que se había fundado) en la que desde hace unos años hay una fuente de la cual mana vino. Vale, el vino no es el mejor del mundo, es mas entra en la categoría de los denominados peleones, pero eso se soluciona con un poco de cocacola (hay gente de kas limón o de kas naranja, pero yo soy de kas limocho) o a partir del segundo vaso.

El caso es que despues de rendir tributo a Baco y del almuerzo de Estella al menos a mí no había quien me moviera por lo que reanudamos el ritmo a menor velocidad. Como el terreno es bueno (continuos repechos, pero siempre acercandonos al valle por lo que la velocidad que cogías en el descenso te servía para subir casi todo el siguiente repecho) vamos cogiendo velocidad. Como siempre yo voy el último y al verlos parados en un pueblo pienso que lo han hecho para esperarme o para llenar los bidones de agua, así que mientras lleno mi bidón y hablo con un matrimonio cuarentón de holandeses que están haciendo el camino desde su país en bici (¡están locos estos holandeses!) me doy cuenta que falta un miembro del equipo fantástico; es Antonio que al no encontrar nada mejor ha decidido hacer de cuerpo (por decirlo fino) en medio del monte, donde las vacas.

Volvemos a reanudar la marcha y Antonio se adelanta bastante, yo pienso que es para evitarse el cachondeo que empieza a haber por su actividad preferida ultimamente, pero nuevamente estoy equivocado, si ha decidido ir mas rápido es porque vuelve a sentir la llamada del dios Roca y esta vez no desea hacer su ofrenda en medio del campo por lo que ha acelerado el ritmo para llegar antes a algún pueblo.

La llegada de Antonio al siguiente pueblo fue apoteósica, dejando la bici de cualquier manera y buscando desesperadamente un bar con una mano tapando un posible escape por su trasero. Cuando encuentra el bar, entra corriendo en el baño, y quince minutos después sale tembloroso y jadeante y se pide una cocacola. Ni que decir tiene que aquí el cachondeo ya empezó a ser masivo y todo lo que nos pasaba tenía relación con lo que salía del cuerpo de Antonio. Como podemos reiniciamos el camino, unos partiendonos el culo y otro con el culo partido y llegamos a Logroño a las tres y media. Nos damos prisa en elegir una bar para comer, lo que implica que a las cuatro ya hemos seleccionado uno que cumple todos los requitos (no habría que nombrarlo, pero por si acaso hay que decir que Antonio fue al baño antes de comer) y comemos todos menos el ciborg que parece empeñado en volver a demostarnos que es una máquina preparada para las situaciones mas adversas.

Después de una comida bastante abundante y debido al calor reinante (mas de 40 grados) decidimos descansar un poco, y yo me pego una siestecita de casi una hora tirado en un banco de la avenida más ancha de todo Logroño (si lo llego a pensar pongo un gorro y me saco para pagar la comida).

Después del descanso nos decidimos a ir al albergue y como era previsible no quedan plazas. Allí nos dicen que a unos seis kilómetros siguiendo el camino hay una zona de acampada libre (la Grajera) con piscina. Como es sábado y debido a nuestros genes valencianos tenemos ganas de marcha nos pasamos un rato buscando un hostal para pasar la noche en la capital, salir a dar una vuelta y conocer a las hembras del lugar, pero no conseguimos plaza. Además Antonio se pasa mas de media hora buscando una farmacia de guardia para conseguir algo que detenga sus cagaleras, por lo que nos vamos de Logroño bastante tarde. a pesar de que hemos estado en un Consum donde yo he rellenado mi bidón, el resto de la gente no lo han hecho y empiezan a beberse mi agua, esto con los 40 grados que siguen haciendo y bajo un sol de justicia durante todo el día me ponen de bastante mala hostia.

Cuando llegamos a la Grajera, vemos que ya no hay piscina y que la acampada libre no es posible. El cabreo que pillamos es impresionante. Puto alberguista de Logroño. En serio, deberían cuidar esos detalles, si no es posible acampar en un sitio, que no te lo digan, es mejor que la gente no se haga falsas expectativas. Por suerte el siguiente albergue está cerca (menos de 10 kilómetros) y vamos para allí. El camino hasta Navarrete se hace largo y pesado para todos. Es por camino de tierra y con algo de subida, además llevamos bastantes kilómetros en las piernas, con mucho calor durante todo el día y con la necesidad imperiosa de matar a alguien.

Cuando llegamos a Navarrete nos damos cuenta de que las cosas empiezan a cambiar, el albergue es gratuito y aunque nos toca dormir en el suelo yo lo recuerdo como el sitio donde mejor nos han tratado en todo el camino. Todos los hospitaleros son muy amables, en especial una murciana muy simpática. A todos, gracias. Menos mal que nos tratan tan bien, porque a las diez y media se supone que cierran el albergue (aunque luego se retrasan, estamos en España), y nos da el tiempo justo para ducharnos, lavar la ropa y cenar. Para variar, Antonio va de nuevo el baño. Por decisión unánime dedimos que el ciborg Ramón debe cederle a Antonio el uso del mote que tan a pulso se gano en el viaje a Pamplona un mes antes. Antonio a partir de ahora es conocido como "el señor Mojón".



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