¡Milagro! a las nueve de la mañana estamos listos
para salir (que sigue sin implicar que no volvamos a ser los últimos en
irnos del albergue), por lo que decidimos ir a Logroño de un
tirón y comer allí.
Como Antonio es un chico ordenado hay que decir que siguió sus propios
biorritmos que decidieron por él y por tanto fue a defecar al
baño.
Empezamos a un buen ritmo, pero cuando llegamos a Estella
(unos 20 kilometros) decidimos parar a almorzar y para nuestra perdición
encontramos un supermercado "Día".Llenamos las alforjas
de productos de dudosa calidad a un precio increible (aquí se inicia
mi adicción a las barritas energéticas Dia) y nos pegamos
un almuerzo bastante respetable (Nacho se mete una barra de pan con atún
día un bote de aceitunas día y un bote de cebolletas en
vinagre día, yo empiezo la mortadela que será mi principal
sustento alimenticio durante 3 días...) de tal manera que hasta
el ciborg empieza a mostrar que es humano y también almuerza. En
este punto y como mas adelante se verá es importante aclarar que
Antonio fue al baño del supermercado a dejar lo mejor de si mismo
allí, vamos que fue a jiñar. Con las alforjas y sobre todo
los estomagos bastante pesados reiniciamos el camino, pero el destino
aún nos preparaba otra dura prueba, el monasterio de Irache.
Yo ya había oido comentarios sobre la existencia
de una fuente de vino, pero le concedía la misma credibilidad
que a que Aznar hable catalán en la intimidad, a las películas
donde Alfredo Landa se liga a suecas impresionantes o al hecho de que
Iván Campo sea considerado futbolista. Pero, ateo de mí,
estaba equivocado y Dios ha creado ese lugar. Si el paraiso existe en
realidad seguro que está en Irache. A pocos metros de la carretera
está el monasterio de Irache y a su vera hay unas bodegas bastante
antiguas (no me acuerdo de la fecha en que decían que se había
fundado) en la que desde hace unos años hay una fuente de la cual
mana vino. Vale, el vino no es el mejor del mundo, es mas entra en la
categoría de los denominados peleones, pero eso se soluciona con
un poco de cocacola (hay gente de kas limón o de kas naranja, pero
yo soy de kas limocho) o a partir del segundo vaso.
El caso es que despues de rendir tributo a Baco y del almuerzo
de Estella al menos a mí no había quien me moviera por lo
que reanudamos el ritmo a menor velocidad. Como el terreno es bueno (continuos
repechos, pero siempre acercandonos al valle por lo que la velocidad que
cogías en el descenso te servía para subir casi todo el
siguiente repecho) vamos cogiendo velocidad. Como siempre yo voy el último
y al verlos parados en un pueblo pienso que lo han hecho para esperarme
o para llenar los bidones de agua, así que mientras lleno mi bidón
y hablo con un matrimonio cuarentón de holandeses que están
haciendo el camino desde su país en bici (¡están locos
estos holandeses!) me doy cuenta que falta un miembro del equipo fantástico;
es Antonio que al no encontrar nada mejor ha decidido hacer de cuerpo
(por decirlo fino) en medio del monte, donde las vacas.
Volvemos a reanudar la marcha y Antonio se adelanta bastante, yo pienso que es
para evitarse el cachondeo que empieza a haber por su actividad preferida
ultimamente, pero nuevamente estoy equivocado, si ha decidido ir mas
rápido es porque vuelve a sentir la llamada del dios Roca y esta vez no
desea hacer su ofrenda en medio del campo por lo que ha acelerado el ritmo para
llegar antes a algún pueblo.
La llegada de Antonio al siguiente pueblo fue apoteósica,
dejando la bici de cualquier manera y buscando desesperadamente un bar
con una mano tapando un posible escape por su trasero. Cuando encuentra
el bar, entra corriendo en el baño, y quince minutos después
sale tembloroso y jadeante y se pide una cocacola. Ni que decir tiene
que aquí el cachondeo ya empezó a ser masivo y todo lo que
nos pasaba tenía relación con lo que salía del cuerpo
de Antonio. Como podemos reiniciamos el camino, unos partiendonos el culo
y otro con el culo partido y llegamos a Logroño a las tres y media.
Nos damos prisa en elegir una bar para comer, lo que implica que a las
cuatro ya hemos seleccionado uno que cumple todos los requitos (no habría
que nombrarlo, pero por si acaso hay que decir que Antonio fue al baño
antes de comer) y comemos todos menos el ciborg que parece empeñado
en volver a demostarnos que es una máquina preparada para las situaciones
mas adversas.
Después de una comida bastante abundante y debido al calor reinante (mas
de 40 grados) decidimos descansar un poco, y yo me pego una siestecita de casi
una hora tirado en un banco de la avenida más ancha de todo
Logroño (si lo llego a pensar pongo un gorro y me saco para pagar la
comida).
Después del descanso nos decidimos a ir al albergue y como era
previsible no quedan plazas. Allí nos dicen que a unos seis
kilómetros siguiendo el camino hay una zona de acampada libre (la
Grajera) con piscina. Como es sábado y debido a nuestros genes
valencianos tenemos ganas de marcha nos pasamos un rato buscando un hostal para
pasar la noche en la capital, salir a dar una vuelta y conocer a las hembras
del lugar, pero no conseguimos plaza. Además Antonio se pasa mas de
media hora buscando una farmacia de guardia para conseguir algo que detenga sus
cagaleras, por lo que nos vamos de Logroño bastante tarde. a pesar de
que hemos estado en un Consum donde yo he rellenado mi bidón, el resto
de la gente no lo han hecho y empiezan a beberse mi agua, esto con los 40
grados que siguen haciendo y bajo un sol de justicia durante todo el día
me ponen de bastante mala hostia.
Cuando llegamos a la Grajera, vemos que ya no hay piscina
y que la acampada libre no es posible. El cabreo que pillamos es impresionante.
Puto alberguista de Logroño. En serio, deberían cuidar esos
detalles, si no es posible acampar en un sitio, que no te lo digan, es
mejor que la gente no se haga falsas expectativas. Por suerte el siguiente
albergue está cerca (menos de 10 kilómetros) y vamos para
allí. El camino hasta Navarrete se hace largo y pesado para todos.
Es por camino de tierra y con algo de subida, además llevamos bastantes
kilómetros en las piernas, con mucho calor durante todo el día
y con la necesidad imperiosa de matar a alguien.
Cuando llegamos a Navarrete nos damos cuenta de que las
cosas empiezan a cambiar, el albergue es gratuito y aunque nos toca dormir
en el suelo yo lo recuerdo como el sitio donde mejor nos han tratado en
todo el camino. Todos los hospitaleros son muy amables, en especial una
murciana muy simpática. A todos, gracias. Menos mal que nos tratan
tan bien, porque a las diez y media se supone que cierran el albergue
(aunque luego se retrasan, estamos en España), y nos da el tiempo
justo para ducharnos, lavar la ropa y cenar. Para variar, Antonio va de
nuevo el baño. Por decisión unánime dedimos que el
ciborg Ramón debe cederle a Antonio el uso del mote que tan a pulso
se gano en el viaje a Pamplona un mes antes. Antonio a partir de ahora
es conocido como "el señor Mojón".
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