Parece que todas las aspirinas que me he tomado
han hecho efecto y esta noche he descansado mejor, aunque haya tenido que
volver a dormir en el duro suelo. Por lo menos estoy bastante más
animado y puedo llevar un ritmo más alto con la bici. También
puede ser que me sienta mejor porque porfin sale el sol y ya es el
último día de camino ya que estamos a unos 70 kilómetros
de Santiago y si no pasa nada hoy comemos allí.
Como digo iniciamos la marcha con un buen ritmo, pero cuando
estamos a un par de kilómetros de Melide a Nacho se le rompe una
de las piezas donde se apoya el portabultos en la bici. Es una putada
que se rompa eso, pero es que estamos a cuarenta kilómetros de
la meta. Intenta que se lo arreglen an ealgún sitio, pero un soldador
le dice que es imposible, así que le pone una abrazadera para que
la pieza no se mueva y por suerte parece que el invento funciona. Seguimos
haciendo marcha, aunque como para variar Santiago está a más
distancia de los cálculos que habíamos hecho yo empiezo
a perder empuje. Cuando estamos a unos 10 kilómetros de Santiago,
Ramón se empeña en hacer el último tramo por camino.
Los demás pasamos de él (sobretodo pensando en que no tenemos
ganas de que se nos rompa el portabultos) así que se va solo hacia
Santiago, pero quedamos en la plaza del Obradoiro (típico).
El caso es que llegamos a Santiago a las cuatro de la tarde
y nos vamos al albergue a coger sitio. Al final llegamos al seminario
menor donde resulta que hay quinientas plazas, así que después
de unos cuantos días tenemos una cama donde dormir. Después
nos vamos a buscar a Ramón, pero no lo encontramos. Resulta que
en vez de esperar donde habíamos dicho se ha ido a sacarse la compostela.
Después de un rato esperando al fin aparece, pero como ha dicho
que no ha hecho el camino por motivos religiosos o espirituales le han
dado una credencial bastante fea, así que todos los demás
mentimos y conseguimos la credencial buena. Son ya mas de las cinco y
nos vamos al seminario a descargar todo y a comer, que ya es hora. Es
una suerte tener una cama, pero nos ha tocado en el tercer piso de un
edificio antiguo sin asceensor, que equivale a un sexto de cualquier finca
y resulta que después de estar tanto tiempo con la bici lo mas
pesado es subir escaleras, pero no hay más remedio. El caso es
que nos arreglamos, comemos y nos vamos a dar una vuelta por la ciudad.
El centro historíco está muy bien conservado y da gusto
pasear sin tener que pensar que al día siguiente tienes que volver
a hacer 80 ó 90 kilómetros. Lo digo en serio, la sensación
que da el haber llegado compensa todo el cansancio acumulado durante estas
dos semanas.
Mientras estamos dando vueltas sin ningún destino claro
pasamos por la puerta de una tienda desde la que nos grita una mujer que
probemos la tarta de Santiago, que es gratis. Comemos unos trozos y entonces
nos dice que esa no es la auténtica, que esta lleva harina de almendra y
la de verdad solo lleva almendra, pero que si giramos la esquina una
compañera suya nos dará a probar la tarta buena. Curiosos de
nosotros giramos la esquina y efectivamente hay una mujer que nos ofrece tarta
de la de verdad y caprichos de Santiago (que son parecidos a las almendras
garrapiñadas). Hay que reconocer que las dos mujeres tienen razón
y que la tarta auténtica está más buena. Después de
estar un rato charlando con la segunda dependienta nos dice que si entramos en
la tienda nos darán a probar un poco de que queso y un licor de vino
dulce. Sin dudarlo entramos en la tienda y allí nos dan el licor y queso
de tetilla y ahumado. Yo le pregunto que si este queso aguantará bien el
viaje de vuelta a Valencia y me dice que lo aguantará mejor el queso
ahumado. El caso es que nos vamos diciendo que ya nos pasaremos a comprar algo
el día que nos vayamos.
Seguimos caminando cuando nos paran de otra tienda y repiten el
mismo procedimiento; pero ahora ya somos expertos y nos permitimos hacer
comentarios del tipo "el queso ahumado aguantará mejor que el de
tetilla, ¿no?" o "esta tarta tiene mejor pinta", pero sin
perder un aspecto de turista despistado. Por suerte para nuestros
estómagos ( aunque solo hace un par de horas que hemos comido) nos paran
de cinco o seis tiendas para probar los productos típicos gallegos.
Después de esta merienda nuestras barrigas de ciclista
empiezan a rugir y nos va entrando hambre, así que empezamos a buscar un
sitio para cenar. Un amigo mío que ha estudiado aquí me ha dado
varios nombres de bares, pero no los encontramos, y los sitios cercanos a la
catedral nos parecen un poco caros, así que iniciamos el típico
ritual para entrar en algún sitio. Este consiste en pararnos en la
puerta de todos los sitios y cuando estamos a punto de entrar encontrarle un
defecto absurdo e irnos. Esto se repite durante una hora, y al final entramos
en el peor sitio de todos a última hora. Esa noche parecía que
iba a ser lo de siempre, pero nos metemos de casualidad en Casa Manolo sin
saberlo.
Resulta que este bar es una institución en Santiago y
entre los peregrinos en concreto. Por 800 pelas tienes primero, segundo y
postre, y las raciones son enormes y hay como 15 primeros y otros tantos
segundos a elegir. Normalmente hay que hacer cola, pero merece la pena. El
sitio engaña un poco,porque tiene toda la pinta de ser un pub de pijos,
pero es fácil de encontrar porque está bastante céntrico.
Como ya he dicho, nos toca esperarnos para cenar y el problema
es que nos han dicho que el seminario lo cierran a las doce. Cenamos
rápido, pero llegamos al seminario a las doce y cuarto confiando en que
seguirá abierto. Lo que pasa es que con los curas no se puede jugar y
han cerrado a las doce, por lo que nos quedamos fuera. Como es normal en este
país de inpuntuales no somos los únicos y en unos minutos somos
unas veinte personas las que estamos esperando en la puerta. Hay unos catalanes
que se van de fiesta diciendo que volveran a las seis cuando habran para que se
vaya la gente, pero nosotros hoy tenemos ganas de descansar en una cama
así que nos esperamos a ver si alguien encuentra una solución.
Hay unos nanos gallegos que empiezan a dar vueltas a todo el
edificio buscando una ventana abierta por la que saltar, pero no la encuentran.
Pero por suerte sobre la una y algo viene un cura y nos abre la puerta,
así que nos vamos a dormir.
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