Lunes 20, Palas do Rei-Santiago de Compostela 75 km 4 h 15 min

Parece que todas las aspirinas que me he tomado han hecho efecto y esta noche he descansado mejor, aunque haya tenido que volver a dormir en el duro suelo. Por lo menos estoy bastante más animado y puedo llevar un ritmo más alto con la bici. También puede ser que me sienta mejor porque porfin sale el sol y ya es el último día de camino ya que estamos a unos 70 kilómetros de Santiago y si no pasa nada hoy comemos allí.

Como digo iniciamos la marcha con un buen ritmo, pero cuando estamos a un par de kilómetros de Melide a Nacho se le rompe una de las piezas donde se apoya el portabultos en la bici. Es una putada que se rompa eso, pero es que estamos a cuarenta kilómetros de la meta. Intenta que se lo arreglen an ealgún sitio, pero un soldador le dice que es imposible, así que le pone una abrazadera para que la pieza no se mueva y por suerte parece que el invento funciona. Seguimos haciendo marcha, aunque como para variar Santiago está a más distancia de los cálculos que habíamos hecho yo empiezo a perder empuje. Cuando estamos a unos 10 kilómetros de Santiago, Ramón se empeña en hacer el último tramo por camino. Los demás pasamos de él (sobretodo pensando en que no tenemos ganas de que se nos rompa el portabultos) así que se va solo hacia Santiago, pero quedamos en la plaza del Obradoiro (típico).

El caso es que llegamos a Santiago a las cuatro de la tarde y nos vamos al albergue a coger sitio. Al final llegamos al La plaza del Obradoiroseminario menor donde resulta que hay quinientas plazas, así que después de unos cuantos días tenemos una cama donde dormir. Después nos vamos a buscar a Ramón, pero no lo encontramos. Resulta que en vez de esperar donde habíamos dicho se ha ido a sacarse la compostela. Después de un rato esperando al fin aparece, pero como ha dicho que no ha hecho el camino por motivos religiosos o espirituales le han dado una credencial bastante fea, así que todos los demás mentimos y conseguimos la credencial buena. Son ya mas de las cinco y nos vamos al seminario a descargar todo y a comer, que ya es hora. Es una suerte tener una cama, pero nos ha tocado en el tercer piso de un edificio antiguo sin asceensor, que equivale a un sexto de cualquier finca y resulta que después de estar tanto tiempo con la bici lo mas pesado es subir escaleras, pero no hay más remedio. El caso es que nos arreglamos, comemos y nos vamos a dar una vuelta por la ciudad. El centro historíco está muy bien conservado y da gusto pasear sin tener que pensar que al día siguiente tienes que volver a hacer 80 ó 90 kilómetros. Lo digo en serio, la sensación que da el haber llegado compensa todo el cansancio acumulado durante estas dos semanas.

Mientras estamos dando vueltas sin ningún destino claro pasamos por la puerta de una tienda desde la que nos grita una mujer que probemos la tarta de Santiago, que es gratis. Comemos unos trozos y entonces nos dice que esa no es la auténtica, que esta lleva harina de almendra y la de verdad solo lleva almendra, pero que si giramos la esquina una compañera suya nos dará a probar la tarta buena. Curiosos de nosotros giramos la esquina y efectivamente hay una mujer que nos ofrece tarta de la de verdad y caprichos de Santiago (que son parecidos a las almendras garrapiñadas). Hay que reconocer que las dos mujeres tienen razón y que la tarta auténtica está más buena. Después de estar un rato charlando con la segunda dependienta nos dice que si entramos en la tienda nos darán a probar un poco de que queso y un licor de vino dulce. Sin dudarlo entramos en la tienda y allí nos dan el licor y queso de tetilla y ahumado. Yo le pregunto que si este queso aguantará bien el viaje de vuelta a Valencia y me dice que lo aguantará mejor el queso ahumado. El caso es que nos vamos diciendo que ya nos pasaremos a comprar algo el día que nos vayamos.

Seguimos caminando cuando nos paran de otra tienda y repiten el mismo procedimiento; pero ahora ya somos expertos y nos permitimos hacer comentarios del tipo "el queso ahumado aguantará mejor que el de tetilla, ¿no?" o "esta tarta tiene mejor pinta", pero sin perder un aspecto de turista despistado. Por suerte para nuestros estómagos ( aunque solo hace un par de horas que hemos comido) nos paran de cinco o seis tiendas para probar los productos típicos gallegos.

Después de esta merienda nuestras barrigas de ciclista empiezan a rugir y nos va entrando hambre, así que empezamos a buscar un sitio para cenar. Un amigo mío que ha estudiado aquí me ha dado varios nombres de bares, pero no los encontramos, y los sitios cercanos a la catedral nos parecen un poco caros, así que iniciamos el típico ritual para entrar en algún sitio. Este consiste en pararnos en la puerta de todos los sitios y cuando estamos a punto de entrar encontrarle un defecto absurdo e irnos. Esto se repite durante una hora, y al final entramos en el peor sitio de todos a última hora. Esa noche parecía que iba a ser lo de siempre, pero nos metemos de casualidad en Casa Manolo sin saberlo.

Resulta que este bar es una institución en Santiago y entre los peregrinos en concreto. Por 800 pelas tienes primero, segundo y postre, y las raciones son enormes y hay como 15 primeros y otros tantos segundos a elegir. Normalmente hay que hacer cola, pero merece la pena. El sitio engaña un poco,porque tiene toda la pinta de ser un pub de pijos, pero es fácil de encontrar porque está bastante céntrico.

Como ya he dicho, nos toca esperarnos para cenar y el problema es que nos han dicho que el seminario lo cierran a las doce. Cenamos rápido, pero llegamos al seminario a las doce y cuarto confiando en que seguirá abierto. Lo que pasa es que con los curas no se puede jugar y han cerrado a las doce, por lo que nos quedamos fuera. Como es normal en este país de inpuntuales no somos los únicos y en unos minutos somos unas veinte personas las que estamos esperando en la puerta. Hay unos catalanes que se van de fiesta diciendo que volveran a las seis cuando habran para que se vaya la gente, pero nosotros hoy tenemos ganas de descansar en una cama así que nos esperamos a ver si alguien encuentra una solución.

Hay unos nanos gallegos que empiezan a dar vueltas a todo el edificio buscando una ventana abierta por la que saltar, pero no la encuentran. Pero por suerte sobre la una y algo viene un cura y nos abre la puerta, así que nos vamos a dormir.


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