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Al despertarme oigo como suenan las campanas en la iglesia,
¡joder, son las siete de la mañana!, se supone que a esta
hora tendríamos que estar fuera del albergue. Abro los ojos y veo
que la habitación está medio llena, menos mal que en este
país pocas veces se cumplen los horarios. Nos arreglamos con tranquilidad
y bajamos a desayunar en el propio albergue. Tragamos todo lo que queremos
por un donativo. Este sitio me gusta. Cuando estamos esperando fuera baja
la hospitalera y nos dice que se acaba de despertar. Salimos a las ocho
y algo y volvemos a ser los últimos, aunque esta vez estamos acompañados
por unos ciclistas extremeños que tampoco son precisamente madrugadores.
Es curioso, pero el camino está empezando a cambiarnos. Nos hemos
despertado un domingo a las siete de la mañana, pero no nos ha
importado, es mas estamos contentos de haber tenido un techo bajo el que
dormir y un desayuno barato.
En Sangüesa conocimos a un chaval que habia hecho el camino
hace un mes y nos dijo que en las dos Villafrancas (Montes de Oca y del
Bierzo) habia
bases de acampada en la que seguro que íbamos a tener una tienda
montada con colchón, así que decidimos ir hasta allí.
Además como no son demasiados kilómetros tenemos la esperanza
de poder utilizar la tarde para algo que no sea pedalear. La Rioja es
fácil para el ciclista, pero por suerte no es tan monótona
como Castilla, como después comprobaríamos, en consecuencia
avanzamos bastante rápido. Decidimos almorzar en Santo Domingo
de la Calzada. El señor mojón, Nacho y yo nos paramos en
una plaza que al ciborg no le gusta, or lo que se va a buscarse otro sitio.
Cuando estamos cansados de esperarle empezamos a buscarle y nos lo encontramos
tirado en el cesped esperandonos. Para terminar de arreglarlo para salir
del pueblo cada uno va por su lado y estamos 10 minutos dando vueltas
de un lado a otro. Parece que la convivencia empieza a peligrar, pero
como buenos amiguitos que somos se solucionó todo con unos pocos
insultos.
A las dos llegamos a Villafranca sin problemas. Para ahorrar dinero yo me como
unas patatas que se han dejado unos peregrinos en la tienda-cocina y que
Patxi-Juan Luís se empeña en recordarme que es lo mejor para el
ciclista "carbohidratos, carbohidratos", por cierto,
aún le debo una cena a base de patatas cocidas a Patxi-Juan
Luís.
El resto de la gente decide que son demasiado perros para cocinar y se van a
cenar a un bar del pueblo. Una vez han entrado el camarero (Patxi) pasa un poco
de ellos, pero no son los únicos, hay un tipo bajito, con el pelo largo,
pendientes y pinta de drogata al que Patxi tampoco le hace caso y se dedica a
murmurar sobre la vida sexual de la madre del camarero. Cuando este lo oye se
produce un enfrentamiento dialéctico del que sale victorioso el
camarero. Pero ahí no queda la cosa el tipejo sigue haciendo comentarios
una vez está fuera del bar y en este momento se produce uno de los
momentos míticos del camino: el camarero le grita "aún salgo
y te hago un pincho". Las implicaciones filosóficas de esta frase
son inmensas. Hay quien opina que a pesar de que la frase fue escupida mas que
gritada en verdad es un gesto de buena voluntad y Patxi quería decir que
le invitaba a un pincho de tortilla para hacer las paces. Otra posibilidad es
que Patxi se refiriera a que iba a usar su carne para un nuevo tipo de pincho,
algo a sí como drogata al ajillo, también podría ser que
estuviera decidido a pulir sus huesos para utilizarlos como palillos, debido a
la cercanía de la sierra de Atapuerca aprovecharía el
tirón turístico que tendría convertir su bar en un nuevo
restaurante temático, algo así como un Mc Neolíthic. De
todas maneras y a pesar de las numerosas horas de reflexión que hemos
dedicado a este tema no hemos llegado a una conclusión definitiva, por
lo que no descartamos la posibilidad de volver a ese lugar perdido del mundo
que es Villafranca Montes de Oca algún día.
El caso es que por fin lo hemos logrado, tenemos toda la tarde libre, pero
hemos elegido el peor sitio posible. en este pueblo no hay absolutamente nada.
La iglesia está en la plaza del pueblo, que está en el centro del
pueblo y a la vez es el último edificio del pueblo. Impresionante,
llegamos a interesarnos por la actuación de un grupo de jotas para las
fiestas del pueblo, pero hasta en eso tenemos mala suerte ya que es justo
dentro de una semana. Como no tenemos alternativas y exceptuando una
incursión que realizamos en las huertas cercanas para proveernos de
fruta (unas ciruelas impresionantes) nos pasamos la tarde sentados en un banco
de piedra viendo como pasan los coches. Lo único positivo de perder una
tarde de esta miserable forma es que conocemos a alguien que aún
está peor que nosotros (un suizo que ha venido desde su país
andando, están locos estos suizos) y que me sirve de ensayo para mi
actual vida de parado, en la que mi máxima diversión es comentar
con el resto de parados y/o jubilados los avances de una obra cercana a mi
casa. Patético.
Finalmente decidimos acostarnos pronto a pesar de que no estamos seguros de
poder dormir debido al bullicio que se organiza en la macrodiscoteca que
está situado a unos escasos metros de nuestra tienda ;-)
Antonio no ha ido ninguna vez al baño.
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