Domingo 12, Navarrete-Villafranca Montes de Oca, 70,5 km 3h 48min

Al despertarme oigo como suenan las campanas en la iglesia, ¡joder, son las siete de la mañana!, se supone que a esta hora tendríamos que estar fuera del albergue. Abro los ojos y veo que la habitación está medio llena, menos mal que en este país pocas veces se cumplen los horarios. Nos arreglamos con tranquilidad y bajamos a desayunar en el propio albergue. Tragamos todo lo que queremos por un donativo. Este sitio me gusta. Cuando estamos esperando fuera baja la hospitalera y nos dice que se acaba de despertar. Salimos a las ocho y algo y volvemos a ser los últimos, aunque esta vez estamos acompañados por unos ciclistas extremeños que tampoco son precisamente madrugadores. Es curioso, pero el camino está empezando a cambiarnos. Nos hemos despertado un domingo a las siete de la mañana, pero no nos ha importado, es mas estamos contentos de haber tenido un techo bajo el que dormir y un desayuno barato.

En Sangüesa conocimos a un chaval que habia hecho el camino hace un mes y nos dijo que en las dos Villafrancas (Montes de Oca y del Bierzo) Al lado del bar el Abuelo de Santo Domingohabia bases de acampada en la que seguro que íbamos a tener una tienda montada con colchón, así que decidimos ir hasta allí. Además como no son demasiados kilómetros tenemos la esperanza de poder utilizar la tarde para algo que no sea pedalear. La Rioja es fácil para el ciclista, pero por suerte no es tan monótona como Castilla, como después comprobaríamos, en consecuencia avanzamos bastante rápido. Decidimos almorzar en Santo Domingo de la Calzada. El señor mojón, Nacho y yo nos paramos en una plaza que al ciborg no le gusta, or lo que se va a buscarse otro sitio. Cuando estamos cansados de esperarle empezamos a buscarle y nos lo encontramos tirado en el cesped esperandonos. Para terminar de arreglarlo para salir del pueblo cada uno va por su lado y estamos 10 minutos dando vueltas de un lado a otro. Parece que la convivencia empieza a peligrar, pero como buenos amiguitos que somos se solucionó todo con unos pocos insultos.

A las dos llegamos a Villafranca sin problemas. Para ahorrar dinero yo me como unas patatas que se han dejado unos peregrinos en la tienda-cocina y que Patxi-Juan Luís se empeña en recordarme que es lo mejor para el ciclista "carbohidratos, carbohidratos", por cierto, aún le debo una cena a base de patatas cocidas a Patxi-Juan Luís.

El resto de la gente decide que son demasiado perros para cocinar y se van a cenar a un bar del pueblo. Una vez han entrado el camarero (Patxi) pasa un poco de ellos, pero no son los únicos, hay un tipo bajito, con el pelo largo, pendientes y pinta de drogata al que Patxi tampoco le hace caso y se dedica a murmurar sobre la vida sexual de la madre del camarero. Cuando este lo oye se produce un enfrentamiento dialéctico del que sale victorioso el camarero. Pero ahí no queda la cosa el tipejo sigue haciendo comentarios una vez está fuera del bar y en este momento se produce uno de los momentos míticos del camino: el camarero le grita "aún salgo y te hago un pincho". Las implicaciones filosóficas de esta frase son inmensas. Hay quien opina que a pesar de que la frase fue escupida mas que gritada en verdad es un gesto de buena voluntad y Patxi quería decir que le invitaba a un pincho de tortilla para hacer las paces. Otra posibilidad es que Patxi se refiriera a que iba a usar su carne para un nuevo tipo de pincho, algo a sí como drogata al ajillo, también podría ser que estuviera decidido a pulir sus huesos para utilizarlos como palillos, debido a la cercanía de la sierra de Atapuerca aprovecharía el tirón turístico que tendría convertir su bar en un nuevo restaurante temático, algo así como un Mc Neolíthic. De todas maneras y a pesar de las numerosas horas de reflexión que hemos dedicado a este tema no hemos llegado a una conclusión definitiva, por lo que no descartamos la posibilidad de volver a ese lugar perdido del mundo que es Villafranca Montes de Oca algún día.

El caso es que por fin lo hemos logrado, tenemos toda la tarde libre, pero hemos elegido el peor sitio posible. en este pueblo no hay absolutamente nada. La iglesia está en la plaza del pueblo, que está en el centro del pueblo y a la vez es el último edificio del pueblo. Impresionante, llegamos a interesarnos por la actuación de un grupo de jotas para las fiestas del pueblo, pero hasta en eso tenemos mala suerte ya que es justo dentro de una semana. Como no tenemos alternativas y exceptuando una incursión que realizamos en las huertas cercanas para proveernos de fruta (unas ciruelas impresionantes) nos pasamos la tarde sentados en un banco de piedra viendo como pasan los coches. Lo único positivo de perder una tarde de esta miserable forma es que conocemos a alguien que aún está peor que nosotros (un suizo que ha venido desde su país andando, están locos estos suizos) y que me sirve de ensayo para mi actual vida de parado, en la que mi máxima diversión es comentar con el resto de parados y/o jubilados los avances de una obra cercana a mi casa. Patético.

Finalmente decidimos acostarnos pronto a pesar de que no estamos seguros de poder dormir debido al bullicio que se organiza en la macrodiscoteca que está situado a unos escasos metros de nuestra tienda ;-)

Antonio no ha ido ninguna vez al baño.



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