Viernes 17, León-Molinaseca 104,5 km 5 h 27 min

Nuestras peores previsiones se cumplen, y a las siete de la mañana ya estamos despiertos, y para variar somos de los últimos en despertarse. Aquí vuelve a haber desayuno a cambio de un donativo, y aunque el pan es del día anterior nos volvemos a poner hasta las botas, eso sí nos lo tomamos en una porchada que hay en el patio y hace un frío que pela. Para variar me pongo a hablar con un tío al que no conozco de nada (un catalán que viene andando desde el primerLa entrada a la parte antigua de Astorga pueblo francés antes de Roncesvalles) y se me ocurre decir la verdad, que no es justo que los ciclistas estemos discriminados respecto a los caminantes y que no deberían tener preferencia para conseguir plaza en el albergue. Curiosamente la gente que tengo alrededor empieza a mirarme con cara de asesino. Tiene gracia, mucha religiosidad para hacer el camino, pero no pueden tener compasión de un tío que se hace 100 kilómetros en bici. A mi ya me la suda porque no creo que vuelva a hacer el camino en bici, pero es muy cómodo hacerse 15 kilómetros andando sabiendo que vas a tener un sitio donde dormir y no pensar que hay gente que hasta las siete o las ocho de la tarde no sabe donde se va a meter. Allá a las ocho hemos terminado de desayunar e iniciamos el camino. Nos cuesta unas dos horas y media llegar a Astorga (hemos parado en un super a comprar). Allí almorzamos justo a la entrada de la zona antigua. Después del almuerzo Nacho se va a buscar un sitio donde se pueda cambiar las zapatas. Entre eso y la vuelta que nos hemos dado por el pueblo (muy recomendable darse una vuelta en profundidad, además Antonio vió una francesa que durmió con nosotros en puente de la reina) volvemos a salir un poco tarde.

Sobre la una nos vamos a lo que para nosotros es el primer gran reto del camino, la ascensión a la cruz de hierro o cruz de fierro como la llaman por allí ( a este respecto hay que decir que llevamos un tiempo viendo pintadas que van desde León Solo, a Lleón Solu pasando por País Llionés libre, y que más tarde se convertirán en Bierzo independiente, Bierzo gallego o nunca gallego, vamos que aquí hay más nacionalismos que el Caúcaso o los Balcanes).

Cuando estamos practicamente al pie de la montaña el ciborg y el señor mojón se empeñan en querer hacer la subida por el camino. Nosotros les decimos que han elegido el peor día para meterse por una senda de tierra con toda la subida que hay, pero se les ha metido en la cabeza y se van por el camino. Luego nos enteramos de que por el camino solo hicieron justo hasta el inicio del puerto (Rabanal del camino) porque la subida es un caminucho de medio metro de ancho por el que no cabe la bici. Nos separamos y quedamos en vernos en Ponferrada.

Al poco iniciamos la ascensión. No voy a ir de machote pero tampoco es un puerto tan duro por esta cara. Realmente exige un esfuerzo importante, pero no hay desniveles considerables en los primeros kilómetros (7 u 8) hasta que se llega a Foncebadón en el que hay una rampa que debe ser de algo mas de un diez por cien. Además ya se está casi a 1400 metros de altura y eso se empieza a notar. A unos dos kilómetros de Foncebadón está la cruz de hierro, donde hay que hacer una parada obligada. Aquí llega uno de los peores momentos de todo el camino, al menos para nosotros. Llevábamos casi cien kilómetros en las piernas y creíamos que en la cruz de hierro se inicia el descenso, pero aún quedan 5 kilómetros con bajadas y subidas en las que hay tres rampas bastante fuertes. Esto que tampoco es tan duro, te come la moral de mala manera, pero todo se termina cuando se llega a la base militar. Allí se está a 1500 metros de altura y se inicia un descenso continuo de 12 kilómetros sin descanso hasta Molinaseca, a 620 metros de altitud.

La palabra que mejor define este descenso es ¡guau! Una carretera en buenas condiciones pero con continuas curvas que le dan emoción a la cosa, vamos que se coge mucha velocidad pero hay que saber llevar la bici y utilizar los frenos correctamente. Según los datos que tengo son 12 kilómetros a un 7'5% de pendiente media, vamos un puerto de especial de los que hacen diferencia entre los profesionales, estaría bien que alguna vuelta ciclista terminara allí alguna vez. En el descenso hay que comentar (aunque nosotros no paramos) que es interesante pasar un ratillo en Manjarín, porque allí están los templarios. Por lo que me han comentado gente que si se ha parado allí son unos "locos" que se creen que aún están en la edad media y se llevan el rollo de que son caballeros. Como estarán pirados pero creen firmemente en sus ideas, su albergue no es el más cómodo de todos, pero seguro que es el más auténtico.

También hay que tener cuidado al llegar al Acebo. Es un pueblo muy bien conservado que llama la atención desde lejos, Vista de El Acebopero es que cuando entras hay una curva cerrada a la derecha y de repente te encuentras que desaparece el asfalto y te aparece un suelo de cemento con una especie de regaderas para canalizar el agua de lluvia perpendiculares al eje de la carretera que van a llegar a una canal que sigue el curso de la carretera por el medio de esta. Nosotros tuvimos suerte porque lo cogimos a poca velocidad (nos habíamos parado a hacer unas fotos unos metros antes) y en seco, pero la otra vez que Nacho hizo el camino, estaba lloviendo y se cayó un chaval que resbaló unos cuantos metros sobre una mezcla de agua, barro y restos vacunos, un gustazo. Después seguimos hacia delante pensando no parar hasta Ponferrada, aunque nos fastidió porque la entrada en Molinaseca es espectacular. El pueblo es precioso pero además tienen una presa en el río, justo al lado del puente romano en la que dan unas ganas de bañarse impresionantes. Un poco fastidiados porque habíamos quedado en Ponferrada continuamos el camino, peroVista de Molinaseca cuando pasamos por la puerta del albergue (está un poco lejos del centro del pueblo) nos encontramos a Antonio y a Ramón haciendo cola. Decidimos pasar allí la noche. Ocupamos una de las tiendas con colchones que nos dejan, comemos y nos vamos a pegar una baño y a dar una vuelta al pueblo. Hemos tenido suerte y es el último día de fiestas, además hoy es la fiesta del agua y están todos los nanos revolucionados. Estos tres se quedan pillados con una niña de 17 años que les amenaza con mojarles, que está bastante crecida para su edad. Nos damos una vuelta por el pueblo y por la verbena por la noche. Lo peor de todo es que en albergue también hay una secta gabacha (hay unos treinta) que vienen con coche de apoyo (me dan asco los que van en ese plan) y llevan una cocina y sus alimentos franceses, no sea que pillen algo. Además hay uno que va vestido como un monje medieval y después de comer hacen un círculo para rezar y tocar canciones con la guitarra. Si me llegan a pillar en un día malo me llevo alguno por delante.

Como son fiestas nos vamos a dar una vuelta por la noche. Lo que mola es que los chavales están tirando petardos, y nos los tiran a los pies para asustarnos. Lo que no saben es que esos petardos (los de estrella) los dejé de tirar cuando tenía ocho años (ser valenciano marca en algunos aspectos) así que se quedan con las ganas de reirse cuando pasamos totalmente de los petarditos. Teníamos pensado ir a la verbena pero como está chispeando yo me voy a dormir allá a las doce y algo, y el resto de la gente se quedan a ver que pasa. Por lo que me cuentan la verbena resultó un baile de la tercera edad.


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