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Aunque la noche anterior le había preguntado al abuelo
que se encarga del albergue cuando nos podríamos despertar y me
dijo
que cuando quisiéramos, el cabron del yayo nos despierta a las
ocho de la mañana metiéndonos prisa. Puto viejo.Parece que
Ramón se haya recuperado por fin y emprendemos la marcha a buena
velocidad. Como sigue siendo llano y ya no sopla viento hacemos una buena
media y de la emoción que llevamos no paramos ni a almorzar llegando
hasta León de un tirón. Llegamos a las dos, lo que pasa
es que no sabemos donde está el albergue y cuando preguntamos damos
vueltas entre los dos que hay. Al final llegamos al del ayuntamiento.
Hay que pagar 500 pelas pero es impresionante, hay prensa, televisión
por cable, internet, se puede llegar cuando se quiera... pero los que
están delante de nosotros ocupan las últimas plazas. Nos
toca irnos al albergue de las monjas. Está en un colegio femenino
de monjas, en el centro de León. Nos toca dormir en unos colchones
en el suelo del gimnasio. La ventaja es que solo hay que pagar la voluntad
y te dan desayuno, lo malo es que cierran las puertas a las diez menos
cuarto ( eso es porque a las diez hacen una misa de no se que y así
va mas gente) y a las once hay que dormir, pero es lo único que
hay.
El abuelo y yo nos quedamos a comer aquí y los otros dos se van a buscar
un bar, acabando en un Pizza Hut a las cinco de la tarde. Depués me meto
en un cibercafé para envíar unos cuantos mensajes a
móviles y leer mi correo electrónico. Lo bueno es que el camino
me está cambiando y no tengo ninguna necesidad psicólogica hacia
las nuevas tecnologías. vamos que utilizo el ordenador pero me es
absolutamente indiferente, me estoy asilvestrando. Después nos vamos al
Carrrefour y nos perdemos a la vuelta dando un paseo involuntario por
León. Después de descargar y como no vemos a esttos dos, nos
damos una vuelta por el centro de León. Hay bastante ambiente, pero
antes de las diez tenemos que estar en el albergue.
Como medida de resistencia cenamos cuando están en la misa,
después nos vamos a dormir y como la monja tiene problemas para apagar
la luz hay bastante gente que lo encuentra divertido y empieza a descojonarse.
La vida de peregrino cambia a la gente, y estoy comprobando lo que me dijo mi
hermano los que vienen andando de los pirineos están rallados.
Tiene razón, tanto tiempo perdidos por en medio de la nada afecta a la
gente, y hay veces que siento miedo al ver a determinados elementos. Aunque hay
unos cien colchones en el suelo hay gente que tiene que dormir fuera (un
alemán durmio solo con el saco debajo de un tobogán del patio).
Esto indica que el gimnasio está completo, y la mayor consecuencia es
que hay un holor a humanidad que tira para atrás, mejor, al estar
narcotizados dormiremos más tranquilamente.
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