Sobre las escarpadas estribaciones de la Sierra Madre Oriental, fuertemente apretada por centenarios y robustos pinos, olorosos a resina virgen, dejan ver sus hermosas faldas intensamente verdes, semejando túnicas virreinales del siglo XVIII, sobre ellas, en altibajos relieves surge entre la niebla un pueblecito lindo, prendido de un rayito de sol que ilumina profundas barrancas, que dejan paso ligero a transparentes aguas de los arroyos que murmuran el lenguaje de las chorreras, o el sencillo cantar de aguas mansas que en grandes represas permiten oír el susurro del viento. . .
En los recodos del asfalto camino se aspira el perfume milagroso que regalan las flores silvestres, en los jardines caseros engarzadas primorosas azaleas, rosas, jazmines, azucenas, violetas y agapandos de fino terciopelo invitan a la caricia y al amor a oriundos y forasteros. . .
. . .Allí en ese torbellino de hermosura está situado Huauchinango luciendo antiguos tejados rojos como frescos labios de mujer enamorada. . .
. . .En sus aleros aletear de golondrinas que al volar rayan el cielo. . .
Sus viejos portales cansados guiñen los arcos de sus ojos al paso de la gente. . .
En su Jardín la Clásica fuente colonial se deja acariciar por las pinturientas jícaras de las inditas que reverentes mitigan su sed. . . y se platican de andanzas y amoríos alabando al sol y al aire para que permita se realicen sus santas brujerías...
Fortaleza del medievo es su señorial Palacio. Incrustado bajo sus almenas yace un añoso relog que hábilmente rejuvenecido sigue marcando y midiendo el tiempo. . .
. . .Dicen que por las obscuras y friolentas noches se ven rondar las sombras de los Cravioto como eternos vigilantes de sus palaciegas obras. . .
En sus lindos amaneceres, por sus torcidas callejuelas se cruzan los hombres y mujeres dispuestos a laborar. . .
Por las tardes de lluvia y de frío, la neblina se arremanga las enaguas y corre veloz por las angostas callejuelas permitiendo a veces ver los diminutos focos, cocuyos que resbalan su tenue luz en la obscura esquina de las casas. . .
O sencillamente en otro amanecer otoñal, se dibujan los celajes con pinceladas de oro viejo y marfil, apareciendo el vetusto y grandioso Zempoala color verdiazul.
TOMAS MARTINEZ BARRAGAN