Hosted by www.Geocities.ws

Guillermo Peluffo

Guillermo Peluffo (Diario El Observador - 2002)

¿Qué disco no puede faltar en su equipaje?
L.A.M.F. de Johny Thunders. It's alive de los Ramones.

¿Cuál es la mujer más linda del cine?
Isabella Rossellini.

¿Qué haría más a menudo si pudiera?
Más asados.

¿Ante qué se repite "no debo"?
La cerveza.

¿Cuál es el icono de su adolescencia?
Johny Rotten y el bocha Cardaccio.

¿Cuál es el mejor consejo que le han dado?
"Esperá un poquito".

¿Qué es lo que más le ha costado aprender?
A esperar.

¿Qué invento solucionaría su vida?
El mate antilavado.

¿Qué objetos le hacen perder la cabeza?
Los que no hacen lo que yo quiero. El "render".

¿Qué día volvería a vivir?
La noche de Nacional-PSV.

¿Cuál es la mentira más grande de la Historia?
Los últimos serán los primeros.

¿Cuál es el mejor momento para retirarse de una fiesta?
Justo antes de que llegue la Policía.

Una imagen del bochorno.
Nosotros en los casamientos.

¿Qué olor le trae a la memoria la palabra "hogar"?
Pasta.

¿Cuál es el mejor adjetivo para la palabra "domingo"?
Glorioso.

¿Cuál es el lugar más raro en el que estuvo?
Juan Carlos Gómez .

¿Con qué no puede parar de reír?
Los Simpson.

¿Su paseo preferido de la infancia?
El zoológico y las maquinitas.

¿Qué no puede faltar en una heladera a las tres de la mañana?
Helado.

¿Cómo reconoce a un indeseable?
Por cómo te tocan.

¿Una combinación fatal?
Vino con Sprite.

¿Cuál es la prenda preferida de su guardarropa?
Mis bermudas.

¿Ante qué siente tedio?
Las visitas obligadas.

¿Qué acontecimiento le hubiera gustado presenciar?
El Maracaná.

Una frase de película.
"¿Quieres hablar de ello?"

Una vista de Montevideo.
Desde el besódromo del Kibón.

¿Una foto que nunca se sacó?
Con el "Chino" Recoba.

Martes al mediodía. Peluffo se presta a las fotografías en una habitación al final de dos tramos largos de escalera en su casa de Pocitos. Las cortinas rojas filtran la luz del día soleado y limpio. Primaveral. El ambiente, un poco por su situación, bastante aislado del resto de la casa, y otro poco por los objetos que se observan —fotografías, acreditaciones, computadora, libros, discos— parece la habitación que reserva para dedicarse a lo que le causa placer, su habitación personal. En la entrevista se dedicó largamente a diferenciar las áreas que conforman su vida actual. Parece tener claro qué espacio ocupa cada actividad.

El entrevistado viste de negro riguroso. Los lentes de marco grueso hacen buen juego con sus canas prematuras. Peluffo tiene 30 años, trabaja como director de cortos publicitarios en una productora, prepara un nuevo disco de su banda Trotsky Vengarán, tiene una hija de dos años y medio y espera otro hijo.

El tono de las respuestas del cuestionario, que tenden a explicitar un carácter frontal y descontraído, entra en cierta contradicción con el modo suave y maduro con el que explica su trabajo, su paternidad y sus opciones. La familia es sin duda el tema que más le interesa cuidar. Ante el interrogante de cómo afecta la paternidad el desarrollo de la vida, dice, concreto: "Se acabó el 'porque me gusta'". Las decisiones adquieren trascendencia, porque todo comienza a ser para siempre.

Entre los 19 y los 24 años se dedicó a trabajar intensamente, abandonando actividades que inició en la adolescencia, para retomarlas luego de asegurarse la manutención. Se dio cuenta de que muchas satisfacciones espirituales no tienen que ver con ganar dinero u obtener el reconocimiento del medio: "No me frustro porque a la banda no le vaya bien, porque ése nunca fue el sentido de hacer Trotsky".

Con el buen desempeño en su papel de padre como único temor y la seguridad de su familia como prioridad, Peluffo disfruta de cada área en su justa medida. Ya no tienen gracia las cosas "a la mandola".

"No me acuerdo nada de cuando era chico, muy pocas cosas. Recuerdo el primer día de la escuela, cosas así...pero de antes, nada. Lo único que me interesaba en el mundo era jugar. Los horarios de mi vida se regulaban por el fútbol y la bolita. Recién a lo 13 años empezó a intervenir la música y cambié la bolita por la música".

"No tengo una vocación, lo único que me guía es tener un trabajo mínimamente creativo. En el trabajo no tienen por qué reflejarse necesariamente todas tus inquietudes; podés reflejarlas en otros aspectos de tu vida. Nunca traté de realizarme en un solo sentido. Después de trabajar tanto me di cuenta de que el trabajo... Lo tomo como un medio para poder conseguir otras cosas; obtener tiempo y presupuesto para desarrollar otras actividades".

"Me encanta que me llamen para hacer una entrevista pero no tomo conciencia de que eso va a salir publicado y que alguien lo va a leer. Jamás le di mucha pelota a la repercusión porque sé que obedece a mecanismos muy extraños que no necesariamente tienen que ver con lo que vos hiciste".

"Lo que más me atemoriza es no ser un buen padre, cometer errores. Me paso pensando en eso: qué errores le estoy inculcando, y cuándo van a saltar. Cuando la ves jugando y ves una persona que está sonriendo sin parar durante cuatro horas...te transmite una felicidad impresionante. Cuando vas a tener un hijo todos te dicen: "Te va a cambiar la perspectiva de la vida". No te das cuenta en qué sentido te cambia hasta que te pasa a vos. Uno puede agarrar para cualquier lado. A mucha gente le agarra miedo y termina desbaratando una pareja. A mí me dio miedo, pero tener un hijo es como tener un show las 24 horas; lo vivo con mucha felicidad".
volver a notas

volver a página principal

Hosted by www.Geocities.ws

1