| SONATAS DE MALORA |
| PRESEAS
En la llanura de tu cuerpo se abisma la garra del encabritado sopor de mi sed que holla tu oasis en las riberas de tu sexo de playa atardecida, de tu sexo de mu�rdago, de tu sexo de alegor�a caprina , tu sexo de pleamar de agua salobre, de tu sexo de mugido de b�vido encenagado, de tu sexo de grito de mandril, de tu sexo de �tomo y de fuego de artificio, de tu sexo de borde de tumba, de tu sexo de gram�nea, de tu sexo de resollar y sudor de caimanes, de tu sexo de oscuro cielo invernal, de tu sexo de chirrido, de tu sexo de erg�stula y palpitar de g�iser, de tu sexo de ala de cuervo, de tu sexo de tintinear de tiroriros, de tu sexo de paso acompasado de pantera, de tu sexo de humus y fumarola, de tu sexo de chisporrotear de lava, de tu sexo de metal y hielo, de tu sexo de imitaci�n de la curvatura de la tierra, de tu sexo de esencia de canela, de tu sexo de fauce dentada donde mora esta sombra que no cesa de gritar su grito de nonato... |
| CAL�NDULA
Mientras gima tu poro en la aguja feraz de mi esperma la paz a ti indebida ser� un p�ndulo, una olla cascada burbujeando al hervor de sus sapos. |
| I
Ah, el nido caliente de tus yemas, palpitando, caracol de espuma, entre los arcanos de mis ingles. No tu grito de bacante, no tu mugido de corza ciega al arribar al l�mite, no, al fin, el crepitar de tus caderas: s�lo la dormida soledad de tus pupilas y el vibrar de tus labios, orando sin palabras, prosternada frente al v�stago, mi prora y tu nepente, donde nace y mora la simiente |
| V
Tienes la tristeza de la piedra rajada, un olor a sombra, perfil de agua y de madera y una ancestral rebeld�a contra la dulce vocaci�n de la muerte. Bebes los aguardientes dormidos entre yerbas renacidas sobre las tumbas de aquellos que lucharon por la vida, te frotas el vientre con pomadas de caol�n, danzas con ondulaciones de lamprea y saludas a las ma�anas con tus muslos trasl�cidos y la r�dula de tu risa de alga. Malora, dientes lubricios, tez de ventallo, penas de acero y cadencia de potra: agonizas de ira como un jabal� con el cuello sajado cuando ves desfilar a los Buitres con sus estandartes y glosas de rapi�a y sapientes mentiras en los ecrans y portadas de los diarios; y te tensas como una ballesta ante los crucifijos que santifican las tumbas de los asesinados por el hambre. Malora: naciste para la lucha que apenas si comienza y para anunciar el olor de la alborada. |
| IV
Malora, respiras tu aire azul y brilla tu risa de amapola a pesar del retumbar de las bombas incendiando la floresta. |