| CESAR VALLEJO |
| C�sar Abraham Vallejo naci� el 16 de marzo de 1892 en la ciudad andina de Santiago de Chuco del norte del Per� ,muri� en Francia el 15 de Abril de 1938; Como �l hab�a profetizado en uno de sus poes�as, �l muri� un jueves "en Par�s con aguacero" |
| LOS HERALDOS NEGROS
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no s� Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma... Yo no s� Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras en el rostro m�s fiero y en el lomo m�s fuerte. Ser�n tal vez los potros de b�rbaros atilas; o los heraldos negros que nos manda la muerte. Son las ca�das hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de alg�n pan que en la puerta del horno se nos quema. Y el hombre... Pobre... pobre Vuelve los ojos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, como un charco de culpa, en la mirada. Hay golpes en la vida, tan fuertes ... Yo no s� |
| ESPERGESIA
Yo nac� un d�a que Dios estuvo enfermo. Todos saben que vivo, que soy malo; y no saben del diciembre de ese enero. Pues yo nac� un dia que Dios estuvo enfermo. Hay un vac�o en mi aire metaf�sico que nadie ha de palpar; el claustro de un silencio que habl� a flor de fuego. Yo nac� un d�a que Dios estuvo enfermo. Hermano, escucha, escucha� Bueno. Y que no me vaya sin llevar diciembres, sin dejar eneros. Pues yo nac� un d�a que Dios estuvo enfermo. Todos saben que vivo que mastico� Y no saben por qu� en mi verso chirr�an, oscuro sinsabor de f�retro, luyidos vientos desenroscados de la Esfinge preguntona del Desierto. Todos saben� Y no saben que la Luz es t�sica, y la Sombra gorda� Y no saben que el Misterio sintetiza� que �l es la joroba musical y triste que a distancia denuncia el paso meridiano de las lindes a las Lindes. Yo nac� un d�a que Dios estuvo enfermo, grave. |
| TRILCE
Hay un lugar que yo me s� en este mundo, nada menos, adonde nunca llegaremos. Donde, aun si nuestro pie llegase a dar por un instante ser�, en verdad, como no estarse. Es ese sitio que se ve a cada rato en esta vida, andando, andando de uno en fila. M�s ac� de m� mismo y de mi par de yemas, lo he entrevisto siempre lejos de los destinos. Ya pod�is iros a pie o a puro sentimiento en pelo, que a �l no arriban ni los sellos. El horizonte color t� se muere por colonizarle para su gran Cualquiera parte. Mas el lugar que yo me s�, en este mundo, nada menos, hombreado va con los reversos. -Cerrad aquella puerta que est� entreabierta en las entra�as de ese espejo. -�Est�?- No; su hermana. -No se puede cerrar. No se puede llegar nunca a aquel sitio do van en rama los pestillos. Tal es el lugar que yo me s�. |