La semana laboral fue de lo más aburridita y mientras me tomaba mi bocata de mejillones en escabeche y mi cervecita de cada día me acordaba de mi ULTRACENTRO. Sin embargo, había decidido no llamarle y ver lo que el DESTINO me deparaba.
Y lo que me deparó fue una llamada de un número desconocido a la que ingenuamente respondí sin tan siquiera poder sospechar que se trataba del NAZARENO.
Como quizás recordéis, el Nazareno era un ex mío que se llama Carlos y que es literalmente nazareno, nada de motes. Es un chico bastante mono de cara y de cuerpo purrús que se lo tiene muy creído y va de chulo gitano por la vida. Las mosqueperras lo odiaron desde el primer encuentro precisamente porque se les puso chuleta. Así que, cuando les contó lo de Macarena, contestaron sucesivamente así:
Nacho: -Estoy un poco mareada.
Ángel: -Y asustada.
Germán: -Esto no pasaría, Roberto, si follases más a menudo.
Para que veáis cómo se las gastan las mosque.
Pero lo peor del nazareno es que no sabía qué es lo que quería y así se podía pasar de proponer vivir juntos a dejarlo pero ya en el espacio de una tarde. Y a veces hasta en la misma conversación empezaba diciendo que me quería mucho y terminaba soltando que él no estaba hecho para mí. En una de esas, me harté, le plantifiqué y me largué a casa de Nacho con las mosqueperras que reaccionarons sucesivamente así:
Nacho: -Estoy aliviada.
Ángel: -Y reconfortada
Germán: -Esto no pasaría, Roberto, si follases más a menudo.
Como estaba en un período, en el que, como podéis ver, follaba bastante, le dije al nazareno que estaba muy ocupado, pero insistió tanto en que me quería invitar a unas cañas, que al final cedí.
Mientras le estaba esperando, me empecé a preguntar si no habría algún complot de ultracentros porque ya era casualidad que me hubiera encontrado al nazareno saliendo de casa de Santiago y que ahora me llamara otra vez justo la semana en que había dormido con él.
Carlitos es una de esas personas que no olvidan nada y no aprenden nada. Así que apareció tan chulo como siempre y hablando como siempre. No os he contado que el nazareno tiene la particularidad de separar el último pronombre del verbo. Por ejemplo, te está contando una cosa y te dice:
-Imagínate – LO.
Me habló de sus aburridísimas amigas y de otras bobadas similares y yo me preguntaba adónde iría a parar todo aquello. De vez en cuando me daba un golpe en la espalda que me daba ganas de practicarle una amputación y me soltaba lo de:
-Imagínate – LO.
El problema es que no podía imaginarme - LO y me estaba empezando a cabrear. Para evitar males mayores, le dije que me iba a recoger, pero insistió en que me quedase. Así que otra caña, otro rollito y más golpes en la espalda. Ya me tuve que cuadrar y preguntarle si era oligofrénico. Y entonces me suelta lo siguiente:
-Pensaba que te gustaba la caña.
Lo que yo pensé es que estaba sufriendo una alucinación, pero me contó que se había topado con mi perfil en la página fetish y que le había dado mucho morbo, que nunca había tenido una experiencia leather pero que estaba deseando.
Lo de ser gay y nazareno tiene un pase, al fin y al cabo yo conocí a uno que era gay y cura (y ahora es por cierto la número uno de la sauna del gimnasio, pero ése es ya otro tema), ahora bien, ser nazareno y leather, pues no. Si eres leather, asumes que eres una lumi y ni capirote ni saetas ni hostias. Así que le dije:
-Mira, Carlitos, si quieres penitencia, ponte un cilicio porque desde luego conmigo no vas a follar. PAUSA. Meriéndate - LO