Estaba a las dos de la mañana en la Puerta de Alcalá bastante colocado con unos pantalones que no eran míos. Eso quería decir que tenía que volver a casa de Milady y recuperar los míos. Especialmente porque en mis pantalones estaban las llaves de casa y la otra persona que las tenía, Nacho, había pasado a formar parte de un X-file.
Me volví a Lagasca Street y llamé al portero automático de Mrs. de Winter. El silencio por respuesta. Volví a llamar y a llamar y recordé que el timbre estaba junto a la puerta y que eso estaba en el lado opuesto de la casa donde estaba la Disneylandia del Amor. Con la música y los productos del Cheminova era evidente que no me oía nadie.
Se me ocurrió llamar por teléfono, pero no recordaba el número de Germán. Con la mierda de los móviles ahora ya no me sé ningún número más que el de mis padres y el de los padres de Nacho. Pero tenía el móvil de la esbirra en el bolsillo de SU pantalón y busqué en la agenda. Lógicamente, estaba el número de Milady y lo marqué. La primera no me respondió nadie, pero la segunda una voz (SALVADO) dijo:
-Allô.
Era evidente que estaba hablando con una de las pijotontas de las secuazas, así que le dije:
-Soy Bree van de Kamp, mi marido ha desaparecido en Sotogrande y yo acabo de salir de los premios Telva. ¿Te importaría abrirme el portal, bonita?
Me había pasado de lista y me había colgado. Llamé otra vez, pero la muy cabrona lo había dejado descolgado. Diréis que por qué le dije eso y sólo os puedo responder que me pasa lo que a Farala: ella es así.
Volver a casa de Milady se estaba convirtiendo en MISIÓN IMPOSIBLE, pero no me desanimé porque tengo un pasado de CHICA-BOND que ya quisieran muchas. Empecé a recorrer la agenda de la secuaza y a llamar a números de algunos nombres que me sonaban. Nadie respondía porque estaban todas drogadas. Al final di con el teléfono de un tal Santiago y llamé a ver si era mi querido ULTRACENTRO. Imagino que las posibilidades de que me oyera eran una entre un millón. Pero ya sabéis que a mí siempre me toca algo en las rifas.
-¿Christian? ¿Pero tío, me estás llamando desde el baño?
-Soy Roberto. Es una historia larga y complicada y bastante triste, pero te la voy a resumir. He tenido que ir de urgencias a ver a mi tarotista y como tenía el teléfono descargado, Chistian, que es tan majo y tan amigo de sus amigos, me ha prestado el suyo. ¿Me puedes abrir el portal?
Ya estaba en el ascensor. Ahora Santiago me abriría, recuperaría mi pantalón y huiría rápidamente.
En la misma puerta Santiago me clavó la lengua en la garganta, me quitó el pantalón (de la secuaza), la camisa (mía) y me llevó como los elefantes hacia el departamento de productos prohibidos por la ley y, amigas, una puede nadar mucho tiempo contracorriente pero llega un momento en que le fallan las fuerzas y se deja llevar a follar delante de su amiga la de Winter…
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Deberían de ser las siete de la mañana cuando iba con un melocotón antológico en un taxi con Santiago camino de… SU CASA.