Estáis deseando saber qué pasó con el niñato, pero no os lo voy a contar porque sois unas lobas. Os voy a dar, en cambio, una lección de moral y buena conducta.
Entre todas estas patoaventuras, algunas entrañables, otras picantes, todas interesantes, seguía yendo al gimnasio. Y allí sucedía lo siguiente: aparecían todas las maricas con unos modelos divinos, se pasaban toda la tarde hablando de Ibiza, del Cool y de D&G, no hacían nada y estaban que te cagas. Yo llegaba con un pantalón corto de algodón y una camiseta vieja, sudaba como un pollo sin parar durante dos horas y estaba como siempre. Aquello era un misterio y necesitaba una solución. La solución vino en forma de Cristóbala, que está como LA MASA pero marrón de RAYOS-UVA en vez de verde. La Cristóbala empezó a decirme que estaba ciclada, que todas estaban cicladas y que se veía a la legua que yo no estaba ciclada. Yo le dije que yo estaba más bien alucinada… de su sapiencia y que me contara lo de los ciclos lunares o como fueran. Entonces la Cristóbala se puso mística a hablar en voz baja de cosas como Androstanolone o Clenbuterol, que me iba a salir por un pico, pero que me iba a poner como Silvester Stallone evitando que el ojo se me fuera para un lado.
Total que quedé con ella, para que me hiciera una demostración tipo Tupper-wear en su casa el jueves siguiente. Porque era como para un Máster en medicina.
Estaba ya cambiándome en el vestuario cuando aparecieron las mosqueperras. Me alegré de que llegaran tarde, porque con las mosqueperras no se levantaba una pesa y no porque hablaran de Ibiza, sino porque no paraban de mariconear y de criticar a todo el mundo: La Muscoladeada, La Microchinga, La Enorma Duval, La PP: Pésima Perrina, y así toda la tarde.
A mí se me ocurrió decir que me iba a meter un ciclo, como si me fuera a comer un bocata de mejillones y a Nacho se le cambió la cara y se puso como Uma Thurman en Kill Bill: “¿QUIÉN HA SIDO?”. Y, claro, en ese momento apareció la pobre Cristóbala, tan ciclada ella, que no se podía ocultar.
-Mira, Cristóbala, le soltó Nacho en plena furia, como me entere yo de que le das tu puta mierda a mi amigo, te voy a partir la cara. Cristóbala estaba, como todos, aterrorizada porque a Nacho lo ves tan simpático y tan sonriente y no te imaginas que pueda tener esa mala leche. Y para que todo quedara más claro añadió: “Te la voy a partir así”. Y entonces se dio la vuelta y me soltó un bofetón en medio del vestuario del gimnasio que hizo un silencio absoluto. El más silencioso de todos era yo, que no me podía creer que mi mejor amigo me hubiese soltado una hostia en público. Pero era así y más muda que Belinda metí las cosas en la bolsa y me fui.