Soy una marica típica: tengo 40 años, voy al gimnasio, tomo drogas y practico sexo en grupo. Pero no siempre he sido así: Es evidente que no siempre he tenido 40 años y no voy a hablar sobre eso, aunque tener 40 años creo que es una de las razones básicas para todo lo demás. Lo que quería decir es que no siempre he ido al gimnasio, he tomado drogas y he practicado sexo en grupo. Antes llevaba una vida normal, bueno, en realidad la vida normal es la que llevo ahora, porque lo raro es encontrar maricas de mi edad que no hagan estas cosas. Lo que voy a contar es cómo gracias a una serie de casualidades y a mis amigos me convertí, después de mucho años, en una marica de manual.
Todo empezó con una estancia de trabajo en Italia (más adelante contaré de qué va mi profesión). Como las ciudades italianas son super-mega-extra aburridas, me tuve que hacer un perfil en página web para intentar tener algo de sexo que no fuera de paseo nocturno por los aparcamientos.
No mencionaré a algunas petardas italianas que me hicieron perder el tiempo y me concentraré en un encuentro bastante singular con uno que decía que era policía. Digo que decía porque, como todo el mundo sabe, en el internet se miente sin parar; es por eso por lo que le llaman la realidad virtual: porque nada tiene que ver con la realidad.
El caso es que mi supuesto policía estaba bastante bueno. Quedamos en la playa para hacer el encuentro menos violento (idea mía) y cuando fue evidente que queríamos rollo, surgió el problema de qué hacer con la bici. Porque yo había cogido un tren con la bici. Le dije que me iba a la estación, cogía un tren y nos veíamos en mi casa. Pero resultó que el primer tren pasaba una hora y diez minutos después... así que, para que no se me enfriara (en todos los sentidos), me hice 14 kilómetros en bicicleta por una carretera nacional llena de camiones.
Cuando él llegó a casa, yo estaba reventado, claro. Pero se me quitó el cansancio cuando abrió una mochila con todo lo necesario para practicar el fist-fucking, que, lo aclaro, consiste en meterle el puño por el culo al personal. Entre las simpáticas cosas que salieron de la mochila había crisco, que es una grasa de soja americana que sirva para hacer bollos, pero que aquí iba a ser utilizada para otra cosa completamente distinta, supositorios analgésicos, crema anestesiante y una bolsita que contenía… dos gramos de cocaína.
Me cagué claro. Yo sólo había fumado algún porro que otro y no siempre me habían sentado bien. Lo que mas me daba miedo es pasarme de rosca con el tema espeleológico y que el supuesto o verdadero policía se pasara el resto de su vida cagando en una bolsa. En esas estaba cuando sobre un plato se delinearon las primeras rayas…