Llegan los 40. GLUPS.
Una marica tipica acosada por el sindrome de los 40. Roberto Laumes
Soy una marica típica 9

            Bien, ya tenía la cocaína. Ahora supuestamente vendría el policía y montaríamos la Disneylandia del amor con el túnel de la bruja incluido. Pero uno de los problemas del mundo del fetish es que no se puede nunca repetir la Patoaventura. Las fetish buscan siempre sensaciones nuevas; yo esto lo tengo ahora muy claro, pero cuando el poli me dijo que le buscara un tío que viniera a mitad de la noche y le diera con el caramelo con los ojos vendados  —el policía, no el invitado— pues me quedé algo descolocado. Me parecía que haber conseguido la coca era ya como de un premio Telva, y que pedir además que buscara un tío que aceptara el rollo en esas condiciones era pasarse de la raya (nunca mejor dicho, amigas).


            Como soy muy animoso, me dije que en realidad sería más fácil esto que lo otro y me puse manos a la obra. Y sucedió todo lo contrario, claro. Primero contacté con un ex mío que vivía allí mismo, pero estaba casado con uno que le montaba unos pollos de Chicken Run y, aunque se moría de las ganas porque hacía siglos que no echaba un polvo como Dios manda, no se atrevió.


            Pensé en Marinaio o en Benzinaio (Patoaventura número 7). El primero me parecía que no estaba a la altura y el segundo que se pasaba. Marinaio podía entrar en coma viéndome en plena sesión de espeleología y si Benzinaio decía que tenía hambre, pues un papelón.


          Encontré a uno que es enfermero y que acababa el turno en el hospital a las siete de la mañana. A mí me pareció que no estaba mal y como decía en el perfil que calzaba una XXL, pues me dije que sería perfecto para el asunto. Además aceptó venir después de toda la noche en urgencias, que ya es de nota. No, no vino como Daryl Hanna en Kill Bill, no seáis malas.


 Le hicimos venir a esas horas imposibles, que yo estaba ya para tomarme el Multizentrum y resulta que al poli no le gustó, porque decía que tenía un ojo a la virulé y los dientes negros. Ya he dicho que el poli estaba muy bueno, pero aún así creo que se pasó de exquisito.


El encuentro fue un poco violento, sobre todo porque el poli en cuanto vio la mercancia, se puso a recoger los apechunques. El pobre me llamó media hora después preguntándome si no nos había gustado y yo le tuve decir que estábamos muy cansados. Todo esto con la única mano de la que podía disponer y con nitrato de amilo en el cerebelo. Para consolarle le dije que tendríamos él y yo una sesión de espeleología y a las ocho me despedía del carabiniere.


Necesitaba un BREAK.




2006-06-27 00:46:34 GMT
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