Ruben Darío
Nocturno
Los que auscultáis
el corazón de la noche,
los que
por el insomnio tenaz habéis oído
el cerrar
de una puerta, el resonar de un coche
lejano,
un eco vago, un ligero ruido...
En los instantes
del silencio misterioso,
cuando surgen
de su prisión los olvidados,
en la hora
de los muertos, en la hora del reposo,
!sabréis
leer estos versos de amargor impregnados!...
Como en un
vaso vierto en ellos mis dolores
de lejanos
recuerdos y desgracias funestas,
y las tristes
nostalgias de mi alma, ebria de flores,
y el duelo
de mis corazón, triste de fiestas.
Y el pesar
de no ser lo que yo hubiera sido,
la pérdida
del reino que estaba para mí,
el pensar
que un instante pude no haber nacido,
!y el sueño
que es mi vida desde que yo nací!
Todo esto
viene en medio del silencio profundo
en que la
noche envuelve la terrena ilusión,
y siento
como un eco del corazón del mundo
que penetra
y conmueve mi propio corazón.
Versos de Otoño
Cuando mi
pensamiento va hacia ti, se perfuma;
tu mirar
es tan dulce, que se torna profundo.
Bajo tus
pies desnudos aún hay blancor de espuma,
y en tus
labios compendias la alegría del mundo.
El amor pasajero
tiene el encanto breve,
y ofrece
un igual término para el gozo y la pena.
Hace una
hora que un nombre grabé sobre la nieve;
hace
un minuto dije mi amor sobre la arena.
Las hojas
amarillas caen en la alameda,
en donde
vagan tantas parejas amorosas.
Y en la
copa de Otoño un vago vino queda
en que han
de deshojarse, Primavera, tus rosas.