Definición
de amor
Ni la desfallecida crueldad del terciopelo,
ni
el sándalo, ni el ópalo amarillo,
ni los rígidos
pliegues de la lluvia
de julio,
ni los pájaros exóticos,
ni el tierno
corazón de cornalina
del niño
griego, ni las primorosas
libélulas,
ni la alta colgadura
de majestad
que oprime los palacios,
ni el borroso
país de los espejos
al acecho,
ni el mar por donde rige
Fata Morgana
su veloz navío,
ni el canto
misterioso del azahar
que cada
noche ofrece un goce nuevo,
ni la cúpula
atroz de lapislázuli
bajo la
cual agosto se embelesa
entre venenos,
ni el espeso vino
que recargó
los miembros de caricias
y hasta
un ciclo de púrpura enaltece
el bermejo
ribera, ni el ruido
de la primaveral
fiesta en los prados,
ni el reflexivo
aljibe, ni la rosa
de cada
día, ni el gentil esmero
del petirrojo,
ni la antigua luna
prendiendo
lazos de moaré en los sauces,
ni el fecundo
rumor de las abejas
incandescentes
en su orfebrería,
ni un vespertino
silbo de alcaceles,
ni maderas
de olor recién cortadas...