Antonio Gala
 

Definición de amor
 
 

             Ni la desfallecida crueldad del terciopelo,
  ni  el sándalo, ni el ópalo amarillo,
ni los rígidos pliegues de la lluvia
de julio, ni los pájaros exóticos,
ni el tierno corazón de cornalina
del niño griego, ni las primorosas
libélulas, ni la alta colgadura
de majestad que oprime los palacios,
ni el borroso país de los espejos
al acecho, ni el mar por donde rige
Fata Morgana su veloz navío,
ni el canto misterioso del azahar
que cada noche ofrece un goce nuevo,
ni la cúpula atroz de lapislázuli
bajo la cual agosto se embelesa
entre venenos, ni el espeso vino
que recargó los miembros de caricias
y hasta un ciclo de púrpura enaltece
el bermejo ribera, ni el ruido
de la primaveral fiesta en los prados,
ni el reflexivo aljibe, ni la rosa
de cada día, ni el gentil esmero
del petirrojo, ni la antigua luna
prendiendo lazos de moaré en los sauces,
ni el fecundo rumor de las abejas
incandescentes en su orfebrería,
ni un vespertino silbo de alcaceles,
ni maderas de olor recién cortadas...



 
 
 
 
 

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