Un saco de huesos

Stephen King

Habría querido preguntar para qué los quería ella, pero las criaturas
de la escalera no tenían forma de respon...
Unos dedos fríos me tocaron los ojos. Iba a gritar cuando me di cuenta
de que eran gotas de sudor.Levanté las manos en la oscuridad y me pasé
los dorsos por la cara, hasta el cuero cabelludo.Resbalaron como por aceite.
A pesar del frío, estaba empapado de sudor. -¿Eres Lance Devore?
Golpe-golpe; de inmediato. -¿Sara es un lugar seguro?¿Estoy a salvo?
Golpe. Una pausa. Y supe que era una pausa , que la criatura de la
escalera no había terminado. Entonces: Golpe-golpe.Sí,estaba
seguro. No, no estaba seguro.

Había recuperado cierto grado de control sobre mi brazo.Lo extendí, palpéla pared  y finalmente encontré el interruptor.Apoyé los dedos en él.
Ahora el sudor de la cara parecía estar convirtiéndose en hielo.
-¿Eres tú quien llora por la noche?Golpe-golpe, y entre uno y otro, pulsé el interruptor.Las lámparas del sótano se encendieron, y también una bombilla deslumbrante -de por lo menos ciento veinte vatios- en el rellano de la escalera.No había habido tiempo para que nadie se escondiera y mucho menos para que escapara.Tampoco había nadie allí para intentarlo.Además la señora Meserve-admirable en tantos sentidos-había olvidado barrer la escalera del sótano.Cuando bajé hasta donde creía haber oído los golpes, dejé huellas en el polvo del suelo.Pero las mías eran las únicas.

Solté el aire y vi el vapor de mi respiración.De verdad había hecho frío,
seguía haciendo frío.Exhalé otra vez y vislumbré apenas una pequeña neblina.A la tercera exhalación no noté nada.

Pasé la mano por uno de los paneles de material aislante. Era suave.Apreté
con un dedo, y aunque no lo hice con fuerza, mi dedo dejó  un pequeño
hueco en la superficie plateada.Blando como un pastel.Si alguien hubiera
estado golpeándolo con un pu´ño, el material debería tener marcas; hasta
era probable que la fina lámina plateada se hubiera levantado en algún
punto, dejando al descubierto el relleno rosa.Pero todos los cuadrados
estaban perfectamente lisos. -¿Sigues ahí?-pregunté.

(páginas 188,189).



 
 

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