

ESPECTACULAR!, CAÑO DE BANDA, KIEDIS UNICO COMO SIEMPRE INCREIBLE EN ESCENA, LA VOZ PERFECTA (SE LA RE CONTRA BANCA), FRUSCIANTE GUITARRISTA TOTAL Y CON COROS IGUALES AL CD, FLEA ALGO Q DECIR AL RESPECTO? SUPER CON 40 AÑOS AUSTRALIANOS Y CALIFORNIANOS ENCIMA. JURO Q HASTA Q LLEGUE A CASA ME DOLIAN LAS PALMAS DE LAS MANOS DE HABER APLAUDIDO TANTO, CREO Q NUNCA APLAUDI TANTO EN ESTA VIDA. LOS BOLUDOS DE SIEMPRE TIRABAN DE TODO AL ESCENARIO, GENTE DE MIERDA Q NO SIRVE PARA NADA. RED HOT PEDIA PAZ EN UN CASTELLANO RARO Y NO!, ELLOS DABAN GUERRA, FORROS!.
EN LA PLATEA BAJA DONDE ESTABA, ME SENTIA LA PELOTUDA DEL AÑO, SALTABA, CANTABA, GRITABA Y NADIE SE MOSQUEABA, ERAN TODOS MUY PUTOS Y AMARGOS. SI LEEN LA NOTA DE ABAJO VAN A CHEQUEAR Q FUE CUALQUIERA Y ENCIMA ALGUNO DE ESOS CUALQUIERA ERAN UNOS PELOTUDOS.
UNICO. IMPRESIONANTE. SENCILLO Y ARRASADOR, COMO SIEMPRE.
SOLO ME QUEDA DARLES LAS GRACIAS! - x HK

FOTOS DEL SHOW RIVER PLATE 16/10/02

Buenos Aires-Argentina,
17 Octubre 2002 - Pagina 12
LOS RED HOT CHILI PEPPERS ACTUARON ANOCHE EN RIVER
ANTE 65 MIL PERSONAS
Una alegría rockera en medio de la crisis En su cuarta visita al país, el
cuarteto californiano volvió a mostrar su potencia en vivo, alternando viejos
hits con canciones de su último disco, “By the way”. Un público fervoroso
disfrutó del acontecimiento, consciente de que no habrá otros recitales de
primer nivel en el corto plazo.
Los Red Hot Chili Peppers ofrecieron dosis exactas de calidad musical y carisma
para ganarse al público.
Por Eduardo Fabregat - Pagina 12
El estallido era previsible, pero no por eso perdió potencia. En esta Argentina
arrasada, pauperizada y devaluada, la presencia de Red Hot Chili Peppers en el
Monumental de Núñez debe ser interpretada como un milagro, un momento
irrepetible, la oportunidad única de ver a un grupo de la primera línea rockera
actuando en Buenos Aires. Lo de “único” no es en sentido figurado, y pinta a la
perfección el panorama local en materia de producción de espectáculos: anoche, a
mediados de octubre, los Peppers cerraron una temporada apenas compartida con
Roger Waters... que actuó en marzo. Esa fue una de las razones del estallido que
conmovió River poco después de las 21.30, pero la otra no tiene que ver con la
triste realidad argentina, sino con cuestiones eminentemente artísticas: ya se
sabía desde la edición de su reciente disco By the way, pero el show de anoche
fue la mejor manera de comprobar la buena salud del cuarteto californiano. Más
allá de las modas, las tendencias, MTV, las drogas, las idas y vueltas de
Frusciante y las consecuencias de un historial bien largo, Red Hot Chili Peppers
puede darse el lujo de un clacisismo no exento de riesgo. Se nota. Mejor aún:
contagia.
Que el asunto iba a ser contagioso quedó claro desde el primer acorde de “By the
way”, la canción escogida por el grupo para abrir el cuarto encuentro con su
fiel público argentino. Pero no se trataba de un síndrome definible como
“Aprovechemos que es lo único que viene”. El vínculo entre los fans y los
Peppers tiene una sólida justificación musical. Que empezó a corroborarse de a
poco, en un crescendo sonoro que evitó las estridencias iniciales (vale recordar
que en su primera actuación en la Argentina, hace ya nueve años, arrancaron con
“Give it away”, mientras que ésta vez lo reservaron para el final). En su
madurez artística, la banda californiana demostró que tiene la capacidad y el
oficio suficientes para “manejar” un show, administrando, en sabias dosis, el
necesario efecto tribunero dentro de los diferentes climas musicales. La
tribuna, precisamente, pretendía eso. Quería reencontrarse con el aplomo
interpretativo de Anthony Kiedis, con el histrionismo (en este caso no exento de
talento, sino todo lo contrario) de Flea al comando de su bajo, con el vuelo
(término aplicado en más de un sentido) del increíble John Frusciante. Los
cruces constantes de todos esos matices, favorecidos por un play-list ganador
que no muchos grupos están en condiciones de sostener una hora y media,
determinaron un concierto que no hizo decaer el fervor del público.
Los comentarios de Kiedis y/o Flea, entre tema y tema, gobernados por un
castellano tan dudoso como simpático, contribuyeron a la afirmación de ese
vínculo afectivo. En principio, el cantante previno, seguramente alertado por el
estado de excitación de los fans: “tengan cuidado con sus hermanos y hermanas
aquí”. Poco después, el bajista confirmó la idea, aunque en un plano más
atemporal y universal: “mucho tranquilidad, mucho paz (sic)”. Es que venían de
un hit de Californication (“Scar tissue”).
Luego, Flea no hizo mucho por descomprimir: arrancó con uno de sus clásicos
solos deformes y distorsionados, que prologó a la encantadora “Around the world”.
Queda claro que parte de la magia de los Peppers está sustentada en el hecho de
que cada canción deja un espacio para el lucimiento solista sin que estas
atribuciones conspiren contra un indestructible “sonido de banda”. Frusciante,
ayer, consolidó su condiciónde héroe atípico de la guitarra, pero igualmente
admirado por los fans. La otra parte de la magia de este grupo tiene que ver con
el carisma. Antes de “Otherside” (otro tema de Californication, que fue, junto
con Blood Sugar Sex Magik y el último, By the way, el más revisitado durante el
concierto) Flea dedicó la canción a Maradona, precipitando, como era de esperar,
uno de los momentos más vibrantes de la noche.
Los hits más difundidos por radio y las muy buenas canciones de perfil no tan
alto (pero no por ello rarezas, ni mucho menos, para el público medio de los
Peppers) se fueron alternando, del mismo modo que los climas variaban de la
densidad adrenalínica al formato canción. Así, a “Can’t stop”, un punk
contracturado de By the way, siguió el ya clásico, aunque relativamente reciente
“Californication”, cuyo estribillo fue coreado por la multitud. Ya para
entonces, el grado de efervescencia no tenía retorno. Muchos intuían que se
acercaba el final. Los clásicos propios “Give it away” y “Under the bridge” y el
cover del furibundo “Search and destroy” (de Iggy Pop) cerraron una jornada
inolvidable. Por lo que se vio, y por lo poco que se verá en los próximos
tiempos.
Producción: Roque Casciero
y Cristian Vitale.
Una alegría rockera en medio de la crisis
Después de algunas amenazas felizmente incumplidas (y del recuerdo tormentoso
del año pasado, en Vélez), la noche ofreció su mejor aspecto para un recital de
rock. El único inconveniente se vi-vió a la entrada del estadio, porque la hora
de comienzo del show se acercaba y había miles de fans pugnando por ingresar.
Después, todo fue una fiesta. Aquí van algunos apuntes.
- El público era heterogéneo, pero en su mayoría joven, contemplando
arbitrariamente los 15 y los 35 años como límites de esa franja. Mucha bermuda,
mucho buzo de gimnasia. Remeras de Nirvana. Había fanáticos y no tanto. Entre
estos últimos, Cecilia y Luciana, de 21. Luciana, pelo rosa, dos aros, uno en la
nariz y otro en la boca. “Sólo tenemos un disco de ellos. Pero es la banda que
había que ver este año. Además la entrada estaba barata”. Javier, de 31, en
cambio, fue la tercera vez que los vio. “Con los Peppers va a pasar lo mismo que
con Megadeth. Dentro de poco Los Parraleños (los que parodiaron el hit “Morrisey”)
van a cantar ‘los Red Hot, los Red Hot’. Los Parraleños puede que no, pero entre
el show de Nativo (tuvo como invitado a Ciro Pertusi) y el comienzo de los
Peppers, sólo se escuchó a miles de fans cantando: “Oh, vamos los Red Hot...”.
- Los vendedores de remeras suelen dividirse en: oficiales y truchos. Anoche la
diferencia no era tan precisa. Afuera de la cancha, antes del show, intentaban
vender bonitas remeras de los Peppers a 10 pesos, con el agregado, gritado a voz
en cuelo: “a 10 pesitos la oficial de los Peppers...”. Como los fans
desconfiaban de esa oficialidad, preferían esperar mejor oportunidad. Y eso que
oportunidades para tentarse tuvieron. Debieron transitar veinte cuadras de cola.
Pero adentro del estadio, en dos puestos gigantes cercanos a la platea Almirante
Brown, los presuntos interesados se encontraron con la oficial posta: 25 pesos.
Los stands estuvieron, de más está decirlo, vacíos toda la noche.
- El muchacho era muy estadounidense (si es que el énfasis es posible) y ese
dato pesó a la hora de la reventa de tickets. El turista llegó tarde a la compra
de entradas. Un revendedor le vendió un boleto de campo a ¡100 pesos! No fue
para tanto: solo 26 dólares. “Me costó, pero no importa, éste era el show que
quería ver”, dijo el joven sin más problemas.
- Daniel, 43 años, barba canosa. Parecía escapado de otro show, mucho más cuando
delataba sus gustos musicales: King Crimson, jazz, fusión. A su lado estaban los
verdaderos motivos de su presencia en la cancha de River: “Los Peppers me
gustan, pero vengo a traer a mis hijas”. La más chica, Martina, de 11 años,
aseguró que es fan de los Peppers desde los 7.
–¿Martina, qué esperás del show?
–Que la gente no me pise.