Mara
By Mc:  [email protected]

 

 Esperaba agazapado en el auto e intentaba no quedarse dormido, estaba muy cansado; primero el escape del hospital con los somníferos y luego manejar 10 horas por caminos abandonados, tratando de evitar todos los puestos de control y los sitios donde hubiera bandas de identificación. Nunca había estado tan lejos de la ciudad, pero las minas de trikel no eran seguras y no había ciudades cerca de ellas. 

Estaba atento al reloj, pronto serían las dos, la única oportunidad para su hija se acercaba. Entonces lo vio, un guardia de unos 45 años  que  salió de su auto y estaba a punto de pasar frente a él. Con cuidado salió del auto y preparó la jeringa. En la escuela de medicina nunca le enseñaron a inyectar somníferos por sorpresa pero tendría que arreglárselas, después de todo era por Mara.  La lucha duró sólo un momento y el efecto de la droga fue casi instantáneo. Ahora venía lo difícil. De la guantera sacó el estuche con los instrumentos y segundos después el filo del bisturí brilló a la luz de la luna. Sólo fue necesaria una pequeña incisión en el antebrazo derecho para poder sacar el chip de identificación. El guardia no sintió nada. Era ahora el turno de Ker, y a él si que le dolería, como pudo, se practicó la misma cirugía y cuando extrajo la pequeña pieza metálica de su brazo lanzó un grito ahogado, no había tiempo que perder.

Con movimientos rápidos y precisos limpió el chip del guardia, lo introdujo en su propio brazo, después cerró  lo mejor que pudo la herida y la vendó. Cambió sus ropas por las del guardia, que afortunadamente, por medias de seguridad cubrían el rostro y se dirigió hacia las columnas en la entrada del edificio principal de las minas. Al cruzar por las barras con las bandas de identificación sin problemas, suspiró aliviado y de inmediato se acercó a un gran plano de las minas que colgaba de la pared. Tenía que dirigirse el sector 3-G, donde estaban los cuneros.

 Mientras caminaba rápidamente por los pasillos evitando el contacto con cualquier otra persona pensaba en Linda.¡ Dios era tan hermosa, la había amado tanto¡ La amaba aún, pero el parto se complicó, y Linda no fue lo suficientemente fuerte ni tampoco la niña. Pensó que todo había terminado, ¿de qué le servía ser el mejor médico de la zona F si no tenía con quien compartirlo?, después  vino el desmayo, el hospital y la enfermera: “Doctor, no debería decirle esto, pero usted me ayudó cuando los guetos  fueron destruidos y me quedé sin hogar. Fueron dos, dos niñas”. Dos niñas. En todas las zonas urbanizadas, por los problemas de población, era  permitido sólo un hijo por pareja; de hecho gracias a los avances de la medicina, los partos múltiples eran muy raros,  y cuando ocurrían, se daba el derecho al primogénito de ir con sus padres  mientras los demás eran mandados a trabajar en zonas peligrosas. Era la ley, por supuesto ni las madres ni los familiares sabían que había sido un parto múltiple. Durante el embarazo, las mujeres no recibían esta información y para el parto todas entraban totalmente sedadas y nadie, salvo las enfermeras y el médico podían presenciar el alumbramiento.

Cuando por fin llegó a los cuneros, estuvo a punto de llorar. Eran cientos, alineados en largas filas. Los había blancos y negros; niños y niñas, todos en pequeños receptáculos de plástico transparente. Comenzó a buscar a Mara, como médico sabía que  los niños no tendrían chips de identificación sino hasta los tres meses de edad, así que su hija todavía tendría el brazalete del hospital. Una, dos, tres filas y no podía encontrarla, de pronto una niñita comenzó a llorar muy fuerte. Ker, preocupado por que el llanto pudiera llamar a las niñeras trató de calmarla y cuando vio el nombre del brazalete : “niña Ker, 10:40 pm. Hosp./zona F”, abrazó a la niña con más fuerza y la sacó del cuarto de cunas. 

Cada vez se acercaba más a la salida y sentía que el corazón le palpitaba de prisa, se acercaba al final. Guardia, ¿puedo ayudarle? ¿A dónde lleva ese niño?- la aguda  voz de la niñera lo paralizó. No se le ocurrió nada, ni una excusa o una explicación. Obligó a sus piernas que le respondieran y lo logró. Atravesó corriendo el estacionamiento después de haber bloqueado la salida del edificio doblando una de las barras con bandas de identificación. Ahora lo único que quedaba era huir y rápido. Subió al auto y aceleró, sabía que su única salida era refugiarse con los colonos del Sur, un grupo numeroso de renegados y que vivían en pequeñas comunidades alejados de las ciudades.

Al amanecer, podía ver por el retrovisor las luces de vehículos oficiales aproximándose cada vez más y más, Ker estaba a punto de llegar. Aceleró más, pero luego de una curva se encontró de frente con dos grandes patrullas negras, giró el volante con fuerza y después sintió como el vehículo se precipitó a una barranca. Todo se volvió negro.

Pensó que había muerto, pero no fue así, alcanzó a escuchar como las patrullas se alejaban, después cayó en un sueño profundo que horas más tarde fue interrumpido por unas voces que susurraban, se obligó así mismo a despertar- ¿Mara? ¿Dónde estás?-dijo.

-No se preocupe, la niña esta bien. Soy Ralclief, jefe de los colonos del Sur.

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