Querida
Fenix
By Mc:
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La luz del día se coló por la sucia ventana e iluminó su cara, sabía que tenía que levantarse para darle las medicinas a su hijo, pero estaba demasiado cansada, las últimas noches no había dormido más que unas horas. Con el brazo buscó a su esposo. Recorrió todo su lado de la cama con la mano sin encontrarlo, entonces se incorporó y lo llamó. Nadie contestó. Con algo de disgusto se levantó y caminó al pequeño cuarto que servía de cocina, en la mesita había una hoja amarillenta doblada a la mitad, la abrió y de inmediato reconoció la letra, era de Ereth. Comenzó a leerla:
Querida
Fénix:
Para cuado leas esta carta, ya todo habrá terminado. No quiero que te mortifiques por esto, no es tu culpa., es un pago. Mi vida por la tuya. Después de todo yo no habría vivido sin ti. Desde que éramos niños hemos estado juntos. Yo que era pobre y tú que eras buena. Muchas veces he recordado el día en que te conocí, estaba en el centro de convivencia jugando astroball, con otros niños cuando escuché como unas niñas se reían de ti: “Ja, ja, la enguantada” – decían unas. -¿Por qué no se quita ese trapo del brazo? –preguntó otra. -Es que lo tiene deforme- contestó una más allá. Tú que no sabías que hacer, tratabas de ignorarlas, pero las risas y las burlas se hacían más fuertes y constantes, entonces empezaste a llorar.
Yo
sabía cómo se siente ser diferente, en mi pobreza había probado también la
amargura del desprecio y me molesté, las empujé y les grité a todas tratando
de que te dejaran en paz, lo conseguí. Te apartaste el rojo cabello de la cara
y me agradeciste con una sonrisa, desde ese momento nos hicimos inseparables, yo
te enseñe a jugar astroball con una mano y tú me ayudaste en la escuela.
Mientras crecimos nuestra amistad creció también, hasta convertirse en cariño
y después amor. ¿Te acuerdas del día en que me dijiste que sí?
Estábamos en la cima de la torre de la Planta donde yo trabajaba. El
atardecer fue precioso y cuando la luna comenzó a brillar aceptaste. Meses
después de la pequeña ceremonia nos mudamos al viejo edificio que a diario fue
testigo de nuestro amor. Yo pensé que con algo de tiempo en la Planta de
Combustible podría conseguir un
ascenso, no mucho, lo suficiente para que viviéramos bien. Y quién sabe...
hasta tener un hijo.
Lo
intentamos por mucho tiempo, tú ya habías perdido la esperanza porque tu
enfermedad se agravó. Yo espere y ya ves, el día más feliz de nuestra vida lo
vivimos juntos cuando Thie llegó, hace ya tres años. Recuerdo que era igual a
ti, con el cabello rojo y los ojos grandes.” Todo un paquete de alegría”-
según tus propias palabras. Un paquete de alegría que requirió mucho más
trabajo del que pensamos, tanto que decidiste dejar el trabajo para cuidarlo,
pues estaba enfermo. También a él voy a extrañarlo. Cómo me hubiera gustado
verlo crecer y cuidarlos a los dos. No podrá ser.
Desde
que Thie nació muchas cosas han
pasado en el mundo, las invasiones externas y las guerras internas endurecieron
al gobierno y sus medidas fueron cada vez más severas, primero la racionalización
de energía y combustibles, luego la de comida y agua. Nos prometían que todo
mejoraría, tú y yo sabemos que no fue así.
Muchas
otras medidas comenzaron a aplicarse, una más descabellada que la anterior. La
última, que ya es de tu conocimiento, es la razón de esta carta. “Debido a
la sobrepoblación y la falta de servicios para la totalidad de los habitantes,
un miembro de cada familia será llevado a las cámaras de gas en Treznok. Todas
la familias habrán de cumplir este decreto, se recomienda, por
el progreso de nuestras colonias, que los miembros elegidos sean económicamente
no- activos, ancianos o enfermos.”
Muchas
protestas se hicieron pero ninguna fue efectiva, mientras el tiempo para el
cumplimiento del decreto se agota, yo te facilitaré las cosas. Thie no puede
vivir sin ti, y yo tampoco creo poder hacerlo. Así que espero que me disculpes
y que no me olvides.
Te
recuerdo que esta es una decisión que he tomado yo solo.
Y que no debes culparte por ella.
Espero
que Thie y tú puedan vivir largos y felices años juntos. Siempre estaré
contigo y con él.
Ereth.
Dobló
la hoja al escuchar que unos pasitos se acercaban. Era un niñito pelirrojo con
una pijama larga de color verde. Era Thie.
-Mami,
¿dónde está papá?.
Fénix no pudo contestar...