Disclaimers: No poseo, no demanda, no dice. Nada de los GW-boys please. El unico personaje que pertenece a mi es Aika.
ONESHOT.
‘Hay momentos en los que usted, debe tomar una determinación...momentos en los que usted ha descubierto una verdad que jamás creyó. Momentos en los que usted entregará todo por lo que cree...Ese momento para mi ha llegado...’
Con las manos descubiertas sostuvo su cabellera larga castaña oscura sosteniéndola en una trenza firme, atada al final con una liga para impedir cualquier cabello salir de ella. Sus manos pasaron al frente para cerrar el cierre largo de la chamarra ajustada negra, un pantalón ajustado del mismo color hacía más gala de su figura, sus pies eran cubiertos por botas acanaladas de cordones bien amarrados. Colocó en sus manos guantes de cuero negros ajustando cada detalle a sus dedos finos, colocó en su cintura un cinturón grande donde colocó una pistola de mediano calibre, al lado contrario una cuerda látigo y unas cuantas bombas pequeñas y demás instrumentos. Una diadema sobre su cabeza que solo cubría con una especie de audífono uno solo de sus oídos, un aparato visor sobre uno de sus ojos mientras los otros quedaban al descubierto. Finalmente cogió una gabardina larga de la misma tonalidad negra y la ajustó a su cuerpo. Se dirigió hasta portátil que descansaba sobre la mesa de su habitación, tecleando algunos de los datos que eran rápidamente procesados en su mente y por el aparato que llevaba en uno de sus ojos. Cada dato fue escrupulosamente guardado. Con su mano suelta cerró la portátil colocándola posteriormente dentro de una pequeña maleta de la misma tonalidad de la que iba vestida. Con cuidado se la echó sobre la espalda y salió del hotel. Nadie había por los pasillos del gran hotel, nadie a la vista que pudiera alguna vez decir si alguien había salido de esa habitación, ella había sido previamente pagada y ahora se marchaba simplemente. Bajó a través de las escaleras hasta el estacionamiento del hotel. Subió a una camioneta de vidrios polarizados y encendió como si de cualquier día se tratase. No había nadie cuidando el estacionamiento, la camioneta negra abandonó el hotel finalmente hacia la avenida principal, hacia la autopista en busca de su destino próximo. Sus solos ojos se asomaban detrás de los lentes negros después de haber retirado por ese momento el aparato que llevaba. La velocidad del automóvil aumento cuando entró a la autopista, el cristal venía a medio cerrar dejando pasar el viento fuerte que movía su cabello oscuro azotándolo sobre su rostro. Una sola mano sostenía el volante, la maleta negra reposaba a su lado. El desvio de camino estaba cerca. Bajó la velocidad y se introdujo a la desviación, retirándose lo más posible de la carretera. Terminó en un bosque cerca de algunos sembradíos y bodegas abandonadas. Bajó de la camioneta dejando las llaves pegadas, pasó a la parte trasera y abrió ambas puertas, bajando con ayuda de unas tablas una motocicleta negra completamente, de las más nuevas y veloces que existían. La noche estaba cayendo ya, no faltaría mucho para el sol ocultarse en el ocaso.
El ocaso....digno de un final.
El tinte del ambiente cambió cuando retiró sus lentes, una sonrisa pequeña se manifestó en su rostro pero ella fue borrada casi de inmediato. Una vez que la motocicleta estuvo abajo, siguió al asiento de pasajeros de la camioneta abriendo la puerta y retirando la maleta, colocándola después, amarrada ligeramente pero segura, al asiento trasero de la motocicleta. Sacó las llaves de su gabardina y se puso en marcha. En ningun momento ninguna sonrisa pasó después de eso por su rostro.
El sol se había ocultado...la noche había caído.
Saliendo por la misma vereda y desviación, la motocicleta se adelanto sobre la autopista a toda la velocidad permitida, el casco sobre su cabeza ocultaba su cabellera larga, la gabardina volaba detrás de ella a la velocidad, el cristal del casco venía polarizado completamente como sus manos aumentaron la velocidad, la sola luz de la motocicleta cortaba la oscuridad de la autopista.
Su destino...estaba próximo.
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Gran algabardía ocurría en aquel lugar. El devaneo de ir y venir de invitados y prensa que se movían de un lado a otro. Las cámaras estaban puestas y listas, el escenario plantado. Cada lugar estaba debidamente marcado para la persona a ocupar, en la entrada, aquel que era responsable de el control de las personas mandaba a otros para que conducieran a los invitados hacia donde debían sentarse. Las personas hablaban unas con otras acerca de temas políticos y platicas vacías. Igual que siempre lo habían hecho. El piso era cubierto por una alfombra purpúrea casi en toda su totalidad. El estante de madera quedaba sobre una plataforma pequeña de madera, donde se daría la futura conferencia. Las cortinas grandes al tamaño del salón, de color rojo con bordes dorado, en la parte de atrás del podium principal, se extendía una manta de seda roja bordeada con encaje ligeramente. El salón tortuoso con grandes pilares que sostenían la plataforma de arriba, cada parte con sus respectivos balcones como si de una opera se tratase. Era el lugar más elegante de la tierra.
En la parte de atrás, tras bambalinas. Las habitaciones donde algunas de las personas esperaban pacientes la hora indicada. Un solo sujeto se paseaban por los pasillos alfombrados pomposos con lámparas que alumbraban de más. La seguridad era muy alta, con cámaras sostenidas en lugares secretos, con detectores infrarrojos, y detectores de sonidos. Guardias en casi cada esquina que se comunicaban entre ellos por aparatos muy complejos y sistemas cerrados. El inclusive podría decir que era rutinario, aunque todo era generalmente un fastidio. Con las manos sobre los bolsillos llegaba a la sala principal de seguridad, oculta bajo el edificio. Cada uno de sus pasos era observado con cautela por el simulacro. Las puertas de seguridad se abrieron cuando fue identificado y llegaba donde muchos guardias de seguridad vigilaban cada uno de los alrededores incluso.
“Ha habido algo?” su mano cayó sobre el tablero alterando de cierto modo al guardia de seguridad que tenía al mando esa sección, aquellos ojos fríos determinantes y ese brillo especial ellos , harían a cualquiera estremecer, incluso ahora, cuando ya habían pasado años.
“Nada señor, todo esta en orden” aquel soldado se puso de pie con la mano en la frente, en una posición de firmes respetando a su superior en todo momento.
“Esta bien” Exasperó, tanto alboroto por eso era realmente un fastidio. Con el seño fruncido se alejaba dejando al guardia y observaba la pantalla principal donde se llevaría a cabo la conferencia. Su mano descansó sobre el panel principal cuando su mirada analizo cada detalle del edificio. No había señal alguna de que algo malo fuera a pasar. De hecho hacía mucho, desde que fue su responsabilidad la seguridad de los eventos que ella hacía, que no había habido atentados.
Los monitores habían sido revisados, él debería encargarse de la parte personal de la guardia. Se encaminó entonces y salió del cuarto de seguridad. Subiendo por las escaleras, sus ojos frios azules aún se fijaban dentro de la nada. No había mucho que pensar, su mente se enfocaba en la sola tarea que ahora le competía. Dentro de media hora, aquel discurso comenzaría.
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Estacionó finalmente la motocicleta. Lo suficientemente lejos para no ser visto o detectado en ningún momento. Retiro el casco de su cabeza, dejando caer la trenza larga que se había conservado dentro. Retiró la gabardina negra larga y la colocó cuidadosamente dentro del compartimiento de la motocicleta. Descolgó la mochila y sacó la portátil. Abriéndola inmediatamente sobre sus piernas, recargando ligeramente su cuerpo contra el asiento de su vehículo, colocó el dispositivo nuevamente sobre su ojo y la diadema con el audífono único.
Insertar contraseña:
**************
Contraseña Aceptada.
Iniciando el sistema.
Acceso a las cámaras de seguridad.
Contraseña:
********************
Contraseña Aceptada. Iniciando Acceso.
La seguridad había sido violada. En su monitor apareció cada uno de los censores y la ubicación de cada cámara. No había sido sencillo, pero afortunadamente había llevado un buen entrenamiento hacía años. Cada uno de los dato de las cámaras y posiciones fue nuevamente grabadas en su visor con cautela extrema.
Había un detalle más que cubrir. Un correo anónimo tal vez, enviado a un lugar, ese correo se abriría momentos antes de completar su misión. La misión de su vida. Con agilidad tecleó entrando al sistema de seguridad donde debía dejar el correo y entregó el mensaje. Minutos después de que terminara la conferencia, el mensaje sería entregado. Una vez listo todo, cerró la portátil y la guardó igualmente, colocándola sobre la motocicleta y ajustando todo al escondite elegido.
Entre las hiervas y la oscuridad de la noche, cada movimiento debía ser certero y cuidadosamente medido, recargó su espalda tras uno de los árboles que había calculado no era visto por ninguna de las cámaras, la información aparecía en su visor informándole su ubicación y su próximo movimiento, además del tiempo que tardaba en girar cada cámara y los segundos disponibles para moverse. Sus ojos se fijaron fuera, el arbusto próximo era lo suficiente para ocultarse, disponía solamente de 5 segundos para llegar y posicionarse, esperó el movimiento de la cámara y actuó. Con gran velocidad corrió cuando los segundos se acababan hasta barrerse cerca del arbusto y en el último segundo se encuclilló lo suficiente.
Fue un éxito.
Ahora debía entrar.
Para entrar necesitaba detener la imagen de la cámara fija de la reja. Tomando con su mano derecha uno de los mecanismos y aparatos que traía dentro de su cinturón, en un tiempo breve brincó ligeramente cerca de la cámara de seguridad, trepándose a un árbol cercano, colocó el sistema lo más cerca de la cámara hasta la última rama. Activó el sistema y el tiempo se detenía en la imagen, ella permanecería estática solo por 30 segundos.
Con agilidad saltó fuera de la rama, sobre la reja dando una mirada pequeña alrededor, uno de los guardias estaba rondando cerca, pero el dispositivo había sido activado y dentro de 20 segundos terminaría. No tenía tiempo alguno para vacilar. Con un breve periodo de tiempo, tiró una piedra lejana, el guardia de seguridad giró ligeramente al sonido dándole el tiempo para brincar fuera de la reja y esconderse tras una de las paredes. El sistema pequeño le informó bien donde debía detenerse. Los 20 segundos restantes terminaron y el guardia continuó su ronda. La cámara principal ya estaba activada nuevamente.
El tiempo continuaba transcurriendo.
Pidiendo los datos a su sistema, cada uno de los tiempos y ubicación de cámaras volvía a aparecer. Frunciendo ligeramente el entrecejo, sacó de una de las bolsas del cinturón algo de goma de mascar, intentando hacer el menor ruido posible pues había detectores cerca. Giró la cabeza arriba y comprobó la ubicación del censor de seguridad, sobre el techo, en la primera parte del madero de la izquierda, estaba el primer censor localizado. Cogió de su cinturón el látigo que le serviría como soga, balanceándolo ligeramente, rompiendo el viento con un sonido callado, la cinta viajó hasta enredarse en una de las estacas de madera. Con sus manos se sostuvo hasta subir totalmente cerca del censor, necesitaba neutralizarlo en un tiempo menor a 10 segundos. Rápidamente se colocó de cabeza y sacó la goma de mascar, un chip pequeño programado fue colocado con el chicle sobre el censor, inutilizándolo por un tiempo. Tenía 30 segundos para moverse de ahí otra vez. Podría haberlo hecho de más tiempo, pero conocía bien la destreza del que llevaba la seguridad.
Descolgó su cuerpo rápidamente sentándose sobre el madero siguiente y asomó ligeramente hacia el balcón sobre donde estaba, había dos guardias de seguridad que conversaban, no sería fácil esquivarlos pero solo contaba con 20 segundos más. Para su fortuna, ellos dejaron el balcón antes de que tuviera que hacer algo para enviarlos lejos, con un movimiento rápido del látigo, el fue atado a la barra de metal que estaba ligeramente arriba del balcón. Su cuerpo se balanceó con destreza hasta que logró acomodarse y caer de pie sobre él.
Revisó una vez más el plano del salón con el visor y cada dato. No podía accesar por el techo, había demasiada guardia, incluso ahí donde estaba no tardarían en descubrir. Arriba, uno de los guardias se asomaba ligeramente, la única medida que podía tomar, era entrar de una vez por todas al edificio, pese a las cámaras de seguridad, debería chequear los tiempos en que cada una pasaba imagen al censor principal para escurrirse sin problemas.
‘Guiate por tus emociones...’
Eso haría.
Saltó rápidamente al balcón introduciéndose por tiempo en la cámara que giraba antes de que se posicionara. Con su espalda pegada a la pared, el dispositivo ensayó los tiempos durante algunos minutos, que fueron decisivos, si llegaban ahora, sería el fin. La punta de sus ojos se fijó en cada detalle de los pasillos, respondiendo a la seguridad, seguramente estaba cerca. El dispositivo terminó de señalar y marcó los tiempos de cada cámara, solo tenía uno segundos para moverse de una a otra y sería demasiado arriesgado. No quería causar alboroto, debía ser todo con extremada cautela.
Pasos que se acercaban, el detector de sonido que traía en uno de sus oídos fue el primero en advertirlo, se encontraban a 15 segundos de donde estaba. Rápidamente observó el censor, en 3 segundos más desaparecería la imagen de la pantalla principal y podría pasar al siguiente pasillo. Con un movimiento apresurado, corrió a través del pasillo por el tiempo restante que era muy breve. Barriéndose casi para llegar a la pared contigua del pasillo hasta introducirse en una de las habitaciones vacías y de intendencia, había logrado entrar con éxito. Colocándose una bata de intendencia y una gorra comenzó a andar por los pasillos mientras limpiaba un poco aquí y otro poco allá. Cada imagen era captada por su sistema visual brevemente, ocultándose ligeramente bajo una gorra de intendencia. El plano volvió a ser revisado mientras conducía por el tercer pasillo el carrito, bajaba entonces la aspiradora mientras revisaba cuanto faltaba para estar más cerca. Tres corredores más y estaría frente a la puerta que deseaba. Pero la seguridad era demasiada. Había una posibilidad pequeña de lograr lo que venía a hacer. Después de la conferencia claro. Debía permanecer en un lugar oculto mientras eso sucedía. Adelantando unos pasos mas a quedar a un pasillo de donde deseaba, su mano giro la perilla del siguiente cuarto de intendencia. Los guardias permanecían de pie esperando. Pronto saldría.
Dentro del cuarto de intendencia comprobó que no hubiera ningún censor de movimiento o cámara. Era correcto. Por ahora estaba en un lugar seguro. Ahora solo quedaba esperar. Tal vez serían horas, pero esta vez, valía la pena. Se sentó entonces en una de las esquinas, retirando algunos artículos de limpieza, se retiró la gorra y el traje para quedar nuevamente solo de negro. Ajustó el tiempo de un pequeño sistema computarizado para actuar. Ajustó el censor de sonido y esperó.
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La conferencia se llevó a cabo, con luces, cámara, reporteros, políticos y demás personas allegadas o pomposas, con acciones o con asuntos de política, desde gobernantes, hasta personas simplemente ricas. Sobre el tratado de paz, sobre la política y las acciones de los gobernantes, sobre las relaciones exteriores e interiores. Cada palabra era recibida por todas las personas ocupantes del salón, cada palabra era recibida por el receptor de sonido que llevaba la persona oculta.
“Infeliz...” apenas el murmullo pequeño que susurraron sus labios desde el lugar donde se ocultaba, su seño frunció y de su pecho salía un gruñido pequeño, la mirada afiló cuando se acomodó de nuevo en silencio. Pronto, muy pronto todo acabaría. Una vez más se quedaba en el pesado silencio con ambos ojos cerrados, las piernas cruzadas igual que los brazos y con todos los pensamientos futuros hacia su siguiente movimiento.
En uno de los balcones, tras las cortinas rojas de seda, la figura de aquella personaron brazos cruzados y de pie que se escondía discretamente. Llevaba puesto un traje negro con corbata y saco, el cabello oscuro desordenado que siempre llevaba desde la adolescencia, incluso desde la infancia, los ojos cerrados y el seño severamente fruncido, los labios se fruncieron ligeramente cuando sus ojos azules abrieron. Aquellos ojos que en tantos años no habían cambiado ni un poco, era su mirada la más impactante y las más hermosa que alguna vez alguien pudo encontrar de él. El problema era...quien?. Un micrófono pequeño y un audífono en uno de sus oídos lo hacían mantener comunicación con los demás guardias. Hasta el momento todo era y parecía normal.
La conferencia daba final y los aplausos no se hacían esperar, inmediatamente, las personas se acercaban para dar la mano y tomar algunos asuntos necesarios. Aún en esa postura, solo sus ojos se abrieron pero su cuerpo no cambió la posición en ningún momento. Las fotografías vinieron y la conferencia terminaba normalmente, como hacía años terminaban todas.
Los guardias de seguridad tomaron diversas posiciones, cerrando sus ojos, salió del balcón y se dirigió a la sala de seguridad. Su gesto en fastidio y su mirada fría estoica grabada en sus rasgos aquel brillo que no se perdería a pesar de los años.
La conferencia terminó y ella se dispuso a regresar a su habitación, la seguridad había tomado la posición necesaria, pero ahora que había acabado todo, era obvio que bajara un poco. Se desabrocho ligeramente el primer botón de la blusa y se soltó el cabello largo ondeando su cabeza atrás. Lanzando un suspiro sonrió a la persona que estaba frente a ella. Sin decir mucho se dirigió a su habitación cruzando los pasillos necesarios. Pronto, aquel su guardia personal desde hacía años, vendría a su habitación y ella debería recibirlo. Una sonrisa satisfecha se extendió por su rostro mientras giraba la manilla de su habitación y la cerraba a sus espaldas. Quitose el saco femenino y lo dejó en una silla cerca de la cama. Mañana habrían de partir de nuevo hacia una nueva conferencia y asuntos de política. Se encaminó hacia la ducha entonces. Debía ser breve.
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Los sonidos de la sala de conferencia se fueron haciendo mas ligeros y casi nulos. Sus ojos abrieron expectantes con un singular brillo a pesar de la oscuridad reinante dentro de la habitación. Avanzó sigilosamente hasta la puerta y con el censor infrarrojo verifico que todas las personas estaban algo retiradas. Nadie sospechaba que el enemigo ya estaba dentro del edificio. Rápidamente salió del cuarto de aseo y se escurrió por los pasillos a media luz de todo el lugar, las luces se apagaron posteriormente para dar privacidad y silencio aparente. Cada movimiento certero, su cabello largo se movía a sus espaldas mientras revisaba con su censor los siguientes pasos a seguir.
Más rápido de lo que calculó, estaba frente a la puerta deseada. Sonrió medianamente hacia si. Su venganza era próxima. Giró la perilla de la puerta cuando con extremo cuidado y silencio. La habitación grande y el cuarto se extendía mas allá de una pared. Siguió entonces hasta llegar a la puerta, asomando ligeramente uno de sus ojos. Retiró el sistema de su vista y el de audio. Ya no necesitaba más que su arma en estos momentos.
Sus pasos se introdujeron dentro de la habitación cuando aquella persona que tanto deseaba terminar, se giraba con aquella mirada que siempre le pareció de lo más hipócrita. Aquellos ojos azules a pesar de la falta de luz se fijaron y observaron en silencio. Parecía que apenas lo podía creer.
“Viceministro Darlian...o prefiere que la llame Relena Pacecraft?” aquella voz retumbó por la habitación, cuando la figura misteriosa se acerco hasta ser tocada por los rayos de la luna que se filtraban por uno de los ventanales del salón. Una figura conocida...imposible...
“Tu? Co-como?” dando pasos inseguros hacia atrás, su cuerpo pego en el escritorio, desesperadamente buscando el botón de pedir ayuda.
“No lo intente Srita. Darlian...no habrá quien venga a ayudarla ahora...” su mano garrapateó ligeramente hasta soltar el arma de su cinturón, aquel negro sublime brilló con la luz mientras golpeaba ligeramente su muslo con paciencia. La trenza castaña oscura y la luz de sus ojos...
El miedo y el terror la invadieron, buscó inútilmente alguna manera de salir o pedir auxilio, pero sabía que si gritaba la mataría de todos modos. Decidió por un momento guardar una calma que ya no poseía.
“Por que?, Por que después de tantos años quieres venir?...intenté ganarme tu confianza pero fallé...que deseas de mi ahora?” la dama rubia pálido se animó a preguntar, viniese lo que viniese debía saberlo. Conservó su postura firme mientras se reclinaba ligeramente sobre el escritorio.
“Su engaño, Srita. Darlian, después de tantos años, creyó aun que podría mantenerlo oculto?, tal vez a los demás si, incluso a ambos mis padres...pero no a mi...no a mi...” aquellos ojos inquisidores la señalaban con dureza, no había piedad en sus palabras. Su rostro era frio y a pesar de la chispa de sus ojos violeta, ellos se conservaban frios con el brillo característico de uno de sus padres.
“Aika...¿de que hablas?” intentando hacerse la occisa fue lo mas fallido que pudo hacer, el seño de la joven ahondó entonces hasta acercarse un poco más. La mirada determinada y el aire de confianza.
“No puede ocultarlo más Srita. Darlian...” sus brazos pegaron sobre el escritorio cuando su rostro se acercó a la del viceministro, quien tembló al instante por la penetrante mirada de la joven, solo un momento, luego se retiró hacia atrás ligeramente, tomando la misma posición que al comienzo. “Usted destruyó a mi familia...usted destruyó mi vida...” las últimas palabras llevaron una tonalidad casi sepulcral. Aquellos ojos brillaban con la luz de la luna cuando el seño se frunció severamente.
“No se de que hablas, fue tu padre quien decidió dejarlo” una vez más un intento de intentar parecer inocente. Pero el temblor que llevaba su cuerpo y el nerviosismo expresado por desviar su mirada, eran suficiente para delatarla. Su cuerpo comenzó a sudar, no se detendría, y parecía que las palabras no llevarían a nada.
“Cree que me trague esa historia?” su mirada afiló fuertemente, la pistola detuvo su balancear y se quedó quieta. “De no saber lo que realmente sucedió?”
“No entiendo nada de lo que dices” su rostro se retiró lejos girando hacia un lado, un intento bastante tonto a como ya iban las cosas, tragó duro y su respiración perdía la calma por cada segundo.
“Arrogante e hipócrita como ha sido desde la guerra Srita. Darlian.” Esta vez, parecía haber algo de burla en su tonalidad. “Da a las personas discursos vacíos sobre política y relaciones, a usted no le importa en realidad nada de ello, y es muy astuta en engañar a tanta gente, pero a mi no.” Sentenció gravemente, volviendo a balancear el arma que pegaba ligeramente sobre su muslo un poco más. “Los humanos no pueden vivir sin hacer guerra entre si, incluso su vida misma en una guerra...sin embargo usted habla de ideales de paz que ni usted misma puede llevar a cabo” su mirada obligó a Relena a volver sus ojos hacia ella.
“Claro que los creo, creo en el pacifismo!!, si no fuera por ello todos –“ moviendo sus brazos agitadamente, y su voz alzada ni siquiera tuvo tiempo de terminar lo que estaba a punto de decir.
“Urasai!” con voz fuerte e imponente brilló a ella incluso afilando sus dientes “Usted...usted hizo creer a mi padre que Duo ya no le amaba, que le engañaba, usted lo hizo dudar de lo que sentía..usted borró la mente de mi padre Heero para que olvidara a Duo, miento?, usted se llevó a mi padre...usted los separó, usted egoísta, quería a Heero para vos, destruir a mi padre Duo por su pura envidia” desviando ligeramente la vista, ella no podía dejar que las emociones llegaran en un momento tan impreciso, debía acabar a lo que había llegado, de una vez “...y lo logró, por más de 8 años lo logró...sin embargo ya no lo hará”
“Que harás al respecto?, si me matas irás a la carcel...” con aire seguro, la viceministro enderezó ligeramente su cuerpo. Debería pensarlo dos veces.
“Usted cree que yo cuido Srita. Darlian?...esta muy equivocada. Yo acepté hace tiempo los riesgos. Yo se que la venganza no conduce a nada, es solo una enfermedad más que se posesiona de nosotros y nos va matando poco a poco. Pero yo ya estoy envenenada con esa enfermedad...ahora solo debo terminar...” las últimas palabras salieron en un susurro llano mortal de sus labios, alzando la pistola en su mano izquierda, el brillo del negro a la luz de la punta del arma y el dedo tomando seguro el gatillo próximo a disparar.
“No lo hagas! Sabes lo que sucederá al respecto?, las naciones se quedarán sin un líder...habrá caos!” en su desesperación, el viceministro terminó casi suplicando, no había manera de persuadirla y las palabras eran tan vacías que ahora nada podría hacerla cambiar de idea.
“No más del que usted ya ha provocado. Hipócritamente avanzando sobre muchos...libraré al mundo de una plaga” una vez más su voz tuvo un tono frío y sin sentimientos aparentes. El dedo se ajustó más fuertemente a la pistola negra.
“Tu conciencia nunca estará tranquila!” su cuerpo agitó, el miedo creció, la pistola directamente apuntada a ella y no tendría oportunidad alguna, lo único que le quedaba era retrasar el momento para que la seguridad se diera cuenta y actuara pronto.
“Nunca lo ha estado Srita. Darlian. Yo nací de dos personas hechas a la guerra, con sus cualidades sobrehumanas. Yo tomé esta decisión...tal vez no componga las cosas...pero estoy lista para lo que venga. Si yo he de ir al infierno, no me iré sola...” su dedo se ajustó al gatillo pero algo falló ligeramente en sus cálculos.
Su pecho sentenció. Una presión enorme creció sobre él casi al punto de la asfixia, su otra mano viajó hasta llegar sobre la tela y apretó fuertemente, más sus ojos no cambiaron su aire frio y fijo y su mano no vaciló en sostener la pistola. Su respiración se volvió casi nula pero lo haría. Simplemente lo haría. ‘Me queda poco tiempo...’ su mente sentenció. Sonriendo medianamente a sus meditaciones, era ahora o no sería nunca.
La hora era las 8:55 de la noche.
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“El sistema de sonido detecto algo en la habitación de la Viceministro Darlian!!” uno de los guardias bociferó cuando todo el personal entro en alboroto, la cámara infrarroja se encendió revelando dos cuerpos de calor uno frente al otro, mientras la temperatura de uno subía, la del otro permanecía completamente estable.
“Vamos!” el guardia personal, salió rápidamente de la sala de mando, a su paso, marcaba las pautas y avisaba a los demás guardias que se encontraban en los pasillos, sería para ellos más fácil el llegar antes que él y salvar al viceministro. Solo había escasos segundos. Debían actuar a toda prisa.
La hora era las 8:54 de la noche.
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En la computadora donde trabajaba aún aquel ex-piloto gundam, los datos de su más reciente misión eran guardados con cautela mientras abría los siguientes archivos para descubrir la conspiración que se fraguaba dentro de la colonia L3, tan solo faltaban detalles y todo saldría bien. Sus ojos violeta resplandecían con el brillo de la computadora, a pesar del pasar de los años, su rostro no consentía ninguna arruga, su cabello continuaba castaño y largo. Sus ojos grandes y su talle no había crecido mucho. La juventud aún era aparente en su rostro y en sus facciones aparentando aún los veintitantos años de edad. Su agilidad no se había perdido ni su pericia en las misiones. Era considerado uno de los mejores Preventers que había habido.
Terminaba ya de recibir y clasificar los datos cuando un correo llamó su atención.
Mi querido Preventer Mr. Maxwell:
Hoy llevaré a cabo el asesinato de la viceministro de relaciones exteriores Relena Darlian. Esperando que se presente para ver tan memorable acto. Se despide de usted.
-Srita. Yuy-
¿Qué significaba ese correo?, porque había llegado ahora?, que estaba sucediendo?, todas esas preguntas pasaron como flash dentro de la cabeza del Preventer. Revisó rápidamente cerrando de golpe su computadora con la mano derecha desconectando descuidadamente con la izquierda, el tiempo apremiaba. Había la mínima posibilidad de que fuera cierto y debía tomarla. Cogiendo rápidamente su chamarra de Preventers, se comunicó apresurado con los demás miembros y se encaminó sin escuchar órdenes hacia aquel lugar donde se había llevado a cabo la conferencia.
La hora era las: 8:50 de la noche.
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Los guardias se aproximaban rápidamente. Había perdido un tiempo valioso causa de ‘enfermedad’. Soltando finalmente su pecho, su mano cayó al lado mientras la otra seguía fija con el cañón de la pistola apuntando directamente a la viceministro. Su rostro fijó y alo con la sola mirada acusadora. Era la misma mirada que ella había visto en el expiloto Zero hacía tantos años. Esa mirada determinada de un soldado quien no teme por la muerte. Un pequeño hilo de sangre sobresalió a través de los labios de la joven de trenza larga, que de inmediato era limpiado por la manga de la ropa negra. El terror invadió a la viceministro, su cuerpo tembló como hacía tantos años no lo hacía, sus ojos se desorbitaron y el ambiente se tornó tan denso y tenso que apenas podía respirar. No llegarían a tiempo...
Ella sacó algo de entre su cuello, una cadena dorada que brilló con la escasa luz, arrancándola de su cuello con la mano libre, enredándola entre sus dedos y cerrando la mano en puño.
“No lo hagas...por favor...no-no lo hagas...” sus labios balbucearon apenas las palabras comprensibles, su cuerpo pegó completamente al escritorio tras ella cuando sintió los pasos cercanos de la joven de negro.
“No tema...iremos juntas al infierno, Srita. Darlian” aquellas palabras mortales y el aire condenadamente sepulcral. Relena no pudo más que abrir sus ojos cuando escuchó las puertas de su habitación abrirse rápidamente. Los gritos de los guardias se hicieron lejanos cuando sintió que una bala había sido disparada y su cuerpo cayó hacia atrás en el escritorio. Luego de eso. Nada.
Los guardias entraron apresuradamente a la habitación de la viceministro, rompiendo las puertas para lograr acceder incluso al cuarto próximo.
“Alto!!!!!!” uno de los guardias gritó a pulmón cuando entró, pero estaba siendo demasiado tarde. Para impedir que aquella persona matara a la viceministro dispararon un total de 6 balas, que se precipitaron con fuerza y velocidad contra la persona de negro que había logrado infiltrarse. Tres de esas balas fueron las más certeras, pero fue tarde a pesar de todo. Aquella persona había disparado ya la bala hacia la viceministro que caía sobre el escritorio. Mientras la otra persona caía sobre la alfombra purpúrea hacia el frente, dejando caer la pistola con un sonido hueco y llano. La trenza larga castaña cayó también un poco después y por un momento la habitación se quedó en completo silencio.
Pocos pasos atrás, el guardia personal de la viceministro, el expiloto Wing y Zero entraba rápidamente a la habitación.
“No se queden parados, llamen a una ambulancia idiotas!” la orden inmediata y aquel brillo hicieron a los guardas estremecer y sentirse completamente estúpidos. Alzando una mano temblorosa a la cabeza todos dijeron al unísono un ‘si señor’ cuando se retiraban. Otros llegaban entonces para chequear la situación.
Heero se acercó entonces a la viceministro. Llevaba un disparo ella sobre la cabeza, un disparo preciso pero fallido por unos milímetros antes de matarla. Aún conservaba el pulso y respiraba con dificultad mucha.
Paramédicos hacían su aparición en ese instante para llevarla lejos. El expiloto Zero solo observó con calma hasta que la vista de la viceministro se perdió tras la puerta principal. Bajó su mirada ligeramente para toparse entonces, con la persona que había logrado infiltrarse a ese lugar. Demasiado astuta y ágil, era la primera persona que había logrado infiltrarse desde que él era el jefe de seguridad. Caminó solamente dos pasos hasta donde yacía aquella persona, previamente, fotos habían sido tomadas para la famosa ‘escena del crimen’, se inclinó ligeramente antes que sus rodillas tocaran el suelo, con la mano derecha giró el cuerpo sobre de si...pero fue lo más extraño que experimentó desde hacía esos años.
La joven tenía el cabello oscuro castaño largo cogido en una trenza que había dejado de ser tan firme. Había cabello suelto ligeramente que se enredaba y enmarañaba sobre el charco de sangre derramada, mientras otro poco se había pegado sobre su rostro. Era joven, realmente joven, tendría aproximadamente 18 años de edad, sus rasgos eran finos, nariz afilada, pestañas largas, labios pequeños y delgados que habían permanecido ligeramente abiertos, el cuerpo esbelto y bien formada figura, torneada en los lugares correctos, pero aquel rostro, no parecía tener grabado en él remordimiento alguno, más parecía liviano, sereno, sensible...apacible y hasta amable. Quien era ella?. El color de su cabello igualaba al suyo propio, igual el color de su piel y la forma de sus ojos y rostro...su vista viajó por el cuerpo inerte de aquella joven que ahora estaba muerta. Llamó su atención en una de sus manos enredado entre sus dedos, un objeto dorado que parecía ser una cadena. Retirándola brevemente, sin importarle ya lo que dijeran de haber hecho eso, aquella cadena dorada se había manchado recientemente de sangre igual que toda la joven, su propia sangre.
Su mano garrapateó la cadena y observó el camafeo en forma de corazón. Tenía al frente dos letras grabadas, con la mano lo limpió ligeramente para poder distinguir. Las letras eran H&D, se extrañó un poco, como si de cierto modo conociera aquel signo, pero su memoria se negaba a volver a él. Sería que eso significó algo?.
Con esa misma mano abrió el camafeo. Pero lo que encontró lo sorprendió aún más.
Había dentro dos fotografías, una de cada lado, Una era la suya propia más joven...y la otra era de otro joven de cabello castaño más claro que el suyo, ojos grandes chispeantes violeta, sonrisa alegre en su rostro, cabello largo en una trenza castaña...esa persona...
“Despejen en área, Preventers!!” aquella voz...aquella voz tan conocida y a la vez tan desconocida. Su cabeza giró inmediatamente cuando ambas miradas se encontraron.
Azul-cobalto con violeta chispeante...y por ese momento, el mundo mismo pareció detenerse, todo a su alrededor perdió esencia y sentido, todo a su alrededor se borró dejándolos solo a ellos ambos con la vista clavada uno sobre el otro. Demasiado atónitos, demasiados recuerdos en un solo momento, demasiadas emociones reprimidas en cada cuerpo.
Y como si sus labios se controlaran a si mismos, el nombre se formó en sus pecho partiendo en un aire inseguro y casi callado.
v
“Du—Duo...”
“Heero...”
Ambos susurros se perdieron en la inmensidad del lugar, de la noche y robados por el viento para ser enviados lejos. Ambos reconocieron. Ellos ambos recordaban entonces, como si una película pasara a toda prisa frente a sus ojos vítreos.
Pero aquel momento de encuentro no era tan especial y mágico como hubieran deseado. El preventer de cabellera castaña se acercó ligeramente con pasos inseguros mientras la figura de la persona que yacía sobre el suelo se hacía visible a sus ojos. Todo su ser reconoció inmediatamente de quien se trataba aquella persona que yacía sin vida sobre la alfombra purpúrea, ahora manchada con un charco de sangre.
“Aika...” su hija.
Sus ojos abrieron anchos cuando de sus labios salió aquel nombre...su respiración cogió dentro de su pecho. Su solo ser se derrumbó por ese instante. Su cuerpo tembló, peor que cuando él había recordado. Podía incluso escuchar el latido de su corazón en sus oídos, su cuerpo entraba en un shock completo. Su mirada se borró de sus ojos con la sola imagen de su hija en su cabeza. Su interior gritó por todo ser solo un mal sueño, aquella figura frágil de sus adentros cayó de rodillas en un grito desgarrador de su alma. Su cuerpo se precipitó hacia el suelo. Pero antes de caer fue sostenido por dos brazos fuertes que hacía tantos años no acunaban aquella figura delgada que tantos sentimientos despertó en él. Heero abrazó el cuerpo de su ex-amante llevándolo contra su pecho, sus ojos vidriaron entonces y varias lágrimas saltaron de sus ojos, dejando correr por senderos abiertos a través de sus mejillas. Hacía 18 años había sido la última vez que él había llorado, pero aquellas habían sido de felicidad...18 años después...ellas eran de un profundo dolor y sufrimiento, pero a la vez, de encontrar una vez más a la persona que tanto amaba.
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Una inmensa oscuridad cubrió totalmente su ambiente. Era obvio que se encontraba dentro de su propio ser. Dentro de su interior a pesar de la redundancia. Negro, y nada más que sentirse suspendido dentro de la nada, sin su ser físico palpable, pues ni siquiera era capaz de ver sus manos cuando creía alzarlas. Pero dentro de esa oscuridad, era capaz de sentir algo más, aún al frío podía percibir claramente, una calidez que le reconfortaba el alma. Fue entonces cuando sus dos orbes grandes violeta hacían gala de chispa al abrirse. Junto a él, recargado sobre la camilla del hospital, con la cabeza baja, los brazos plegados al frente, con su mano entrelazada con la suya. Aquel joven de cabello oscuro desarreglado parecía estar dormitando.
Reconoció de inmediato a la persona, ya su memoria había vuelto a pesar del dolor. Tras 8 años de separación...porque? porque estaba él ahí?...
En el revuelo de su mente y las escenas de las pesadillas recientes, la mano pequeña que sostenía entre las suyas pareció moviéndose queriendo ser fuera. Sus profundos ojos azules con ese tinte cobalto característico, pero esta vez, su seño no se fruncía con enfado e indiferencia. Era apacible y hasta cierto punto con un tinte de arrepentimiento tal vez. Su cabeza alzó ligeramente mientras sus ojos parpadearon varias veces para acostumbrarse nuevamente a la luz que había en la habitación. Ahí, no pudo mas que volverse a topar con aquellos ojos vibrantes que lo observaban con cautela, tal vez temor...tan solo tal vez...pero había dolor también. Conoció usted?.
“Heero?...” un murmullo lejano se apodraba la palabra de sus oídos. Aquella voz melodiosa era tan irrevocable de la memoria de su corazón. Hubo la necesidad de cerrar los ojos por un momento para sentir la magia de las palabras volver a recorrer su ser varias veces. Tan sublime incluso.
“Duo” se enderezó casi completamente, aunque sus ojos nunca abandonarían el tinte frío que los caracterizaba, pero que profundidad invadía con ellos el alma, llevándote al fin del mundo y a cada recóndito lugar inexplorado.
Duo parecía entre las sábanas, a pesar de la edad y los años pasados, como Heero lo recordaba de joven y con esa vivacidad característica, pero algo que se había borrado de sus labios delgados, era aquella peculiar sonrisa. El cabello era más largo que como él lo había recordado, necesario dar un poco de vuelta sobre la punta aún en la trenza debido a que podia llegar al suelo incluso. Pero él se conservaba suave y sedoso igual a su piel. Su físico continuaba siendo delgado y torneado, y ninguna marca de edad hacía mella en su rostro vistoso. En él se aplicaba perfectamente la frase ‘No ha cambiado en nada’.
El exsoldado estoico tampoco había cambiado. Su cabello seguía corto desarreglado como él lo recordaba, la piel castaña perfecta y cada músculo y avión de su cuerpo se marcaba sobre su piel y la ropa plegada. Aquel cuerpo fuerte varonil y hasta cierto punto fino. Aquellos ojos inmensos y lejanos, los labios bien formados y la nariz afilada, las manos fuertes y pronunciadas incluso su voz seguía siendo muy igual. Para Heero parecía que los años no habían pasado.
Lo doloroso es que realmente habían pasado. 8 largos años.
Pero había algo a pesar del encuentro. La imagen de la joven sobre el suelo sin vida llegó rápidamente a su memoria. Duo se exaltó de inmediato, dando un pequeño brinco involuntario se enderezó tan rápidamente que el mundo pareció dar de vueltas frente a él. Aquellos fuertes los brazos lo acunaron dentro y propusieron a él recostarse cuenta nuevamente. El expiloto Deathscythe volvía a su posición original, pero aquella imagen conservaba dentro su cabeza apremiando insufrible.
“Heero...realmente es usted...?” aunque ello venía, apenas podía creer que realmente fuera. Sus ojos abrieron con sorpresa pero al a vez una gota de esperanza hizo tinte en la punta. Sus brazos se aferraron a la camisa blanca del expiloto Zero y aquellas miradas se encontraron de nuevo.
“Soy yo...realmente Duo...realmente...” aunque su mirada no cambiaba, si lo hacía cada tonalidad acentuada en sus palabras, se sentó entonces al lado y esperó. Había cosas importantes que decir ahora.
“Heero...Aika...donde es Aika?...donde está mi hija?” la pregunta se apresuró sobre sus labios. Aquellos ojos azules no pudieron mas que desviarse y parecer lejos. Entonces su suposiciones no eran erróneas...algo malo había sucedido. “Dígame Heero!! Donde es ella?!! Donde está mi hija?!!” la desesperación hizo apremio de su voz y sus facciones, se enderezo nuevamente y agitó con fuera el cuerpo del exsoldado pero aquel seguía conservándose lejos. Pareciendo terriblemente doloroso. “No...no me diga que...ella...esta...oh el dios no...” us labios temblaron al igual que su cuerpo, volviendo su respiración impar a cada pequeño espasmo que agitó, su mirada se desorbito al miedo...imposible...no podía creerlo, no quería creerlo!.
“Duo...por favor...” habría hecho lo posible si ello estuviera en sus manos. Por desgracia hay cosas que uno no puede controlar, hay cosas que uno preferiría que fueran solo una pesadilla, pero no lo son. Con los brazos intentó reconfortar, pero lo más que logró fue ser enviado lejos por el manoteo incesante del expiloto de cabellera larga castaña.
“NINGUNO!!! ALEJESE DE MI!!!” Exaltado, lo único que logró fue casi caer de la cama, pero como pudo se sostuvo firme de la barra. Sus ojos se llenaron de lágrimas, la sola desesperación que corroía su corazón. “Ella...ella no puede...haber...NO!! NO PUEDE HABER SUCEDIDO, ES TODO UNA PESADILLA!!!” su cuerpo agitó, la imagen venía una y otra vez, no era posible, no era concebible, simplemente no podía ser.
“Duo guarde en si!!” Heero sostuvo al expiloto con sus dos manos de los hombros, agitando con violencia el cuerpo hasta arremeterlo contra la pared, el rostro de Duo permanecía fijo y el dolor y la desesperación grabados en su rostro, de sus ojos caían lágrimas interminables, era una realidad completamente negada.
“No Heero...dígame que no es cierto...dígamelo por favor...” no le importaba ahora, si Heero se había marchado, sus acciones no le decían que fuera rechazado, en este momento solo necesitaba un consuelo, por ahora nada importaba. Nada.
“Duo...oh Duo...” Heero no puedo más que acunar el cuerpo más pequeño dentro de sus brazos, la cabeza del preventer cayó sobre su hombro y sollozó fuertemente, sus manos se aferraron a la camisa y su rostro se escondió en el pecho del soldado estoico, cada lágrima empapó mientras su cuerpo continuó agitado por mucho tiempo más. El guardia de mirada cobalto, acarició con una mano la cabeza de la cabellera larga, mientras la otra la colocó rodeándolo hasta la cintura. Y por ese momento, no hubo más que desdicha...consuelo, pero a la vez un dolor indescriptible. Un dolor que mata al alma.
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Una Semana después.
“Nosotros la destruimos...”
“............”
“Nosotros la matamos...”
“No hay perdón para ello...”
El cuerpo giró ligeramente, más las miradas no se encontraron por sobre de.
“Por qué...por qué me dejó usted Heero?....”
“Duo...yo nunca quise dejarlo...pero yo tuve miedo...”
“Miedo?, miedo a que?...”
“Miedo de usted, del amor tan grande que me daba...miedo de que usted se aburriera de mi y me dejara...miedo de los nuevos sentimientos que surgían...”
“Yo lo odié”
“Usted tenía derecho”
“Yo lloré”
“Yo sé...”
“Usted me hizo mucho daño...”
“Yo conozco...”
"El dolor es increíble."
Dúo hizo una pausa y cerró sus ojos. Heero sentía el goteo de las lágrimas hacia su cara y no podría refrenar sus propias lágrimas de resbalar abajo su cara hacia el suelo y ropa.
Heero sólo podría mirar fijamente los ojos fracturados de Dúo.
"Yo lo odio tanto. Yo nunca quiero perdonarlo."
El cuerpo de Heero tembló. ¿Era el derecho del demonio? ¿Habría nada más que un infierno también para él?
“Deba ser...”
"Yo no lo he perdonado."
Los fuegos de infierno eran luminosos y chamuscan cerca del hueso.
“Yo ni siquiera sé si yo quiero perdonarlo...”
“Yo entiendo...”
“Me marcho...”
“Yo esperaré Duo...todo lo que usted desee...”
“Yo no sé si ese día llegará alguna vez...”
“Entonces moriré esperando...”
“Tal vez algún día...”
Ése era todos que él podría preguntar. Él tenía ningún derecho para pedir más de Dúo.
"Adiós Heero."
Heero bebió nada más que la vista que fue su un verdadero amor.
“Hasta pronto...Duo...”
Ambos figuras habían permanecido, ese día en el cementerio, frente a la tumba que llevaría grabada la frase: Aquí yace Aika Yuy Maxwell. Murió a los 18 años, sus amigos y familiares ruegan por su alma. Pero aunque las letras lo decían, para su alma, no había habido salvación, lo sabían bien. Dejando flores en la tumba pequeña, rosas blancas que significó siempre la vida de su hija ser, las palabras habían muerto con el viento cuando cada uno se alejó por el rumbo contrario.
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1 año después.
“Trowa?” permanecían sus ojos esmeralda vivos sobre la lectura del libro recientemente titulado ‘El engaño’, una obra interesante de un joven de nombre ‘Shiroi’ que había empezado como escritor hacía un tiempo breve. Junto a él, descansaba el libro ‘Cool’ uno de los que más le habían cautivado hacía algunos años. El autor Eiri Uesugi. Sus ojos se levantaron ligeramente retirando los lentes de si, cuando el libro era dejado junto con extremada calma.
“Que es koi?” el expiloto Heavyarms inquirió, acercándose ligeramente a su pequeño amor, que no había crecido mucho de talle de ambos modos. Su hijo único había resentido la muerte de hace un año, con un cariño que nunca había confesado, Pero el tiempo había pasado y su hijo había comenzado a entenderse con una de las hijas jóvenes del expiloto Shenlong.
“Hoy es el cumpleaños de Heero, vendrá, recuerda?” el rubio inquirió mientras acomodaba en uno de los jarrones, las rosas blancas que siempre quedarían sobre ese rincón, mismo rincón que hacía años, Aika había utilizado para poner ese mismo tipo de adorno.
“Yo sé pequeño” dando un beso breve sobre los labios tersos y húmedos del expiloto Sandrok, Trowa se hizo hacia atrás ligeramente para observar por el ventanal grande la llegada de dos de sus conocidos más viejos. Wufei Chang y su esposa Sally Po. “Ya llegan, vamos”
Ambos señores bajaron las escaleras, los visitantes eran recibidos por sonrisas y amabilidad del siempre dulce rubio, quien por más que sucedieran los años, su rostro pequeño e infantil no reflejaba lo más de 20 años. Era algo increíble pero cierto, algo que Trowa también gusto mucho, pues el heredero pequeño de estatura, aun seguía siendo de cierto modo ‘inagotable’. Trowa sonrió ligeramente a sus pensamientos.
“Trowa? Lo que es la cuestion?” el rubio inquirió con sus ojos cerúleos puestos en interrogante ante la sonrisa nacida de la nada.
“No es nada pequeño koi, no es nada” Trowa continuó conversación dejando a Quatre un poco extrañado, pero satisfecho con su amante de cierto modo travieso.
“Entonces, sabido que han ustedes?” el chino inquirió. Deslizando su cuerpo ligeramente adelante, aquellos ojos negros rasgados que a su esposa tanto agradaron, el aire determinante en cada una de sus palabras, sus manos cruzaron discretamente al frente.
“No más de lo que ya sabíamos. Luego de la muerte de Aika...” al decir el nombre, hubo un pequeño gesto de dolor en su rostro “...ellos no volvieron a pesar de ello...” terminó de decir el joven de ojos esmeralda cruzando los brazos para acunar a su pequeño koi.
“Y Relena?” Sally preguntó por fin, desde que había sabido el engaño, había perdido todo respeto por aquella joven que había sido de lo más farsante.
“Nada, ella sigue en el estado vegetativo del cuerpo, aunque es horrible pensar que es conciente de ello. No poder hablar, mas poder escuchar todo, no poder moverse tampoco...bien, supongo que es algo así como un castigo en vida...” una vez más el que contestó fue el joven de ojos verdes mágicos, el rubio había permanecido en silencio, preferiblemente.
“Y Heero, llegará pronto?” Wufei giró hacia la puerta, luego de su pregunta, el timbre se escuchó. Era él.
“Bien, ahí tiene su respuesta Wufei” el rubio atizó una sonrisa inocente en ese su rostro angelical. Tomó paso adelante mientras Trowa lo observo aún fascinado con su belleza. Podría embelezarse una y mil veces con él y su sola mirada.
Quatre avanzó hasta la puerta abriéndola él mismo en vez del mayordomo común. Su rostro buscó hasta encontrar los ojos azul-cobalto del joven del ‘cumpleaños’, una sonrisa dulce en su rostro cuando el invitó finalmente a pasar.
“Eh, Adelante Heero, se le agradece que haya aceptado la invitación” Quatre extendió una mano complacidamente, sus ojos bonitos expresando su alegría de verle. El exsoldado pasó con las manos en los bolsillos, había cambiado ciertamente, ya no era tan estoico como antes, y podía notarse gestos distintos en su rostro, sin embargo sus ojos eran vacios.
“Bueno para encontrárselo Quatre. Shitsurei Shimasu” Heero simplemente entró entonces, encontrándose con sus más allegados amigos desde que había recuperado la memoria. A pesar de los años y el daño, ellos lo recibieron con brazos abiertos desde que ellos eran su única familia.
Todos sonrieron cuando le vieron, incluso Trowa estoico saludó gratamente. Ese día convivieron sin más, entre risas y anécdotas principalmente del rubio quien se encargaba de poner más alegría a la mesa. Las sutilezas de Sally y la exasperación y discusión de Wufei argumentando la debilidad de las mujeres, pero no lográndole refutar la valentía femenina cuando se trataba de hijos. Fue una buena noche dentro de todo. Llena de recuerdos y de fraternidad entre ellos. Aunque faltaba un piloto.
Heero dejó la mansión grande y se encaminó con su auto sobre la autopista de velocidad. Su automóvil negro rompía con las luces la neblina de la carretera. Sus ojos iban fijos y sobre el asiento de al lado se guardaba algo del pastel y comida que Quatre le había mandado, y sobre la parte trasera los obsequios que había recibido.
Llegaba entonces a su apartamento, subiendo las escaleras sin ninguna prisa, sacó la llave de de entre su chamarra y giró la perilla finalmente. El apartamento se había conservado en total oscuridad, era un llegar a casa, su casa vacía. Su vida vacía.
Él no molestó con las luces cuando él hizo su manera a la cama y se sentaba. Era la misma en la cual había amado a Duo tanto. Ahora, una canción flotó a través de su cabeza.
‘es mi fiesta y yo puedo llorar si yo quiero simplemente '
"Sí," Heero dijo fuera fuerte, "y usted también lloraría si le pasara a usted."
"¿Y lo que pasó a usted?"
Heero sacó una foto con cabeza hacia la voz en la oscuridad. Oh los dioses, la voz. Fue la que él había anhelado para oír tan por mucho tiempo.
"Dúo."
Una figura oscura se materializó fuera desde la sala. Dúo caminó en el espacio oscuro sólo encendido por las luces de la ciudad que se filtraban a través de la ventana de cortinas abiertas.
Heero miró fijamente Dúo, sus ojos descreído, su corazón martillando, su mente a una pérdida para las palabras. Era Dúo. En su apartamento.
"Omedeto Gozaimasu, Heero."
Heero estaba de pie cautelosamente como un hombre viejo porque sus piernas no detendrían su temblor. Él estaba de pie y enfrentó Dúo, una distancia escasa de dos pies entre ellos.
"Gracias."
Duo sonrió a la voz dormida de Heero. Detrás del susto, Duo podría darse cuenta de alegría, amor, sentir y anhela. Todo.
"Yo tengo un regalo para usted, Heero."
Heero cabeceó silenciosamente. ¿Podría decir él realmente qué después de tantos años? ¿Caígase en sus rodillas y pide perdón era lo más coherente? Quizá él debía. O Dúo podría salir de nuevo. Pero antes de que él pudiera, fue la voz de Duo.
"Yo lo perdono."
El corazón de Heero detuvo.
“Por ella?”
“Ella quiso esto...”
“Es solo...”
“Yo lo amo”
Su alma cantó.
"Permítame regresar a usted."
Su cuerpo se lanzó sostenido Duo adelante y finalmente. Sus brazos apretaron la forma, su nariz inhaló el olor extrañado, sus labios buscaron piel suave. Era real. Estaba pasando. Perdón. Amor. El futuro. Lo que venía de él.
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Profundamente debajo de la superficie, el Diablo sonrió.
"Bien, yo me condenaré. Espere, yo estoy condenado."
El Diablo se rió entre dientes melancólicamente. Esos dos mortales.. Ellos podrían enseñar lecciones.
"Un amor que supera Cielo. Un dolor que supera Infierno. Dos mortales que superan lo divino y lo condenado."
La sonrisa ensanchó. Ellos le habían dado algo que él no se había atrevido a tener. Un regalo.
Esperanza.
Y aún más lejos de todo ello. La sonrisa legítima de aquella que alguna vez les dio tanta felicidad cuando vino al mundo sonrió. A pesar de todo. Satisfizo. Ellos eran juntos. Nuevamente. Después de tantos años. Lo único que deseó.
@>-‘—Owari —‘-<@
Notas: Este fic surgió principalmente por la inconformidad del de Confusing...bye ^_^U. Me imaginé que así sería y no me equivoque!.
Así que ahora para todos aquellos que desearon matarme por haber hecho eso malo entonces aquí esta la continuación. Pero yo no se si usted haya quedado nuevamente inconforme con esto, así que si es así, again, hago algo más ‘kay?
Debo decir a las personas que me pidieron la continuación. Kary Yuy, Dina Kinomoto, Loretto-chan, Viviana-chan, Mi queridisima Oneesan Faby-chan, mi hermana pequeña Mimi-chan, y Noin-chan, mi otra hermana pequeña, Quat-chan, Hee-chan y Mika-chan. Espero que esta vez si queden más conformes -_-u.