CONFUSING...BYE. (Sequel of Watashi no Chiisai Akambo)
By Aika Hearts
Pairings: (1+2 -1-2) (3+4)
Category: Shonen Ai
Raiting: None.
Feedback: Hai! Onegai!
Warnings: Angst, drama, confusión...separación.
Disclaimers: Yo no poseo a los GWboys y yo no pretendo lucrar con ellos. Yo armo
solamente una historia ne? La historia es la Sequel de Watashi no chiisai
akambo, ella transcurre 9 años después del nacimiento de la pequeña, su hija.
Notes: Yo sé que muchos querrán matarme cuando terminen de leer, el detalle es
que esta vez yo no cuido hehehe. Así que si usted quiere saber que es, entonces
puede leer. Pudiera dedicar este fic pero, no lo hago ya verán porque.
ONESHOT.
“Oto-chan!! Estoy de vuelta!” la voz infantil de la niña anunciaba su vuelta a
casa después de haber pasado la mayor parte del día sobre un tema de escuela
bastante confuso, para los demás, ella lograba poseer la mente de su padre
demasiado sabionda decían algunos, de las materias exactas.
“Eh Pequeña!!, pasa y ven a darle un beso grande a Papá!!” la voz familiar, la
voz más familiar y de las dos más queridas para su vida era la que llamaba desde
la cocina. Apresurando sus pasos, daba vuelta casi acrobáticamente al sillón de
la sala y llegaba reguindándose de la puerta hasta donde su padre.
“Oto-chan!!” el rostro femenino acompañaba su gesto de alegría, él amaba esa
vista y sería para siempre uno de sus máximos placeres en la vida. Viendo a su
pequeña hija crecer es algo que le daba alegría al corazón, pero también cierta
tristeza, luego de ver lo rápido que pasaba el tiempo.
De un salto ligero, la pequeña se ponía sobre sus puntas ligeramente y daba un
beso en la mejilla de su padre querido.
“Contáme preciosa! Que hiciste hoy?” se preparaba para la hora de la comida,
seguramente, vendría él con mucha hambre, además de su pequeña hija, rebanaba
con agilidad la lechuga a una velocidad impresionante, lanzaba el cuchillo al
aire y este caía perfectamente bien dentro de su empaque.
“Bien...hicimos algunos trabajos en la computadora, pero no fue del todo
divertido...” la niña recargaba sus manos sobre la baranda pequeña observando
cada movimiento concentrado de su padre, que corría de un lado a otro de la
cocina. “La preparatoria es aburrida Oto-chan, tengo que ir a la universidad!!”
anunció finalmente con una resolución característica de Duo.
“Lo sé pequeña, pero entienda también, aún es muy pequeña para ello, aunque ya a
su edad y en nivel de preparatoria...ni su padre ni yo lo imaginábamos...” Duo
afirmaba mientras corría hacia la barra y colocaba la sopa recién hecha. “Anda,
ayúdale a papá y pica esta ensalada” lanzando las verduras, la pequeña las
cachaba con agilidad con las manos, Duo lanzó finalmente el cuchillo al aire y
ella subía la mano para cacharlo del mango diestramente. El expiloto sonrió, su
hija era demasiado ágil, habían dicho tiempo atrás en genetics lab que ellos los
niños de ese tipo de creación eran de crecer mas inteligentes y ágiles que los
de marca casera, pero su hija superaba los límites.
“Yo se Oto-chan...” la niña refunfuñó entre dientes mientras picaba a la misma
velocidad que su padre lo había hecho minutos antes, su seño se fruncía y se
determinaba en cada tarea que hacía. Era el mismo seño que tenía Heero en cada
misión. “Vendrá hoy Otosan Heero?” ella preguntaba finalmente mientras colocaba
las verduras en un traste hondo.
“Si pequeña, el tuvo en encomienda la misión de Preventers, tu sabes, y esta vez
yo logré llegar a tiempo ne?, así que lo vas a recibir calurosamente ok?”
Terminaba Duo de sacar en ese momento un pastel que acababa de hornear y era
necesario ponerle la cubierta y adornarlo lo mejor posible.
“S’ok Oto-chan, ya le estaba extrañando” ella ponía punto final a la ensalada
exprimiendo un limón y colocando lo suficiente de sal. “Iré a cambiarme de ropa”
dando un brinco pequeño, ella abandonaba el banco que quedaba frente a la barra
y se perdía en la puerta de su habitación.
Duo sonrió a él, hacía ya tantos años...hacía 9 años, mañana su pequeña niña
cumpliría 9 años finalmente, 9 cortos años desde que él la vio salir de su
vientre aquella vez que su felicidad fue completa. Aquella satisfacción y
alegría solo eran comparables con la felicidad de verla cada día creciendo
mejor, más sana y contenta. Fascinaba ver sus gestos infantiles en su rostro,
los pseudoberrinches, y las bromas que frecuentemente le hacía a Heero
intentando volcar del soldado ya no tan estoico unas sonrisas abiertas. Los
rostros alegres de sus días de cumpleaños y de reyes, o su rostro de fastidio
cuando alguna clase la aburría casi completamente. Recordaba bien las alegrías y
sus llantos, la manera como era cuando era una bebé, el primer día que la baño,
sus sonrisas cuando iban al parque de diversiones o al cine. Todos esos eran los
días más felices de su vida, y rara vez había que castigarla, siempre había sido
responsable con sus cosas aunque de vez en cuando si era necesario. Pero ella
parecía comprender y acataba los castigos del todo bien. Que más podría desear
Duo?, su matrimonio con Heero le había dado una felicidad inmensa y luego la
bebé...había significado el total de todos sus anhelos...ahora él podría decir
que tenía todo lo que deseaba en la vida.
Sonriendo ampliamente a sus pensamientos, el expiloto trenzado terminaba de
colocar la última fresa justo en medio del pastel. Era cubierto de crema batida
con chocolate blanco y algún chocolate semiamargo cayendo a los alrededores,
decorado con fresas a los lados y por los bordes. Ahora si, todo era listo para
la llegada de su koi. Retirándose el delantal cuidadosamente, lo dejaba colgado
en un clavo cerca del refrigerador, terminaba de pasar un trapo para limpiar un
poco lo que había quedado sucio. Recogiendo los guisos, uno a uno los fue
colocando sobre la mesa en el mantel blanco pulcramente colocado y lavado.
Cucharas, platos, tenedores y vasos ya estaban puestos debidamente.
Fue entonces cuando el sonido pequeño de la llave abriendo la puerta hicieron al
expiloto Deathscythe girar su mirada. De la habitación salió corriendo
rápidamente su hija echando casi a espalda humo debido a la velocidad. Duo
sonrió nuevamente anchamente a la percepción. Terminando de colocar el pastel
mientras se disponía a dar la bienvenida a su amor.
La pequeña de nueve años había corrido a toda velocidad, más de lo normal
adquirida a esa edad, había llegado hasta la puerta cuando su padre dejaba la
chaqueta en el perchero junto a la caja de las llaves. Con pasos más lentos
cuando fue percibida por el ex soldado, su hija caminó hasta él y saludó
cortésmente.
“Irashaimasen Otosan” sus manos se juntaron al frente y levemente hacía una seña
propia del saludo japonés al verle llegar.
Heero corrió su vista para ver a su pequeña hija frente a él, bajando sobre sus
pies le dio un abrazo pequeño y un beso sobre la frente, la observó por un
momento más y se puso de pie en silencio. La niña se quedó un momento más en la
sala un poco aturdida. Algo no estaba del todo correcto.
Duo había terminado por fin y salía de la cocina con una sonrisa calurosa en su
rostro joven, su trenza se extendía ahora llegando hasta sus pantorrillas. Su
cabello suelto había llegado casi hasta el suelo, pero era algo que siempre
gustó a pesar de todo. Ese día llevaba como siempre jeans negros y una camisa
informal y una chamarra de mezclilla con bastantes botones. En sus pies botas
grandes y su cabello recogido por la cinta regalada por su hija en su
cumpleaños. Llegaba hasta la sala donde el expiloto Zero colocaba su maleta
sobre el suelo.
“Eh, Hee-chan, alegre de que vuelva” con su cordial optimismo, Duo se acercó
hasta Heero y ondeó la mano, aquella sonrisa siempre enyesada en su rostro
llamativo, cuando Heero se alzaba un poco finalmente, era recibido por un beso
en la mejilla.
Era algo que recordaba perfectamente, la percepción de esos labios suaves sobre
su piel, sobre cada centímetro de su piel era algo que siempre lo había
estremecido, extrañamente no había sucedido esta vez. Sus ojos azul cobalto se
fijaron sobre la amatista violeta chispeante llena de vida, era notoria su
felicidad en cada movimiento, en cada acción y en cada canción.
Ese día, Heero llevaba un pantalón de vestir gris, una camisa azul rey y una
corbata azul marina. Su cabello era de la misma manera que siempre, sus ojos
inexpresivos fríos eran lo que esta vez hacía gala en su rostro.
“Hola Duo” fue la respuesta única del expiloto Zero cuando terminaba de entrar a
la casa.
Eso asustó. Duo abrió sus ojos anchos en susto, eso qué era la reacción de
Heero?, él siempre había llegado con una sonrisa por lo menos pequeña cada vez
que volvía a casa, eso que era ahora lo que sucedía?, además sus ojos...esa
mirada se había perdido tiempo atrás, ahora regresaba y se posesionaba
nuevamente de esos ojos azul cobalto que Duo tanto amaba. Se quedó estático un
momento corto, sus brazos caídos a los lados, sus ojos abiertos aturdidos, su
mirada chispeante en miedo, incluso su cuerpo había temblado un momento. No pudo
conservarse demasiado tiempo en esa posición, pues su hija pequeña había
avanzado hasta la sala y lo había visto de esa manera. Obligándose a reaccionar
como si nada hubiese sucedido, Duo se giró y enyesó una sonrisa en su rostro, su
hija se acercaba finalmente mientras Duo se agachó sobre sus pies y le dio una
pequeña caricia sobre su cabeza. Luego de ello se ponía de pie con la misma
naturalidad y caminaba moviendo ligeramente en vaivén su trenza larga para
llegar donde la comida ya era preparada.
Un momento más la pequeña se quedó en la sala, su vista se había fijado al suelo
después de que su padre había ido hacia el comedor. Algo era increíblemente
incorrecto en esa circunstancia, algo no estaba nada bien. Sus ojos...los ojos
de Otosan Heero habían cambiado a como ellas los conocía, ellos eran fríos,
demasiado fríos...se clavaban como dagas de hielo en quien los veía, sus
acciones estaban siendo mecánicas, ni siquiera parecía alegrarse de volver a
casa. Y ni que decir de los de Duo, ellos estaba opacos, acuosos a punto de
lágrimas cuando los vio, e increíblemente falsos, esos sus ojos generalmente
alegres estaban tristes y preocupados, y esa sonrisa...su mirada lo delataba
completamente. Un suspiro fue lanzado al aire y con él se perdió totalmente,
resignándose a lo que viniera, tomó paso para llegar al comedor donde ya era
esperada.
Alrededor de la mesa había un aire de tensión que se podía respirar fácilmente,
la atmósfera demasiado densa, mientras Duo intentaba parecer completamente
normal entre sus risas y pláticas.
“Eh pequeña, trae por favor la jarra del agua del enfriador” el joven de trenza
castaña señalando con la mano mientras servía la sopa caliente en el plato de su
amante.
“Hai Oto-chan!” anunció con alegría la pequeña, quien en un aire también
bastante falso, era la felicidad aparentando no saber absolutamente nada ni
percibir nada fuera de lo normal.
“Usted ve, Hee-chan, mañana Aika cumplirá sus 9 años y he estado pensando en una
fiesta, invitar a Quat, a Tro, a Wufei, Sally y a los demás, ve usted eso
correcto o bueno?” la conversación no había girado desde que el soldado había
hecho su llegada, parecía haber solo una persona en el comedor que era quien
hablaba intentando hacer algún tipo de cambio sin ningún éxito aparente.
Nuevamente no obtenía respuesta alguna del soldado, que llevaba esa postura
estoica que había abandonado hacía años, el silencio se había posesionado por
segunda vez del comedor, Duo había dejado finalmente el plato servido y se
sentaba completamente callado, la sonrisa de su rostro se había marchitado
atrás, sus ojos reflejaban una gran pesadez que comenzaba a reinar dentro de él.
Era inexplicable porque Heero se comportaba así en ese momento, que era lo que
había pasado era una pregunta que Duo tenía demasiado presente en su cabeza. Su
plato en la mesa era servido por la sopa que humeaba los sabores apetitosos,
pero ninguno de ellos comía aún. La vista de Duo había bajado completamente,
dentro de su pecho, un dolor frío comenzaba a hacerse presente, punzaba y dolía,
era angustia...temor...duda, tal vez desesperación por saber, pero...el mismo
miedo de preguntar o enterarse que algo estaba equivocado hacían a su boca
callar a cualquier pregunta.
Aika se había quedado cerca de la puerta de la cocina, recargada detrás del
marco con uno de sus ojos violeta fijado en la escena, sostenía la jarra con
ambas manos, tal parecía que sus padres se habían olvidado completamente de su
presencia. Apesumbrada y econgojada en sus sentimientos, debía simular que todo
pasaba desapercibido para ella, o sería una preocupación más que darle a su
padre querido. Sosteniendo una sonrisa en su rostro también falsa, ella hacía
ruido para llegar al comedor felizmente.
“El Agua Oto-chan!!” la niña anunció entrando sosteniendo el mango con una mano
y la otra debajo de la jarra. Su cabello largo recogido en una trenza igual a la
de su padre ondeaba con travesura detrás de ella. Una falda de tablones y unas
mallas largas era lo que figuraba en sus piernas, con unos zapatos de corte
escolar en sus pies, una blusa corta que dejaba ver su abdomen y un chaleco
encima solo para hacer conjunto. En su pecho colgaba un camafeo de corazón con
dos letras gravadas en él y en su mano izquierda figuraba un anillo con dos
corazones entrelazados con las letras H&D.
“Ah! S’ok pequeña, vamos a comer ya” cambiando su semblante precipitadamente al
recordar a su hija, Duo sonreía nuevamente, pero su sonrisa era tan falsa que su
hija se daba cuenta al instante. Colocando la jarra de agua al centro, ellos
comenzaron su comida, Duo intentaba ante todo parecer normal y hambriento igual
que siempre, pero esa necesidad lo había abandonado desde la llegada de Heero.
Heero se había conservado en su postura fría e indiferente, probaba cada bocado
de la sopa en absoluto silencio hasta haber terminado, servía con cuidadoso
escrutinio el plato fuerte y la ensalada y continuaba sin decir palabra o fijar
su vista en ninguno de los ocupantes de la casa. Siempre había sido cuidadoso
hasta en el detalle de la comida, cada bocado era masticado con suma paciencia
hasta que quedara conforme con ello. Llevaba el tenedor cargado hasta sus labios
y ahí depositaba la comida, lo hacía en silencio y cerraba los ojos casi en
todos los momentos. Duo conservaba el silencio incómodo, pero no se daba cuenta
que tanto debido a que su corazón permanecía pasmado y demasiado en susto.
Apenas cuchareaba la sopa y no había probado más que dos o tres cucharadas de la
misma, cuando se excusó por haber olvidado algo importante que hacer.
“Ah! Yo me olvidé que había prometido a Hilde que iría a las 4 a su casa y ya es
la hora!” levantándose rápidamente de la silla, cogió su plato vajilla de
porcelana blanca y dejó todo en la cocina, “gomen, tendrán que comer solos, pero
regreso en breve!” y dando un beso ligero a su hija en la mejilla, salía del
comedor finalmente.
Una salida rápida...desesperada, imprevista...y tal vez hasta cierto punto
obvia. Pero era lo más que lograba hacer en ésta situación, su pecho reprimía un
llanto lastimero dentro de él, se sofocaba dentro y hacía un nudo inevitable
dentro, acarreando incluso sabores amargos a su garganta, mordiendo ligeramente
su labio más bajo, sus manos garrapatearon para jalar la gabardina negra larga
que colgaba del perchero a la entrada de la casa. Colocándose un gorrito sobre
la cabeza, sus pasos lo hacían apresurado hacia la salida.
Finalmente, se encontraba caminando por la calle a unas cuadras lejos de su
hogar. La cabeza baja, la mirada clavada en el suelo, recorría cada línea del
asfalto bajo sus pies y se daba cuenta de cada paso, eso aparentemente, porque
sus pensamientos iban demasiado lejanos. Sus manos se ajustaban a sus bolsillos
y su andar era pesado, cada paso era dado como si trajeran una gran carga.. Sus
ojos vítreos brillaban con la luz reflejada en los cristales de las estanterías,
pero ellos vidriaban con lágrimas nacientes en ellos, hacía tanto tiempo que Duo
no se sentía tan desolado como ese día. Y todo había sido simplemente por la
llegada y reacciones de Heero, pero era algo más...algo que estaba tan
equivocado que asustaba. El solo sentimiento del recuerdo de aquellos ojos fríos
y la mirada disparando dardos de tortura sobre de él, era demasiado para el
acostumbrado corazón de Duo a la calidez. Hacía años tal vez no hubiera tenido
tanto efecto, pero después de tanto tiempo y acostumbrado a otras maneras, ahora
asustaba, y lo asustaba más porque conocía mejor ahora a Heero como para
imaginar lo peor. Si Heero saliera....’oh el dios’ Duo suprimió sus pensamientos
y aquel lamento que escapaba de su pecho en ese instante, mordió su labio con
más fuerza para evitar las lágrimas cristalinas derramarse de sus ojos, la sola
idea era demasiado dolorosa para concebirla. Respirando de manera impar para
contener el llanto sus pasos se apresuraron a ningún lugar, solo era la
percepción vacía de querer salir de ahí, de huir si de algo se trataba. El dolor
dentro de su pecho aumentaba y su corazón iba en una carrera que amenazaba con
dejarlo sin aliento. Sus pasos terminaron corriendo como si ello fuera a darle
algún alivio.
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Heero había terminado de comer hacía 1 hora ya y se había retirado hacia la
habitación de huéspedes. No había habido sonido alguno fuera de lo normal, ropa
desempacándose, abriendo la portátil y telefoneando a preventers acerca de
algunas cuestiones de la última misión. Para ese momento, Aika estaba frente al
lavabo de trastos, con una esponja en mano y un delantal rosa, ella fregaba cada
plato y vaso minuciosamente y lo dejaba secando al lado de ella. La cocina no
era muy grande, en forma rectangular, la habitación tenía la puerta en la base
más corta, toda la cocina estaba decorada con madera y azulejos de color azul,
la estufa era de tamaño regular, y arriba de ella estaba la campana gris, junto
de la estufa se encontraba una mesa de madera que utilizaban para picar y hacer
algun otro preparativo a la hora de hacer la comida, luego venía una pequeña
repisa donde estaban las especias principalmente, al lado contrario de la puerta
se hallaba el lavadero de trastes, todo pintado de un azul cielo con toques
oscuros en las esquinas, era de tamaño grande y bajo él estaba lo necesario como
el jabón y algunas cacerolas grandes. Al lado se encontraba la alacena más
grande, las puertas grandes de madera con la perilla dorada, dentro había una
gran despensa. Y junto a ella el mueble de los demás trastos como la vajilla y
los vasos, cosas más pequeñas. Y finalmente se encontraba el enfriador, donde se
guardaban siempre notas o recados, cartas o dibujos, cualquier cosa o detalle
era buena para ponerlo, el clavo a su lado sostenía el delantal que
frecuentemente era usado por su padre.
Sus manos se habían detenido sintiendo el agua correr entre sus dedos mientras
el vaso era sostenido por sus dedos delgados. Su rostro se había enfocado al
agua corriente y al reflejo ligero de la luz sobre el cristal. Había un
presentimiento de que todo iba a cambiar dentro de poco y lo peor es que no era
para bien. Sostenido y lanzando finalmente un suspiro pesado que nació dentro de
su pecho, terminaba de enjuagar el vaso y lo colocaba junto a todos los demás
trastos. La mayor parte de la comida había tenido que ser guardada dentro del
refrigerador, desde que Duo había abandonado su apetito, Heero había comido lo
suficiente y ella había apenas picado un poco de la ensalada. Donde sería ahora
Duo?, que pasaba con su otro padre?...todo estaba siendo demasiado confuso para
ella. Su vista se levantó y sus ojos reflejaban esa tristeza creciente, aquella
mirada asomaba fuera por la ventana que se colocaba al lado. Terminado
finalmente se retiró el delantal y se alejaba a su habitación. Pronto tendría
que salir.
El reloj marcó las 6 de la tarde para ese momento. El timbre de la casa sonó
entonces al llamado de una persona en espera. Ella salía de su habitación y
abría la puerta con una sonrisa amena en su rostro falsa.
“Konbanwa! Kony-san!!” ella sonreía mientras se lanzaba a los brazos de su amiga
mejor y era recibida calurosamente.
“Kobanwa Aika-chan, nos vamos ya?” la joven de cabello corto indicó con una
sonrisa calurosa, levantando ligeramente su mano en señal de salida.
Con una sonrisa tierna en su rostro ella asintió con la cabeza entusiásticamente
y colocando su mochila rápidamente sobre su espalda salía entonces de la casa.
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Eran las 8 de la noche de ese día. La luna había hecho su aparición en el
firmamento hacía cuando menos 1 hora. La sombra gris de la noche había cubierto
con su manto plagado de lucecillas toda la ciudad. En el puente de la ciudad,
aún se detenía el joven de cabellera castaña larga. Sus brazos plegados al frene
cruzados y recargados sobre la baranda, sus piernas acomodadas una ligeramente
delante de la otra. El puente era de madera tallada, estaba dentro del parque,
donde por la mitad corría un rio de aguas claras. Al lado del puente había un
gran árbol, un roble de aspecto majestuoso que mecía sus hojas con el vaivén del
viento fresco que corría, el mismo viento ligero que hacía rato movía su cabello
haciéndolo cepillar su rostro en movimientos rítmicos. En lo cristalino del
lago era reflejada la luna con esa magia propia de ella, y con un ligero
movimiento a la caída de una hoja se llenaba de ondas perdiendo su forma
perfecta en el reflejo y volvía a ser la que era.
Su respiración de perdía con cada movimiento de la copa del gran roble, sus
pensamientos volaban lejos y recordaban las cosas buenas de antaño. Eran
recuerdos vívidos dentro de su memoria, recuerdos que jamás lo abandonarían
hasta el día de su muerte. Recuerdos que él amaba muy dentro de su pecho.
Girando su cuerpo entonces, al lado derecho había una colina pequeña cercana,
donde había juegos infantiles como columpios, resbaladillas y trampolines.
Aquella imagen le traía buenos recuerdos, cuando su niña apenas tenía 2 años,
ella era divertida y sonriente, había sido mecida demasiado por Heero y casi
había volado por los cielos, aquella sonrisa infantil grande gravada sobre su
rostro, el vestido volando junto con su cabello arrastrado por el viento que
pegó sobre su rostro pequeño. Las risas grandes, el entusiasmo por aquel algodón
de azúcar del color de las nubes...la satisfacción del sabor dulce en su pequeña
boca. En aquella ocasión Heero había ido con la pequeña a montar a los pequeños
ponis que daban vueltas por el parque, y ese día se habían tomado todos unas
foto en las ramas del árbol encorvado cerca de los columpios. Aquellas imágenes
dentro de su cabeza la hicieron sonreir finalmente.
Duo rechazó sus pensamientos pasados, por qué debía pensar él que era algo
equivocado?, si los momentos felices habían sido tan innumerables, si el corazón
de Heero había sido radiante al nacimiento de su niña, si su dedicación al bebé
había sido también increíble. Heero amaba a su hija y a él, seguramente no había
sido nada tan malo todo lo que había pasado en su silencio.
Con ánimos recuperados, Duo volvía en sus pasos finalmente, alejándose del
parque lleno de recuerdos y sonrisas, girando su rostro por última vez en ese
día, aquel recuerdo de los columpios volvía a llenar sus pensamientos y
ocasionaba otra risa sincera en su rostro llamativo. Colocando sus manos dentro
de su gabardina, emprendía marcha de vuelta a casa.
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Habían sido 2 horas de ensayo. El reloj ya pintaba dando las 8:30 de la noche de
ese día. Sacando las llaves de dentro de su mochila, ella colocaba finalmente en
el lugar correcto y giraba. La sala estaba totalmente oscura para ese momento,
solo el haz de luz ligero de la habitación de huéspedes iluminaba el camino.
Colocando la mochila sobre el suelo en un rincón, ella encendía la luz principal
y se echaba al mueble lastimeramente. Desde hacía 1 año ella asistía a la
preparatoria debido a su potencial, tenía amplias aptitudes como sus padres para
las peleas, y además de todo poseía una voz privilegiada, cantaba a dueto con su
amiga mejor Kony y ya llevaban un sencillo gravado hacía medio año. El
aniversario de sus padres sería al día siguiente y ella había ensayado la
canción tantas veces que ya se sabía incluso los detalles. Era una sorpresa que
había planeado con mucho entusiasmo, el mismo día que ella cumplía años, sus
padres cumplirían 10 años de matrimonio oficial. Levantando su mano
pequeñamente, la joya en su dedo resplandeció con las letras resaltadas en oro.
Enderezándose entonces escuchó el sonido de la puerta abrir y cerrar.
“Estoy de vuelta!!” era la voz alegre de su padre anunciada a la puerta de la
casa. Poniéndose de pie de un brinco ella salía a recibirlo entonces.
“Konbanwa Oto-chan!!” la sonrisa grande de su hija era representación de la suya
en todas las ocasiones. Alegre y sonriente era la manera como Duo siempre
conoció a su hija pequeña.
“Lamento haber tardado tanto pequeña, pero me topé con algunos problemas” el
abrazo fraternal y cariñoso de su padre siempre fueron motivos para sentir su
alma reconfortada.
“S’ok Otochan, yo iré a dormir ya” con un ligero encogimiento de hombros ella
daba pasos hacia su habitación.
Duo se quedó callado un rato más. Despejando su mente de cualquier cosa que
pudiera perturbarlo, notó la luz de la habitación de huéspedes encendida. Eso
querría decir que Heero estaría durmiendo en esa habitación ne?. Seguramente, a
Heero le gustó trabajar hasta tarde en los reportes de las misiones y como
siempre se quejó de Duo ser muy ruidoso y no dejar trabajar...seguramente mañana
hablarían y todo estaría arreglado nuevamente.
Aquella noche, dentro de la habitación de huéspedes, una nota era sacada de la
computadora. Aquellos ojos fríos azul cobalto leían por última vez el papel
escrito.
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“Yo estoy saliendo ya Otochan!!” Aika daba la última mordida a su panqueca de
desayuno y atragantaba casi con la leche, se había hecho tarde para llegar a
clases y su amiga mejor estaba ya sobre la puerta esperando.
“Ve pequeña anda” con un pequeño beso sobre la frente, Duo despedía a su hija
hasta la puerta, entregándole la mochila que era puesta a toda prisa por ella.
“Sayonara!!” ella se despidió entusiasta alzando la mano hasta desaparecer en el
auto que siempre las llevaba a su destino.
Duo observó su reloj entonces, eran ya casi las 8 de la mañana y el necesitó ir
a arreglar algunas cosas a la oficina de preventers ese día. Su hija llegaría
cerca de las 3 de la tarde y querría tener todo listo. Hubiera gustado de
conversar con Heero momentos antes pero el soldado perfecto no había salido de
la habitación de huéspedes, seguramente estaría cansado después de redactar el
informe toda la noche y no sería conveniente despertarlo. Retirándose el
delantal, dio los últimos toques a su cabello en el espejo de la entrada y
tomando su chamarra, salió de la casa.
Dentro de la habitación de huéspedes, la puerta se abrió, dejando entrever el
cabello desordenado oscuro, y los ojos sin emociones del soldado estoico.
Colocaba sobre si una chamarra igualmente, mientras echaba atrás una bolsa
grande parecida a una de viajes. La nota era llevada en una de sus manos y
finalmente colocada en uno de los imanes del enfriador.
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Eran las 11 de la mañana de ese día cuando Duo regresaba a la casa. La puerta se
abrió tras un repiqueteo pequeño de las campanillas que colgaban a la entrada,
la casa estaba increíblemente quieta, y no se escuchaba señal de Heero por
ningún lugar. Aunque conociéndolo era mas que obvio. Retiró la chamarra de sobre
sus hombros y la dejó colocada en el perchero. Pasó por la sala directamente a
la cocina, ningún traste había sido utilizado desde su salida. Fue entonces
cuando giró su cabeza y lo vió.
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El reloj marcaba las 3 de la tarde cuando ella regresaba de la escuela. Era
despedida por su amiga mejor ondeando su mano cuando el automóvil se alejó
finalmente. Apresurada, subió los dos primeros escalones hacia la puerta de
madera de su hogar. Retirando las llaves de entre sus cosas, la puerta estaba
extrañamente abierta. Su cuerpo se estremeció al instante...no hizo ningún ruido
a pesar de ello, si algo sabía bien es que no debía provocarlo, ella era astuta
y había sido entrenada por su padre en estos casos. Entrando sigilosamente, con
la misma curia de un felino, su corazón le decía que algo estaba terriblemente
equivocado. Tragando duro algunas veces, ella continuó hasta observar la sala,
los cristales del florero de la mesa del centro estaban esparcidos por toda la
habitación, el cristal de la mesa estaba totalmente roto, fotos y demás yacían
sobre el suelo hechas mil pedazos, las botellas de vino había sido estrelladas
contra la pared dejando a su paso los senderos de colores del vino, las cortinas
estaban desgarradas completamente, algunas sillas volteadas y casi todos los
objetos en el suelo, ya sea rotos o quebrados. Con enorme susto se dio cuenta de
la chamarra de su padre, eso quería decir que él era en casa. Apresuradamente y
ya sin cuidar lo que sucediera, ella se aventuró hasta el comedor donde todo era
igual que en la sala, la mesa volteada, las sillas revoloteadas, los objetos
tirados alrededor, las copas quebradas contra una esquina, el mantel hecho un
lio sobre el suelo, las pinturas rasgadas y las plantas tiradas. Todo era un
desastre completo. Que es lo que había pasado?.
La puerta de la habitación de su padre estaba cerrada con llave.
“Otosan??...Duo??...” ninguno de sus llamados era respondido.
“OTOSAN!!! ABRE LA PUERTA OTOSAN!!!” Desesperada, agitaba la puerta con todas
sus fuerzas y la golpeaba varias veces con la mano, su brazo ya dolía por la
fuerza de sus golpes y sus gritos la estaban dejando fuera de si. Pateó la
puerta varias veces sin éxito, la angustia crecía dentro de su pecho.
Desde el día anterior algo estaba mal. Que había sucedido?. Angustia,
desesperación, miedo, todo cruzaba por dentro de su pecho y se acumulaba ahí,
las lágrimas se hacían evidentes en sus ojos cristalinos, su voz quebró con cada
palabra y su respiración se volvio bastante impar. Un nudo se ahogaba en su
pecho continuamente mientras crecía su temor, sus ojos tomaron una determinación
última y la puerta fue jalada y por fin abierta.
Temblorosa en su cuerpo, ella entraba a la habitación. Sus ojos abrieron anchos
en susto cuando gritó el nombre de su padre, llenos de lágrimas que ahora se
vertían por sus mejillas claras.
Duo estaba tumbado medianamente sobre la cama, un vaso tirado a su lado a medio
quebrar, el agua se había regado por sobre la alfombra purpúrea. Todas las fotos
y cristales estaban rotos, incluyendo el espejo donde había sido lanzada una de
ellas. Su cabello se había deshecho de la trenza larga y había mucho de él
regado por la habitación, y el que aún era en su lugar, era totalmente
embrollado sobre su rostro vistoso. Uno de sus brazos se recargaba por sobre el
colchón y su mano yacía desarregladamente hacia abajo colgada, la otra se perdía
entre la maraña de cabello, sus piernas estaban a medio doblar, como si hubiera
caído en un desmayo o algo parecido y su cabeza era tirada al lado a pesar de no
verse por el cabello esparcido.
El corazón de Aika pareció encogerse totalmente en ese momento, sus ojos
abrieron anchos y grandes, vidriaron y las lágrimas se soltaban y resbalaban con
los lamentos callados que emitía su pecho, imposible dejarlos salir por la
impresión, sus labios y su cuerpo temblaron completamente y sus fuerzas casi
desfallecieron, sus manos habían caído al lado, mientras sus mejillas perdieron
su tinte y su cuerpo se tornó totalmente frío. Dentro de su garganta un nudo
imposible de sacar, un terror invadió totalmente sus sentidos, su respiración
casi cogió dentro de su pecho. Eso que había pasado?....insegura en sus pasos,
sus piernas temblaron y la llevaron cerca de su padre, su angustia crecía por
cada segundo y cada bocanada de aire pequeña que era tomada, necesitaba
regularizar su respiración y calmarse si no quería entrar en shock y empeorar
las cosas. Tragando duro, ella suprimió cualquier lamento que pudiera haberse
escapado de su pecho y demostrado su debilidad y temor. Tómó la mano de su padre
y percibió un pulso, con un movimiento rápido giró el cuerpo hacia arriba y
comprobó que éste no era herido más que por los cristales rotos. Sintió su
respiración en su mejilla, era casi totalmente nula. Cogiendo apresurada el
teléfono en sus manos, sus dedos pincharon cada número con tal fuerza, el
teléfono casi resbaló de sus manos temblorosas, mientras el sonido repiqueteaba
para llamar a emergencias. Sus autoregaños por su debilidad no acababan en
ningún instante.
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“Aika-chan!!” el llamado era conocido para ella, las voces eran tan familiares
casi desde los primeros días de su nacimiento.
“Ojisan Quatre, Ojisan Trowa” ella se ponía de pie, una sonrisa nostálgica se
extendió por su rostro, a pesar de no querer parecer afectada en absoluto, pero
su mentira era demasiado evidente.
“Hola pequeña” un abrazo fuerte y caluroso la rodeó en ese momento, la
protección de ambos de sus tios siempre había sido algo bueno para ella.
Quatre abrazó fuertemente a la hija de sus amigos mejores, dando un beso pequeño
en su frente, sintiendo claramente la preocupación y el dolor que experimentaba.
Su uchuu no kokoro habría desaparecido tal vez, pero él conocía bien a su
sobrina pequeña como para saber que estaba en sufrimiento. Trowa se había
acercado para ese momento, recogiendo también en un abrazo a su sobrina, daba un
ligero toque en su cabeza intentando animarla.
“Todo será bien pequeña...” las palabras fueron una gota de ánimo. Quatre
enfocaba sus puros ojos aqua en los violeta de su sobrina, con una sonrisa
calurosa, ella sonreía un poco más entonces y lograba finalmente ocultar su
miedo de la vista.
Ese día, el cielo se nubló completamente, las nubes se agolparon unas con otras
y retumbaron en truenos, los rayos caían y rompían iluminando las calles y los
edificios, se veía claramente la manera como cada rayo partía la inmensidad del
horizonte y robaba la oscuridad. La lluvia comenzó a caer fuertemente, inundando
calles y avenidas. Cada gota de agua rebotaba sobre el asfalto hasta tomar forma
de riachuelos. Ese día, el viento sopló fuerte por toda la ciudad. Y dentro del
hospital, las esperanzas debían guardarse en cofre de metal.
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Regresaba, debía llevar sus cosas a la casa de su mejor amiga donde se estaría
quedando un tiempo, mientras sus tíos veían los arreglos del departamento. Su
padre aún era en el hospital hasta hacía unas horas de todo lo que había
sucedido. Quatre y Trowa habían insistido en ir con ella, pero se había negado
cortésmente diciendo que solo iría por sus cosas y regresaría. La vista de su
hogar era una pena más. Pero ante todo, donde era Heero?...
Su padre estoico no se encontraba por la casa, ni siquiera había señal de que
hubiera entrado horas más tarde. Repasó hasta el cuarto de huéspedes donde lo
escuchó por última vez, ahí todo era completamente en orden, faltaba la portátil
y su ropa mas próxima. Su vista corrió por toda la habitación y no hubo rastro
de ella. Era más que obvio que no había sido ningún atacante lo que había
provocado tal desastre. Sus pasos la guiaron hasta la cocina, donde había
algunas cosas tiradas, recogió de entre ellas, una taza pequeña que había
pertenecido a ella cuando era más pequeña. Y notó algo. De entre los escombros
de vajilla quebrada había un papel de matiz diferente al de notas o recados,
curiosamente lo levantó del suelo.
Era una nota.
‘Duo:
Lo nuestro ya no funciona. Lamento esto pero me voy, buscaré a Relena.
No me busque, no funcionará de nada. Esto no tiene arreglo.
Este es el adios.
Hasta siempre.
Heero.’
No podía ser cierto....un sentimiento volvió a pegar dentro de su pecho y su
mundo pareció encogerse a nada. Su cuerpo temblaba otra vez mientras su voz se
perdía completamente, su respiración se cortó por completo, era
imposible...imposible...eso debía ser una pesadilla ne?...sus padres no podían
estar dejándose, no después de amarse tanto, durante tanto tiempo y con ella!!!
Habían luchado mucho por que se les reconociera el matrimonio!!, se amaban de
verdad cierto?... no podía ser lo que sucedía. Porque haría su padre eso?, que
pasaba? Que había sucedido?, no eran ellos felices?, se había cansado?, era
ella? O era su padre?...había tantas preguntas dentro de su cabeza como jamás
las hubo, sus ojos rompían en llanto en ese momento y comenzaba a comprender lo
que había sucedido con su padre. Duo.
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Coma.
Había pasado 1 mes desde que Duo yacía en el hospital en coma sin señales de que
algo hubiera sucedido. Desde ese tiempo. Quatre y Trowa se habían encargado de
él y los gastos, su hija venía cada vez que se daba la oportunidad y aún se
quedaba en casa de su amiga mejor, sus tíos sabían bien que por ahora era bueno
para ella ese tipo de apoyo. En ese tiempo se habían enterado de lo que había
sucedido. Heero había dejado a Duo finalmente rompiendo su relación. Duo había
sido totalmente quebrado en sus emociones al extremo de haber dejado la casa en
aquel estado. Finalmente Aika lo había encontrado en su cuarto, su cabello había
sido cortado hasta media espalda. Su rostro no reflejaba ningún tipo de emoción
desde que había llegado al hospital. Y ningún médico daba razón de ser a su
estado actual. Todo parecía haber pasado tan rápido y tan lento a la vez como
ellos nunca lo concibieron. Para estas fechas, no habían tenido noticias de
Heero y de Relena en absoluto, sabían un poco lo que sucedía, pero por mas que
intentaron comunicarse no les fue posible. Quatre guardaba dentro de su pecho un
gran rencor hacia Heero por lo que había sucedido, Trowa aun tenía muchas dudas.
Pero eso ahora no era lo importante...ellos deseaban con el corazón en la mano
que Duo saliera del coma finalmente.
Ese día, como si por arte de magia se tratara. Duo abría sus ojos finalmente.
“Duo!!” Quatre casi gritó cuando observó los ojos de Duo abiertos, aquellos ojos
grandes violeta, recorrían el espacio de la habitación regularmente. Quatre tomó
la mano de su amigo querido y la llevó hasta sus labios para dar un beso pequeño
en ella. Sus ojos alegraron y se llenaron de lágrimas, por fin....Duo era
despierto, oh Alá despierto.
“Quatre, que tal?” sus palabras habían sido casi bendiciones a los oídos del
árabe, suprimiendo el llanto naciente, el despejó con sus manos las lágrimas de
sus ojos y asentía con su cabeza positivamente.
“Apenas puedo creerlo, es usted despierto Duo...” rápidamente se puso de pie
para llamar a su amante que permanecía en la sala comprando un café. “Trowa!!
Duo es despierto!!”
A la voz de su amor, Trowa casi dejo caer el café caliente pero lo detuvo a
tiempo, apresurandose corrió hasta la habitación de su amigo. Cuando la puerta
abrió todo era verdad. Duo era despierto y lo observaba con ojos apacibles.
Trowa no pudo evitar sentir una emoción tan grande dentro de su corazón hasta el
punto de llenarle los ojos de lágrimas.
“Duo...me alegro...” aunque su porte seguía siendo un tanto estoico.
“Eh Trowa, alegre de verle tambien.” Duo opino levantando ligeramente una mano
con una sonrisa ligera en su rostro.
“Como es usted Duo?” el árabe pregunto presuroso, sería tiempo de llamar a su
hija y darle la noticia grande.
“Estoy bien, gracias” las palabras.
Había algo en ese tono de palabras que Quatre no podía reconocer. Duo estaba
despierto si, pero...no había esa emoción radiante en sus ojos, su chispa se
había perdido, igual que sus palabras. No queriendo alejarse del momento alegre
con pensamientos negativos desviaba y sonreía calurosamente.
“Vuelvo en breve” Quatre salía apresuradamente de la habitación dejando a Trowa
atrás.
El joven de ojos verdes no dijo nada por un momento. Duo recorría la vista
ligeramente y luego revisaba su cabello más corto a como lo recordaba. En todo
ese momento, no hubo sonrisas del ex piloto Deathscythe tan alegre que el
conoció. No hubo comentarios fuera de lugar, graciosos, o intentos por disminuir
tensión. Duo se enfocaba en algo y no decía palabra alguna. Había un aire de
‘simpleza’ alrededor suyo. Frunciendo ligeramente el entrecejo, Trowa estoico
llevó su mano a su barbilla para romper el silencio no del todo incómodo para
él.
“Duo, eso que es lo que sucedió?” Trowa se acercó unos pasos hacia la camilla y
tomó asiento, el viento que venía de la ventana era un tanto muy frio, eso
cepilló llevando lejos su cabello donde su ojos permanecía oculto desde que se
conocían y más. Cruzando los brazos y las piernas esperó respuesta del
adolescente de cabellera larga.
“Suceder?...yo no alcanzo a entender a que se refiere Trowa” su voz hacía gala
de una monotonía total. No había gesto sonriente en su rostro, era una seriedad
que venida de él mataba. Sus ojos abrían de manera normal y no chispeaban con su
habitual jovialidad. Sus facciones se conservaban en su lugar sin resaltar
ninguna emoción. Ahora si, Trowa estaba seguro que algo no era del todo
correcto.
“Yo veo...usted no recuerda entonces” fue más una pregunta que una afirmación,
sin embargo iba con esa doble intención. Cerrando ligeramente sus ojos, Trowa
esperó que eso fuera temporal, por bien de él mismo. Aunque de cierto modo que
no recordara también debía ser bueno.
“Deba yo?” era obvio que las preguntas no eran su fuerte nunca. Pero esas
palabras serias e inexpresivas, eran...tan distintas.
Otro momento de silencio se estableció entre ambos jóvenes, y ninguno lo rompía.
Para Trowa era demasiado extraño con su compañía. Duo siempre se caracterizó por
no poder guardar silencio y romperlo con cualquier tontería. No esta vez. La
puerta abriendose lo sacó rápidamente de sus pensamientos.
“Tadaima Trowa” su amante rubio hacía su aparición por la puerta, siempre ese
gesto angelical en su rostro y su mirada calurosa. Trowa amaba esa vista con
toda su alma.
“Otochan!!!” Tras él, la pequeña de 10 años ahora hacía su entrada lo más feliz
que lograba de verle despierto. Aún había demasiada amargura dentro de ella no
expresada, prefería tragarse todo y no preocupar a los demás en vez, en cambio
había sustituido esa tristeza por una sonrisa habitual que se había vuelto
piedra en su rostro aparentando perfectamente bien su sufrimiento interior.
“Estoy tan feliz de verle despierto, oh el dios tan feliz” a pesar de ello, no
podía evitar sentir una alegría de verle por fin, un mes de angustia separada de
él había sido demasiado doloroso, y sabiendo lo que había sucedido con Heero su
otro padre, era aún peor. Llegando hasta la cama tomaba su mano mientras las
lágrimas invadían sus ojos.
El joven de cabello castaño observó un momento sin decir palabra alguna, su
mirada seria y su rostro expresaba un poco de duda. Solo un ligero toque había
hecho cambiar la monotonía en él. Después de un momento habló entonces.
“Sumimasen...quien eres?”
Como si todo su mundo volviera a derrumbarse con la fragilidad de su ser en este
momento. Aika no pudo mas que retirarse ligeramente hacia atrás, hasta que su
espalda pegara contra la pared. Era demasiado...demasiado el momento para ella,
el pecho punzo demasiado dolorosamente, un dolor que había conocido alguna
vez...pero venía y arrasaba con todo a su paso. Las emociones se congelaron
dentro de su cuerpo, solo el dolor que crecía era el único sentimiento que
lograba reconocerse. Su boca se abrió para pronunciar algo pero ninguna palabra
audible salió de ella. Sus ojos dejaron correr las lágrimas en sus mejillas, sus
manos se recargaron tras ella para detener su cuerpo tembloroso. Su cabello
cubrió su rostro medianamente y aquel nudo que había bajado por fin, volvía a
hacer aparición dentro de su garganta. Todo sobre lo que ella había fincado su
vida y sus bases había terminado, todo se había venido abajo catastróficamente
como si un terremoto hubiese acabado con cada estructura. Una bomba parecía
haberse soltado y causar mayor daño del que ya estaba hecho. Era demasiado
doloroso...demasiado...
Quatre se pasmó casi totalmente. Sus ojos abrieron y sus oidos aún no
comprendían lo que estaba pasando....Duo no recordaba a Aika?, a su propia
hija?...imposible...si Duo la adoraba...que sucedía?. Pero entre tantas
preguntas, sus pensamientos no podían aclararse para hacer alguna acción. Su
cuerpo se había tensado y se negaba a moverse de su lugar y sus pensamientos no
llevaban ninguna idea a sus labios.
Trowa había quedado casi en las mismas condiciones, no sabía que debía pensar o
hacer...la impresión había sido demasiado grande. Sin embargo, fue el primero
que logró salir de su shock.
“Duo, es decir que usted no recuerda a Aika?” Trowa fijó su ojo verde visible en
el violeta sin vida del joven de trenza.
“Su nombre es Aika entonces, no Trowa, yo creo que no la conozco en absoluto”
los temores de Trowa se hacían realidad entonces.
Duo había olvidado completamente a Aika y a Heero, Duo había olvidado lo que era
sentir alegría o dolor. Duo era ahora un personaje completamente vacío. Todo era
bueno, todo era ok, no había gracia en lo que decía, no se entusiasmaba con nada
como antes cuando iba al parque de diversiones o comía algo que le gustara
mucho, no se entristecía con nada como antes cuando veía películas muy
sentimentales o a su pequeña le sucedía algo. Había quedado en un estado
completamente neutro.
Es poco decir lo que sucedió después. Aika continuó viviendo con su padre un
tiempo más a pesar de que Quatre y Trowa le habían ofrecido que se mudara con
ellos. Durante ese tiempo ella cuidó de su padre con paciencia. Pero su alma
estaba quebrantada. Eso fue durante 1 año. Al siguiente año, ella se mudó con
Trowa y Quatre, al ver que la situación no cambiaba y Duo siempre pareció
tomarla como una completa extraña. Necesitaba el calor de dos padres, sin
embargo, Quatre era ocupado con los negocios de su familia siempre ayudado de
cerca por Trowa, y la mayor parte de su atención era absorbida por su único
hijo. Lieney, un año menor que ella, inteligente, astuto, amable y de buen
corazón como ambos padres. Otro año pasó atendida por sirvientes más que nada,
llevando una semiamistad con Lieney, y ajustándose a su carrera, luego de eso,
tendría una pelea con su amiga mejor y Lieney dejaría de hablarle. Un evento más
tocaría su vida dejando una muerte a sus espaldas. Su vida avanzaba como un
infierno. Y las cosas no fueron del todo fáciles...pero esa es otra historia....
Duo regresó a su vida normal como Preventer, nunca más quien era Heero o Relena.
Nunca quisieron mencionárselos otra vez. La televisión anunciaba las giras de
‘La Reyna’ Viceministro Darlian hacia la tierra y las colonias, siempre llevando
a cierto soldado como guardaespaldas. Que había llevado a Heero a esa decisión?,
ellos nunca lo supieron. Mientras Duo continuó con sus facciones y ánimos
neutrales...nunca una sonrisa sincera o tierna volvía a plantarse sobre su
rostro.
Cuando Aika tenía ya 17 años, ella viajaría a Tokio enviada por sus ahora padres
Quatre y Trowa, en un viaje que le ayudaría a distraerse y alejarse de los
problemas de manera provisional. Pero había mucho de su pasado que nadie
conocía, solo ella. Todo lo que había sucedido la había marcado de por vida. A
los 17 años ella ya era una profesional en el campo de la psicología y la
psiquiatría muy reconocida, pero siempre en el anonimato, y había sobrellevado
sus problemas dentro de ella.
A los 17 años, aquel invierno, el avión aterrizó en Tokyo para encontrarse con
su conocido Ojisan K.
@>-‘-OWARI -‘-<@
Notas: Ok, ya pueden querer ahorcarme, o si quieren que haya continuación o
reconciliación me dicen y me lo pienso ne?, si no me lo piden entonces hasta ahí
se quedará!!.
No se queden mal con las partes a las que les falta detalle o descripción, lo
que sucede es que este se desencadena de otro fic más largo ne?, ahí
especificaré más.
Nos vemos!!!