"Unmei"
By Aika Hearts



Parte 3.


Aquel objeto, que pudo significar a Duo toda su confidencialidad estaba en sus manos ahora. Sería correcto?, el bien sabía que no era correcto leer lo ajeno, pero...por el bien de Duo, si ello tenia algo de lo que le había sucedido. Era un predicamento, en realidad podría toparse con mil problemas, pero ese era uno de los que más parecían difíciles a resolver. Tan simple y tan difícil a la vez. Sus dedos finos repasaron el borde del libro varias veces, aún sin decidirse en actuar conforme a sus normas de vida o quebrarlas todas tal vez por el bien de su amigo. Pero...que si Duo se enfadaba?, que si no decía nada que le fuera de utilidad?, que si sus buenas intensiones eran quebrantadas por su curiosidad?...

“Quatre-sama, una señora que dice ser vecina de Duo-sama” Abdul entro a la habitación. Quatre se estremeció como si de un niño descubierto en su travesura se tratase. Su semblante se tranquilizo casi al momento y ocultó el pequeño cuaderno bajo las sábanas.

“Se le agradece Abdul” el pequeño rubio se puso de pie entonces sonriendo tiernamente a él y salió cerrando la puerta de la habitación a sus espaldas. Su rostro bajó momentáneamente para poner seguro a la puerta, cualquier cosa que fuera, nadie debía entrar a la habitación.

Hizo a su manera hacia la sala, donde una señora como de 60 años esperaba sentada en uno de los sillones desgastados. La anciana giró sus ojos azules hacia él y de inmediato se puso de pie al ver la entrada del rubio heredero.

La anciana llevaba una pieza de vestido largo con un sweter sencillo encima, su cabello largo era recogido en una trenza a su espalda, unos zapatos negros y medias cubrían sus piernas. El heredero Winner sonrió amablemente a ella y saludó cortésmente, como toda la educación no había sido olvidada y había tenido que volver a él cuando ocupó los negocios de su familia, aquel gesto sincero era capaz de resblandecer el corazón más duro que hubiera parecido.

“Mi Señora, es un gusto conocerla” Quatre saludó amablemente, entonando su sonrisa y dando la mano a la anciana que de un momento a otro no parecía saber como reaccionar. “Quatre Raberba Winner, para servirle.” El rubio soltó la mano entonces y ofreció a la anciana sentarse nuevamente, pero más fue mecánica la acción de ella al sentarse totalmente sobre el mueble. “Deseaba usted?”

“Joven Winner, mucho gusto, Madelin Maxwell para servirle, yo soy vecina del joven Duo Maxwell” Quatre se desconcertó ligeramente, la señora, llevaba el mismo apellido que Duo, sería posible que tuvieran algo que ver? “me alegra mucho que usted sea amigo sincero de Duo, jovencito” la señora sonrió a él amablemente por un momento, luego bajó la vista pesadamente, sus manos se entrelazaron frente a ella. “Duo ha tenido muchos problemas desde que llegó aquí y terminó la guerra, uno de ellos, adaptarse a una sociedad con una supuesta paz.” “El nunca quiso dar a conocer que había sido un piloto Gundam, solo a mi, porque fui como una abuela y madre para él durante todo este tiempo...” la anciana cambió incómodamente de lugar, se ponía de pie ligeramente y asomaba su cabeza por una de las ventanas. “Este es un vecindario pobre Joven Winner, aquí hay muchas bandas y pandillas que hacen la vida de los pobladores más difícil de lo que ya es...” la mano de la anciana recargó sobre el vidrio de la ventana, observando su reflejo y la lejanía, en una de las calles, varios pandilleros se habían juntado para convivir. “Duo siempre ha enfrentado ese tipo de cosas...pero no trae muy buenos resultados...” la anciana regresó a su lugar entonces pero de pie, a ese momento, Quatre se había levantado de igual modo y había quedado a la altura de la anciana. “Duo tiene un trabajo no lejos de aquí como asistente de un periodista, su jefe acaba de telefonear pidiendo que se presente” la anciana observó un momento dentro de los ojos cerúleos descubriendo una sincera preocupación y sonrió satisfecha. “Vine a ver a Duo para darle el recado pero no sabía que no era en casa”. La anciana pareció terminar lo que venía a decir, más muchas cosas quedaban inconclusas y volaban con la vaguedad del aire.

“Le agradezco que haya venido Señora” Quatre volvía a saludar en despedida al ver a la anciana marchar hacia la puerta.

“Por favor Joven Winner, avise al trabajo de Duo que no podrá asistir” la anciana dejó el apartamento y se perdió entre las escaleras del edificio. El heredero Winner se quedó un momento más de pie callado. Debía terminar de llevar las cosas de Duo al auto, pero tambien era necesario verificar lo del trabajo del joven de trenza larga. Cuando sus ojos bajaron, a sus pies, una tarjeta pareciendo de presentación yacía sobre el suelo, tal vez la anciana la había dejado caer, detrás de la tarjeta, había una dirección y teléfono del trabajo de Duo. Extrañas coincidencias?. Probablemente.

‘Romefeller Avenue #39-A’ esa era la dirección que figuraba en la tarjeta. Por ahora, lo primordial era ir.

“Abdul, Afar, iré a ver al jefe de Duo” el rubio pequeño despedía desde la puerta entonces.

“Quatre-sama, permitirme ir con usted” Abdul convocó, con el asentimiento previo de Afar, en esos momentos, Quatre sabía que no valía la pena oponerse en ese tipo de detalles, así tuviera 30 años, él siempre sería un niño para sus fieles managuacs.

“Apresurémonos Abdul” Quatre convocó cuando el managuac abandonaba también el apartamento esquivando el escalón que acababa de ‘caer’ relativamente. Llegaban al piso inferior donde para su fortuna, los pandilleros aún no habían llegado y habían destrozado el automóvil.

Ambos subieron al auto negro esta vez conducido por Abdul. Por el camino intercambiaron solo pocas palabras más en referencia hacia lo que habían encontrado que pudieran llevarse de Duo que realmente significara algo al expiloto trenzado, pero a lo visto, eran pocas cosas las que se podían considerar ‘rescatables’ del departamento a medio derrumbar y ninguno cabía en la cabeza, como es que el joven de trenza había podido caer en semejante situación. Para el heredero Winner era más que doloroso, pues sentía que Duo no había confiado en él plenamente para pedirle ayuda. El edificio no estaba lejos, así que el camino fue de cierto modo corto.

Cuando llegaron, vieron un edificio viejo que sostenía, o eso parecía, unas oficinas en los siguientes dos pisos de arriba, con letras grabadas de nombre “Dia Insolito”. Nunca había escuchado el nombre de ese periódico en absoluto, y por la vista, no parecía muy renombrado, mas bien incluso, de mala calaña. Continuaron su camino a través de la casa de tres pisos, subiendo por las escaleras de barandales grises, todo el lugar se plagaba de ese aire frio y sin sabor. El segundo piso contenía las supuestas oficinas. Había gente que iba de aquí para allá sin cuidar con quien tropezaban ni mucho menos, varios escribían apresurados notas para la publicación más reciente pero ninguno parecía siquiera cuidar si ellos estaban ahí o no.

Se condujeron entonces hasta donde el letrero de la puerta de madera con crista empañado llevaba las letras ‘oficina principal’ y tocaron. El sonido hueco de la puerta y los gritos de la persona desde adentro que parecía furioso cuando colgó descuidadamente el teléfono.

“Adelante!!” el hombre gritó aún furioso desde adentro maldiciendo entre dientes y agitando sus brazos arriba para colocar luego sus manos sobre su cintura en enfado.

Abdul fue quien abrió la puerta entonces, la madera crujió inmediatamente y el primero que hizo aparición en la oficina desarreglada fue el joven rubio.

“La mañana buena” el heredero Winner saludó lo mas secamente que pudo, pero su voz suave siempre le traicionaría al querer ser el duro que no era ni siquiera durante la guerra. “Vengo de parte del Joven Maxwell, tengo entendido que trabaja aquí” Abdul entró después de él en tota silencio, sus ojos se afilaron al ver al hombre más viejo que los notaba con desconfianza en sus ojos.

“Así es, el trabaja aquí y hoy debió entregar un reporte” el hombre más viejo bufó a ellos. Tenia un mal aspecto en general, era regordete, canoso y calvo de la parte media, los ojos pequeños y duros, las manos gruesas y el talle pequeño, las arrugas de su rostro podían darle la expresión de ser aproximadamente de 50 años.

“Lamento decirlo señor, pero el joven Maxwell no podrá asistir a trabajar hoy y tal vez no lo vuelva a hacer en su vida” Abdul se adelantó antes de que el heredero rubio dijera algo, girando su cabeza para ver a su fiel managuac acercarse y plantar frente con una vista dura al hombre sucio. Desde que el rubio pequeño entró a la habitación, los ojos del hombre habían cambiado déspotas pero hambrientos por sobre el cuerpo del rubio.

“De que demonios habla usted?” el hombre más viejo giró su vista hambrienta hacia el managuac que le había hecho frente, dejando su mano sobre el escritorio y el seño fruncido.

“Lo que escuchó” el managuac miró con desprecio acentuando las últimas palabras “señor” acercándose entonces al joven rubio le sostuvo por los hombros con un aire proteccionista, el hombre más viejo bufó y echó saliva al hablar exasperado.

“Pues que haga lo que quiera, pero aún tiene unos adeudos pendientes conmigo” la mano se movió indignadamente cuando giraba dandoles la espalda “que venga a cubrir y listo” el hombre más viejo se giró descortésmente.

“Dígame cuanto le debe, le pagaremos la cantidad que sea” el rubio se adelantó aún sin permitir a su managuac retirar las manos sobre sus hombros, si lo había hecho, era porque era lo más correcto por ese momento.

“No se trata de dinero jovencito. Mas bien se trata de algo...” el hombre más viejo afiló sus ojos “personal...” la última palabra salió casi con desprecio de sus labios.

“A que se refiere con algo ‘personal’” Quatre tiró una mirada desconfianza al hombre, su seño se frunció ligeramente cuando cruzaba sus brazos al frente, su fiel managuac continuaba ligeramente detrás de él con las manos sobre sus hombros.

“Ese pequeño prostituta me debe ciertos favores...” el hombre golpeo con sus dedos la madera del escritorio una vez cuando aquellas palabras encendían de enojo al heredero rubio.

Los ojos cerúleos del joven rubio se encendieron en furia, eso que estaba diciendo el hombre viejo?!, sus manos se cerraron en un puño y por primera vez en mucho tiempo, su seño demostraba esa misma fiereza que hubiera llevado alguna vez cuando comandó el Wing Zero. Abdul pudo notarlo también, el cuerpo de Quatre daba pequeños temblores demostrando su enojo, jamás vería esa mirada feral dentro de sus ojos y sus dientes afilando fuertemente.

“Eso que...que dijo usted?” a pesar de su reciente condición furiosa, el rubio trató de controlarse y conservar la diplomacia y cortesía, pero estaba siendo sumamente difícil no lanzarse contra el hombre y apretarle el cuello hasta que sus ojos salieran de sus cuencas.

“Lo que escuchó, esa prostituta pequeña me debe y pienso cobrármelo así que...” el hombre viejo se acercó descaradamente al rubio hasta tocarle ligeramente el cabello suave con sus dedos sucios “...si usted piensa pagármelo...no estaría tampoco mal...” una sonrisa asquerosa se formó en el rostro viejo, cuando el rubio golpeó la mano fuera de su cabello y luego empujó lejos de él.

“Que le ha hecho usted?!” Quatre se acercó hasta golpear fuertemente sus manos contra el escritorio, el hombre más viejo sonrió con desprecio a él y burló de su furia.

“Nada que él no hubiera querido niñito, ahora si me disculpan, estoy muy ocupado” dandoles de nuevo la espalda descolgó el teléfono y desinteresadamente llamó sin tomar en cuenta que ellos aún seguían dentro.

Un coraje inmenso comenzó a posesionarse del cuerpo delgado del heredero, cerrando sus ojos fuertemente en furia sus puños se apretaron al punto de cortar la circulación y sus dientes volvieron a afilar dentro de sus labios delgados.

“Juro que lo pagará...” en tono bajo y entre dientes declaraba mientras daba la vuelta violentamente y salía seguido por su fiel managuac, que se encontraba casi en el mismo estado.

Golpeando la puerta fuertemente sus espaldas Abdul salio un poco detrás de Quatre, alcanzando su paso pero sin decir palabra, tal vez sería mejor hasta estar dentro del auto. Llegaron hasta el estacionamiento y entraron aún sin decir palabra, Quatre llevaba aún esa mirada feral en sus ojos, nunca creyendo lo que sus oídos habían escuchado, ese hombre viejo sucio había....cada vez que le venía el recuerdo a la cabeza, su pecho martirizaba en culpa por no haber hecho antes nada para ayudarlo.

“Quatre-sama?, deba nosotros ir hacia el hospital o hacia el apartamento?” Abdul inquirió con cautela, no queriendo interrumpir las meditaciones del heredero joven, su rostro venía girado hacia la ventanilla de su lado y su reflejo se perdía sobre el cristal.

“Volvamos al apartamento primero, Afar ya debe tener las cosas arregle y listo...” a pesar de que era escuchando, su voz era queda, el coraje había cambiado a un dolor culpable dentro de su persona. El debió haber contactado antes a Duo y darse cuenta de la semejante manera en que vivía, y darse cuenta que Duo lo necesitaba...pero no lo hizo.

El camino siguió entonces sin más palabras, Abdul al no querer interrumpir, preocupado. Y Quatre demasiado mezclado en sus pensamientos. El lugar fue próximo, el problema surgió, cuando unos pandilleros que se sentaban sobre la banqueta, los observaron maldosamente. Quatre frunció el entrecejo ligeramente, bajó del auto manteniendo a Abdul ahí y no tardando en lo que debían recoger. Si tenían suerte, nada sucedería.

Apresuradamente subió las escaleras hasta el apartamento, Afar tenía ya listas las maletas y al parecer era ayudado por la anciana de la mañana con lo último en preparar. Quatre sonrió cuando entró y saludó cortésmente a la anciana.

“Señora, la tarde buena” el heredero rubio paseó adelante cogiendo entre sus manos una de las maletas ya hechas.

“La tarde buena para usted Jovencito” la anciana sonrió dulcemente a él.

“La Señora Maxwell vino a ayudarme un poco Quatre-sama” Afar adelantó.

“Muy agradecido Señora, ha sido usted muy amable” Quatre sonrió también.

“No preocupa jovencito, para mi un placer es. Ah! Yo amaría si usted pudiera entregarle esto a Duo” la señora sacó de entre sus ropas una caja envuelta de tamaño mediano entregándola entonces al rubio joven.

“Claro Señora, será un placer” el heredero joven tomó la caja y sonrió una última vez, la anciana se despedía de él y volvía a desaparecer en los escalones. Quatre fue entonces hacia la habitación y retiró el pestillo de la puerta. Ella crujió nuevamente, nadie había entrado a la habitación mientras el estuvo fuera. Cogió el maletín donde había guardado lo indispensable y alguna ropa en una maleta y de entre las sábanas sacó el diario forrado de rojo que tanto su atención había llamado. Habría tiempo para ver ello después. Abandonó la habitación entonces con la maleta y el maletín con papeles. Afar tomaba lo restante y bajaron las escaleras hasta el auto. Para ese momento, los pandilleros se habían acercado tentadoramente, Abdul había permanecido fuera del automóvil negro con los brazos cruzados severamente al frente, con un gesto desafiante si alguien se atrevía a acercarse demasiado.

“Abdul, será mejor retirarnos” el managuac recibió la orden y arrancaron el automóvil, dejando para su suerte, atrás a los jóvenes pandilleros que no fueron capaces de alcanzar el auto veloz.

Ahora la mente del heredero Winner iba sobre una sola cosa. Llegar al hospital y ver el estado del expiloto Deathcythe. Tantas cosas podrían haber pasado por su vida...y él apenas era enterado de ello. Mordió su labio ligeramente, aún el sentimiento de culpabilidad carcomiéndole el alma.

El hospital se extendía más allá de la avenida principal, después de cruzar el puente y más allá de la siguiente avenida. Colocado en la avenida ‘K-12’ de la parte posterior cerca del edificio de relaciones exteriores. Un edificio alto e imponente en su mayoría pintado en blanco y beige, con ventanales grandes y pequeños, acondicionado por dentro donde enfermeras y doctores eran llamados por las vocinas y la gente paseaba por los corredores esperando noticias de sus familiares y amigos. El piso número 7 es donde se hallaba el joven de trenza, en el área reservada privada para las personas que poseían los recursos para poder pagarlo. El heredero Winner esperaba entonces en la sala, con sus codos recargados sobre sus piernas, sus manos entrelazadas al frente y su cabeza recargada en ellas, su vista caía al suelo y su cabello ligeramente sobre sus manos. Junto a él, sus dos fieles managuacs, Abdul y Afar se conservaban de pie tomando un café instantáneo.

“Joven Winner” el médico en turno, un hombre como de 45 años de edad los llamó entonces, ajustando al frente ligeramente sus anteojos y su bata blanca reluciente. Una tabla de datos sostenida en su otra mano.

“Si Doctor, soy yo” el expiloto Sandrok se puso de pie, en su talle más corto al médico y los managuacas, había crecido escasos dos centímetros en ese tiempo. Su semblante preocupado y su voz amable.

“Por favor, vayamos a mi oficina” el médico se dio la vuelta seguido por el rubio joven hasta un pequeño cuarto con puerta de cristal polarizado, un escritorio se en medio y la silla recargada la próxima pared, aditamentos médicos y archivos guardados a los lados. Esquemas pegados por la pared, relojes y modelos de cuerpos humanos y esqueletos a los lados y por las esquinas. Un pizarrón blanco que marcaba las horas de consulta.

“Joven Winner, necesito tener referencias del joven Maxwell, podría proporcionarme algunas?” el médico inquirió ajustando sus anteojos y preparando su pluma para apuntar.

“Sucede Doctor, que Duo es huérfano y dudo poder tener los datos que usted necesite...” Quatre juntó sus manos en vez de cruzar sus brazos, nunca había sabido mucho de Duo, así que dudaba poder ser de mucha ayuda.

“Entiendo joven Winner” el médico paseó las hojas un momento “el joven Maxwell ha sido diagnosticado con una anemia grave, y esto se ha complicado en insuficiencia respiratoria aguda, lo tenemos ahora con respirador e intentamos bajar la fiebre, además con el suero y estaremos inyectándole vitaminas” el diagnostico no era del todo favorable, pero se podía hacer algo y eso era algo que Quatre agradecía. “Sin embargo joven Winner, lo que más me preocupa son las marcas de las muñecas...”

Quatre heló, esas marcas...

“Sabría usted la razón por la que el joven Maxwell habría intentado suicidio 3 veces por corte de las venas y 3 por intoxicación de fármacos, hay grandes dosis detectadas en la sangre...”

Luego de las palabras Quatre quedó frio, su cabeza se perdió y su pecho volvía a martillar en culpabilidad...Duo...su amigo más alegre...su Duo...



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