Sacrilegio
By Aika Hearts



Parte 7.


No hubo sueños en su dormir, solo un descanzo de su cuerpo pero ningun sueño dentro de sus recuerdos. La luz del sol al ocaso comenzaba a picar en su cuerpo cerca de sus ojos, sus sentidos comenzaban a percibir sus alrededores. Sus ojos abrieron lentamente para adaptarse a la luz del sol, la cual pintaba con colores naranjas rojizos con un tinte de amarillo. Se percibía perfectamente el viento caluroso sobre su piel del rostro. Giró su cuerpo boca arriba y llevó una de sus manos hasta su frente, la luz del sol pasaba a través de sus ojos y daba una vista hermosa. Su piel clara hacía contraste con los colores y expresaba más vida junto con sus ojos amatista chispeantes. Sus suspiros iban y venian trallendo aire a sus pulmones con una respiración rítmica y tranquila. Pronto, la noche caería y cubriría con su manto oscuro toda la colonia. Pronto el cielo se llenaría de astro liminosos que traerían belleza a la negra noche, el detalle era siempre que la vista de la luna reflejaba mas como un cementerio que como algo hermoso visto desde la tierra.

Se enderezó finalmente, su cabello largo cayó a su espalda acariciandola levemente con cada movimiento que originaba el viento. Sus ojos ya se habían adaptado a los contrastes del sol; no había mucho que pensar, o si?. Tomando ligeramente un poco de pelo entre sus dedos, cada uno se paseó entre las cuerdas sedosas largas haciendolo reposar nuevamente sobre sus hombros, tomando la cinta retirada de él, trenzó nuevamente y ató su cabello al final. Más allá, su ropa y bata con la que había llegado a la azotea yacían sobre el suelo dobladas pulcramente. Pero aún sus pensamientos no revocaban los recuerdos de lo que había sucedido.

Pero eso no duró mucho tiempo. Cuando sintió su cuerpo desnudo y recordó haber llegado a la azotea, fue cuando su memoria trajo el recuerdo de lo que había ocurrido. Su ser había sido quebrantado. Su debilidad había triunfado sobre su cuerpo y su razón.

Cada detalle era traído a su memoria para martirizar sus pensamientos, cada caricia, cada beso, cada gemido...oh el dios no podía ser no podía...su cuerpo espasmó y casi se convulsionó al recordar todo, el placer era lo peor...él había sentido placer por el sexo, y él era un sacerdote, donde quedaba la promesa de celibato?...donde quedaba su lealtad a dios?...

Frustrado, Trastornado, demasiado arrepentido, hubiera preferido que en ese momento lo tragara la tierra o huir a donde dios nunca pudiera verlo, pero ante todo estaba ese dedo de si mismo que lo señalaba como alguien que había roto sus promesas, alguien que había faltado a su juramento y peor...con un hombre!!! sabía bien el castigo de la fornicación y mas en un sacerdote, pero con un hombre, era entonces él homosexual?!!!, que estaba pasando. Todo su ser interno era un revolución que amenazó con quebrantar su espíritu alegre más de lo que ya estaba hecho. Era demasiado pensar todo lo que había pasado y lo peor era que la pasión se había disfrutado, y cada recuerdo traía a su pecho un gemido recordando el placer.

Era una agonía mortal que punzaba en su pecho, sus ojos se desorbitaron con cada recuerdo, su cuerpo tembló y sus ojos se llenaron de lágrimas que rápidamente caían al suelo. El era arrepentido, pero eso no valía de nada, porque si volvía a pasar volvería a caer seguramente, porque por la guerra era imposible confesarse, porque todo su ser había deseado al otro cuerpo totalmente y dentro de él...era demasiado...

Tembloroso y demasiado quebrado, el sacerdote vistoso recogió sus ropas y las puso sobre su cuerpo, sentía cada parte sucia pero llena de pasiones...eran dos tendencias que chocaban entre si, mandaban choques de electricidad por un lado y demasiado sucio por otro. Era tan contradictorio...mientras por un lado se sentía completo y lleno, por el otro se sentía la peor criatura sobre la tierra, peor que los asesinos, peor que los violadores, peor que los que planearon la guerra, peor que todo.

Cabisbajo y temeroso, el sacerdote pequeño comenzó a bajar rápidamente las escaleras, su tobillo dolió como el infierno nuevamente pero no cuidó ahora, era su alma la que más sufría. Bajando las escaleras con velocidad, cada paso casi era trastabillado y caía sobre el otro, tuvo que detenerse varias veces de la varanda para lograr no caerse y precipitarse al suelo. Una de las hermanas que subían lo vio venir, su rostro desesperado, lágrimas en sus ojos, y casi caídas por la escalera.

"Padre Maxwell sucede algo malo? puedo ayudarle?" preocupada, la hermana se acercó a él y lo sostuvo por el hombro antes de que volviera a trastabillar y callera. Sus ojos eran la pura comprensión de todas las entregadas a dios. Cuando Duo vio esos ojos su alma y su ser no sintió mas que más penas de las que ya llevaba dentro. Era demasiado para él, demasiado ver los ojos puros y sinceros y él tener su ser y su mirada manchada. Su cuerpo reaccionó alejando.

"No necesito ayuda aléjese de mi!!!" con un movimiento fuerte soltaba el asimiento de su brazo, la hermana había trastabillado ligeramente hacia atrás pero se detenía a tiempo antes de caer, sus ojos casi en llanto pero demasiado preocupados fueron los que se desorbitaron en sus ojos...que sucedía con el Padre, el nunca era así...el sacerdote pudo darse cuenta de la estupides y la reaccion con la que había actuado, sintiendose aún peor, no tenía manera de excusarse debido a su conducta impropia y la agonía que sentía dentro de su alma era demasiado dolorosa "Yo...yo lo siento..." solo pudieron sus palabras salir de manera entrecortada y con mucho arrepentimiento. Su figura se alejó de la vista de la religiosa que vio aquella trenza castaña ondear detrás de él y sus pies apresurarse lejos de ahí.

No podía entender que era lo que sucedía con el sacerdote que ella más quiso y respetó. Pero era algo muy malo seguramente debido a la condicion con la que se expresaba.

Dentro de su pecho la desesperación que podría corroer como el ácido el metal mas fuerte, peor si el corazón no es metal.

Culpabilidad.

Casi todo podía reducirse a esa simple palabra. Su pecho punzó en dolor que se gravó en su rostro. Su cuerpo pegó con espasmos fuera de mientras la sola imagen que venía a su cabeza, luego, una suceción de ellas hacían mella robando cada respiración. Podría haber muerto ahora, condenado!, su alma no sería nunca más salva. La angustia y la frustración relevaron en su pecho, aquellos buenos sentimientos y su pureza de cuerpo, había quedado todo atrás. Lo peor de todo era saber que había sido por su propio motu propio. Eso era aún peor de lo que podía ser el sentimiento de haber perdido la castidad, aquel voto que él había jurado por vida llevar hasta la muerte, predicar dentro de las normas que establecía el recinto mismo de la iglesia. Podía ser peor?...no para él. Si aquella noche hubiese sucedido lo que venía, por lo menos el no hubiera tenido que ver en...pero no había manera de verlo en nada, más entonces, nada de ello sería verdad, sin embargo, todo lo era.

Sus rodillas se doblaron a la altura de su cama, las sábans blancas entrelazadas con las colchas rojizas de su habitación pulcramente limpia. No existe consuelo para quien en su vida ha cometido semejantes faltas, y él lo había hecho. Ahora, justo ahora, delante de la guerra su alma quebrantada, a quien daría aliento entonces si su cuerpo y su mente misma eran manchadas?. No podía...que hacer entonces?, las misas, las personas que confiaban en él, el confesionario...aquellas personas...era imposible. Su alma y su espiritu estaban totalmente apesumbrados.

Lágrimas pesadas hicieron aparición en sus ojos, el infierno que chamusca la piel hasta llegar al fuego en carne viva es peor de lo que puede ser en muerte. Pero no hay muerte luego cuando usted ha cometido, que viene después?. Todo se vuelve demasiado complejo y no es capaz de distinguir, las buenas obras o lo que fue limpio ya jamás podrá serlo. Imposible confesarse, debía haber otro sacerdote pero por más ilógico que pareciere...en todo L2 era esa sola iglesia la que quedaba, y los creyentes seguían llegando a ella. Y ella sola se levantaba. Había más sacerdotes si, pero ninguno a colonias espaciales de ahí. Imposible viajar, tenía quehaceres allí y seguramente moriría en el intento.

Desdichado!!!

Desgraciado!!!

Nadie más que él. Él mismo era un desgraciado a la vista de la divinidad. Él, solo él. Nadie le había obligado, el se había permitido ser víctima del deseo carnal de su cuerpo y la lujuria de sus acciones. Pero no era culpa ni siquiera del personaje que había sido el que había inducido...inducido?, NO! él había sido, nuevamente y nuevamente, sobre de y sobre de...

Golpee!!!

Una puñalada más no sería mas, ve usted?. Cuando se sumerge dentro del mundo, dentro de la pasión del cuerpo, el negro y el rojo se vuelven los colores más exitantes...

Golpee de nuevo!!

Espere...usted ha caído.

No un abismo tal vez...probablemente no tendría con que comparar si no conoce. No se dice por mera casualidad, necesita invadir alguno. No las tonterías que los jóvenes deprimentes creen, ello es más profuso y complicado que ello. Algo que no se puede aceptar por mera creencia. Falta de convicción si se puede llamar. Aún así no se esta llegando a nada. Correcto?.

Salir de los pensamientos y los recuerdos es más dificil de lo que sucede y parecer. Un remolino interior, un hoyo negro, el abismo quedaría reducido a miles de partículas por la velocidad de la gravedad del mismo. Que de los sentimientos?. Ellos quedarían reducidos a nada por la misma fuerza.

Y con todo ello, era más complicado sentir lo que estaba sintiendo que razonar esas simples cosas.

Más lágrimas se hacían presentes e invadían su vista borrándola casi completamente, la presión dentro del pecho crecía. No sería suficiente una pena de por vida para hacer a su alma sanar. Para hacer a él recapacitar. Había una causa y razón sencillas para ello.

El lo había deseado.

Desde el fondo de su corazón había deseado ser poseído por aquel joven que había llegado a la iglesia aquella noche. Designo del demonio!!, había entrado al recinto en él mismo. Como sería capaz de sobrellevar algo así?. Su cabello se salió de su trenza a medio armar cubriendole el rostro completamente, sus manos habían permanecido juntas a modo de rezo, su frente desansaba en ellas escondida entre el pelo largo, sus mismos ojos eran los que delataban el pecado cometido. Demasiado malo para continuar con ello. Su respiracíon se había hecho terriblemente impar, llevando suspiros grandes y dificultad con cada suspiro. Su cuerpo se agitaba, espasmos recorrían cada una de sus fibras corporales. Pero ante todo, aún conservaba la sensacíon sobre su piel, la sensación de la pasión que quemaba.

Sacrilegio!!!

Su ser entero gritó. Blasfemia!!!. Un poco más. No no!, no merecía menos que el infierno, incluso el infierno era un castigo demasiado liviano para él. Para su falta. Cuantos pensamientos y recriminaciones más vendrían a él esa mañana?. Incontables, porque incontable era su pecado.

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El viento se había llevado los anhelos y borrado los pensamientos. El avanicaba apaciblemente sobre su cabello oscuro, agitándolo lentamente mientras golpeaba pequeño sobre su frente. Sus ojos permanecían cerrados a la magia y sus sentidos aumentados tal como era. El soldado perfecto.

Pero había surgido, aquella increíble explosión dentro de su ser. Doctor J nunca explicó aquello. Era todo nuevo, se sentía un pequeño descubriendo que más deparaba el mundo. Sus ojos azul cobalto abrieron entonces, el murmullo lejano de la palabra que se formó en sus labios 'Duo' y era lo más que ella podía decir. Sus manos aún quemaban por el fuego de la pasión y la suavidad de aquel cuerpo pequeño. Cada imagen de éxatasis era recordada con extremo detalle. Aquella silueta perfecta que había recorrido con la yema de sus dedos, arrastrando más que la sola pasión, arrastrando un sentimiento más que se había posesionado dentro de su pecho sin que él hubiera sabido el momento. Cada centímetro de su cuerpo se renovaba con el solo pensamiento y recuerdo.

Su vista había corrido al horizonte lejano entonces, su respiración baja dentro de su pecho y sobre la colina que no se puede ver a lo lejos.

El quería conservar esas sonrisas, él deseaba conservar para si, dentro de si, cada suspiro y cada mirada alegre de aquel sacerdote que había dado un giro completo a su mundo. Que lo había hecho conocer, aquel lado humano que nunca creyó jamas poseer. Privado de él...Convocado ahora a él.

Debía entonces llegar a la base donde había sido la explosión y lograr comunicarse con doctor J para terminar la guerra. La guerra causaba dolor al sacerdote pequeño. La guerra hacía que de esos labios sublimes se borrara esa sonrisa, que aquella mirada radiante perdiera su brillo por tanta muerte. Había ahora una causa más que órdenes dentro de si para terminar la guerra. Una vez más fue esa palabra. 'Duo'.

Dando un salto finalmente desde el tercer piso del edificio pequeño. Su vista se fijó en los alrededores, nadie se notaba por ningún lado. La alianza lo creía muerto. El soldado perfecto estaba completamente vivo. Corrió entonces, pronto la mañana sería presente y el alba pintaba lejana, con colores amarillos azulados a lo lejos y el sereno matinal se había borrado entonces.

Sus piernas comenzaron la carrera contra el viento y el tiempo. Su seño se frunció y su mirada cambió a la pura determinación. Aquellos ojos frios y la maldición del demonio en cada una de sus palabras. El aliento de muerte y el corazón ensangrentado negro. Debía dar muerte a todo quien se le presentara.

Dobló a la esquina de la siguiente calle y se introdujo por pasajes estrechos, saltando paredes grandes de un solo impulso, subiendo por los techos y saltando de uno en otro, columpiandose por donde era necesario y ocultandose de los ojos de personas y guardias.

El lugar donde había ocurrido la explosión hacía unos días estaba ahí. Frente a él, había aún guardias rondando, pero ninguno conocía la entrada secreta como él. A la derecha, cerca de uno de los árboles, a la pradera y la madera rugoza, el mecanismo fue activado por su voz cuando del suelo se abrió un poco el pasto y la tierra, revelando el pasaje secreto. Girando su vista detenidamente hacia los lados, nadie pudo verlo incluso cuando se alejó de aquella iglesia. Se introdujo entonces en la base subterránea tras un salto pequeño y caminó haciendo eco a cada uno de sus pasos. Dentro, aún el moviliario permanecía tirado y esparcido, pero la computadora principal permanecía aún con una señal débil. Después de tantos días, aún era posible establecer comunicación.

Se sentó frente al monitor y estableció el vínculo hacia las órdenes siguientes. La pantalla se iluminó entonces, revelando a una persona de edad avanzada, con el cabello blanco más bajo del hombro, con unos extraños lentes o algo parecido sobre sus ojos y sin una mano exactamente suplantada por una pinza metálica de tres piezas. La voz grave y ronca del hombre sobre la pantalla eran una tonalidad conocida al soldado estoico.

"Dr. J" sus ojos se fijaron fuertemente afilando su mirada con cada palabra y su entonación fría y penetrante. Sus dedos aún se conservaban sobre el teclado de la computadora que guardaba la imagen lejana.

"Heero, creímos que habías muerto" el hombre más viejo señaló, esa monotonía en su voz aparente sin demasiada emoción "tardaste mucho en comunicarte, donde te encontrabas?" la manos metálica se movió varias veces abriendo y cerrando provisionalmente.

"Eso no importa. Estoy vivo. Cual es el siguiente paso" exasperando por la insistencia y fastidio del hombre más viejo, aquel brillo mortal se extendió por sobre su mirada incluso haciendo a su 'creador' estremecer. Había tanto de aquel soldado que él era responsable, pero a la vez tanto que era desconocido para él. No había mucho que cuestionar, Heero seguiría las órdenes de tan solo darlas. Y eso era lo que importaba.

"La base lunar, deberás infiltrarte directamente y depositar en su sistema principal este virus que estoy mandandote. Desactivará y volverá loca sus unidades Mobile Suit más nuevas. No falles."

"La misión aceptó" su mirada afiló y se sobrepuso una vez más fria y segura que hacía unos momentos. El virus comenzó a ser descargado entonces y la imagen de la pantalla desapareció. El virus fue descargado en un dispositivo pequeño más que un disco. Ahora, debía cambiar sus ropas.

Se puso de pie poniendo sus manos sobre el tablero que había sido inservible después de la explosión. Sus pasos lo guiaron hasta el locker a medio sobreponer en la pared. De un golpe abrió la puerta y con su mano izquierda extrajo la prenda que necesitó.

La pieza consistía en un spandex ajustado traje completo color vino negro con una linea rojiza al lado delgada. El traje ajustaba perfectamente bien a su cuerpo delgado pero bien formado cada parte de sus músculos y aviones del pecho y principalmente muslo y asno. Daba a su talle aún una figura pronunciada en cada lugar correcto. Sus pies se habían cubierto con un par de tennis aparentemente normales, pero con mecanismos explosivos y demás trucos que podía necesitar. Colocó también un cinturón gris con un pequeño bolsa-estuche al lado, un dispositivo en su cabeza que parecía unos audífonos grandes y guardó un visor para sus ojos dentro del estuche también. Aquella singuar pieza era de manga corta.

Luego de estar listo vestido, el soldado perfecto hizo a su manera fuera de la base. Abandonando con la sola determinación de la misión en la mente. Pero antes de cualquier cosa suceder, regresaría al lugar donde fue recogido.

La mañana había llegado entonces.

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Aquella noche, Religiosa Helen se había sentido inquieta y había sido casi imposible dormir. A este tiempo, ella se encontraba en el sagrario, incada y sosteniendo sus manos en ruego. Su cabeza baja pero algo había...que era?.

Se puso de pie entonces casi después de dos horas de permanecer ahí y en esa posición. Soltando un suspiro pesado entonces, era mejor volver a su habitación tal vez y meditar ahí un poco. Continuó entonces. Se dirigió hacia el pasillo principal que llevaba a las habitaciones, las paredes eran recientemente pintadas de naranja y por el camino de piedras pulidas grises había macetas con flores de diversas clases y colores, ahora casi ninguna estaba en flor, debido al invierno. Las escaleras llevaban al segundo piso, maceteros colgados tambien se hacian lucir en la baranda de madera y metal. La penúltima puerta del pasillo del segundo piso sería su habitación y la de otras 3 religiosas, la última correspondería a la del sacerdote alegre.

Su mano se detuvo en la perilla de su puerta cuando escuchó el crujir de un cristal dentro de la habitación del sacerdote. Asustó. Rápidamente abrió la puerta de madera cuando su cuerpo detuvo en la entrada, sus manos se llevaron a su boca cuando se dio cuenta. "Oh por dios" ella sostuvo la respiración y sus ojos se abrieron anchos...la ventana había sido chocada con el florero que había en el taburete junto a la cama del sacerdote, y el vaso donde permanecía el agua, había sido estrellado contra el espejo del tocador que estaba en la pared al lado de ella. "Padre Maxwell!!" ella convocó desesperada al ver a la figura más pequeña del sacerdote, la mirada perdida más allá de las lágrimas y la mano que caía al lado goteando sangre a la alfombra bajo sus pies. "Padre Maxwell!" ella abanzó sobre sus pasos dejando de lado los objetos rotos, llegó hasta Duo. Colocó sus manos sobre los hombros chicos y agitó al joven cura. "Padre Maxwell, reaccione!!" sin resultado alguno. Sus ojos se cerraron en furia, cualquier cosa que tuviera así a Duo no era bueno, con el seño fruncido ligeramente ella se separó dos pasos. Alzó su mano y la derribó contra la mejilla clara de él. El rostro se giró bruscamente hacia un lado y la piel clara se tornó rojiza. Las lágrimas que habían permanecido solo asomadas comenzaron a recorrer entonces.

Su rostro se giró entonces, su mano fue llevada hacia su mejilla coloreada y se sostuvo ahí debido al dolor reciente. "Religiosa Helen..." apenas salieron como un murmullo lejano las palabras de sus labios, la religiosa extendió sus brazos protectoramente y acunó la figura más pequeña del sacerdote.

"Lo siento, lo siento tanto Padre Maxwell..." arrepentida, ella no detuvo las lágrimas de ella misma que corrieron abajo y cayeron sobre la ropa negra del sacerdote y la alfombra teñida de rojo. Pero ello no duró mucho. Tuvo que ponerse de pie y vendar la mano herida. Aún, el sacerdote consciente, pero lejano, muy lejano.

Y ella sabía muy bien, aunque hubiese querido indagar y conocer que apesumbraba el corazón puro de Duo, el no lo diría. Se limitó entonces a permanecer en silencio mientras curaba la mano herida. Retiró cada cristal que se había clavado con unas pinzas cuidadosamente, lavó la herida sin que ningun lamento saliera de la boca de Duo, secó con una toalla y aplicó unguento necesario, estiró la venda blanca y dió varias vueltas antes de que quedara completamente bien. Revisó entonces el tobillo inflamado y con la misma dedicación masajeó ligeramente y vendó.

Duo se puso de pie en silencio y ella se limitó a mirarlo. Cojeando ligeramente del tobillo lastimado el salía de la habitación, Helen se sintió desolada y triste por lo que estaba sucediendo, aunque no lo sabía, el rostro de Duo gravó en dolor. Soltando un suspiro pesado, comenzaría a limpiar la habitación por ahora, avisando a las otras religiosas, que la misa de ese día sería suspendida. Hasta nuevo aviso.

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Sus ojos habían quedado casi totalmente secos y ellos ardían incluso por falta de humectación. Las lágrimas habían salido varias veces y no habían cuidado detenerse. Pero ello no le importó nuevamente. La Iglesia estaba completamente vacía. Ninguna de las religiosas se veía por allí, ni un sonido aparecía, ella tambien se encontraba cerrada. Sus pasos hicieron sonidos huecos al caminar, el eco de cada uno de ellos rebotaba por sobre las paredes del temblo y llegaba hasta sus oídos. No se detuvo a ver la iglesia en absoluto, continuó hasta las primeras bancas y se detuvo allí, sus rodillas se doblaron entonces, sus manos se juntaron al frente y su cabeza recargó.

Mil veces podría pedir perdon, Mil se podría arrepentir, pero que desdicha. El lo había hecho y si volvía a suceder...estaba casi seguro que caería en ello. Suprimiendo cualquier lamento audible, ellos se quedaban dentro y ya ninguna lágrima quería salir por sus ojos, pero malditas y necias ellas que volvía a formarse y a caer. Malditas ellas! maldita su debilidad!, maldito él!...maldito él...sus manos se abrocharon con más fuerza cortando casi la circulación y haciendolas ver más blancas de lo que ellas ya eran. Las lágrimas caían y se resbalaban por la madera pulida hasta caer sobre el suelo. Que tenía que pagar el suelo por su culpa?, estaba en una iglesia, lugar sagrado no?. Porque los cuestionamientos venían ahora?...él era creyente, el hizo creer a muchos!, porque dudar?, si era su culpa, había cometido la falta...había olvidado casi completamente que debía respirar y llevaba la respiración cogida a su pecho desde hacía rato, el suspiro doloroso se soltó y tomó aire nuevamente, pero ninguna pena significaría suficiente para perdonar lo que él había hecho.

La mañana comenzaba a pintar en el horizonte y la luz que hacía aparición se colaba por los vitrales de santos que formaban la iglesia. Dejando entre ver la variedad de colores que se reflejaba al piso, incluso por la parte del techo de la nave principal. Sería una vista hermosa. Pero no para él ahora. Antes la hubiera disfrutado y hubiera sonreído. No ahora.

Y su mente, y la culpa, siguió martirizándolo por muchas horas más.


*******************


Volvía. Era extraño incluso a él volver al mismo lugar donde hacía unas semanas había sido recogido. Donde hacía unas semanas, en la trampa, había sido curado y despertado en el aposento del sacerdote llamativo. Sus ojos se fijaron estoicamente en la puerta grande que era cerrada. Cosa rara, Duo siempre habría la iglesia temprano para la misa. Pero ahora ella era cerrada. Conocía bien las puertas secretas, delanteras, traseras y a los lados, así que entró por una de ellas. Los tennis en sus pies, le ayudaban a no provocar sonido alguno dentro del templo. El era oscurecido a comparación de la luz de afuera, pero más al centro, había colores que se reflejaban sobre el piso con variedad y simpatía. Podría haber sonreído, pero no lo hizo. Su mirada se siguió conservando lejana y fría. Su vista paseó por la iglesia aparentemente vacía. Pero una mano que se posó sobre su hombro le hicieron girar, con la mirada helada clavándose en cualquiera que le pusiera un dedo encima, sus ojos se encontraron con otro azul profundo de la religiosa que había conocido. Ablandó su mirada lo más que pudo, encontró a cambio una mirada cordial y afable, pero preocupada.

"Disculpe...no quise molestarle" ella sonrio afectadamente a él al sentir la mirada penetrante y el brillo que salía de sus ojos, incluso para hacerla estremecer en cada uno de sus huesos.

"Iie" fue la única respuesta monosilábica y fría del soldado estoico, que se mantuvo en su postura firme sin expresión alguna en su rostro.

"Necesito pedirle un favor..." ella escondió la mirada ligeramente para parecer lejos, su rostro se volteó y bajó al suelo y sus manos se enredaron con sus dedos nerviosamente. "El Padre Maxwell, él ha estado extraño desde que le encontre esta mañana...yo se que es exigente esto pero..." volvió la vista para ver la mirada estoica una vez más "Usted es el único en el que el Padre ha podido confiar más...por favor...háblele..." no espero respuesta en absoluto, con una reverencia pequeña bajando la cabeza, ella se giró y se retiró del templo hacia donde las otras religiosa marchaban. La vista de la religiosa se perdió totalmente hasta que la puerta se hubo cerrado nuevamente.

Callado. Heero no supo que pensar. Sería verdad que el sacerdote ruidoso le tuvo confianza?. No lo sabía, pero lo averiguaria. Siguió entonces sus pasos hasta donde había vislumbrado una figura pequeña reclinada e hincada al frente. No hubo eco ni sonido alguno que saliera de él, hasta que llegó junto al sacerdote pequeño.

Duo abrió sus ojos cuando sintió la presencia de alguien haber llegado, aún agachado, ellos viajaron hasta darse cuenta de unos tennis blancos que se habían detenido junto a él. Ninguna de las religiosas usaba tennis. Nervioso, su vista alzó ligeramente acompañada de su rostro y las lágrimas que aún se notaban y bajaban. Para toparse con la amatista azul-cobalto que había...no, porque él?...porque de nuevo él?...

Era algo que él no pudiera explicarse. Los ojos con senderos de gotas bajando, y deteniéndose en la barbilla, cayendo en gotas y perdiéndose en el piso o la ropa negra. Los ojos anchos rojizos e hinchados, el cabello desarreglado y algo grabado en el rostro. Casi como dolor...esa era la palabra. Pero aún con ello, no se pudo explicar que era lo que sucedía.

"Duo..." la voz profunda y perturbante para sus adentros, no cuidó si ella era fria, afable o mortal. Solo la sintió cando su cuerpo retumbó en respuesta.

Sus labios temblaron, inseguros si ellos podrían esbozar alguna palabra...su cuerpo se retiraba ligeramente hacia atrás entonces, su voz no lo traicionó esta vez. "He...Heero..."

Un murmullo lejano y el nombre formado en sus labios...las sensaciones y los recuerdos volvían a viajar sobre su piel y su mente. De ambos. Pero Heero debía cumplir su misión, sería entonces, una despedida, tal vez provisional...tal vez eterna... vEl tiempo pareció detenerse entonces, cuando las miradas se encontraron de nuevo y la pasión volvía a golpear la presa de sus sentimientos para posesionarse de ellos...



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