Sacrilegio
By Aika Hearts
Parte 6.
“El mundo es hambre. Hambre de luz, caridad, amor, piedad...esas son las cosas
que el mundo necesita pero que son negadas sin reservas de quien las pide
lastimosamente, y quienes las dan son llevados y castigados. El que da a manos
llenas tarde o temprano se arrepiente, porque la vida es más cruel de lo que
ellos se imaginan. No viva en una nube rosa, no vuele alto con sus alas, porque
la caída será más dolorosa. La superficialidad de los hombres es el desgaste del
mundo, acabose de los puros de corazón. En estos tiempos de guerra no existe
piedad o reservas. Hombres, mujeres y niños son muertos por igual, dejados
huérfanos y sin familias, quien se atreve a ir contra los principios
establecidos será castigado. Nadie tiene el derecho sobre nadie, pero nadie
tiene la libertad ansiada. Y si la tuvieran, que harían con ella?. La gente está
acostumbrada a vivir en la opresión...con o sin libertad, el mundo seguiría
siendo un infierno con disfraz de algodón”.
-Heero Yuy -- Líder de las Colonias-
El dolor. Fue el primer sentimiento que vino a su cuerpo después de la pérdida
de conciencia. Ahora su memoria no retrocedía a los que había sucedido, solo el
dolor pegó fuerte cuando trató inútilmente de acomodarse, como si hubiera estado
dormido por tanto ese tiempo. No había en su memoria ningún esbozo de sueño en
ese lapso, pero...que era exactamente?.
Moviéndose incómodamente cambió sus manos de posición por un momento,
descansándolas brevemente sobre su pecho, moviendo la cabeza lentamente esforzó
sus ojos vítreos por abrir, ello fue algo doloroso e irritante, debido a la luz
que pasaba repentinamente por ellos, como si hubieran estado mucho tiempo en
oscuridad, la luz fuerte penetró sus pupilas hasta que ellas lograron finalmente
adaptarse al cambio a través de varios parpadeos. Soltando un suspiro pesado
giró la cabeza lentamente, las sábanas blancas se entrelazaban entre su piel
clara pulcramente, plegadas a la altura de su pecho. Observando los ambientes se
dio cuenta, era su habitación donde se encontraba. Pero, había el ido allí? Por
que le era difícil recordar acostándose? Y que era ese dolor que venía de su
tobillo?...ciertamente, no recordaba el momento en que se había ido a la cama
por la noche...a lo mejor porque estaba demasiado cansado, y por más que
intentaba su memoria se negaba a traer el informe a la actualidad. Ninguna razón
aparente.
De un tirón ligero su cuerpo se enderezó voluntariamente, su cabeza tenía un
dolor embotado, pero no sería nada que una aspirina seguramente no podría
resolver. Cuando se observó un poco se dio cuenta que llevaba vendas, tanto en
los brazos, pecho y cabeza, algunas gasas también y el dolor afilaba en su
tobillo izquierdo. Llevo su mano derecha sobre la venda de su cabeza y recorrió
los contornos ásperos con la yema de sus dedos. Su mirada se quedó clavada un
momento largo sobre la sábana blanca donde su mano izquierda descansaba. Había
tanto que preguntarse pero su cabeza se negaba a darle las respuestas.
Fue el crujido pequeño de la puerta el que lo hizo voltear hacia allá. Religiosa
Helen venía con una bandeja de comida, vestida en su atavío religioso, la comida
humeaba y era recientemente cocinada. Ella sonrió a él cuando lo vio despierto.
“Buen día Padre Maxwell” ella sonrió más ligeramente, los labios curvearon
dulcemente a él mientras adelantaba pasos ligeros hacia la cama. Dejando la
bandeja de comida sobre el buró de al lado ella se sentó finalmente sobre un
lado de la cama y lo miró un momento “Padre Maxwell” ella detuvo el barrer de
sus palabras para tomar la mano del sacerdote joven “me alegra que esté bien,
estaba preocupada, si no es por ese extraño yo no se que hubiera sido de
usted...” cuando terminó de decir esto sus palabras quebraron mientras en sus
ojos azules asomaron lágrimas pequeñas y vidriaron prontamente.
El sacerdote joven sintió una ligera confusión en todo esto, era eso que lo que
había pasado? A que extraño se refería ella?...los rasgos de su rostro
acentuaron más su confusión reinante, fue por lo que la Religiosa Helen pudo
darse cuenta que algo estaba faltando allí. Ella frunció ligeramente el seño
cuando el sacerdote observó a su lado como intentando buscar entre sus
pensamientos las respuestas aún buscadas.
“Padre Maxwell” tomó la resolución de dejar por un momento el asunto “tome,
puede comer esto” ella dijo trayendo la bandeja pequeña hacia el regazo del
sacerdote, dejándola firmemente sobre él “no se preocupe por las actividades de
hoy, las religiosas y yo nos encargaremos” y dicho esto, ella se puso de pie
sonriendo a él cariñosamente, finalmente dando la espalda y cerrando la puerta
detrás de ella mientras sus pasos se alejaban de aquella habitación. Tal vez era
mejor eso, para él no recordar.
El joven sacerdote se quedó callado por un momento más largo, había sido
imposible traer las imágenes a su memoria, pero tal vez...alguien más podría
explicarle. Podría ser...
Tomó los alimentos en silencio, cada uno llevado bocado a bocado a sus labios
delgados y deglutidos con suma paciencia, mirando la bandeja vacía el se decidió
por fin, echaría un vistazo a fuera a ver que sucedía. Intentando ponerse de
pie, su tobillo retorció dolorosamente a la herida, oh si, lo había olvidado, el
detalle grande! De su tobillo lastimado, pero, debido a que?, eso no lo podría
recordar...
Retirando las sábanas de su cuerpo pequeño, había sobre él, las vendas blancas
que se ajustaban a cada parte de su cuerpo lastimado, llevando ligeramente la
mano hacia su pecho, había una marca grande que se extendía en él, pero ella no
era grave en absoluto, solo era más, magulladuras y moretones, algunas
raspaduras generales. Descansando un suspiro largo echó su trenza desarreglada a
sus espaldas, era lo último que cuidó, el estado de su cabello, pero
increíblemente, él no era enmarañado, al contrario, se sentía suave a la
percepción de su caída sobre su espalda, llevando una mano larga hacia atrás
cogió su cabello una parte y lo sintió, él era cuidado como si se hubiera
cepillado recientemente. Finalmente echó su cabello atrás otra vez y se acomodó
a la orilla de la cama, dejando caer sus pies pesadamente sobre el suelo, retiró
completamente las cobijas y sábanas, acomodándose la bata larga abierta y
amarrándola firmemente al frente, cogió la muleta que descansaba al lado, junto
a la cabecera de la cama y asiéndola firmemente, se puso de pie tras un crujido
pequeño de su tobillo. Eso había sido so meramente doloroso. Reteniendo un
quejido pequeño que saldría de sus labios se acomodó finalmente en la posición
menos dolorosa y comenzó su salida. Ninguno de sus pasos se escuchaba debido a
la alfombra bajo sus pies. Su habitación era igualmente arreglada, tal y como lo
había dejado, incluso tal vez más. Tomando aire en sus pulmones lo suficiente
dio el primer paso, tras acostumbrarse lentamente a su ritmo dejaba atrás la
habitación cerrando la puerta levemente a sus espaldas.
Con dificultad subió las escaleras, cada una con un pequeño brinco que hacía
menear su cabello largo a su espalda como si de un juego se tratara. Tenía ganas
de subir a la parte superior de la iglesia, ahí se veía bien a las personas que
pasaban y lo que ocurría cerca o a los lados. Deseaba por ese momento despejarse
y refrescarse con la brisa ligera que pegaba cerca del campanario. Poco a poco,
sus pulmones se iban llenando del aire fresco o lo que él conoció como, al ir
acercándose a la última parte de la azotea. Finalmente estuvo allí. Soltando un
suspiro final por el esfuerzo acomodó nuevamente la muleta a su lado y comenzó
su camino.
Pero más delante de él, recargado ligeramente sobre una de las bardas, se
encontraba la única persona en la que de cierto modo, era capaz de confiar,
aunque ni él mismo lograba entender a que se debía semejante cosa en él. Ese
joven...él era capaz de hacerlo sentir un escalofrío inconsciente con solo
verlo, él era capaz de hacerlo sentir contento y aliviado de solo verlo, pero
porque?...había demasiadas preguntas en su cabeza para poderlas responder todas
a tiempo.
El viento ligero abanicaba su cabello y lo estrechaba azotándolo ligeramente
contra su frente castaña, era un sonido lejano que se acumulaba en sus oídos y
corría por su cuerpo y su camisa suelta verde por casi cada respiro largo. Su
mente había permanecido demasiado lejos de su cuerpo estas veces. Su cuerpo
reaccionaba de maneras no conocidas para él desde su llegada a la iglesia.
Apenas por la mañana, él había salido furtivamente y había logrado contactar al
Dr. J por una computadora de la Alianza misma. Y como siempre. J se había
limitado a decirle las siguientes órdenes a seguir, él nunca se preocuparía por
lo demás. Y de ambos modos, ¿por qué habría J de preocuparse por el?...si él era
solo...un arma. Correcto?...
Pero esa teoría hacía algún tiempo venía cayéndose lentamente sobre él. Por
qué?, porque había cierto sacerdote de la iglesia que mostraba interés por él,
preocupación por él, que conversaba incluso con él, aunque era molesto y ruidoso
a veces...pero alguien importaba, y con ello era suficiente...por que?, no había
razón alguna, el simplemente lo hacía y punto. Deteniendo su tren de
pensamientos, el soldado perfecto exasperó y gruñó a sus adentros, todo estaba
siendo demasiado repentino, había poco que pensar o pocos argumentos que darse a
si mismo. El mismo aire que corría escapaba nervioso de su mirada congelante y
dura. No el sacerdote joven...no parecía tener nunca efecto sobre él.
“He-Heero..” Duo tragó sus palabras, por que había esa inseguridad de repente?,
sentía su cuerpo tembloroso y sudoroso, incluso ahora, con el aire fresco, el no
podía dejar de sentir un extraño calor que recorría sus adentros y se expresaba
al vivo de su piel con cada gota de sudor que caía y hacía su bata pegarse a su
cuerpo delgado poco más cada vez.
Girando su cuerpo completamente, sus manos cayeron a sus lados conforme el
viento desarregló y voló su cabello corto, su mirada fría azul se clavaba como
flechas tajantes dentro del pecho, que sensación tan pesada pudo haber sentido
Duo en ese momento, moviendo la cabeza ligeramente para apartar aquella
sensación, Duo volvió su mirada frente al joven estoico.
El sacerdote pequeño hubiera querido decir algo, rápidamente, salir del cuadro
pero fue imposible. En el momento menos esperado, Heero se había acercado a él
tan íntimamente, pegando su espalda a la pared próxima, sus manos se recargaron
a los lados, su rostro giró un poco arriba, sus ojos abrieron grandes, y
vidriaron con la magia de los colores del día. En su garganta había un nudo
terrible, su respiración agitó un momento. El muchacho estoico se había
aproximado, casi inconscientemente, como si de un imán se tratara, no había
explicación alguna para su acción, tan solo su cuerpo había reaccionado y se
había aproximado al más pequeño. Colocando su mano arriba de la cabeza del
sacerdote pequeño, su palma pegó completamente con la pared frente a él, su otra
mano se fijó un poco más abajo, a la altura de la cintura del joven pequeño
pegando también a la pared, su rostro bajó ligeramente hasta toparse con la
mirada vítrea violeta que lo había encantado casi desde el primer momento. Quien
hubiera sabido que existía semejante color de ojos?...y ellos eran tan hermosos,
y venían y expresaban un torrente de emociones con su brillo especial. Que
criatura en la tierra podía ser más bella?...ninguna.
“He-Heero...us-usted...” las palabras no terminaron, cuando el muchacho más alto
cepilló sus labios precipitadamente contra él. Que podía hacer él?, todo pareció
dar una vuelta irremediable y demasiado severa para hacerlo reaccionar. Tan solo
ese momento, su resolución se perdía en la sensación exquisita de los labios
ricos sobre los suyos, el cuerpo más grande apretó contra el suyo haciéndolo
reaccionar...oh por dios...esto no era...esto no debía...
Pero estaba sucediendo...
Poco a poco, Duo se fue dejando llevar por la sensación del beso que le estaban
robando, ese joven extraño había logrado hacer surgir en el sensaciones
totalmente nuevas, y presa de ese sentimiento, se dejo envolver por el deseo.
El soldado estoico tomó al sacerdote pequeño por la cintura, acercándolo más a
él profundizando el beso, grande, pasión, lujuria quemante en ambos cuerpos
ahora. Cepillando sus dedos por cada hilo sedoso del cabello largo, deshizo el
nudo de la trenza desarreglada para tener más libertad y poder pasear sin
cuidado alguno, llevando una caricia tras otra, con la sola mano atrayendo más
cerca y hambrientamente el rostro del sacerdote. El deseo fue lo primero que
hizo posesión carnal del cuerpo de ambos, lenguas que revolotean en una danza
llena de emociones nuevas que chocan entre sí haciendo estallar la pasión
guardada en cada cuerpo, dejándose resbalar por la pared pegando su espalda Duo
quedaba sentado finalmente sobre el suelo con el muchacho más alto casi sobre de
él. Manos que viajaban del cabello hasta el pecho, pasando por el cuello
ligeramente, posándose sobre la ropa para mandarla a los lados de manera rápida,
ahora, el frente del sacerdote había quedado descubierto, dejando entrever la
figura delgada perfectamente formada, el pecho liso, los pezones pequeños
rosados, la piel clara apetitosa. Heero extasió con la sola mirada al ver el
cuerpo perfecto del sacerdote joven, ahora aquel cuerpo vistoso quedaba por
completo bajo de él. Heero podría pasarse lo que le quedaba de vida observándolo
si eso hubiera sido posible.
Duo había perdido todo sentido de razón o responsabilidad por su papel en ese
momento, el fuego venía desde su interior se había posesionado de él desde hacía
rato, su respiración se tornaba urgente a bocanadas grandes y agitadas, su
cuerpo se estremecía al solo sentimiento y las sensaciones nuevas y embriagantes
que venían una y otra vez, sus ojos habían permanecido cerrados a las caricias
suministradas, a la sensualidad de los movimientos y de los labios diestros del
soldado perfecto.
Las bocanadas de aire caliente que venían de la boca del soldado estoico cubrían
su pecho y acariciaban cada contorno de él, Heero comenzó a besar el pecho del
sacerdote joven, paseando con sensualidad sus labios por el cuello tierno
acariciando y con besos pequeños, la zona erótica del cuello hacían a Duo
estremecer al instante. Los labios viajaron lentamente hasta el pecho del
sacerdote joven, Heero sentía su cuerpo actuar por sí solo, por primera vez, no
quiso detenerlo y continuó con aquel juego de caricias y besos que lo
enloquecían. Mientras una de sus manos movía sigilosamente por cada uno de los
cabellos largos, la otra corría por la piel lisa del abdomen hasta toparse con
el ombligo pequeño pero bien formado, colocándose ahí y dando ligeras cosquillas
al muchacho más pequeño. El joven de ojos azul-cobalto encontró en su carrera
hacia el pecho el pezón derecho pequeño rosado tentador a sus labios, rodeándolo
con ellos comenzando un suministro de succiones y caricias golpeando con la
punta de la lengua brevemente y rodeando con círculos pequeños alrededor. El
golpeteo incesante y la succión continuaron durante un tiempo más en uno de sus
pezones pequeños hasta que ellas corriendo por su pecho llegaron al otro,
mientras con la mano el pezón que había sido abandonado era pellizcado y
acariciado.
Duo extasió, agitó y gimió más ruidosamente a cada caricia, abriendo su boca y
dejando escapar algunas respiraciones grandes, su mismo aire salía caluroso de
su boca y llenaba de más deseo y pasión aquella escena.
Lentamente, la mano de Heero continuó bajando mientras éste capturaba de nuevo
los labios suaves y apetitosos, la mano viajó vívidamente hasta las caderas
paseando sus dedos por su parte de atrás hasta pasearla por la parte delantera
seductoramente. Su mano viajó hasta llegar al sexo de su futuro amante,
entrelazando sus dedos en aquel miembro, él era de textura lisa aterciopelada y
suave, en ningún momento Heero podría imaginarse que algo así pudiera ser
semejante atractivo, lentamente, su mano se posesionó del miembro crecido y
comenzó a moverla de arriba abajo apresurando su paso a cada instante.
Duo gimió a la sensación de aquella mano fuerte sobre él, retorciéndose una y
otra vez bajo la sensación y los movimientos diestros, sus manos se aferraban a
sus lados sobre la ropa que había quedado desarregladamente tirada a los lados,
fijaba sus dientes para evitar emitir algún ruido demasiado pronunciado, porque
mientras su razón ya no trabajaba, su cuerpo sabía perfectamente bien donde se
encontraba y que ningún sonido grande debía emitirse. La mano de Heero tocó la
punta que ya goteaba en necesidad dando un golpe pequeño el dejó la boca y
hambrientamente la bajó hasta llegar a la figura exquisita del miembro frente a
él. Y sin pensarlo ni un segundo, sus labios y su boca se posesionó de él.
Golpeando con la lengua la punta del sexo de su compañero, Duo no pudo evitar
emitir un gemido un poco más ruidoso a la sensación calurosa envolvente que
rodeó su excitación.
Ávidamente, el muchacho de ojos azul-cobalto comenzó su suministración
placentera, subiendo y bajando lentamente con su boca, llevando su lengua de
arriba abajo, tocando a cada momento posible la punta de la misma, rodeando y
sumergiéndose nuevamente tomando el miembro entero con sus labios.
El muchacho pequeño simplemente no podía más que respirar cada momento más
agitadamente, cerrar sus ojos a las sensaciones nuevas placenteras crecientes
que invadían su cuerpo, más y más necesitado, más y más fuerte.
El sexo de su casi amante más pequeño comenzó a punzar más fuertemente dentro de
su boca, supo casi de inmediato que la realización vendría pronto, esforzando su
boca más rápidamente, parecía que el muchacho era muy diestro y experimentando
con cada momento, aunque él mismo sabía que nunca habría hecho tal cosa. Sus
manos viajaban en ese momento hasta colocarse en la parte de atrás del sacerdote
pequeño, mientras una de sus manos acariciaba la piel lisa exquisita, la otra
mano viajaba hasta encontrar la entrada curiosa.
El anillo era pequeño, más de lo que el soldado perfecto hubiera podido
imaginar, lentamente, uno de sus dedos fue sumergido dentro de la estrechez de
aquel cuerpo caluroso.
Duo gimió y cerró sus ojos al dolor proveniente de un invasor dentro de él,
arqueando su cuerpo intentando evitar la sensación dolorosa, pero ésta era
rápidamente olvidada debido al placer que recibía causa de su miembro casi
realizado. Aquel dedo había permanecido inmóvil hasta que sintió como el
cuerpo más pequeño se acostumbró a la invasión, comenzando un movimiento
envolvente de adentro hacia fuera para comenzar a estirar la entrada estrecha,
solo el instinto era su guía, nada mas que eso y tendría que confiar en él.
Cuando el cuerpo más pequeño se tornó listo, Heero introducía finalmente un
segundo dedo, que era recibido menos dolorosamente que el primero, comenzando a
estirar aún más pronunciadamente, finalmente, el tercer dedo era introducido y
comenzaba la labor ardua de estirarlo lo suficientemente para que la futura
entrada no fuera tan dolorosa. En ese momento, la realización del muchacho de
cabello largo venía ya dentro de su boca, llenándose ella de la semilla blanca
caliente, llevando un sabor amargo pero a la vez dulce, un sabor embriagante
incluso más que el mejor vino, como pudiera alguien tener semejante sabor?
Tragando de un solo bocado, el sabor que aún se conservaba en sus labios, Heero
subió hasta capturar los labios suaves nuevamente, el beso urgente y hambriento
compartió el sabor almizclado entre ambos jóvenes. Duo rodeó con sus brazos el
cuerpo varonil del soldado perfecto, llevando sus manos finas de arriba a abajo
en la espalda del otro muchacho, recorriendo los aviones bien formados de su
figura más alta, la piel era lisa, no tanto como la de él pero exquisita al
toque, la tonalidad castaña y los rayos del sol la hacían ver más bronceada y
hermosa de lo que ya era. Duo extasió con tanta sensualidad del joven sobre él.
El beso se hizo más urgente y apresurado, al grado de robar los últimos aires de
ambos jóvenes.
Heero había permanecido estirando levemente a Duo, pero pronto el deseo creció
haciéndose más grande que sus resistencias y comenzó un movimiento ávido y
diestro sobre el cuerpo más pequeño golpeando en ese momento su mancha. El
muchacho pequeño se retorció en ese momento y gimió al placer grande que
provocado, soltando una bocanada grande capturada nuevamente por los labios
sensuales del soldado, volviéndolo a intentar tocando nuevamente la misma
mancha, provocando al cuerpo más pequeño arquear y revolotear una y otra vez.
Retirando finalmente los dedos largos y diestros, Heero se separó
momentáneamente de los labios apetitosos, las miradas se encontraron nuevamente,
la luminosidad de las orbes grandes violeta, la magia y el hipnotismo de tal
belleza era lo único que Heero podría ver en ese momento. El azul-cobalto
profundo, la piscina mejor conservada y plasmada de la naturaleza, Duo solo
podía desear con pasión cada una de sus caricias, besos y palabras que de esa
boca saliesen.
Levantando una de sus manos, Heero paseaba sus dedos por la cabellera grande del
muchacho pequeño, tirando hacia atrás o a los lados el cabello desarreglado que
había estado sobre su rostro, las gotas cristalinas de sudor daban un sabor
salado a cada parte de la piel exquisita blanca.
Capturando nuevamente los labios suaves, colocó su excitación abandonada
prontamente en la entrada estrecha y lentamente, sumergió la punta solamente.
Duo soltó un quejido ahogado por el beso apresurado, sin querer lastimarlo Heero
se apartó y observó las orbes violeta hasta encontrar en ellas una aceptación
que le convenciera de que podría seguir. Sonriendo débilmente, Duo lo abrazó
fuerte por el cuello y movió su cabeza positivamente. En ese momento Heero
empaló completamente en la entrada calurosa del cuerpo pequeño.
Era una estrechez que Heero no podría describir, el placer que le causaba era
tan infinito e increíble, mordiendo su labio más bajo Heero esperó hasta que el
muchacho de mirada violeta lograra ajustarse perfectamente a la invasión grande.
Duo cerró sus ojos al dolor fuerte del miembro grande y palpitante, rodeando con
sus piernas las caderas del soldado perfecto, sus manos se aferraron fuertemente
a su cuello y su cabeza se escondió cerca de su hombro, mordiendo su labio más
bajo para aferrarse a la sensación placentera. Soltando finalmente el aire
cuando su cuerpo se ajustó perfectamente a la invasión, descansó su cabeza entre
el cuello y el hombro y respiraba el olor almizclado masculino que solo podía
pertenecer con tal pasión al soldado dentro de él.
Sintiendo que el cuerpo pequeño era acostumbrado y ajustado, el muchacho de
mirada cobalto comenzó con la dulce tortura. Saliendo levemente de la estrechez
calurosa, dejando solo la punta dentro, Heero entró fuertemente en una embestida
rápida. Duo arqueó casi totalmente, con una flexibilidad increíble, abrió la
boca soltando un gemido más ruidosamente, el soldado perfecto prosiguió
haciéndolo una vez más y una vez más.
“Heero....” La palabra del nombre de su ahora amante se formaba en sus labios
sensual y urgentemente con cada empujón severo, lanzando olas de placer
infinitas en su cuerpo pequeño, apresurando su respiración y su deseo creciente,
su mismo sexo comenzaba a reaccionar nuevamente ante la sensación y tanta pasión
que venían en cada embestida. “Heero!...” una y otra vez ese nombre hacía
posesión de sus labios delgados con más necesidad que la anterior.
Aumentando gradualmente el nivel, la fuerza y velocidad de cada embestida, Heero
podría casi llegar al cielo en ese preciso momento, el placer aumentaba a cada
paso y al ritmo impuesto.
Acariciando el frente del cuerpo pequeño mientras seguía con sus las embestidas
fuertes, su mano notó que el sexo de su ahora amante había despertado de nuevo,
sin negarle el placer lo tomó con su mano más grande y comenzó a bombearlo al
ritmo impuesto.
Si Duo pudiera llegar a más placer este era el momento, los empujones duros
rápidos y su miembro siendo bombeado a la misma velocidad y con la misma pasión,
el contener cada gemido de placer era una tarea demasiado difícil.
“Heero!....ah....” las respiraciones se hicieron más urgentes en minutos y el
cuerpo se tensaba increíblemente para dar las últimas resistencias.
Duo vino primero, salpicando la mano de Heero completamente igual que su
estómago, y ese fue el detonante necesario, cuando el joven pequeño apretó su
cuerpo lo suficiente para que el soldado estoico viniera momentos después. Las
olas de placer menguaron tras un último gemido ahogado que vino de su garganta,
llenando con su semilla blanca caliente aquel cuerpo inmaculado precioso que
habían despertado en él todo tipo de emociones y sensaciones nuevas.
Ambos cuerpos cayeron juntos, el sacerdote joven era demasiado exhausto para
pronunciar palabra o abrir sus ojos, ellos se quedaron pulcramente cerrados
recargando su cabeza sobre el brazo del joven más grande. El soldado perfecto se
permitió descansar un poco, la sensación llena invadía su cuerpo y corría de
maneras inimaginables, había mucho que comprender, pero ahora el momento había
sido y tal vez podría pensarlo más tarde...o preguntar a J todo lo que había
sido.
Ese había sido un día muy largo.
Esa, seria una noche aun peor.
Tsuzuku...
Notas: Hombre!!! Que este capitulo si que me ha costado trabajo!!! ¬_¬U...pero
ya esta!!!....y el siguiente veremos, aún no tengo ninguna idea jeje. Oi y creo
que si va a quedar muy controversial...aguas con los católicos! O los que sean
muuuuuuuuuy pegados a la religión con este capitulo ne?....y los posteriores. Ah
yo quiero agradecer muy muy especialmente a mi amiguita VICKY_KAEDE porque es
gracias a ella que pude redactar este capitulo! (Te quiero Vicky-san eres super
especial amiga!) y bueno, espero mas que nada que a ella le agrade ^_^ entonces
ya me voy despidiendo ne? Nos vemos en otra ocación!. Comentarios, tomatazos,
bombas, sugerencias, y lo que gusten, a mi correo ^^U.