Sacrilegio
By Aika Hearts



Parte 6.


“El mundo es hambre. Hambre de luz, caridad, amor, piedad...esas son las cosas que el mundo necesita pero que son negadas sin reservas de quien las pide lastimosamente, y quienes las dan son llevados y castigados. El que da a manos llenas tarde o temprano se arrepiente, porque la vida es más cruel de lo que ellos se imaginan. No viva en una nube rosa, no vuele alto con sus alas, porque la caída será más dolorosa. La superficialidad de los hombres es el desgaste del mundo, acabose de los puros de corazón. En estos tiempos de guerra no existe piedad o reservas. Hombres, mujeres y niños son muertos por igual, dejados huérfanos y sin familias, quien se atreve a ir contra los principios establecidos será castigado. Nadie tiene el derecho sobre nadie, pero nadie tiene la libertad ansiada. Y si la tuvieran, que harían con ella?. La gente está acostumbrada a vivir en la opresión...con o sin libertad, el mundo seguiría siendo un infierno con disfraz de algodón”.

-Heero Yuy -- Líder de las Colonias-


El dolor. Fue el primer sentimiento que vino a su cuerpo después de la pérdida de conciencia. Ahora su memoria no retrocedía a los que había sucedido, solo el dolor pegó fuerte cuando trató inútilmente de acomodarse, como si hubiera estado dormido por tanto ese tiempo. No había en su memoria ningún esbozo de sueño en ese lapso, pero...que era exactamente?.

Moviéndose incómodamente cambió sus manos de posición por un momento, descansándolas brevemente sobre su pecho, moviendo la cabeza lentamente esforzó sus ojos vítreos por abrir, ello fue algo doloroso e irritante, debido a la luz que pasaba repentinamente por ellos, como si hubieran estado mucho tiempo en oscuridad, la luz fuerte penetró sus pupilas hasta que ellas lograron finalmente adaptarse al cambio a través de varios parpadeos. Soltando un suspiro pesado giró la cabeza lentamente, las sábanas blancas se entrelazaban entre su piel clara pulcramente, plegadas a la altura de su pecho. Observando los ambientes se dio cuenta, era su habitación donde se encontraba. Pero, había el ido allí? Por que le era difícil recordar acostándose? Y que era ese dolor que venía de su tobillo?...ciertamente, no recordaba el momento en que se había ido a la cama por la noche...a lo mejor porque estaba demasiado cansado, y por más que intentaba su memoria se negaba a traer el informe a la actualidad. Ninguna razón aparente.

De un tirón ligero su cuerpo se enderezó voluntariamente, su cabeza tenía un dolor embotado, pero no sería nada que una aspirina seguramente no podría resolver. Cuando se observó un poco se dio cuenta que llevaba vendas, tanto en los brazos, pecho y cabeza, algunas gasas también y el dolor afilaba en su tobillo izquierdo. Llevo su mano derecha sobre la venda de su cabeza y recorrió los contornos ásperos con la yema de sus dedos. Su mirada se quedó clavada un momento largo sobre la sábana blanca donde su mano izquierda descansaba. Había tanto que preguntarse pero su cabeza se negaba a darle las respuestas.

Fue el crujido pequeño de la puerta el que lo hizo voltear hacia allá. Religiosa Helen venía con una bandeja de comida, vestida en su atavío religioso, la comida humeaba y era recientemente cocinada. Ella sonrió a él cuando lo vio despierto.

“Buen día Padre Maxwell” ella sonrió más ligeramente, los labios curvearon dulcemente a él mientras adelantaba pasos ligeros hacia la cama. Dejando la bandeja de comida sobre el buró de al lado ella se sentó finalmente sobre un lado de la cama y lo miró un momento “Padre Maxwell” ella detuvo el barrer de sus palabras para tomar la mano del sacerdote joven “me alegra que esté bien, estaba preocupada, si no es por ese extraño yo no se que hubiera sido de usted...” cuando terminó de decir esto sus palabras quebraron mientras en sus ojos azules asomaron lágrimas pequeñas y vidriaron prontamente.

El sacerdote joven sintió una ligera confusión en todo esto, era eso que lo que había pasado? A que extraño se refería ella?...los rasgos de su rostro acentuaron más su confusión reinante, fue por lo que la Religiosa Helen pudo darse cuenta que algo estaba faltando allí. Ella frunció ligeramente el seño cuando el sacerdote observó a su lado como intentando buscar entre sus pensamientos las respuestas aún buscadas.

“Padre Maxwell” tomó la resolución de dejar por un momento el asunto “tome, puede comer esto” ella dijo trayendo la bandeja pequeña hacia el regazo del sacerdote, dejándola firmemente sobre él “no se preocupe por las actividades de hoy, las religiosas y yo nos encargaremos” y dicho esto, ella se puso de pie sonriendo a él cariñosamente, finalmente dando la espalda y cerrando la puerta detrás de ella mientras sus pasos se alejaban de aquella habitación. Tal vez era mejor eso, para él no recordar.

El joven sacerdote se quedó callado por un momento más largo, había sido imposible traer las imágenes a su memoria, pero tal vez...alguien más podría explicarle. Podría ser...

Tomó los alimentos en silencio, cada uno llevado bocado a bocado a sus labios delgados y deglutidos con suma paciencia, mirando la bandeja vacía el se decidió por fin, echaría un vistazo a fuera a ver que sucedía. Intentando ponerse de pie, su tobillo retorció dolorosamente a la herida, oh si, lo había olvidado, el detalle grande! De su tobillo lastimado, pero, debido a que?, eso no lo podría recordar...

Retirando las sábanas de su cuerpo pequeño, había sobre él, las vendas blancas que se ajustaban a cada parte de su cuerpo lastimado, llevando ligeramente la mano hacia su pecho, había una marca grande que se extendía en él, pero ella no era grave en absoluto, solo era más, magulladuras y moretones, algunas raspaduras generales. Descansando un suspiro largo echó su trenza desarreglada a sus espaldas, era lo último que cuidó, el estado de su cabello, pero increíblemente, él no era enmarañado, al contrario, se sentía suave a la percepción de su caída sobre su espalda, llevando una mano larga hacia atrás cogió su cabello una parte y lo sintió, él era cuidado como si se hubiera cepillado recientemente. Finalmente echó su cabello atrás otra vez y se acomodó a la orilla de la cama, dejando caer sus pies pesadamente sobre el suelo, retiró completamente las cobijas y sábanas, acomodándose la bata larga abierta y amarrándola firmemente al frente, cogió la muleta que descansaba al lado, junto a la cabecera de la cama y asiéndola firmemente, se puso de pie tras un crujido pequeño de su tobillo. Eso había sido so meramente doloroso. Reteniendo un quejido pequeño que saldría de sus labios se acomodó finalmente en la posición menos dolorosa y comenzó su salida. Ninguno de sus pasos se escuchaba debido a la alfombra bajo sus pies. Su habitación era igualmente arreglada, tal y como lo había dejado, incluso tal vez más. Tomando aire en sus pulmones lo suficiente dio el primer paso, tras acostumbrarse lentamente a su ritmo dejaba atrás la habitación cerrando la puerta levemente a sus espaldas.

Con dificultad subió las escaleras, cada una con un pequeño brinco que hacía menear su cabello largo a su espalda como si de un juego se tratara. Tenía ganas de subir a la parte superior de la iglesia, ahí se veía bien a las personas que pasaban y lo que ocurría cerca o a los lados. Deseaba por ese momento despejarse y refrescarse con la brisa ligera que pegaba cerca del campanario. Poco a poco, sus pulmones se iban llenando del aire fresco o lo que él conoció como, al ir acercándose a la última parte de la azotea. Finalmente estuvo allí. Soltando un suspiro final por el esfuerzo acomodó nuevamente la muleta a su lado y comenzó su camino.

Pero más delante de él, recargado ligeramente sobre una de las bardas, se encontraba la única persona en la que de cierto modo, era capaz de confiar, aunque ni él mismo lograba entender a que se debía semejante cosa en él. Ese joven...él era capaz de hacerlo sentir un escalofrío inconsciente con solo verlo, él era capaz de hacerlo sentir contento y aliviado de solo verlo, pero porque?...había demasiadas preguntas en su cabeza para poderlas responder todas a tiempo.

El viento ligero abanicaba su cabello y lo estrechaba azotándolo ligeramente contra su frente castaña, era un sonido lejano que se acumulaba en sus oídos y corría por su cuerpo y su camisa suelta verde por casi cada respiro largo. Su mente había permanecido demasiado lejos de su cuerpo estas veces. Su cuerpo reaccionaba de maneras no conocidas para él desde su llegada a la iglesia.

Apenas por la mañana, él había salido furtivamente y había logrado contactar al Dr. J por una computadora de la Alianza misma. Y como siempre. J se había limitado a decirle las siguientes órdenes a seguir, él nunca se preocuparía por lo demás. Y de ambos modos, ¿por qué habría J de preocuparse por el?...si él era solo...un arma. Correcto?...

Pero esa teoría hacía algún tiempo venía cayéndose lentamente sobre él. Por qué?, porque había cierto sacerdote de la iglesia que mostraba interés por él, preocupación por él, que conversaba incluso con él, aunque era molesto y ruidoso a veces...pero alguien importaba, y con ello era suficiente...por que?, no había razón alguna, el simplemente lo hacía y punto. Deteniendo su tren de pensamientos, el soldado perfecto exasperó y gruñó a sus adentros, todo estaba siendo demasiado repentino, había poco que pensar o pocos argumentos que darse a si mismo. El mismo aire que corría escapaba nervioso de su mirada congelante y dura. No el sacerdote joven...no parecía tener nunca efecto sobre él.

“He-Heero..” Duo tragó sus palabras, por que había esa inseguridad de repente?, sentía su cuerpo tembloroso y sudoroso, incluso ahora, con el aire fresco, el no podía dejar de sentir un extraño calor que recorría sus adentros y se expresaba al vivo de su piel con cada gota de sudor que caía y hacía su bata pegarse a su cuerpo delgado poco más cada vez.

Girando su cuerpo completamente, sus manos cayeron a sus lados conforme el viento desarregló y voló su cabello corto, su mirada fría azul se clavaba como flechas tajantes dentro del pecho, que sensación tan pesada pudo haber sentido Duo en ese momento, moviendo la cabeza ligeramente para apartar aquella sensación, Duo volvió su mirada frente al joven estoico.

El sacerdote pequeño hubiera querido decir algo, rápidamente, salir del cuadro pero fue imposible. En el momento menos esperado, Heero se había acercado a él tan íntimamente, pegando su espalda a la pared próxima, sus manos se recargaron a los lados, su rostro giró un poco arriba, sus ojos abrieron grandes, y vidriaron con la magia de los colores del día. En su garganta había un nudo terrible, su respiración agitó un momento. El muchacho estoico se había aproximado, casi inconscientemente, como si de un imán se tratara, no había explicación alguna para su acción, tan solo su cuerpo había reaccionado y se había aproximado al más pequeño. Colocando su mano arriba de la cabeza del sacerdote pequeño, su palma pegó completamente con la pared frente a él, su otra mano se fijó un poco más abajo, a la altura de la cintura del joven pequeño pegando también a la pared, su rostro bajó ligeramente hasta toparse con la mirada vítrea violeta que lo había encantado casi desde el primer momento. Quien hubiera sabido que existía semejante color de ojos?...y ellos eran tan hermosos, y venían y expresaban un torrente de emociones con su brillo especial. Que criatura en la tierra podía ser más bella?...ninguna.

“He-Heero...us-usted...” las palabras no terminaron, cuando el muchacho más alto cepilló sus labios precipitadamente contra él. Que podía hacer él?, todo pareció dar una vuelta irremediable y demasiado severa para hacerlo reaccionar. Tan solo ese momento, su resolución se perdía en la sensación exquisita de los labios ricos sobre los suyos, el cuerpo más grande apretó contra el suyo haciéndolo reaccionar...oh por dios...esto no era...esto no debía...

Pero estaba sucediendo...

Poco a poco, Duo se fue dejando llevar por la sensación del beso que le estaban robando, ese joven extraño había logrado hacer surgir en el sensaciones totalmente nuevas, y presa de ese sentimiento, se dejo envolver por el deseo.

El soldado estoico tomó al sacerdote pequeño por la cintura, acercándolo más a él profundizando el beso, grande, pasión, lujuria quemante en ambos cuerpos ahora. Cepillando sus dedos por cada hilo sedoso del cabello largo, deshizo el nudo de la trenza desarreglada para tener más libertad y poder pasear sin cuidado alguno, llevando una caricia tras otra, con la sola mano atrayendo más cerca y hambrientamente el rostro del sacerdote. El deseo fue lo primero que hizo posesión carnal del cuerpo de ambos, lenguas que revolotean en una danza llena de emociones nuevas que chocan entre sí haciendo estallar la pasión guardada en cada cuerpo, dejándose resbalar por la pared pegando su espalda Duo quedaba sentado finalmente sobre el suelo con el muchacho más alto casi sobre de él. Manos que viajaban del cabello hasta el pecho, pasando por el cuello ligeramente, posándose sobre la ropa para mandarla a los lados de manera rápida, ahora, el frente del sacerdote había quedado descubierto, dejando entrever la figura delgada perfectamente formada, el pecho liso, los pezones pequeños rosados, la piel clara apetitosa. Heero extasió con la sola mirada al ver el cuerpo perfecto del sacerdote joven, ahora aquel cuerpo vistoso quedaba por completo bajo de él. Heero podría pasarse lo que le quedaba de vida observándolo si eso hubiera sido posible.

Duo había perdido todo sentido de razón o responsabilidad por su papel en ese momento, el fuego venía desde su interior se había posesionado de él desde hacía rato, su respiración se tornaba urgente a bocanadas grandes y agitadas, su cuerpo se estremecía al solo sentimiento y las sensaciones nuevas y embriagantes que venían una y otra vez, sus ojos habían permanecido cerrados a las caricias suministradas, a la sensualidad de los movimientos y de los labios diestros del soldado perfecto.

Las bocanadas de aire caliente que venían de la boca del soldado estoico cubrían su pecho y acariciaban cada contorno de él, Heero comenzó a besar el pecho del sacerdote joven, paseando con sensualidad sus labios por el cuello tierno acariciando y con besos pequeños, la zona erótica del cuello hacían a Duo estremecer al instante. Los labios viajaron lentamente hasta el pecho del sacerdote joven, Heero sentía su cuerpo actuar por sí solo, por primera vez, no quiso detenerlo y continuó con aquel juego de caricias y besos que lo enloquecían. Mientras una de sus manos movía sigilosamente por cada uno de los cabellos largos, la otra corría por la piel lisa del abdomen hasta toparse con el ombligo pequeño pero bien formado, colocándose ahí y dando ligeras cosquillas al muchacho más pequeño. El joven de ojos azul-cobalto encontró en su carrera hacia el pecho el pezón derecho pequeño rosado tentador a sus labios, rodeándolo con ellos comenzando un suministro de succiones y caricias golpeando con la punta de la lengua brevemente y rodeando con círculos pequeños alrededor. El golpeteo incesante y la succión continuaron durante un tiempo más en uno de sus pezones pequeños hasta que ellas corriendo por su pecho llegaron al otro, mientras con la mano el pezón que había sido abandonado era pellizcado y acariciado.

Duo extasió, agitó y gimió más ruidosamente a cada caricia, abriendo su boca y dejando escapar algunas respiraciones grandes, su mismo aire salía caluroso de su boca y llenaba de más deseo y pasión aquella escena.

Lentamente, la mano de Heero continuó bajando mientras éste capturaba de nuevo los labios suaves y apetitosos, la mano viajó vívidamente hasta las caderas paseando sus dedos por su parte de atrás hasta pasearla por la parte delantera seductoramente. Su mano viajó hasta llegar al sexo de su futuro amante, entrelazando sus dedos en aquel miembro, él era de textura lisa aterciopelada y suave, en ningún momento Heero podría imaginarse que algo así pudiera ser semejante atractivo, lentamente, su mano se posesionó del miembro crecido y comenzó a moverla de arriba abajo apresurando su paso a cada instante.

Duo gimió a la sensación de aquella mano fuerte sobre él, retorciéndose una y otra vez bajo la sensación y los movimientos diestros, sus manos se aferraban a sus lados sobre la ropa que había quedado desarregladamente tirada a los lados, fijaba sus dientes para evitar emitir algún ruido demasiado pronunciado, porque mientras su razón ya no trabajaba, su cuerpo sabía perfectamente bien donde se encontraba y que ningún sonido grande debía emitirse. La mano de Heero tocó la punta que ya goteaba en necesidad dando un golpe pequeño el dejó la boca y hambrientamente la bajó hasta llegar a la figura exquisita del miembro frente a él. Y sin pensarlo ni un segundo, sus labios y su boca se posesionó de él.

Golpeando con la lengua la punta del sexo de su compañero, Duo no pudo evitar emitir un gemido un poco más ruidoso a la sensación calurosa envolvente que rodeó su excitación.

Ávidamente, el muchacho de ojos azul-cobalto comenzó su suministración placentera, subiendo y bajando lentamente con su boca, llevando su lengua de arriba abajo, tocando a cada momento posible la punta de la misma, rodeando y sumergiéndose nuevamente tomando el miembro entero con sus labios.

El muchacho pequeño simplemente no podía más que respirar cada momento más agitadamente, cerrar sus ojos a las sensaciones nuevas placenteras crecientes que invadían su cuerpo, más y más necesitado, más y más fuerte.

El sexo de su casi amante más pequeño comenzó a punzar más fuertemente dentro de su boca, supo casi de inmediato que la realización vendría pronto, esforzando su boca más rápidamente, parecía que el muchacho era muy diestro y experimentando con cada momento, aunque él mismo sabía que nunca habría hecho tal cosa. Sus manos viajaban en ese momento hasta colocarse en la parte de atrás del sacerdote pequeño, mientras una de sus manos acariciaba la piel lisa exquisita, la otra mano viajaba hasta encontrar la entrada curiosa.

El anillo era pequeño, más de lo que el soldado perfecto hubiera podido imaginar, lentamente, uno de sus dedos fue sumergido dentro de la estrechez de aquel cuerpo caluroso.

Duo gimió y cerró sus ojos al dolor proveniente de un invasor dentro de él, arqueando su cuerpo intentando evitar la sensación dolorosa, pero ésta era rápidamente olvidada debido al placer que recibía causa de su miembro casi realizado. Aquel dedo había permanecido inmóvil hasta que sintió como el cuerpo más pequeño se acostumbró a la invasión, comenzando un movimiento envolvente de adentro hacia fuera para comenzar a estirar la entrada estrecha, solo el instinto era su guía, nada mas que eso y tendría que confiar en él.

Cuando el cuerpo más pequeño se tornó listo, Heero introducía finalmente un segundo dedo, que era recibido menos dolorosamente que el primero, comenzando a estirar aún más pronunciadamente, finalmente, el tercer dedo era introducido y comenzaba la labor ardua de estirarlo lo suficientemente para que la futura entrada no fuera tan dolorosa. En ese momento, la realización del muchacho de cabello largo venía ya dentro de su boca, llenándose ella de la semilla blanca caliente, llevando un sabor amargo pero a la vez dulce, un sabor embriagante incluso más que el mejor vino, como pudiera alguien tener semejante sabor?

Tragando de un solo bocado, el sabor que aún se conservaba en sus labios, Heero subió hasta capturar los labios suaves nuevamente, el beso urgente y hambriento compartió el sabor almizclado entre ambos jóvenes. Duo rodeó con sus brazos el cuerpo varonil del soldado perfecto, llevando sus manos finas de arriba a abajo en la espalda del otro muchacho, recorriendo los aviones bien formados de su figura más alta, la piel era lisa, no tanto como la de él pero exquisita al toque, la tonalidad castaña y los rayos del sol la hacían ver más bronceada y hermosa de lo que ya era. Duo extasió con tanta sensualidad del joven sobre él.

El beso se hizo más urgente y apresurado, al grado de robar los últimos aires de ambos jóvenes.

Heero había permanecido estirando levemente a Duo, pero pronto el deseo creció haciéndose más grande que sus resistencias y comenzó un movimiento ávido y diestro sobre el cuerpo más pequeño golpeando en ese momento su mancha. El muchacho pequeño se retorció en ese momento y gimió al placer grande que provocado, soltando una bocanada grande capturada nuevamente por los labios sensuales del soldado, volviéndolo a intentar tocando nuevamente la misma mancha, provocando al cuerpo más pequeño arquear y revolotear una y otra vez.

Retirando finalmente los dedos largos y diestros, Heero se separó momentáneamente de los labios apetitosos, las miradas se encontraron nuevamente, la luminosidad de las orbes grandes violeta, la magia y el hipnotismo de tal belleza era lo único que Heero podría ver en ese momento. El azul-cobalto profundo, la piscina mejor conservada y plasmada de la naturaleza, Duo solo podía desear con pasión cada una de sus caricias, besos y palabras que de esa boca saliesen.

Levantando una de sus manos, Heero paseaba sus dedos por la cabellera grande del muchacho pequeño, tirando hacia atrás o a los lados el cabello desarreglado que había estado sobre su rostro, las gotas cristalinas de sudor daban un sabor salado a cada parte de la piel exquisita blanca.

Capturando nuevamente los labios suaves, colocó su excitación abandonada prontamente en la entrada estrecha y lentamente, sumergió la punta solamente.

Duo soltó un quejido ahogado por el beso apresurado, sin querer lastimarlo Heero se apartó y observó las orbes violeta hasta encontrar en ellas una aceptación que le convenciera de que podría seguir. Sonriendo débilmente, Duo lo abrazó fuerte por el cuello y movió su cabeza positivamente. En ese momento Heero empaló completamente en la entrada calurosa del cuerpo pequeño.

Era una estrechez que Heero no podría describir, el placer que le causaba era tan infinito e increíble, mordiendo su labio más bajo Heero esperó hasta que el muchacho de mirada violeta lograra ajustarse perfectamente a la invasión grande.

Duo cerró sus ojos al dolor fuerte del miembro grande y palpitante, rodeando con sus piernas las caderas del soldado perfecto, sus manos se aferraron fuertemente a su cuello y su cabeza se escondió cerca de su hombro, mordiendo su labio más bajo para aferrarse a la sensación placentera. Soltando finalmente el aire cuando su cuerpo se ajustó perfectamente a la invasión, descansó su cabeza entre el cuello y el hombro y respiraba el olor almizclado masculino que solo podía pertenecer con tal pasión al soldado dentro de él.

Sintiendo que el cuerpo pequeño era acostumbrado y ajustado, el muchacho de mirada cobalto comenzó con la dulce tortura. Saliendo levemente de la estrechez calurosa, dejando solo la punta dentro, Heero entró fuertemente en una embestida rápida. Duo arqueó casi totalmente, con una flexibilidad increíble, abrió la boca soltando un gemido más ruidosamente, el soldado perfecto prosiguió haciéndolo una vez más y una vez más.

“Heero....” La palabra del nombre de su ahora amante se formaba en sus labios sensual y urgentemente con cada empujón severo, lanzando olas de placer infinitas en su cuerpo pequeño, apresurando su respiración y su deseo creciente, su mismo sexo comenzaba a reaccionar nuevamente ante la sensación y tanta pasión que venían en cada embestida. “Heero!...” una y otra vez ese nombre hacía posesión de sus labios delgados con más necesidad que la anterior.

Aumentando gradualmente el nivel, la fuerza y velocidad de cada embestida, Heero podría casi llegar al cielo en ese preciso momento, el placer aumentaba a cada paso y al ritmo impuesto.

Acariciando el frente del cuerpo pequeño mientras seguía con sus las embestidas fuertes, su mano notó que el sexo de su ahora amante había despertado de nuevo, sin negarle el placer lo tomó con su mano más grande y comenzó a bombearlo al ritmo impuesto.

Si Duo pudiera llegar a más placer este era el momento, los empujones duros rápidos y su miembro siendo bombeado a la misma velocidad y con la misma pasión, el contener cada gemido de placer era una tarea demasiado difícil.

“Heero!....ah....” las respiraciones se hicieron más urgentes en minutos y el cuerpo se tensaba increíblemente para dar las últimas resistencias.

Duo vino primero, salpicando la mano de Heero completamente igual que su estómago, y ese fue el detonante necesario, cuando el joven pequeño apretó su cuerpo lo suficiente para que el soldado estoico viniera momentos después. Las olas de placer menguaron tras un último gemido ahogado que vino de su garganta, llenando con su semilla blanca caliente aquel cuerpo inmaculado precioso que habían despertado en él todo tipo de emociones y sensaciones nuevas.

Ambos cuerpos cayeron juntos, el sacerdote joven era demasiado exhausto para pronunciar palabra o abrir sus ojos, ellos se quedaron pulcramente cerrados recargando su cabeza sobre el brazo del joven más grande. El soldado perfecto se permitió descansar un poco, la sensación llena invadía su cuerpo y corría de maneras inimaginables, había mucho que comprender, pero ahora el momento había sido y tal vez podría pensarlo más tarde...o preguntar a J todo lo que había sido.

Ese había sido un día muy largo.

Esa, seria una noche aun peor.


Tsuzuku...



Notas: Hombre!!! Que este capitulo si que me ha costado trabajo!!! ¬_¬U...pero ya esta!!!....y el siguiente veremos, aún no tengo ninguna idea jeje. Oi y creo que si va a quedar muy controversial...aguas con los católicos! O los que sean muuuuuuuuuy pegados a la religión con este capitulo ne?....y los posteriores. Ah yo quiero agradecer muy muy especialmente a mi amiguita VICKY_KAEDE porque es gracias a ella que pude redactar este capitulo! (Te quiero Vicky-san eres super especial amiga!) y bueno, espero mas que nada que a ella le agrade ^_^ entonces ya me voy despidiendo ne? Nos vemos en otra ocación!. Comentarios, tomatazos, bombas, sugerencias, y lo que gusten, a mi correo ^^U.
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