INVITACIÓN A UNA NUEVA VIDA
AUTORA: BERUSAIYU
Advertencia:
No me gusta hacer advertencias, porque se supone que quien lea esto sabe
perfectamente que esta en una página yaoi, material estrictamente para mayores
de 18 años, pero bueno: este es un fic yaoi-lemon y verán sexo explícito entre
hombres. Están bajo su propia responsabilidad.
Con
esto los dejo leer y que disfruten la lectura.
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Los aplausos invadían el ambiente al igual que las luces
multicolores. La excitación de los felices espectadores era alucinante,
fantástica de un modo enervante, no como la euforia de un concierto, ya que
tenía ese aire a fiesta familiar que sólo el espectáculo de un circo puede dar.
La música comenzó de improviso apagando los aplausos de bienvenida por un
instante y un momento después, volvieron a estallar, victoreando al artista en
turno en la arena circense, quien arriba de un hermoso corcel blanco hacía la
más exquisitas piruetas que arrancaban la alegría y asombro del público. Los
círculos de luz iluminaban a las personas con sus pasadas fugaces, y en una de
esas pasadas, se dejaron ver a quienes estaban en la cuarta fila: uno aplaudiendo
sin parar, y el otro sentado a su lado con los brazos cruzados y la vista en la
arena.
Quatre
aplaudía, a más no poder, junto con todas aquellas personas admiradas por
aquellas acrobacias, pero el chico sentado a su lado de cabello oscuro como lo
noche e igual de brillante, lo miraba con cara de interrogación y fastidio.
Interrogación, por un lado, porque no sabía como ese rostro podía sonrojarse al
punto de verse en la oscuridad; fastidio al estar toda la noche aguantando al
escandaloso muchacho. No sabía como logró estar tanto rato al lado de éste, sin
sentir ganas de dejarlo solo con su personalidad entusiasta.
- ¡Bravo! ¡Bravo!- aplaudía- Wufei, ¿verdad que es increíble
Trowa?- le dedicaba su rostro resplandeciente.
Wufei lo mira con ojos en rayitas. Las luces amarillas
iluminaron por unos segundos a ese cabello rubio, resaltando su color como si
tuviera estrellas, chispas incandescentes caídas del cielo en lluvia atraídas
por ese imán. Sus pómulos de deliciosa frutilla resaltaban apetitosas bajo el despliegue
de esa sonrisa de tipo celestial. Los ojos de piedras preciosas de aguamarina
permanecían abiertos por la sorpresa, pero principalmente por la alegría
contagiante del espectáculo. Un eco desvaneció la visión del Dragón y se fijó
en la arena. Trowa estaba haciendo una
combinación de giros sobre el majestuoso corcel. Abrió sus ojos de perla negra,
luego esbozó una sonrisa:
“Es cierto, mi Trowa es fantástico”- se acomodó en la butaca
y siguió disfrutando del espectáculo al lado del rubio, quien seguía de pie en
ruidosa ovación.
Detrás de las carpas, la luna llena alumbraba el lugar con
sus finos rayos de plata y dejaba ver a los dos jóvenes amigos de esa estrella
circense. Lo vieron venir con su traje ajustado, todavía sin cambiar de la
actuación. Sus grandiosos músculos estaban adornados por los tirantes
elasticados, rodeando sus hombros hasta
su sensual pantalón.
- No, gracias Quatre- dijo Trowa con
sus ojos fijos en él- pasado mañana tenemos una presentación muy importante y
dudo mucho que pueda tener un tiempo libre.
Los ojos verdes del chico ángel se
opacaron con instintiva decepción. La invitación que había hecho con tantas
ilusiones para que fueran a visitarlo a su casa era rechazada una vez más. Sus
sentimientos afloraron desde su cálido interior, abrazantes de paciencia y
falso autocontrol.
- Yo no tengo nada que hacer- dijo
Wufei sin entusiasmo.
Quatre brilló de un momento a otro como
si la luz de la luna se hubiera posicionado encima de él. Las chispas radiantes
de sus ojos denotaron, ahora, la verdadera alegría, no esa falsa que trató de
dar momentos antes para aceptar el rechazo. El entusiasmo contrastante entre el
chico y su invitado era observado por Trowa, mientras éstos fijaban la hora de
la visita con grandes planes de parte de Quatre y un “ya” en respuesta de su
amigo. El rubio se despidió con su mano en alto, dando una gran sonrisa
dedicada a ellos dos.
El día de la visita llegó y Trowa
todavía no entendía el porqué de la actitud de Wufei.
“Ese chiquillo está enamorado de ti”- fue la monótona voz de
su amante, en alguna medida, como explicación.
Pero él le dijo que Quatre era muy
sincero en cuanto a sus sentimientos y el cariño especial que los unía por las
acciones pasada. Trowa lo había salvado de convertirse en otra persona, en una
llena de odio y confusión, sin su ayuda, Quatre no sería el niño dulce, lleno
de carisma y de amor que era ahora.
“¿Amor?” “¿Amistad?”
- Quatre considera a todos como sus amigos, hasta a ti- lo
mira de reojo.
- ¡Bah!- dice Wufei cruzando los brazos-
yo no soy amigo de nadie.
- Pero igual irás a visitarlo. Además,
quieras o no, eres “mi amigo”- le dedica una mirada dulce.
- Eso es otro cuento.
- Sí, uno muuuuy largo- sonríe un
malicioso Trowa- Comienza alrededor de una fogata, con cierto té al fuego y un
chico bastante deprimido.
- Esa vez te aprovechaste de la
situación. Yo había perdido la pelea con Treize y tú te apareciste muy
dispuesto a consolarme ¡Además, no me cambies el tema!- lo mira con decisión-
Tú siempre te preocupas por ese chiquillo.
“Tú siempre te preocupas por él”
“Mañana irá a visitarlo”
Y el día llegó con sus tibios
colores en suave brisa mediterránea,
pero el desierto espera, ese árido lugar con dunas doradas por el sol, aquél
que poseía la magia de un oasis salvador y mágico. No era desierto, era vida.
Un desierto de agua transparente, refrescante, cálido, con grandes deseos de
ser tomado, todo, de un solo sorbo pasional y desesperado, porque es así, como
el vital líquido espera tranquilo en el oasis para salvar a los seres
moribundos de sed, y sabe que al llegar estos se lanzaran corriendo al agua en
tropezones torpes por la urgencia.
Quatre recibió a sus visitas, ya que su
invitado no llegó solo: “El ensayo se adelantó y me dio un tiempo para
acompañarlos”- dijo el acróbata.
Su tacita de té humeaba en su mano,
mientras descansaba la dulce vista en la bebida. Una suave sonrisa se dibujó en
su rostro expresando, de alguna manera, la felicidad que lo embargaba. A su
lado estaba Trowa alcanzando la tasa que fue servida para él: “Le falta
azúcar”- dijo buscando con su mirada dicho recipiente. La atención del rubio
salió de la bebida para llegar de improviso al azucarero, provocando el choque
entre una mano y otra. El azúcar se volteó sobre la mesita.
- Disculpa- fue la torpe súplica del
ruborizado rubio.
El asecho del pequeño Dragón no perdía
segundos de la escena entre esos dos. Wufei miraba el dulce tinte de esas
mejillas y el rostro de preocupación de su querido acróbata al observarlas. Una
sonrisa maliciosa adornó su ignorado rostro. Partió, entonces, a buscar algo
para limpiar la mesa, pese a los insistentes reclamos de Quatre.
En
un segundo de silencio, los dos solos en ese sofá, uno al lado del otro, no
sabían que hacer ni que decir. Mirándose de frente, las pupilas suplicantes,
deseosas de amor, hipnotizaron al fabuloso atleta. Como transportado por un
impulso fuera de sí, Trowa atraído por ese rostro sonrojado en inmovilidad
expectante, se acercó lentamente, hasta que la respiración de Quatre se cortó
en un suave beso. Empujó su lengua dentro de esa deliciosa boca, ardiente de
deseo y sin contemplaciones de ningún tipo. Quatre lo recibió con un suspiro
desesperado por aire. Un relámpago nubló la vista de Trowa para que en otro
instante le rebelara sus actos. Sus ojos se abrieron en sorpresa acusadora y
apartó el cuerpo de su estremecido joven para separarse, lo más pronto posible,
de esa divina tentación. Se levantó del sofá y caminó unos pasos, alejándose.
- Trowa, te amo.
- Yo estoy enamorado de Wufei.
- Lo sé, pero no puedo evitar lo que
siento. Por favor Trowa... - su voz se quebró y sentado todavía en el mismo
lugar, apretaba los puños contra sus rodillas mientras su rostro caído
amenazaba un seguro derrame de lágrimas- que esto no... no perjudique nuestra amistad... yo...
yo- las lágrimas se deslizaron por su
rostro- no podría soportar si pierdo tu amistad o la de Wufei ¡Maldición! ¡Por
qué soy tan estúpido!- quitó las lágrimas de su rostro de un manotazo- Trowaaa...
lo lamento- su cara de espanto rebelaba una mezcla de furia y miedo.
Su amigo sorprendido y enternecido
caminó hacia él, tomando la misma posición en que estaba antes: sentado a su
lado. Tomó unas de esas blancas manos empuñadas para atraerlas hacia sí. Quatre
miró sorprendido la acción de su prohibido amor y leyó en esos ojos verde aceituna eso que le hacía estremecerse
al punto de sentir su sangre correr a gran velocidad por todo su cuerpo.
- No me gusta verte llorar.
“Tú siempre te preocupas por él”
“Sí, mi amor, yo siempre me preocupo
por él ¡Es tan lindo! Necesita que lo protejan ¡Es tan dulce! Yo lo protejo,
porque...”
Un segundo beso rompió las palabras de
su mente. Su corazón comenzó a nublarse y el deseo golpeó su cuerpo de forma
dolorosa. Sacó la lengua de esa ardiente boca para pasarla por ese rostro,
limpiando las lágrimas, saboreando la sal. Bajó hasta el cuello y al succionar
ese lugar, Quatre dio su primer quejido descontrolado que lo sacó de quicio.
“Te protejo, porque también te amo”
Con
este pensamiento, desgarró la ropa del hermoso chiquillo, pero no era el único,
ya que su querido hacía lo mismo, desesperado por acariciar ese musculoso
cuerpo de atleta adorado desde lejos en esa pista de circo, trataba la ropa
como el molesto obstáculo que era. Así
desnudaron cada parte del otro, explorando con sus bocas en respiraciones
descontroladas. Trowa tomó uno de los pezones como capullos en flor y los
succionó con fuerza, arrancando un gemido de placer de los labios quejumbrosos
del rubio.
Recostó a Quatre en ese sofá y tomó ese
pene pasándoselo por su rostro, lamiendo, besando y chupando hasta el fondo de
su garganta. Los quejidos del chiquillo inundaron la habitación en gritos de
éxtasis. Gritos que se hicieron más agonizantes cuando le introdujeron unos
exquisitos dedos por su hambriento ano, dispuesto a más y más.
La mente de Trowa nublaba en penosa
desesperación. Él también quería más, mucho más. Era la misma sensación que
cuando estaba con Wufei. Una increíble experiencia que inundaba su cuerpo,
alma, pero que lo dejaba con ansias de más sin saber el porqué de eso. Ya
estaba listo, su pene endurecido por la excitación deseaba ser satisfecha. Se
agachó para acomodarse cuando sintió unos labios dulces recorrer su espalda. La
sensación lo electrocutó por unos instantes, recorriendo toda su columna
vertebral hasta su término oculto, en la cola, en su ano palpitante. Las
amantes manos rodearon su cintura. Un susurro en su oído lo acarició:
“Si lo tomas, yo te tomo”
La sensual voz de Wufei recorrió su
hambriento cuerpo. Esto era mucho más de lo que quería, de lo que deseaba.
Sintió las suaves piernas de Quatre rodeándolo, preparándose para lo
inevitable. Trowa se abalanzó sobre ese deseoso chiquillo, tan deseoso como él
mismo de ser penetrado.
Quatre dobló la espalda cuando sintió
la arremetida de su amante y gritó en mezcla de placer-dolor, la misma mezcla
que sintió Trowa al ser penetrado de
manera tan fuerte por su amor, algo a lo que no estaba acostumbrado, ya que
siempre éste era suave con él, sin embargo, esto le gustó, se sintió lleno por
completo.
Su trasero era golpeado con fuerza, seguro castigo por tomar
al chico debajo de él, a ese rubio que se mecía en igual complacencia que él en
un vaivén enloquecido por la pasión. Wufei aumentó el ritmo y las embestidas se
hicieron más fuertes. La respiración de los tres era sofocante, los quejidos en
suplica continua siguieron perturbando sus mentes.
El Dragón, con ojos de fuego, se
abalanzó sobre Trowa y alcanzó a Quatre. Las mejillas sonrojadas de éste lo
llamaban, desde esa vez sentado al lado de él mientras veían a ese mutuo amor
manejarse sobre el corcel con gran pericia en la arena circense. Esas rojas
frutas clamaban por ser cosechadas de alguna forma. Wufei las agarró con la
lengua, con su boca, para deleitarse con su dulce néctar. Luego alcanzó una
posición para atrapar el pene del rubio, quería tocarlo y masajearlo, tal como
estaba acostumbrado a hacerlo con el de Trowa. Masajeó la punta y toda su
extensión, mientras aumentó el ritmo de sus arremetidas dentro de Trowa,
mientras besaba la espalda, cuello de éste, y mientras Trowa acariciaba a
Quatre como podía por la excitación.
- Haaa, haaa, haaa, ¡no puedo más!
- ¡Ni yo!... haaa, aaaaaah- contestó el
delirante rubio.
-
Todavía no... Ha, ha, ha- fue la orden de Wufei- ¡Todavía no!
-
Síííííí... haaaa.
Wufei tomó las piernas de Quatre y las
elevó hasta sus hombros, pasándolas también, por encima de los hombros deTrowa.
Las sujetó fuerte, aprovechando de pasar su lengua por ellas para lamer la sal
del sudor. El amado atleta cayó sobre su rubio obligado por el acto de su amo.
Ahora sí, los golpes a su trasero eran más descontrolados y sentía como ese
exquisito, duro pene entraba, salía de él con determinación. Esa determinación
contagiosa que usó de igual manera con su propia invasión hacia el apretado y
virginal ano de Quatre.
La corriente volvió a invadir sus
agitados cuerpos. Trowa sintió como su líquido lo abandonaba, vaciado en ese
interior caliente y acogedor, al mismo tiempo sentía como era llenado en doble experiencia sin precedentes para
él. Hasta que un grito desgarró su garganta, llegando al clímax de su acto, del
acto de todos, de ellos tres. Calló sobre el cuerpo agitadísimo del dulce
chico, el cual yacía bajo él en completa subordinación, mojado todo su abdomen
con semen, sintiendo también el cálido líquido compartido. Wufei se retiró del
interior de Trowa y se acercó a su cuello para depositar un cálido beso. Otro
beso repitió en los suaves y sumisos labios de Quatre.
- Ahora los dos son míos- sentenció el
resplandeciente Dragón.
- ¡Wu-Chan!- fue la amorosa respuesta del agradecido rubio.
Este fic está dedicado a mi amiga Clow,
quien me dio la idea para hacerlo. Para
ti este regalito especial, espero que lo disfrutes junto a todas nuestras
amigas amantes del yaoi.
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