CANDIDATAS A REINA

AUTORA: BERUSAIYU

 

 

CAPITULO 8: LAS LAGRIMAS DE HEERO

 

Trowa y Quatre buscaron a los demás en el salón de clases pero no los vieron. Sospecharon  que algo estaba sucediendo, porque tampoco los vieron en el examen por la mañana. Faltar a una clase era común, a un examen era poco común, pero seguir ausentes hasta esa hora era demasiado extraño. Decidieron entonces, no entrar a clases y buscarlos donde estuvieran.

Fueron a los comedores primero, quizás todavía se encontraran comiendo o se quedaron conversando, pero nada. Se fueron al patio, tampoco ni señales, así decidieron subir a las habitaciones.

No demoraron mucho en analizar la habitación de Wufei y sacar en claro de que sí, realmente algo sucedía. Los cordeles de las amarras, la silla al medio de la sala, unos lentes ahumados botados y rotos cerca de la silla, daban a entender una interrogación.

- ¡Debemos encontrarlos!- dijo Quatre- ¡Pero dónde estarán!

         Siguieron buscando, y se encontraron, en el pasillo de los salones, al Director:

         - Señoritas, ¿qué hacen por aquí? ¿No estaban con su majestad?- se veía muy confundido.

         Los chicos reaccionaron y le pidieron más información, fue así como llegaron al salón E-10 entre bocanadas de aire, abrieron la puerta, para encontrarse con Dorothy, Relena y Duo.

         - ¡Dónde demonios se habían metido ustedes!- les gritó Duo, apenas los vio. 

         Trataron de excusarse lo más rápido que pudieron, pero Duo los cortó al instante, contándole lo sucedido.

         - Wufei fue a buscarlos al salón de música ¿No lo vieron por casualidad?- les dijo aún con acento de regaño.

         - ¿Wufei?- la cara de asombro de Quatre no se hizo esperar.

         - No, Duo- contestó rápidamente Trowa- no lo hemos visto.

         - ¡¡¡PERO AHORA DONDE SE METIÓ WUFEI!!!- Duo ya estaba histérico y cruzaba el salón de un lado para el otro, echando humos por las orejas.

         Los chicos trataron de decir algo, incluso Relena, pero Duo no escuchaba por la furia.

         - ¡¡¡NO ME IMPORTA, AHORA MISMO SE VAN A NUEVA BALGE A DETENER A LOS REBELDES!!!- los mandó a gritos. Trowa y Quatre se pararon muy rectos y sorprendidos.

         - ¡Sí, sí...Duo, como tú digas... no te enojes!- dijo Quatre titubeando.

         - ¡¡¡QUÉ NO ME ENOJE!!! ¡¡¡QUÉ NO ME ENOJE!!! ¡¡¡HE ESTADO AQUÍ TODA LA MAÑANA, TRABAJANDO EN LA MISIÓN, MIENTRAS USTEDES ESTABAN PERDIENDO EL TIEMPO!!!- Duo movía los brazos de arriba hacia abajo, muy rápido, parecía que de un momento a otro despegaría del piso- ¡¡¡SEGURO ESTABAN TENIENDO SEXO POR AHÍ!!!

         Los chicos salieron corriendo del salón. Las patitas no se dejaban ver producto de la velocidad. Un hilo de polvo salía de las últimas extremidades de los dos mientras sentían la presencia de Duo, quien salió  persiguiéndolos.

         - ¡¡¡Y NO SE QUEDEN BESANDO ANTES DE DESPEGAR!!!- les gritaba desde el pasillo, saltando con un puño en alto. Las compañeras que estaban en el pasillo miraban espantadas a la Reina de Belleza.

         Luego, entró al salón golpeando con fuerza la puerta. Dorothy y Relena miraban con cara de terror al Dios de la Muerte, quien ahora parecía poseído por su poder divino: Su cabeza estaba hundida en sus hombros, sus ojos blancos brillantes despedían llamas de fuego en las pupilas; un aura roja emanaba de su cuerpo y alzaba su larga cabellera al punto de parecer ésta con vida propia.

         Se sentó con los brazos cruzados y esperó, zapateando con un pie el piso.

         Faltaba una hora, para la comunicación con la base de Nueva Balge y todavía no habían señales de los pilotos Gundam enviados por él a la base enemiga. Duo se encontraba solo junto a Relena y Dorothy, calculando el trayecto de la nave de Heero. El Gundam Wing era rápido en el espacio, pero podía no llegar a tiempo.

         Duo todavía esperaba a Wufei. Hacía bastante tiempo que fue a buscar a los otros y no llegaba. Ya estaba nervioso, preguntándose si había pasado algo malo. Trató de no pensar en eso y concentrarse en lo que estaba haciendo: cumplir con la misión.

         Las 15:00 hrs. Tendría que hacerlo sólo: “¡Al diablo los demás!” Abrió la comunicación. El satélite debía estar listo.

         Sentó a la espía frente a la pantalla y volvió a repetirle lo que tenía que hacer. Un movimiento en falso y la molería a palos peor de cómo lo hizo Wufei. La espía no tenía más remedio que obedecer. Duo no vacilaría en cumplir su promesa. La palabra del Dios de la Muerte era sagrada. Además, éste se había asegurado ya, con un bate de béisbol.

         La pantalla emitió una luz blanca.

         Mientras tanto, Heero en el espacio, volaba en su Wing Zero a toda velocidad. Tuvo que abandonar el trasportador si quería llegar a tiempo. Tenía las coordenadas de las señales y era el momento de actuar, para eso se concentró en su tarea. Comenzó a rastrear la llamada que venía de la Colonia C-421- donde empezó todo- pulsó su tablero de control con manos rápidas, dedos seguros por unos instantes para luego quedar en suspenso.

         “¡Pero, qué te pasa hoy!”- pensaba. Un ligero temblor lo sacudió. Sus dedos volvieron a vacilar sobre el teclado- “Vamos, reacciona. Debes cumplir con tu misión”- El tablero comenzó a sonar. Estaba cerca del blanco: El enemigo se acercaba.

         Cinco Mobile  Dolls aparecieron frente a él. Esos robots a control remoto no lo iban a detener. Heero esquivó el fuego para luego apuntar su cañón: La onda de energía destruyó a tres de ellos en un instante. Los otros se acercaron, sólo para ser arremetidos con la espada de energía. 

         El satélite tenía cuatro puntas en forma de estrella, y en cada una, al final, tenía una esfera plateada. Heero entró sin mucha dificultad por el centro, cuidando  no tocar los bordes. No encontró resistencia adjunta, ya que el satélite era muy pequeño como para albergar una fortaleza. Era comprensible que Nueva Balge fuera la base, y éste, sólo un instrumento, pero, de todas formas no podía descuidarse. Podría haber una fortaleza flotante por los alrededores, de ahí debieron venir los Mobile Dolls agresores.

         Abandonó su Gundam, cerca de la boca de entrada. En traje espacial, fue por los pasillos del satélite hasta alcanzar el lugar de la señal. Llevaba un arma en sus manos por si acaso aparecían problemas. Llegó hasta una sala con la puerta cerrada herméticamente. Sacó una caja  y después de unos minutos se apartó de ellas hasta una pared cercana, luego, oprimió  el botón detonador.

         La puerta voló en pedazos. Heero se perdió entre la nube de humo para luego reaparecer frente al tablero de comunicaciones. Dejó el arma a un lado del panel y comenzó su tarea.

         En el Universo conocido, compuesto por la Tierra y las Colonias, veía a la Reina Relena emitir su discurso revolucionario sobre la falsa paz, cuando una señal interrumpió la imagen de las enormes pantallas callejeras y apareció otra mujer con la voz de la Reina: Era Dorothy. El mundo quedó impactado, más aún cuando al lado de ella apareció la verdadera Reina Relena desenmascarando la farsa. 

         En otro lugar, Sandrock y Heavyarms luchaban en las cercanías de Nueva Balge contra los Mobile Dolls. A pesar de que la lucha era desigual- 10 contra 2- los Gundam, acostumbrados a la guerra, no tuvieron mayores problemas en destruirlos. Trowa usó las metralletas de Heavyarmas y se movía en el espacio como un cohete al igual que Quatre en Sandrock, siempre uno al lado del otro. Se resguardaban la espalda en cada movimiento, hasta que vieron una nave de escape y fueron tras ella. Pronto  la nave se rindió ante los poderosos Gundam.

         Mientras tanto, Heero destruyó el satélite al terminar la transmisión y miraba como se convertía en cenizas cósmicas. Un disparo en la espalda lo hizo reaccionar. 50 Mobile Dolls estaban rodeándolo para atacar. Desenvainó su espada de energía térmica y se lanzó a la carga.

         En la Colonia C-421, Duo entregaba a Dorothy a las autoridades. Relena acompañaría a los oficiales y esperaría a los demás.

         - No te preocupes- le había dicho Relena- yo me encargaré de esto, tú ve a buscar a Wufei.  

         Duo despareció en la entrada del Instituto. 

         En Nueva Balge, Trowa y Quatre encerraban a los rebeldes y liberaban a los asaltados en su propia base.

         - ¡Gracias!- decía uno de ellos- llevábamos 2 meses prisioneros.

         Los demás prisioneros se sumaron a la iniciativa de su compañero y vitorearon a sus héroes. Quatre con una gota de sudor daba la mano a aquellos agradecidos hombres. Después, estuvieron revisando la base y esperaban comunicación con Duo para  atar los últimos cabos. Sabían que el satélite estaba destruido, desde Nueva Balge lo confirmaron, pero ignoraban el paradero de Heero. Luego de un rato, recibieron comunicación desde la Fundación Yuy para ser informados por Relena que el plan había salido a la perfección. Le preguntaron por Heero, pero ella les dijo que no tenía noticias de él. Los chicos, especialmente Quatre, comenzaron a preocuparse cuando recibieron una transmisión: Era Heero.

         - ¡Heero! ¿Cómo estás?, ¿te pasó algo?- fue lo primero que le dijo Quatre al verlo demacrado.

         - Nada de importancia, sólo un poco de resistencia- respondió con su acostumbrada naturaleza- llevo una nave prisionera. Llegaré a Nueva Balge a las 1.700 horas ¿Dónde están los demás?

         - Deben estar con Relena en la Fundación Yuy.

         - Dime Quatre,  ¿Relena ya confesó?- Heero se oía con un poco de estática. La señal no era limpia.

         - ¿Confesar?, ¿qué cosa?- al terminar de decir estas palabras, Quatre vio la reacción en los ojos de Heero.

         - ¡No les dijo nada!- tenía los ojos abiertos de la impresión. Heero sentía como si le hubiera caído un rayo en su cabeza- ¡Comuníquenme con Relena! ¡AHORA!

         Quatre apresuró la comunicación, y después que Heero se fue de la pantalla miró extrañado a Trowa. Los dos chicos no sabía que pensar, pero algo no estaba bien si Heero tuvo esa reacción. Con esa duda en su cabeza decidieron partir a la Colonia lo más pronto posible.

         Duo, mientras tanto, buscaba a Wufei. Cayó la tarde y cansado con el día agotador, decidió irse a su habitación a descansar. Al cerrar la puerta, se quitó los zapatos y los tiró a un lado. Caminó hasta al baño, pero una figura de entre las sombras de la tarde salió desde la ventana.

- ¡Wufei!- dijo con la cara llena de felicidad. Luego corrió hasta él- ¿Cómo estás amigo?

El joven del Clan del Dragón estaba vestido de blanco con su ropa tradicional china, ya no llevaba puesto el disfraz del Instituto como todavía lo llevaba Duo. Sus cabellos azabaches acariciaban sus hombros producto de la completa libertad en que se encontraban. Las pupilas negras, intensas, jugueteaban con un brillo sin igual.

- ¡Y se puede saber dónde andabas!- dijo Duo después de inspeccionarlo con la mirada, comprobando que estaba bien- ¡Te he estado buscando toda la tarde!- puso sus manos en su cintura y con cara de fastidio continuó- ¡Tienes idea lo preocupado que estábamos!¡Y...!

         Duo siguió contando sobre la misión y como resultó todo. Wufei escuchaba en silencio con la mirada perdida en su interlocutor, observándolo como por primera vez. Cada movimiento de ese maravilloso ser era absorbido en su totalidad. Dejó por primera vez, que sus sentimientos lo posicionaran sin pensar en nada más, sin escuchar nada más que en aquellas palabras salidas de esa exquisita boca.

         Su alma fue llevada por un arrullo de tranquilidad que poco a poco, se fue convirtiendo en algo más fuerte y apasionado. Su cuerpo comenzó a encenderse con ese deseo escondido enterrado en lo más profundo de su ser. Quería estar cerca de Duo ¿Qué se sentiría abrazarlo? Respirar el dulce aroma de sus cabellos, ese aroma que conocía tan bien por las veces en que éste se le había acercado. Esas veces en que se negó a embriagarse con su suave olor.

         “... debemos reportarnos con la Fundación Yuy. Los chicos...”- el sonido de su voz, sólo era un eco.

         Wufei se fue acercando hasta Duo cada vez más, mientras éste seguía con su informe sobre la misión y no sentía ningún peligro en escena.

         Sin embargo, Heero sí lo sentía a kilómetros de distancia, en el espacio. Venía a toda velocidad, con los motores de su Gundam reventados y humeantes. Tenía que llegar a tiempo donde Duo, sino... No quería pensarlo. La fuerza del ataque enemigo habían destrozado al Robot 01, y la velocidad utilizada desde horas terminaron por acabar con el Wing.

         Heero dejó la nave enemiga a su suerte. No se preocupó de los rebeldes ni de nada. Era la primera vez en su vida que dejaba botada una misión. Y todo porque perdería a Duo, porque Relena no cumplió con su palabra y lo engañó. Porque llamó a la estación y ella sólo le dijo que no sabía nada de Duo, ni de Wufei: “... ellos dos deben estar juntos en el Instituto.” Le había dicho la perra antes de cortar la comunicación...

         Wufei tomó entre sus brazos a Duo y lo sostuvo por unos momentos, oliendo el exquisito elixir de pelo, cuello, cuerpo.

         - ¡Wufei! ¿Qué haces?- dijo confuso.   

         - Te abrazo ¿Está mal si lo hago?- su voz acariciaba la mejilla de Duo.

         - Esteeeeee, no, no lo creo- esbozó una sonrisa nerviosa que no fue vista.

         Se sentía bien estando en brazos de alguien, pero el piloto del 02 estaba intranquilo. Wufei comenzó a acariciar su cuerpo con mucha ternura. Duo se resistió un poco, pero el abrazo del otro se cerró en su persona:

         “Me gustas Duo”- dio un sobresalto y abrió los ojos del asombro cuando escuchó la confesión tan esperada.

         - ¿Era eso lo que querías escuchar?- Wufei lo miró a su rostro y le dio una caricia a un lado de su cara con su mano.   

         Duo estaba con su corazón a punto de explotar. Sus ojos se humedecieron. Hace tanto tiempo que deseaba algo así o parecido. Alguien que lo quisiera y lo abrazara. Un ligero asentimiento de cabeza dio paso a un esperado beso. Un beso acariciador, deseado por ambos y lleno de complacencia. La pasión los envolvió en un torbellino sin frenos...

La mente de Heero estaba en completo caos cuando explotó la última turbina sobreviviente del Gundam 01. Cayó a un lado de la Colonia C-421, destrozándola un poco al lado de la caída. Salió en traje espacial del Wing como pudo y se dirigió hasta el interior...

Los besos continuaban confundiéndose con el aliento. Estaban encima de la cama y la luz artificial de los faroles iluminaban débilmente la habitación. Duo y Wufei estaban entrelazados, quitándose la ropa mutuamente, deseando que este momento quedara en su mente, memorizando cada movimiento, cada caricia y cada palabra.

- ¡Eres tan lindo Duo! ¡Eres el mejor! Por eso voté por ti.

         - ¡Wufei...!

         Continuaron embriagado el uno con el otro. Sus lenguas entrelazadas, respondían caliente a las caricias de ambos sobre la piel ya desnuda. Los gemidos comenzaron a inundar el ambiente. El sonido se confundió con la lluvia artificial que comenzó a caer...

         La lluvia inundaba el rostro de Heero, mientras venía éste por la carretera a toda velocidad, montado en una motocicleta robada. Su corazón estaba a punto de explotar por la angustia. Si hubiera aterrizado más cerca del Instituto, si hubiera tenido sus sentimientos más claros, si hubiera...

         Las imágenes de esa tarde en el salón de música se desvanecieron. El deseo despertados por éstas, no se comparaba en lo más mínimo a lo que estaba sintiendo con Duo. El cuerpo divino de Shinigami era demasiado a su visión y a sus sentidos. Dejó que éstos actuaran para recorrer la piel con su lengua hasta el pene de su deseado amigo. Comenzó a succionar con energía mientras Duo movía sus caderas de abajo hacia arriba. Sintió el goteo del semen pre- orgásmico y cuidó de no perderlo:

         “Úsalo...”- escuchó una voz distante perdida en ese caluroso recuerdo.

         Movido por una fuerza desconocida lo tomó entre sus dedos y lo introdujo dentro de Duo, provocándole a éste un gemido de placer que le hizo abrir más las piernas por el deseo. Acarició ese ano, preparándolo sin saber con exactitud el futuro, sólo lo lubricaba por instinto, por lo sabido con anterioridad, con lo visto en aquella sala de música. Sin embargo, no estaba el recuerdo, sólo la sabiduría. Eso que le decía lo que debía hacer sin tener en claro el porqué.

         Y siguió acariciándolo hasta que su cuerpo pidió más. Entonces abrazó a un Duo delirante, lo besó con la seguridad de que eso era lo que los dos querían. Wufei levantó la cabeza con ojos cerrados, rostro encendido y se sumergió en el interior de su querido muchacho.

         Duo emitió un gritito, seguido por muchos más, cuando sintió la completa penetración. El movimiento comenzó a agitarlo en algo doloroso, pero placentero. Quería sentir ese dolor, lo que le recordaban su virginidad al no ser tomado por nadie hasta ahora, ni siquiera por Quatre. Ahora se entregaba, porque quería pertenecer a alguien...

         Las ruedas de la motocicleta salpicaban las posas de agua a su paso. Las lágrimas de Heero se confundían con la lluvia nocturna, al mismo tiempo que se preguntaba “por qué” “por qué”,  y cuya respuesta era dada para su propio odio, a su propia persona...

         Y los dos se balanceaban en cada movimiento poseídos por el deseo de estar más juntos.

         - Ha, ha, haaaaaa ¡sí, más!, ¡quiero más!- le gritaba Duo.  

         - ¡Duoooooooo!- era lo único en su mente, ya nadie más existía.

         Un estremecimiento le hizo olvidarse de su persona. Wufei liberó su espíritu al máximo. Esa fuerza y coraje explotada en ira durante la batalla, así mismo lo sintió. Sintió que ya no podía más:

         - ¡¡¡TE AMOOOOOOO!!!- explotó en orgasmo descontrolado.

         Duo gritó, y su grito de placer se confundió con el grito de dolor dado por Heero. El grito final, lleno de impotencia ante la pérdida sufrida y dejado en la calle durante la noche lluviosa, fue dado por una señal de su corazón.

         Heero abrió la puerta y quedó en el umbral. Los cuerpos desnudos estaban entrelazados y dormían plácidamente el uno contra el otro. Sus ojos vidriosos contemplaban la desesperanza misma. Sus manos apoyadas en el marco comenzaron a temblar. Dio un paso hacia atrás y una lágrima resbaló por su rostro húmedo ya por la lluvia. Dio otro paso, y una segunda lágrima volvió a caer. Se dio cuenta que a cada paso derramaría una lágrima.

         Dio media vuelta y comenzó a correr.

 Las lágrimas brotaron sin control sobre su rostro mientras se alejaba. Sólo una cosa de su pecho atormentado aclamaba. Si no lo hacía no podría seguir respirando, sentía que dejaría de existir en cualquier momento:

“Venganza”- era lo último.

Llegó a la Fundación Yuy como un fantasma. Ni siquiera el ruido de la motocicleta delató la decisión. Cruzó los pasillos sigiloso, en la oscuridad de la noche. Dio con la odiada puerta y entró, pero no estaba en su dormitorio durmiendo como los demás habitantes del edificio. Sólo en un lugar tenía que estar y se encaminó hacia él. La puerta entreabierta de la oficina cedió. El despacho estaba en penumbras.

Un bulto se encontraba detrás del escritorio sentado de espaldas. Empuñó su arma, pero no debía ser tan fácil.

- ¡Relena!- gritó con decisión.

         El bulto se movió. Dio vuelta en la silla giratoria y se encontró frente a su enemiga.

         - ¿Sí? ¿Heero?-  un rayo de luz filtrado por la ventana develaba su rostro blanquecino.

         Relena se puso de pie y vio el arma contra ella. Esbozó una sonrisa.

         - ¿Vienes a matarme Heero? ¿Te has decidido por fin?- imitando la voz de antaño. Rodeó el escritorio y avanzó hacia él.

         - Sí, Relena, te mataré- sonaba diferente a esa respuesta del pasado.

         - Entonces qué esperas ¿Sabes? No creo que lo hagas, no lo hiciste en el pasado y tampoco lo harás ahora- sonaba decidida, pero los ojos rojos de Heero le dieron un leve temor- ¿Serás capaz de matarme? Creo que debes irte Heero.

         Dicho esto último le dio la espalda.

         - No serás capaz, menos si estoy de espaldas- sonrió con ojos cerrados- No eres ningún cobarde como para disparar a una persona indefensa por la espalda- comienza a caminar devuelta hacia su escritorio.

         - Eso depende de la persona- levanta su arma.

         El sonido estalló en todo el edificio. Las luces se encendieron en las habitaciones y la gente comenzó a salir de sus cuartos en pijamas. Los guardias corrieron hacia el lugar de los disparos.

         Cuando llegaron al despacho de la Reina Relena, la encontraron tirada en el piso entre un charco de sangre. Tenía una profunda herida en la espalda.

         El viento sopló por la ventana abierta y ondeó la cortina, la cual se tiñó en su borde inferior con el líquido rojo.

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