CANDIDATAS A REINA

AUTORA: BERUSAIYU

 

CAPITULO 4: CITA NO PROGRAMADA

 

            Los siguientes días fueron caóticos para la misión. De los pilotos Gundam, sólo Heero parecía interesado en ella, los demás estaban, o muy ocupados enamorándose, o muy ocupados persiguiendo y escapando  del amor.

            Y es que Duo no hacía más que perseguir al pobre de Wufei por todo el Instituto, mientras a ellos también los perseguían los admiradores. La cosa andaba como en un manicomio. Duo insistía en que Wufei se le confesara. Wufei sólo huía, no sólo de Duo, sino de él mismo y de sus sentimientos.             

            En cuanto a Trowa y Quatre, ellos vivían en un mundo rosado, donde cantaban los pájaros, habían nubes de algodón de azúcar y reinaban los corazoncitos por todas partes. Y eso que la cita nunca funcionó como la programaron, fue todo un fracaso.

            El día de la cita, Trowa y Quatre se encontraron en la entrada del parque, porque si salían del  Instituto juntos corrían el riesgo de que los descubrieran. Quatre llegó tarde donde un muy nervioso  y casi histérico Trowa. Había tenido problemas con unos admiradores bastantes persistentes, que no dejaban de vigilar su cuarto. Tuvo que salir con vestido y después de perderlos en un callejón, se cambió para la cita. Llegó corriendo sin aliento al lado de su amigo, entre bocanadas de aire se disculpaba contándole el porqué  del atraso. Trowa sintió un gran alivio al ver a su amado, quien todavía tenía las manos en las rodillas con el cuerpo inclinado, tratando de recuperar el aire perdido. Sin embargo, el nerviosismo no desapareció con la llegada de él, sino que aumentó.

            Llegó 1 hora y 12 minutos tarde, si la cita estaba programada a las 20:00 hrs., recién a las 21:30 hrs., podría decirse que comenzaron debido a todas las disculpas de Quatre. Trowa sólo lo escuchaba con la mochila de su amado al hombro, y cuando terminaron las explicaciones, un largo, terrible silencio los embargó. Los ruborizados se miraban entre sí y desviaban la vista, a cada rato, sin saber que hacer. Así anduvieron un buen tiempo hasta llegar donde un payaso con globos de todos los colores.

        Trowa compró un globo rojo muy lindo y cuando se lo pasó a Quatre, sin querer rozó su mano. El corazón le saltó, al mismo tiempo que el de Quatre, y el cordel se les escurrió por entre los dedos. Trowa lo miró y se sonrojaron los dos al instante.  El globo se perdió en el cielo.

            Quatre fijó su vista en el globo hasta desaparecer, luego la bajó hasta el suelo, muy triste. Su amigo lo miró, pero no dijo nada porque su corazón rebelaba frustración, vergüenza. Trató de ubicar al de los globos para comprar otro, pero éste ya se había ido.

 Subieron a los juegos, a la rueda de la fortuna, a la montaña rusa, etc., pero también, ya acostumbrados a la emoción de la velocidad- en el caso de la montaña rusa- seguían con la vista baja en completo rubor, sin que estos juegos les provocaran ninguna cosa, salvo el espacio suficiente para seguir en silencio.

            Trowa ya no daba más, quería besar a Quatre, pero no encontraba la oportunidad. El parque estaba lleno de gente, las luces lo cegaban y siempre los chocaban, provocando las únicas veces donde decían algo sólo para dar disculpas a los demás. Pasaron por unos arbustos, que tapaban la parte trasera de uno de los puestos de tiro al blanco, y fue cuando se decidió a actuar.

            Tomó de la mano a Quatre y lo introdujo por entremedio de los arbustos, prácticamente lo empujó. Luego cuando estuvo frente a él, lo miró con ojos bailarines y le dio un beso torpe en la boca. Se separaron casi de inmediato. La mirada inexpresiva de Quatre puso muy nervioso a Trowa, pero cuando ya éste quería enterrarse ahí mismo, el rubio tomó la iniciativa y se le abalanzó al cuello, para darle un exquisito beso. 

            Pero no duró nada, porque estaban en esto, cuando una niña gritó y sintieron que algo les tocaba las piernas: era un cachorro que al soltarse de su dueña había llegado a ellos. Una niña había seguido a su mascota y se encontró con la escenita. Los enamorados se despegaron rápido. Vieron venir a los padres- o tíos- de la niña y huyeron de allí.

            Caminaron un poco más por la feria en silencio. La música de los carruseles y los gritos de los niños subidos en los juegos, llegaban hasta ellos como en un sueño. La vista seguía clavada en el suelo, sus mentes estaban confusas y Trowa seguía divagando sin sentido al igual que cada paso que daba hacia... quizás donde. En eso Quatre se detuvo.

            - Mejor nos vamos- dijo con una voz llena de tristeza. A Trowa se le achicó el corazón y sólo atinó a seguirlo.

            Cuando llegaron al Instituto eran las 11:30 hrs. No había nadie por los alrededores, así que Quatre se dirigió a su habitación, seguido por un sombrío Trowa. Este último, de repente,  sintió un cálido contacto en su mano. La suavidad de su deseado amigo lo sorprendió, y se vio llevado de la mano hacia dentro de ese cuarto.

            Traspasaron la silenciosa oscuridad rumbo a lo desconocido. Ninguno sintió sus pies tocar el piso de la habitación.  Tampoco el conocimiento de sí mismos estaba con ellos, más parecía una alucinación, de esas que confunden la realidad con el sueño. La monótona luz de la lamparita de noche los baño en aura.

            Quatre comenzó a desvestir, silenciosamente, a Trowa. Estaban de pie, a un lado de la cama, uno frente a otro. Ninguno pensaba, porque estaban sujetos a una fuerza más allá de ellos, ésta los guiaba en actitud instintiva y sumisa. Las prendas de cada uno fueron acomodadas encima de una silla. El chico de los cabellos rubios  echó la ropa de cama para atrás, para luego invitar a su amor a compartir el lecho.

            Trowa cayó encima de ese cuerpo desnudo, y el sólo contacto de esa piel tan suave, lo estremeció por completo. Se quedaron viendo por unos segundos. Segundos infinitos, y luego se juntaron en un beso lento, rítmicamente explorador.

             Los corazones de ambos comenzaron a despertar las caricias. Poco a poco, la pasión surgió de sus cuerpos, y  sus pieles se frotaban a la par, cada vez con más fuerza, hasta que Quatre se colocó encima de él. El rubio empezó a recorrer el cuerpo de su amante con su boca, pasando la lengua, recorriendo cada curva de ese musculoso, fantástico Trowa.

- mmmmmmmmmmmh, Trowa, te he deseado tanto- le decía como si pensara en voz alta- No sabes cuánto mi amor- masajeaba sus pezones y bajo hasta lo más íntimo, tomando ese impaciente pene.

            Al sentir el contacto de esas manos en esa región. Trowa dio su primer gemido:

            - Haaaaaaaaaa- fue interrumpida su mente, que trataba de analizar lo anterior dicho por Quatre. Su cara se encendió como si se estuviera quemando.

            Quatre masajeaba sin compasión aquel pene, erecto para él. Luego se lo puso en la boca y comenzó su tarea de succionarlo con mucho cuidado al principio y después con gran energía.

            Trowa estaba ya en el séptimo cielo, cuando recordó las palabras de su amado como si fueran un gran eco: “Trowa, te he deseado tanto... No sabes cuánto mi amor”. Trataba de asimilar éstas, como si en eso estuviera toda su vida en juego, y era así. Los quejidos se hicieron más estrepitosos cuando reaccionó.

            Los gemidos se detuvieron.

            El sueño que siempre estuvo deseando con todo su corazón estaba cumplido hace tiempo, y él no se dio cuenta. Quatre lo amaba con pasión, al igual que él y desde hace mucho. No podía creerlo, no podía comprenderlo. Debía ser algún tipo de ilusión. Era demasiado irreal. Demasiado fantástico. Demasiado...

            - ¿Trowa? ¿Estás bien?- el rubio estaba sentado sobre sus tobillos a un lado de él.    

            El chico de los ojos color verde aceituna estaba como en trance y reaccionó tarde a la pregunta.

            - ¿Ah? Sí, Quatre- se levanta y se sienta, para quedar frente a su amado.

            Sus vistas se cruzaron por unos momentos. Los ojos del niño ángel se oscurecieron y antes de que su mirada cayera, Trowa lo besó de manera dulce. Y al separarse delicadamente del beso, se abrazaron.

            - Yo también, te he amado desde hace mucho y nunca me atreví a confesártelo-  Trowa acariciaba con su mejilla, esa otra mejilla, mientras seguía confesándose-   siempre tuve miedo a que me rechazaras y ese miedo me cegó, a tal punto, que no vi que tú me correspondías. Lo siento mucho Quatre. Si lo hubiera sabido antes yo...

            Quatre se separó del abrazo y miró de frente a su amado.

- Nooo, no digas eso Trowa. Si fuera así, yo tengo más culpa que tú, porque al menos tú pensabas que seguía con Duo. En cambio yo... yo sólo creí que no me querías... y si me rechazaras... eso... yo también tenía ese miedo- las lágrimas comenzaron a asomarse por sus ojos esmeraldinos-  Te amo Trowa. Ahora lo sé más que nunca. No estaba enamorado de Duo, sólo creí estarlo, porque ese sentimiento que tenía por ti, siguió creciendo y al final, no pude seguirme engañando.

            - Quatre...

            - Déjame demostrarte mi amor, por favor Trowa.

            Su querido asintió con un movimiento silencioso de cabeza. Entonces comenzaron a besarse, para luego recostarse juntos, con Quatre arriba. La misma posición de antes, retomando la tarea. Sólo que esta vez era diferente, mucho más íntima y llena de significado. Sus corazones comenzaron a latir al unísono.

            Quatre bajó hasta sus pezones y jugueteó con ellos con su lengua. Mojó sus dedos con su saliva para aumentar la sensibilidad de los pezones al tacto de ellos. De esta manera, mientras succionaba con su boca un pezón, tomaba el otro entre sus dedos. Bajó una mano. Acarició ese pene, para luego colocarlo con sumo cuidado en su entrada. El rubio se sentó sobre las caderas de su amante y sintió la profundidad dentro de su ser.  Comenzó a moverse muy lento, mientras continuaba tocando a Trowa, entregándole un placer sin nombre correspondido con gemidos de éxtasis, los cuales, se confundían con los suyos.

            Subía y bajaba sobre él, ante los ojos de su amante enloquecido por la escena. Esos rubios cabellos agitados por el movimiento, estaban húmedos de sudor y despedían gotas de rocío, que caían  sobre la piel del otro, también húmeda por el calor de la pasión.

            Trowa entrecerró los ojos, obligado por el placer y siguió con sus constantes jadeos. Estaba fuera de sí, a punto de gritar el nombre de su amor.

- Haa, haa, haaaa, mmmmh, asíííííííí, aaaah..., ¡QUATRE!- explotó al final.    

 

            - ¡Trowaaaa! Ha, ha, ha...¡Te amo!- respondía aumentando el ritmo.

            Quatre tomó su propio pene con una mano y comenzó a masturbarse de forma deliciosa, igualando el ritmo de la penetración. Su rostro asomaba lágrimas de placer, las cuales, no pasaron desapercibidas por Trowa. Este último, posó una de sus manos en el miembro de su querido para ayudarlo en el placer, y luego con la otra mano- aquélla que hasta ahora estaba sujetando las sábanas- se entrelazó con la mano desocupada y sin apoyo de Quatre.

            Los gritos aumentaron. La monótona luz de la lámpara daba unas débiles sombras, las cuales se rebelaban en la pared de la habitación.

            Hasta que en un momento, sus cuerpos se estremecieron a la par, provocando el clímax de sus deseos. Dos gritos retumbaron en el cuarto y los fluidos de sus cuerpos fueron expulsados como señal de culminación.

            Quatre sintió ese cálido semen dentro de él, así como el suyo propio derramado en el estómago de su amante. Inmediatamente, limpió todo con su mano, para luego llevárselo a la boca y lamerlo varias veces, hasta que no quedó nada. Después cayó exhausto sobre su amado para recuperar el aliento. Permaneció inmóvil, manteniendo todavía a Trowa dentro de él, como si se negara a dejarlo ir.   

            Permanecieron abrazados un largo momento, luego se acomodaron entre las ropas de cama y siguieron abrazados,  con sonrisas de satisfacción en sus rostros. Las caricias continuaron, mientras seguían recordándose cuanto se amaban hasta que el sueño los venció.

            Había sido un día agotador y lleno de sucesos inesperados. No como lo predijo Duo, aunque eso de que terminarían en la cama sí, tuvo la razón.

            Duo felicitó a su amigo Quatre cuando éste le contó, lo muy feliz que era por ser correspondido.  Por supuesto que se alegró por sus amigos y se sintió orgulloso por haberlos ayudado. Hora ellos estaban enamorados y  vivían en un mundo rosado, donde cantaban los pájaros, habían nubes de algodón de azúcar y reinaban los corazoncitos por todas partes. Todo porque la cita nunca funcionó como la programaron, fue todo un fracaso- aunque no tanto.

            El hermoso Duo quería sentir lo mismo que ellos y tenía una oportunidad para el amor, por eso,  no hacía más que perseguir al pobre de Wufei por todo el Instituto. Insistiría para que Wufei se le confesara. Aprovecharía esta oportunidad, porque sabía que con Heero no tenía esperanzas.

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